jueves, 19 de mayo de 2011

Capítulo 22.

Thoran.

Desperté al notar que Airif se removía mucho y jadeaba con suavidad. La miré con atención y estaba destapada, con las piernas ligeramente abiertas. Entre jadeos la oí susurrar algo, pero no capté bien qué decía, me acerqué más y, además de oír sus jadeos, pude escuchar lo rápido que le latía el corazón. Suspiró y clavó los dedos en el colchón. Me puse a pensar qué podía provocarle semejante reacción, pues no tenía cara de sufrimiento. Volvió a susurrar algo, me pilló despistado y no lo entendí. Acerqué mi cabeza a la de ella, esperando así poder distinguir algo. Tanto jadeo me estaba poniendo enfermo y mientras esperaba que volviera a susurrar algo, mi mente se puso a pensar en lo mucho que deseaba hacer a Airif mía. Por fin distinguí lo que la joven susurraba. Era mi nombre. Sonreí al pensar que estaba teniendo un sueño erótico conmigo, me puse sobre ella y, dormida, me abrazó pegándome a ella. Mantenía un poco de distancia, apoyándome sobre mis brazos, para mirarla y tener libertad de hacer algo. Su cadera se empezó a mover contra la mía, provocándome. Maldije el momento en el que decidí ponerme encima de ella.

-Ai... -susurré, intentando despertarla. 

La besé en los labios para ver si reaccionaba, pero seguía jadeando y moviendo la cadera. Volvió a susurrar mi nombre, esta vez después de un gemido. Me empezaba a preguntar qué pasaría en el sueño mientras le daba suaves besos en el cuello, intentando en vano evadirme de mis pensamientos. Me notaba muy excitado y sentí un escalofrío cuando su sexo y el mío tomaron mejor contacto. Estaba muy húmeda y calentita. Me mordí el labio inferior, deseando que parara, pero ella seguía rozándose contra mi miembro, provocándome más escalofríos y ganas de penetrarla.

-¡Airif! -grité con fuerza, casi desesperado.

Ella se asustó y nuestras frentes chocaron. Ella no pareció sentir apenas dolor, pero yo sí. Estaba sonrojada y aún jadeaba un poco.

-¿Qué pasa? ¿Por qué gritas? -me preguntó, sin extrañarse apenas de que estuviese encima de ella.
-Tienes un sueño profundo y una cabeza dura, Ai... -susurré frotándome la frente. Desvió ligeramente la mirada.
-¿Cómo es que estás encima mío, Tho...? -susurró algo avergonzada.
-Yo... creí que te despertarías al notarme encima tuyo pero... creo que sólo empeoró la cosa. -susurré sin mirarla tampoco.
-¿Empeorar...? -susurró ella, volviendo a mirarme aunque yo no lo hiciera.
-Sí... ¿puedo saber qué soñabas? -pregunté, evadiendo el tener que darle explicaciones y volviendo a mirarla.
-Soñaba... que... -su sonrojo aumentó, se la veía muy mona.- bu-bueno... que...
-¿Que hacíamos el amor? -le ayudé a acabar, provocando con ello que ella suspirara, confirmándome que era cierto.- Se notaba un poco...
-¿Por...? -creí que no podía sonrojarse más, pero me equivoqué. Parecía hasta asustada.
-He llegado a notarte... muy excitada. También jadeabas y susurrabas mi nombre. He intentado retenerme para no... penetrarte mientras sueñas, pero me estaba costando mucho... -susurré, esperando que no le sentara mal.
-Lo siento... -susurró ella.- Supongo que dormida no puedo esconder lo que siento...
-Es muy probable, sí... -le di un suave beso en los labios, el cual me devolvió en el instante.- Igual es absurdo preguntarte esto, pero... ¿has dormido bien?
-Sí... hacía mucho que no me notaba tan... activa. -arqueé una ceja, tomándole un segundo sentido a su frase.- ¡No me mires así, no me refería a eso!

Reí ante su reacción, se volvió a poner colorada. Parecía algo disgustada, pero volví a besarla y más profundamente. Era un beso lento y suave, el cual ella respondió entregándose completamente a él, cerrando los ojos y acariciándome la espalda. Me relajé y dejé caer un poco más de peso sobre ella. Aún la notaba bastante excitada, igual que debía estar yo, pero sólo quería que no se sintiera mal. Abrió más las piernas, permitiéndome que mi cadera se acoplase perfectamente a la de ella, aunque eso provocó que nuestros sexos volvieran a rozarse, provocándonos a ambos un fuerte jadeo. Separamos nuestros labios y nos miramos. Yo no estaba muy seguro de querer seguir. Mi cabeza decía que no, pero mi corazón me decía que creía que era el momento. No supe qué decisión tomar hasta que ella me empezó a besar el cuello.

-¿Estás segura...? -le pregunté tembloroso, pero no de miedo sino de deseo. Ella detuvo los besos y me miró a los ojos. Poco después asintió.- Antes de nada... quiero que me prometas algo. -frunció el ceño, extrañada.- Sí... Por favor... no me pidas después de esto que lo dejemos... -susurré triste.- Prométeme... que no me dejarás ni apartarás de tu vida... -oculté mi cara, apoyando mi barbilla en su hombro.
-Lo prometo... -susurró con dulzura.

Alcé de nuevo la cabeza y la miré, me sonreía y me miraba con ternura. Sonreí de la misma manera y ella quiso volver a mi cuello, pero yo no la dejé. Me miró y le guiñé un ojo, lo cual provocó que se sonrojara levemente. La besé apasionadamente en los labios mientras colocaba todo mi peso en mi brazo izquierdo, usando la mano derecha para acariciar los pechos de Airif. Ella jadeó en mis labios, estremeciéndose. Sonreí y quité peso de encima de ella, poniéndome a cuatro patas y bajé mi mano hasta su sexo, acariciándolo suavemente de arriba a abajo. A la vez que ella gemía, yo la besé más apasionadamente aún. No olvidaba que no estábamos solos y no quería que Elin y Alyä adivinaran lo que estábamos a punto de hacer. Tras estar así un rato, decidí que ya era hora y que ya estaba más preparada para que lo hiciésemos. Volví a colocarme entre sus piernas y ella me miró.

- Me... me dijiste que podía doler... ¿verdad...? -susurró entre jadeos.
-Sshh... no pienses ahora en eso... -susurré intentando que no se pusiera nerviosa.

Empecé a moverme lentamente, acercando mi miembro a su sexo, sin dejar de mirarle a los ojos. Cuando estaba a punto de penetrarla, la puerta se abrió de golpe.

-¡¡Buenos días, Airiiiiiiiiiiiiiiiiiif!! -gritó el rubio.- Te he dejado dormir más de la cuenta, así que ahora a desayu... Ups...

Pareció tardar en darse cuenta, pero tampoco se movió de ahí. Airif se abrazó a mí, de manera que no quedase ninguna parte de su cuerpo a la vista del hombre que tenía ganas de matar.

-Ibáis a... ¿verdad? -preguntó casi tartamudeando.
-Sí... -respondió Airif.
-Pe... perdón, no sabía que... E-en fin... os dejo solos. -dijo yéndose, cerrando la puerta a la vez que se iba.

Ambos suspiramos y nos miramos. Ella asintió, como diciéndome que siguiéramos. Me quedé pegado a ella, le di un beso, y apenas comencé a mover mi cadera cuando volvió a abrirse la puerta.

-¡Airiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiif, no puedes, antes tenemos que hablar de chicos como amigas que somos! -gritó Alyä.
-Grrrr... -gruñió Airif de manera intimidante.- ¡Así no hay quien haga nada! ¡Iros a matar a un dragón y dejarme tener intimidad, demonios!
-¡Eeeeh! ¡Demonio tú, que lo tienes dentro, yo sólo los invoco! -dijo con burla Alyä.

Airif volvió a gruñir y se giró, dándole la espalda a Alyä.

-Vamos, nena. No te enfadeeeees... -dijo con tono suave.- Ya os dejo solitos para que....
-¡No! Ya no tengo ganas de nada. Me voy a enfrentarme a algún dragón. -me apartó de encima de ella, con un poco de brusquedad y se puso su ropa. Salió de la habitación dando un fuerte portazo que hizo retumbar la casa.
-Uh... lo siento. No sabía que se iba a poner así. -dijo la castaña mirándome.- Aunque entiendo por qué tenía tantas ganas... -dijo tras mirarme entero y sacó la lengua, con expresión divertida.
-Al... -me sonrojé y me tapé con la manta.- Tienes que pedirle disculpas a ella, no a mí.
-¡Voy! -salió corriendo detrás de ella y yo me vestí. Mis ropas ya estaban secas y me alegré un poco por ello, aunque me disgustaba la idea de que nos hubiesen interrumpido. 

Salí de la habitación y vi a Airif esquivando zarpazos y ataques flamígeros de un enorme dragón negro. Alyä  también la miraba y me acerqué a ella.

-Deberías saber que es malo interrumpir a una pareja cuando ya sabes que van a hacer algo... -susurré y ella me miró.
-Lo sé... -susurró. No supe distinguir qué tono usó.
-¿Entonces por qué...? -pregunté desconcertado.
-Porque me dais un poco de envidia. -me miró y yo arqueé una ceja.- No seas creído, no lo digo por ti. Lo digo porque estáis juntos de nuevo. -asentí con la cabeza. Aunque anoche estuvimos a punto de separarnos del todo, hoy me había prometido que no lo haría.- Yo querría estar igual con una persona muy importante para mí...
-¿Le conozco? -negó con la cabeza.
-Es un antiguo amigo de la escuela de brujería de la ciudad. Se llama Demián. -suspiró.- Mejor os lo cuento esta noche a Airif y a ti, así ella igual puede entenderme un poco mejor.

Asentí con la cabeza y me senté en el suelo, mirando los movimientos de Airif. Era rápida y fuerte, lo cual me hacía sentirme orgulloso de ella. Elinghad llevaba armadura de placas para enfrentarse a un dragón, pero a ella no le hacía falta.

1 comentario:

  1. POR QUE NO LES DEJÁIS FOLLAR EN PAZ!!!

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