miércoles, 4 de mayo de 2011

Capítulo 17.

Airif.

Desperté, abrazada a Tho, como todos los días. Él estaba agotado, de haber ido todo el día a la herrería a cumplir con su obligación. Dejé que descansara y fui a darme un baño. Había pasado mucho tiempo desde que Tho se enteró de la profesión de su hermana, y curiosamente se acercaron más oleadas de no muertos. Por un lado, me molestaba el olor a podrido que dejaba matar a esos seres, tener que recogerlos y enterrarlos, por el bien de nuestro olfato. Por otro lado, me acostumbraba a hacerles volar la cabeza, por lo cual mi bola oscura no hacía que me doliera tanto la mano cuando la lanzaba.

Oí cómo Thoran se levantaba y se acercaba al baño. Se asomó y me sonrió.

-Hola, Ai. Me visto y me marcharé a Khadros. Nos vemos esta noche. -me lanzó un beso por el aire y esperó mi respuesta.
-Vale, Tho. Ten mucho cuidado. -le sonreí y le devolví el beso aéreo.

Se marchó y yo terminé mi baño, decidiendo en ese momento centrarme en mejorar mi resistencia física. Podría hacer flexiones, correr... ya vería de qué tenía más ganas.

Me vestí y bajé al hall de la posada, viendo que Alyä estaba con un par de hombres. Uno de ellos iba vestido con una armadura de placas, la cual veía bastante pesada. Era rubio con una extraña coleta y con mechones de pelo cayéndole alrededor del cuello, además de tener barba. Llevaba a su espalda un escudo, que ocultaba su dorada capa, y en la cintura llevaba una espada algo curvada. 

El otro hombre iba vestido del mismo estilo que Alyä, con un vestido de tela. Se me hacía raro ver a un hombre con vestido. Tenía un peinado similar al rubio, pero este era moreno y no tenía barba. Alyä estaba bastante contenta, y se alegró más al verme aparecer bajando las escaleras.

-¡Hola, Ai! Ven, te presentaré. -me señaló al rubio.- Este es mi hermano, Elinghad el domadragones. -me hizo un gesto con la mano, a modo de saludo. Alyä señaló al moreno.- Y este es Demián, mi... bueno. -noté que se sonrojaba y sonreí. Saludé a ambos con un gesto de la mano y me acerqué más.
-¿Qué hacen aquí? -pregunté.
-Teniendo en cuenta las grandes oleadas de no muertos que vienen todos los días, cada vez más, tenía la esperanza de que mi hermano, con sus sagrados poderes, pueda echarnos una mano.
-Oh. No entiendo muy bien eso de sagrados poderes... -miré a Elinghad.
-Los seres muertos son frágiles como el cristal con ataques sagrados. -explicó el rubio.- Es algo así como... echar agua al fuego.
-¡Oh! Ahora lo entiendo algo mejor. Y... oye. ¿Por qué domadragones? -tenía mucha curiosidad en eso.
-Ah... -sonrió con orgullo.- Temí que no te interesara. He doblegado muchos dragones en mi vida. Algunos he tenido que matarlos, otros los he criado desde pequeños, por lo tanto cumplen mis órdenes como si fuera un perro bien amaestrado.
-Nunca he tenido el placer de ver un dragón... -susurré.- La verdad me gustaría ver uno algún día.
-Ya te enseñaré mi pequeña colección de reptiles. -le miré y me guiñó un ojo. Sonreí contenta.
-Muchísimas gracias, Elinghad. Bueno, voy a... entrenarme un poco.
-Eso está bien, pequeña demonia. -dijo Alyä. La miré con sorpresa.- Tranquila, ellos saben lo que tienes. Si pueden ayudarán. -me sonrió de tal forma que me tranquilicé rápidamente.

Salí, no sin antes despedirme, y empecé a hacer ejercicio. Estaba anocheciendo cuando yo ya me sentía agotada. Me volví a la posada y vi que no había nadie en el hall. Subí a mi habitación pero escuchaba ruidos extraños. Parecían gemidos de una voz masculina. Temerosa, entré de golpe en la habitación y lo que vi me dejó de piedra. Vería a Thoran, completamente desnudo sobre una chica. Sentí que el corazón se me paraba cuando la chica en cuestión me miró, descubriéndome que era Thira. 

Retrocedí hasta que mi espalda tocó la pared. No podía creer lo que mis ojos veían. Me dolía el corazón, me sentía traicionada. Y engañada. Sobretodo engañada. A pesar de eso decidí marcharme. Aún quería a Thoran y no quería hacerle daño destrozando en pequeños trocitos a su hermana.

-Eres demasiado inoportuna, Airif. A ver si te marchas de una vez. Él ya no te quiere para nada.

Las palabras de Thira me hicieron enfurecer, pero aún así me tragué mi ira y me marché. No corría, pero sí mantenía un paso acelerado y firme, lo suficiente para no caerme. Me costaba respirar, era una angustia horrible y no sabía cómo la iba a desatar.

Salí de la posada, con la mirada perdida en el suelo. Sin darme cuenta, choqué con alguien. Alcé la mirada y me encontré con Elinghad. Él me sonrió pero enseguida borró la sonrisa al ver mi cara. Debía tener un aspecto lamentable.

-¿Te encuentras bien...? -me preguntó preocupado.

Intenté responderle un "No.", pero ningún sonido salió de mi boca. Apreté la mandíbula, por parecer tan débil y negué con la cabeza. Bajé de nuevo la mirada.

-No quiero imaginar lo que ha pasado, ni siquiera que me lo cuentes si no tienes ganas de hablar ahora. -me dijo serio.- Pero... si necesitas distraerte... puedo entrenarte yo mismo, ayudarte a dominar tu fuerza. -alcé la cabeza de nuevo y le miré fijamente.- Si no quieres venir, lo entenderé. Pero aparte de que me ofrezco yo como voluntario, me lo ha pedido mi hermana.

No dije nada ni intenté decir nada. Sabía que no podría hablar de momento. El dolor que tenía en el pecho era tan punzante que me impedía hablar. Asentí con la cabeza y empezamos a caminar. No sabía a dónde iríamos, ni cómo sería el entrenamiento que él pensaba realizar conmigo. Lo que sí sabía, era que no quería volver a ver a Thira. Ni a Thoran.

No hay comentarios:

Publicar un comentario