martes, 24 de mayo de 2011

Capítulo 23.

Airif

Seguía molesta, no paré de descargar mi enfado con los dragones, los cuales no resultaban demasiado dañados por su gran resistencia. Sentí al salir que tanto Alyä como Thoran me miraban, luego la chica se volvió adentro. Tho me miraba asombrado, parecía no convencerse de que yo sola, sin armadura ni nada, podía vencer dragones. Le sonreí mientras sujetaba las fauces de uno negro, echándolo hacia atrás poco después. Me acerqué a él y le di un suave beso en los labios.

-Siento mucho no haber querido seguir, pero... 
-Sshh... lo entiendo. -me puso un dedo en los labios para callarme.- Ya encontraremos otro momento, no tengas prisa.

Sonreí y nos besamos con dulzura. Luego nos despedimos para que yo siguiera derrotando dragones, lo cual ya me empezaba a aburrir, y él entró a desayunar algo.

Alyä

Vi cómo Thoran volvía a entrar con cara de felicidad. Sentí algo de celos, pero eran sanos. Me alegraba verles juntos de nuevo. Suspiré y tras tomar algo de leche y unos pasteles, pensé en algo que pudiera gustarle a Airif, como disculpa. Pensé en hacerle un conjunto de ropa que fuese sexy, resistente y cómodo. Saludé al moreno con la mano y entré en la habitación que mi hermano tenía para mí. Hice unos diseños en papel, se me daba muy bien dibujar, y cuando di el visto bueno empecé a tejer. Tenía gran maestría en eso, dado que estuve entrenando para ello en una academia de sastrería que había en la ciudad. También sabía darle poder a los objetos, encantándolos. Se me ocurrió que también podía encantarlos, de manera que le dieran algún poder especial a la hora de pelear.

Llegó la noche y yo acabé de tejerle la nueva ropa a Airif. La dejé envuelta en papel sobre su cama y volví al salón, donde estaba mi hermano meditando frente al fuego de la chimenea. Al poco entró Airif acompañada de Thoran de la mano. 

Mi hermano preparó carne para cenar y cenamos en silencio.

-Alyä nos quería contar algo... -dijo Thoran rompiendo el silencio. 

Todos me miraron en silencio, esperando que empezara a hablar. 

-Bueno... quería contar un poco mi historia, dado que conozco la vuestra. -los demás asintieron.
-Yo me marcho a dormir que ya me la sé.-dijo mi hermano bostezando. Le miré mal y me frotó la cabeza.
-Bueno... Yo fui la "rara" de la familia, por así decirlo. Mi hermano y mis padres usan armaduras pesadas y son fuertes. Yo sin embargo, no puedo llevar esa clase de armadura, así que me entrené en la academia de magia sombría. Aprendí a dominar demonios, a lanzar ataques parecidos a los de Airif pero con menos potencia... En fin, lo que sé hacer ahora. En mis ratos libres, me dedicaba a aprender a tejer ropa, encantarla para aprender algo más que hacer. -me tomé un rato pensando.- En ese tiempo conocí a Demián, alguien que estaba especializándose también en lo mío. De normal en la academia no me fijaba en los demás, era bastante introvertida. Él se acercó a conocerme y nos hicimos amigos en seguida ya que teníamos bastante en común. Crecimos juntos, básicamente, pues a él no le gustaba el resto de los que se instruían con nosotros. Pasaron los años y yo comencé a sentir algo más fuerte por él, pero a él le veía en la típica etapa del hombre, donde babea por cualquier joven bastante más atractiva que yo... -me sentí triste al recordar eso.
-¿Los hombres hacen eso...?-dijo Airif sin apenas creérselo.
-Sí... algunos sí. Él me pedía consejos sobre chicas y, aunque me dolía, le ayudaba. Nunca le dije qué es lo que sentía por él, ni siquiera ahora me atrevo. De vez en cuando hemos participado en torneos donde hacíamos equipo. Él usaba a Greemon, un perro demoníaco y yo usaba a Chonar. -oí a Airif decir un "ooh... qué mono..." y sonreí.- Ganábamos casi siempre, pero a pesar de perder siempre me felicitaba. Supongo que me ve como una hermana o como su mejor amiga. No sé qué pensar... Ahora hemos perdido algo de contacto, dado que él lleva su vida y yo llevo la mía, pero a veces nos vemos. De ahí que le conocieras el otro día.-tragué saliva, creyendo que ya era el momento.- Yo... siento lo de esta mañana, Ai. Supongo que en cierto modo me comen los celos de que no podamos hablar de nuestras experiencias sexuales. -ambos se sonrojaron intensamente y yo me reí.- Es broma. Bueno no, pero da igual.
-No me acordaba ya de la interrupción de esta mañana, Al. No estoy enfadada. -me sacó la lengua guiñándome un ojo y nos sonreímos.
-Me alegro. Pero algún día quiero que hablemos de chicoooooooooooooooooooooooooooooos.-la estrujé entre mis brazos fuertemente. Luego la solté y ella volvió a respirar- Por cierto, he dejado una cosita para ti encima de tu cama. Espero que te guste.

Dicho esto me despedí de ambos y me fui a la cama, oyendo poco después cómo ellos también se iban a dormir.

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Sé que no es mucho, pero es que me muero de sueño xD Ya subiré otro próximamente!

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