Me parecía desesperante. Según tenía entendido, ir al lugar misterioso donde estaba Airif costaba una semana a caballo. No tenía otra opción, pero me fastidiaba tener que esperar tanto. Rezaba para que Alyä no se perdiera y tardásemos más. No quería hacerme a la idea de cómo estaría Airif ahora mismo, ni cómo estaría hace una semana, ni tampoco cómo estará en el futuro. Maldecía a Thira por haber usado algo para engañar a Airif, separarla de mí y que, de esa manera, sufriéramos los dos.
-Vamos a descansar un rato. Mi caballo está cansado. -dijo la chica.
Asentí sin decir nada. Encendió una hoguera y me senté al lado. Era de noche y tenía algo de frío.
-Deberías comer... -susurró mirándome con lástima. Su mirada me hizo sentir mal.
-Sabes que no tengo hambre... -era cierto. Desde que Airif se marchó y se me acusaba de acostarme con Thira, no he podido volver a probar bocado.
-Aún así. -me ofreció unas frutas que había conseguido. Yo me resigné y cogí unas pocas, comiendo con lentitud.- Así me gusta.
La miré y vi cómo me sonreía. Me sentía mal por no poder corresponderle la sonrisa. Cuando acabé de comerme las frutas, me tumbé y miré al cielo. Más de una vez me había imaginado en esa situación, con Airif tumbada a mi lado, abrazada a mí. Suena demasiado romántico, hasta igual empalagoso, pero era lo que deseaba.
Algo veloz y grande pasó por el cielo, sacándome de mis pensamientos. Poco después pude ver cómo un enorme dragón negro se acercaba a nosotros. Sobre ese dragón, iba montado un hombre con armadura.
-¡Hermanita! -saludó. Miré a Alyä y ella corrió hacia él, abrazándole y dándole un beso en la mejilla.
-¡Hola, hermano! ¿Cómo sabías que estábamos aquí?
-Mi pequeño te reconoció cuando pasamos sobre vosotros. Iba en dirección a la ciudad.
-¿Y Airif? -preguntó ella.
-Está un tanto insoportable... -susurró desanimado.
-¿Insoportable por qué? -presté mucha atención a la conversación.
-Pues... porque se extralimita. -ambos le miramos sin entender.- No descansa lo necesario para intentar estar de buen humor.
-Tiene sus motivos... la han hecho daño de mala manera. -protestó Alyä.
-Sí, en eso tienes razón. Pero no es sano para ella. Despierta muy temprano y apenas se detiene para comer. No para de ejercitarse y de pelear con dragones. -suspiró.- Cada vez va a peor. Por culpa de su cansancio sale bastante herida, pero aún así quiere seguir enfrentándose a dragones.
-¿Y por qué no la detienes tú? -intervine yo. Me miró por primera vez.
-Porque si lo hago, me mata. Ya ha amenazado con eso. -me contestó seriamente.- Lo único que hace es cansarse hasta caer desplomada sobre el suelo. Y no se da cuenta de que eso no es nada sano.
-¿Has intentado averiguar por qué hace eso? -preguntó Alyä por mí.
-Sí... pero se niega a contarme nada. Aunque creo saber por lo que está pasando... -susurró, parecía hablar más para él mismo que para nosotros.
Hubo un silencio muy incómodo, sólo se escuchaba cantar a los grillos, el fuego crepitar y a veces al viento. Yo también me empezaba a hacer una idea... y ella lo ha pasado muy mal. Despertó en un bosque sin memoria, se encontró con Thira y conmigo, Thira la odiaba por existir y por mi interés por ella...
-¿Por qué ibas a la ciudad? -pregunté.
-Iba a apuntarla a un torneo que van a realizar. Pensé que así se animaría un poco.
No recordaba que harían fiestas en la ciudad, aparte del pueblecito Khadros.
-¿Qué clase de torneo? -preguntó Alyä.
-Nada, una tontería. Enfrentarse a otros seres. -se encogió de hombros, haciendo sonar su armadura.
-¿Realmente crees que está en condiciones para eso? -pregunté enfadado.- ¿Acaso no te preocupa lo que le pueda pasar?
-¿Sinceramente? No. Pienso que está más que capacitada para afrontar cualquier cosa. Tú no has visto lo que puede llegar a hacer con un dragón, yo sí. Y créeme cuando te digo que tiembla la tierra.
Abrí los ojos de par en par. Eso superaba mi imaginación, creí que estaría exagerando, pero hablaba muy serio. No parecía ninguna broma.
-¿Puedes... llevarnos? -pregunté algo nervioso.
-Sí... -miró al dragón y este se agachó, como dándonos permiso para subir.- Subid.
Obedecimos y él subió detrás de nosotros. Me agarré a Alyä, que estaba delante mío y ella se abrazó a su hermano. Poco después el dragón negro alzó el vuelo y volvió hacia donde fuese que estaba mi Airif. Me moría de ganas de volver a verla y aclarar las cosas.
Airif.
Cada vez me sentía más débil frente a los dragones. No entendía muy bien por qué. ¿Sería por dormir poco y mal? ¿Por sobreesforzarme? ¿Debería hacerle más caso a Elin? No sabía qué hacer. No quería acostarme sin apenas tener sueño y que por mi mente pase Thoran una y otra vez.
Ahora estaba sola, sentada en la orilla del lago. Miraba mi reflejo y apenas me reconocía. En un arranque de ira, me corté el pelo con una de las armas que me regaló Elin. Eran unas armas de puño que a mi placer hacían aparecer unas afiladas garras de un metal muy duro. No recuerdo su nombre, pues estaba atontada cuando Elinghad me las dio. Las tenía ocultas bajo unos guantes de cuero. Me sentía cómoda. Me veía bastante rara, pero me gustaba mi nuevo aspecto. Hacía una noche ideal para darme un baño en el lago, así que me desnudé y me tiré al agua. Estaba fría, pero me despejó la mente. Nadé un poco, con calma, de un lado al otro del lago. Captó mi atención oír un aleteo a lo lejos, miré al cielo y vi el dragón en el que solía montar Elin. Pude distinguir tres figuras humanas, una la interpreté como Elinghad. Las otras dos no pude imaginarme quiénes eran.
-¡Eh! ¡Airiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiif! -me llamó el rubio.
Alcé una mano y lancé una bola negra que estalló en el cielo, indicando mi posición. El dragón llegó hasta mí y bajaron los tres. Se me paró la respiración cuando vi a Thoran junto a Alyä.
-Voy a por una toalla, acompáñame hermanita. -taladré con la mirada a Elinghad. No quería quedarme a solas con él.
Nos dejaron solos. Me di la vuelta, apoyándome en la orilla del lago. Ninguno de los dijimos nada, más bien creía que no teníamos nada que decirnos. Mi mente me traicionó y me recordó la escena de él y Thira acostándose, haciéndome temblar sin reconocer si era de tristeza o de ira.
-Ai... -susurró tembloroso. No quise mirarle.
-¿Ya te ha dejado tirado Thira? -pregunté lo más dura que pude.
-No es eso... -susurró más tembloroso. Giré la cara un poco para mirarle y pude comprobar que no me miraba a mí, si no al suelo.
-Sorpréndeme... -susurré enfadada.
-Te han engañado, Ai... -me dijo.
-Sí... es verdad. Tú, sin ir más lejos. -me quise girar y plantarle cara, pero estaba desnuda y no me apetecía que me viera, además de no atreverme del todo a mirarle a la cara. A pesar de ser de noche, las estrellas iluminaban mucho.
-No, Ai...
-¡Deja de llamarme Ai!-grité molesta.
Se calló y hubo un incómodo silencio. Oí un suspiro y susurró algo tan bajo que no logré oírle. Poco después, se echó al agua y se colocó delante de mí. Intenté alejarme, yéndome por un lado, pero usó sus brazos para apresarme. Le miré fijamente a los ojos, con todo el odio que podía.
-Si quieres que me vaya tendrás que matarme, pero antes me vas a escuchar... y no quiero ninguna clase de interrupción. Quiero que me escuches sin hablar hasta que me calle.-me miró muy serio.
-Di... -susurré sin apartar la mirada.
-Yo no me he acostado con Thira. Esa noche llegué tarde porque mi jefe de la herrería, Shaldrim, me necesitaba. Tiene problemas con su mujer y... en fin. Me entretuvo demasiado. Puedes preguntarle a Alyä, ella ha ido a comprobar si eso era verdad. También ha buscado alguna posible razón para que esa noche me viera dos veces.-arqueé una ceja, incrédula.- Sí. Primero me vio salir con Thira y después yo le pregunté por ti, cuando descubrí tu habitación desordenada y tú sin estar en ella. Puedes ir e intentar olfatear, ya que eres medio lobo, si hay algún olor que no sea ni el mío ni el de Thira. -dejé de sostenerle la mirada. Empecé a temblar y un par de lágrimas cayeron por mis mejillas, dejando en el agua unas suaves ondas. Él alzó lentamente mi cara.- Créeme... -su voz volvía a temblar y le miré. Se le notaba destrozado, pero dudaba.
-Demuéstramelo... -susurré con voz temblorosa.- Demuéstrame que soy la única...
Me abrazó fuertemente y me susurró que me quería. Se separó un poco de mí y me besó muy despacio, como con miedo de que le rechazase. Cerré los ojos y le correspondí el beso, abrazándole fuerte también. Me dolía el corazón, una parte de mí seguía sin fiarse, pero la otra ardía en deseos de estar en sus brazos.
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Continuará... ¿qué pasará en el aguaaaaa...? :P
Y de repente...
ResponderEliminarAirif usó pistola agua, ¡es super efectivo! seguro que eso no se lo espera nadie XDDD
Buen capi :D
No conviertas a Airif en un pokémon, aunque haya indicios de que lo parezca xD
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