miércoles, 18 de mayo de 2011

Capítulo 21.

Thoran.

Tuve miedo al principio, cuando empecé a besarla. Esperaba un empujón o un rechazo, pero no. Ella se entregó a mí, un poco nerviosa quizás, pero lo hizo. Me atreví a acariciarle la espalda mientras mis labios jugaban con dulzura contra los suyos. Noté cómo se estremecía y sonreí. Dejé de besarla y la miré. Me gustaba su nueva imagen, se me hacía raro verla así. Parecía tener una cara de niña en un cuerpo de adulta. Clavé mis ojos en los suyos y vi que le brillaban. Parecía que iba a llorar y me preocupé, viendo cómo poco después se abrazaba a mí por el cuello. Rompió a llorar y yo me sentía algo impotente, pero reaccioné a tiempo para abrazarla y que no se sintiera peor.

-¿Por qué lloras, Ai...? -pregunté con dulzura.

No obtuve respuesta, ella seguía llorando y eso me preocupó todavía más. Me abrazó más fuerte, casi ahogándome y no me atreví a preguntarle. Si ella quería hablar, ya lo haría. Lo único que se me ocurrió para intentar calmarla, era darle suaves besos por donde pudiese. Empecé y ella poco a poco fue calmándose. Cuando dejó de llorar, aflojó el abrazo y se separó lo justo para mirarme. Acerqué mi cara a la de ella, acariciándola con mi nariz en la suya y luego le di un pequeño beso en los labios. Luego ella me lo devolvió, acariciándome después la cara. Se acercó a mí y me besó en el cuello, quitándome mi mojada ropa con lentitud. Yo la miré extrañado, pero la dejé hacer. Se giró cuando tuvo toda mi ropa en sus manos y la dejó al lado de la suya. Tras eso, volvió a besarme el cuello mientras acercaba su cuerpo al mío. Jadeé por sentir su piel junto a la mía.

-Ai... -susurré, cogiéndola de las manos y alejándola un poco de mí.- ¿Por qué me has...?

Me calló con un beso apasionado que me pilló por sorpresa, pero me dejé llevar poco a poco, respondiéndole con la misma pasión. Estar más de una semana sin ella, sin sus besos y sin sus caricias me había parecido un infierno. La acaricié con pasión y suavemente al mismo tiempo por todo su cuerpo, arrancándole gemidos que se ahogaban en nuestros labios. Rodeó con sus piernas mi cadera, pegándose a mí y yo me frené. Parecía dispuesta a acostarse conmigo ahora, pero yo realmente no lo quería así. Tenía la impresión de que quería deprisa y corriendo, como para atarme a ella.

-Ai... -susurré jadeando, la deseaba pero no podía continuar.
-Dime, Tho... -susurró jadeando también.
-¿Por qué...? -dije simplemente. Me miró con cara de no entender a qué me refería.- ¿Por qué quieres...?
-¿Acostarme contigo...? -asentí con la cabeza.- Porque... te quiero, Tho... -me hizo sonreír, pero ella no sonreía.- Te quiero, pero...
-¿Pero...? -ese "pero" me preocupó.
-Pero... quería que tuvieras un... recuerdo... por así decirlo. -temblaba y al acabar la frase dejó de mirarme.
-No te entiendo, Ai... -susurré triste.
-Lo que quiero decir... -cogió aire, lo soltó y me miró.- es que no estoy segura de que... debamos estar juntos.

Se me cayó el alma a los pies. ¿Por qué no deberíamos? No entendía qué pensaba o creía ella, pero me dolía fuese lo que fuese.

-¿Por? -intentando no parecer demasiado afectado, le hablé con dureza.
-No quiero que nadie más se interponga entre nosotros y nos haga pasar por esto... Primero Thira se aprovechó de lo bueno que eres y te besó. Después alguien se disfrazó de ti como fuese y no logro borrar esa imagen de mi cabeza. De Thira y tú... -no pudo seguir, temblaba y se agarró la cabeza con ambas manos.- No quiero ni pensar qué más nos pueden hacer. -suspiré, no sé muy bien por qué, pero lo hice.- No quiero perderte, Tho... pero no quiero estar en una relación donde haya terceras personas.
-Prefieres que me aleje de ti. -concluí yo mismo, alejándome de ella y dándole la espalda.
-Más o menos... había pensado que... como amigos... 
-¿Perdón? -me giré bruscamente y alcé demasiado el tono.- ¿Te crees que he estado más de una semana en un estado de depresión que nunca creí que podría tener, para que nosotros acabemos así, siendo amigos? No, Airif. No me siento con fuerzas de pasar por eso, yo no puedo verte como una amiga. Ya no.

Salí del agua, muy malhumorado. Me parecía el colmo. No entendía cómo podía pedirme algo así. Y aunque lo que creía era que no me quería lo suficiente como para no considerar cómo podía sentirme yo con esas palabras, no me animaba nada. Me hundía más. Me vestí con mis ropas mojadas y me giré a mirarla. No parecía atreverse a mirarme.

-Gracias por el recuerdo, podías habértelo ahorrado... -le dije, sin preocuparme en si le molestaba o no.
-Tengo mis motivos, Tho... -se giró y salió del agua, vistiéndose también y mirándome.
-Y los entiendo. Pero no eres capaz de entenderme tú a mí. Lo he pasado fatal, pensando que me odiabas. Y la verdad, ya no sé qué es peor...
-Yo también lo he pasado fatal, tú al menos no tienes esa horrible imagen pasándote por la cabeza día sí, día también.
-No, desde luego. A partir de ahora voy a tener la imagen de la persona que amo llorándome, para luego calentarme y después decirme que seamos amigos.

Se la veía enfadada, como a mí, pero un par de lágrimas salieron por sus ojos. Me dolió verla llorar por mi culpa, aunque en cierta manera ella se lo había buscado. Quise abrazarla, pero no estaba seguro de tener que hacerlo. Sacudió la cabeza y volvió a acercarse al lago, sentándose en la orilla. La oí llorar y sollozar, acurrucada sobre sí misma. Yo suspiré y me di la vuelta, con la intención de alejarme, pero pude distinguir un gruñido. Miré a Airif, pero no parecía ser ella. Miré a mi alrededor y no logré ver nada, hasta que miré al lago fijamente y vi cómo una especie de tentáculo se lanzaba hacia Airif rápidamente.

-¡Cuidado, Ai...! -no me dio tiempo a avisarla, la pilló desprevenida y yo no reaccioné a tiempo.

El tentáculo la tenía completamente rodeada y parecía que apretaba. Airif se removía, intentando escapar, pero no podía. El tentáculo se iluminó y la rubia empezó a gritar de dolor, dejando al rato de forcejear y parecía haberse desmayado. Recordé entonces que, según el hermano de Alyä, llevaba mucho sin descansar bien, por lo que debía estar en el límite de su resistencia. El tentáculo la lanzó a lo lejos y oí cómo su cuerpo tomó contacto con la tierra. Se oyó un rugido aún más potente que antes. Yo corrí hacia Airif y la vi, efectivamente, inconsciente. Toqué su piel y me dio un calambre. Sea lo que fuese que hubiese en el lago, parecía un ser eléctrico. El tentáculo vino hacia mí y no pude reaccionar tampoco, era demasiado rápido. Airif se movió un poco, incorporándose un poco y sacudió la cabeza. Miró a su alrededor y me vio en el aire, alzado por el tentáculo. Nos llamó a los dos la atención un brillo, el cual reconocí como la descarga eléctrica que me esperaba. Cerré los ojos, esperando lo peor, pero escuché un sonido metálico y poco después sentí una sensación de vértigo, como si me cayera, tras escucharse un rugido lastimero. Airif se lanzó al suelo a tiempo para acolcharme la caída, provocando que gimiera de dolor al sentir mi peso sumado a la altura cayendo sobre su espalda. El tentáculo sin vida me soltó y pude apartarme bien, ayudando después a Airif a levantarse. La miré preocupado, esperando que no estuviese muy herida.

-¿Estás... bien...? -preguntó jadeando y acariciándose lo que podía de la espalda.

Asentí nervioso y la abracé. Me devolvió el abrazo pero poco después me apartó de un empujón, pudiendo contemplar así cómo cuatro tentáculos más aparecían del lago y ataban a Airif de cada una de sus extremidades. Tiraban de ella, intentando arrastrarla hacia el agua, mientras que ella hacía fuerza en el sentido contrario. Me acerqué hacia ella y la cogí por la cintura, ayudándola a hacer fuerza tirando de ella hacia mí. En mi mente oí un "Apártate" y confuso miré a Airif. Sus ojos eran morados ahora, y brillaban. Eso me dio a entender que usaría la fuerza de Junibi para sacar al monstruo del lago. Me alejé de ella y la chica cogió con sus manos los tentáculos, tirando fuertemente de ellos. Poco después un cuerpo redondo con una cabeza salió del lago y rebotó contra el suelo, llevándose consigo a Airif. Ella se levantó y, aún jadeando, alzó una mano, con la palma abierta y una esfera negra se empezó a formar, creciendo a cada segundo más. Unas sombras aparecieron en su espalda, tomando forma de alas y ella alzó el vuelo, lanzando poco después la gran bola oscura sobre la criatura. Dicho ser, explotó en pedazos una vez que le llegó el ataque de Airif. Me cubrí con el brazo, con el fin de que no me salpicara demasiado la sangre y vísceras que soltaba la criatura. Miré a Airif y vi cómo descendía y se colocaba a cuatro patas en el suelo, jadeando. Me acerqué a ella, lentamente. Sus ojos dejaron de brillar y las alas negras desaparecieron, cayendo después a un lado. La cogí en mis brazos y la llevé a casa del hermano de Alyä, sin dejar de mirarla.

-¡Tho! ¿Qué ha pasado? -preguntó la castaña cuando me vio aparecer con Airif en mis brazos.
-Nos atacó un bicho muy raro... está ahí fuera, destrozado por Airif. Pero ella... -susurré mirándola, empezó a temblar y parecía estar sufriendo.
-Acompáñame, te diré cuál es su habitación. -me dijo el rubio. Yo le seguí y me indicó la puerta, abriéndomela.- Túmbala y... bueno, quédate a su lado si quieres.

Asentí y entré, la tumbé en su cama y me senté a su lado. Me seguía sintiendo dolido por sus palabras de antes, pero me había salvado y ahora estaba indefensa. La desnudé para que estuviera más cómoda y la tapé con su manta, tumbándome después yo a su lado. La miré y vi que lloraba mientras susurraba algo débilmente. Me acerqué más a ella y oí mi nombre. La abracé, pero seguía temblando. Se tumbó de lado y se llevó la mano izquierda al pecho, donde tenía el corazón. Gimió de dolor, y fue entonces cuando me di cuenta qué podría estar pasando por su mente. La horrible imagen de yo y Thira haciendo el amor. Suspiré y se despertó de golpe, parecía desorientada, pues miró a todos los rincones de la habitación. Pareció tranquilizarse cuando me vio a su lado, pero bajó la mirada.

-¿Qué... soñabas? -pregunté, acariciándola.
-Nada... -susurró y se apartó de mí, dándome la espalda.
-Ai... quiero ayudarte... -la abracé por la espalda y le besé la nuca.
-No puedes... -susurró llorosa.- Nadie puede...

Me sentía fatal, habíamos discutido y ahora ella estaba muy negativa, tras haberme salvado de un monstruo eléctrico y tentaculoso.

-Eso es... porque tú no nos dejas... -dije suave, dándole besitos por el hombro.- No nos apartes de tu lado, Ai... -se giró y me miró, triste.- Te quiero... -la besé en los labios, con miedo nuevamente, un miedo que se esfumó al ver cómo ella cerraba los ojos y se abrazaba a mí.
-Quiero olvidar esa escena... -susurró triste.- Sueño con ella todas las noches... cada vez que cierro los ojos... incluso cuando no tengo nada que hacer me viene a la mente...

Pensé en una posible solución. Lo más fácil sería que perdiera la memoria de nuevo, pero ya no puede ser posible. O no sabía cómo hacerlo. Otra posible solución era lo que ella quería en un principio. Acostarme con ella, demostrándole que la quiero. Mientras planteaba esa posibilidad, ella se quedó dormida de nuevo. Se la veía agotada. Le di un beso en los labios, me desnudé para no coger un resfriado por la ropa mojada y me metí en la cama con ella, abrazándola de nuevo. Ahora parecía más tranquila, así que cerré los ojos y me dormí. Llevaba mucho tiempo deseando poder estar así de nuevo con ella.

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