sábado, 14 de mayo de 2011

Capítulo 19.

Airif.

Pasó una semana, la cual se me hizo más o menos rápida. Elinghad me entrenaba duro, me hacía hacer el triple de ejercicio de lo que hacía y a veces peleaba contra dragones. El primero al que me enfrenté, consiguió hacerme una gran herida en la espalda, ya que estaba nerviosa por ser mi primer enfrentamiento contra un dragón. Al día siguiente tal herida ya no estaba, lo cual me permitió seguir con mi duro entrenamiento. Por un lado me gustaba que fuera tan duro, ya que mientras maldecía al rubio por somerterme de esa manera y no pensaba tanto en Thoran. Lo malo era cuando la noche llegaba. Era tumbarme en mi cama y recordarle a él. Deseaba no hacerlo, pero supuse que es lo que tiene el amor, que te fastidia de esta manera. Sabía perfectamente que seguía enamorada de él, aunque quería odiarle. Era algo muy extraño para mí.

Ahora mismo me encontraba tumbada en el suelo, con los ojos entrecerrados y jadeando fuertemente mirando al cielo estrellado. Se me había ocurrido sobreesforzarme más, hasta caer desmayada en el suelo. Era de noche, pero varios dragones volaban sobre el valle Colmillo Muerto. Me gustaban esas criaturas, mucho. Había podido comprobar la gran variedad que hay. Los había de color verde y un tamaño pequeño, que de un simple mordisco podían matarte dolorosamente en un momento, pues te inyecta un veneno extremadamente mortal. En ese sentido, entiendo que no sean muy grandes. También habían dragones rojos y bastante grandes. Poseían unas afiladas garras y lanzaban fuego por la boca. Ideales para hacer un oso asado a finos filetes. Azules, mis favoritos, capaces de congelar cualquier cosa en un santiamén. Tenían un tamaño similar a los rojos. Negros, los más peligrosos y fieros. Aunque parece mentira que estos dragones puedan estar en ese valle tan pacíficamente con otros dragones y dos humanos. Imagino que será por la influencia de Elinghad. Eran más grandes que los dragones rojos, pero con unas garras igual de afiladas.

Aunque me dolía todo, intenté ponerme en pie. Inspiré fuertemente, soltando poco después todo el aire de golpe y reté a un dragón verde. El pequeño, desplegó sus alas y voló rápidamente hacia mí. Me dedicó un pequeño rugido y yo le sonreí de lado. Con este dragón practicaba mi capacidad de esquivar más que otra cosa. Al ser pequeño, de un golpe podías derribarlo, pero posee una gran agilidad, lo cual le facilita mucho el matar sus presas. Desde que llegué aquí, mi agilidad evolucionó enormemente. En parte se lo agradezco a mi entrenador. Le hice una seña al dragón, indicándole que atacara. Me hizo caso y velozmente vino a por mí. Esperé el momento oportuno para esquivarle, dado que tiene la "manía" de atacar con la boca abierta siendo esta su mejor arma. Conforme le esquivaba, le cogí de la cola y lo lancé lejos. El dragón se quejó al chocar contra el suelo. En cierto modo me daba pena, pues eran frágiles en ese aspecto. Me acerqué a él y me miró, le acaricié y cerró los ojos, como si me lo agradeciera.

Sonreí al ver cómo se iba revoloteando hacia su cueva, con el resto de los de su especie. Suspiré y se me borró la sonrisa, empezaba a recordarle otra vez. Gruñí, me sentía débil en ese sentido. Eché a correr sin poderlo evitar, todo lo potente y rápido que podía. Me dio tiempo a dar una vuelta completa al valle antes de empezar a notar que mis piernas fallaban, que el pecho me dolía y caerme de bruces. Logré quedarme dormida sin llorar esa noche.

Alyä

Investigué a fondo y comparé lo que Thoran me contó con lo que me dijo su jefe. Parecía ser que el pobre enano tenía problemas con su esposa y, al tener a Thoran a mano, decidió contarle sus problemas tomando unas cervezas. Lo que no entendía es porque me encontré a Thoran y a su hermana saliendo de la posada aquella noche que Airif se marchó. Vi de lejos cómo se encontraba con mi hermano y poco después entendí las cosas. Pero ahora no. ¿Cómo podían haber dos Thoran?

Se me ocurrió, antes de volver a ver al moreno, ir a la biblioteca de la ciudad a buscar algo, como una magia o similar.  Pregunté al más sabio bibliotecario y me dijo que podía encontrar algo en un libro llamado "Miles de pociones para miles de propósitos". Busqué el libro y lo leí muchísimas veces, pero no encontraba nada. Desesperada, pregunté al hombre y revisó conmigo el libro. Juntos nos dimos cuenta de que tenía una página arrancada. 

Llegué a la conclusión de que alguien pudo usar una poción para copiar a Thoran. ¿Thira? No sé, pero empezaba a odiar más a esa mujer. Primero se aprovechó de mi hermano y ahora hace daño a una joven de esa manera. Decidí volver rápidamente esa noche a la posada y hablar con Thoran. Usé mi magia e invoqué a mi caballo llameante. Adoraba a este caballo. Era negro, y la cresta de la cabeza y su cola eran puro fuego. Monté sobre mi adorado corcel y galopé velozmente hacia la posada. 

Llegué, no sé cuánto tardaría. Entré en la posada y le busqué con la mirada. Estaba sentado en el sofá, con la cara oculta por sus manos y los brazos apoyados sobre sus rodillas. Esa imagen me dio mucha lástima, lamentaba haber dudado de su palabra, pero yo vi lo que vi y no sabía si podía confiar en él completamente. Me acerqué a él y comprobé que estaba temblando.

-Thoran... -susurré.

No me miró siquiera, así que me senté a su lado y coloqué mi mano en su espalda. Apartó un poco la cara, sin descubrirla del todo y me miró de reojo.

-Siento haber desconfiado de ti... -susurré. La verdad era que lo lamentaba mucho.- Tenemos que ir a ver a Airif y contárselo todo...
-Si tú no te has fiado... ¿cómo va ella a fiarse? -se descubrió del todo. Sus ojos estaban completamente rojos y me miraba fijamente.- Una vez vio cómo Thira me besaba, no la aparté antes porque me pilló por sorpresa. Ahora según sé, fue algo peor. -negó con la cabeza.- No va a escucharme. Ya no. -volvió a cubrirse la cara con las manos y oí cómo suspiraba.
-Pero igual a mí sí... -dije seriamente.- He estado investigando, de ahí que haya tardado tanto en volver. Podrían haber usado una poción para copiarte.
-¿Tienes la poción? ¿El nombre? -me preguntó.
-No... pero había una hoja arrancada. El bibliotecario y yo pensamos que han podido robarla.
-¿Robarla? -suspiró y sonrió irónicamente.- ¿De qué me sirve que lo hayan robado? No va a demostrar nada.

No sabía qué más decirle, estaba muy negativo y aunque cierto es que sin pruebas no se demostraba nada, yo quería que volvieran a ser lo que eran. 

-Si tanto la quieres, irías a intentar convencerla.
-Sabes lo que lleva dentro. Aunque ese demonio haya sido para salvar lo que sea que tiene que salvar, si ella explota en cólera y me odia, ni siquiera él podría detenerla. Ella decide cómo ser y cómo usar sus poderes, la influencia de un demonio dentro de ella depende sólo de ella. Me mataría sin dudar, aunque luego se arrepienta. -parecía haberlo meditado mucho. Llegar a la conclusión de que la persona que amas puede matarte, es muy duro.
-Te entiendo muy bien, Thoran. Pero piénsalo de otra manera. Si no logras olvidarla... nunca, ¿vas a estar siempre así?

Se apartó las manos otra vez y me miró, estaba bastante hecho polvo. No parecía haber podido dormir desde aquel día. Tampoco tenía pinta de haber comido.

-Mira, Alyä... sé perfectamente que el aspecto que tengo ahora no es muy bueno. No voy a poder olvidarla nunca, eso lo sé. Pero si ella no va a querer escucharme, lo cual entiendo, prefiero intentar llevar la vida que llevé cuando ella desapareció hace años. Me parece genial que te preocupes por nosotros, más por ella. Pero te agradecería mucho, que en este tipo de cosas, no te metieras en mi vida. -se levantó y se encaminó lentamente hacia la puerta.- Tómatelo como quieras. Te puedo parecer un cobarde. Si quieres convencerla, inténtalo tú, pero no me apetece que tenga que ser ella quien me mate siendo inocente.

Me acerqué a él y le di una bofetada. No estaba siendo inteligente. Y quizás yo tampoco. Pero no podía permitir que se rindiera de ese modo. Se llevó una mano a la mejilla afectada y me miró con dureza.

-Vale, iremos a verla a ese sitio inaccesible para los seres que no sabemos volar. Si me mata, caerá sobre tu conciencia.
-¿Sabes que tienes que convencerla tú, verdad? No me sirve llevarte allí para que luego no hagas nada. Tu cara de gato abandonado no le dará lástima. Bueno... igual sí. Pero igual se piensa que es el segundo plato, creyendo que como Thira ya consiguió lo que quería, te ha dejado y ahora tú vas a ella arrepentido.

Asintió con la cabeza y me indicó la puerta para que saliera yo primero. Le hice caso y salí. Nos esperaba mi adorable caballo llameante. Subí en él yo primero, seguido de Thoran, al cual le impactó ver mi montura. Tras estar los dos bien sobre mi caballo, nos dirigimos juntos hacia el valle.

1 comentario:

  1. La una y media y acabo de ponerme al día con la historia :D

    Los nuevos capítulos molan, pero cada vez que imagino a Airif veo a naruto-crepúsculo XDDD

    Sigue así, y no te olvides de algo muuuy importante...

    SEXO SEXO SEXO!! XDDD (es broma :P)

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