martes, 24 de mayo de 2011

Capítulo 23.

Airif

Seguía molesta, no paré de descargar mi enfado con los dragones, los cuales no resultaban demasiado dañados por su gran resistencia. Sentí al salir que tanto Alyä como Thoran me miraban, luego la chica se volvió adentro. Tho me miraba asombrado, parecía no convencerse de que yo sola, sin armadura ni nada, podía vencer dragones. Le sonreí mientras sujetaba las fauces de uno negro, echándolo hacia atrás poco después. Me acerqué a él y le di un suave beso en los labios.

-Siento mucho no haber querido seguir, pero... 
-Sshh... lo entiendo. -me puso un dedo en los labios para callarme.- Ya encontraremos otro momento, no tengas prisa.

Sonreí y nos besamos con dulzura. Luego nos despedimos para que yo siguiera derrotando dragones, lo cual ya me empezaba a aburrir, y él entró a desayunar algo.

Alyä

Vi cómo Thoran volvía a entrar con cara de felicidad. Sentí algo de celos, pero eran sanos. Me alegraba verles juntos de nuevo. Suspiré y tras tomar algo de leche y unos pasteles, pensé en algo que pudiera gustarle a Airif, como disculpa. Pensé en hacerle un conjunto de ropa que fuese sexy, resistente y cómodo. Saludé al moreno con la mano y entré en la habitación que mi hermano tenía para mí. Hice unos diseños en papel, se me daba muy bien dibujar, y cuando di el visto bueno empecé a tejer. Tenía gran maestría en eso, dado que estuve entrenando para ello en una academia de sastrería que había en la ciudad. También sabía darle poder a los objetos, encantándolos. Se me ocurrió que también podía encantarlos, de manera que le dieran algún poder especial a la hora de pelear.

Llegó la noche y yo acabé de tejerle la nueva ropa a Airif. La dejé envuelta en papel sobre su cama y volví al salón, donde estaba mi hermano meditando frente al fuego de la chimenea. Al poco entró Airif acompañada de Thoran de la mano. 

Mi hermano preparó carne para cenar y cenamos en silencio.

-Alyä nos quería contar algo... -dijo Thoran rompiendo el silencio. 

Todos me miraron en silencio, esperando que empezara a hablar. 

-Bueno... quería contar un poco mi historia, dado que conozco la vuestra. -los demás asintieron.
-Yo me marcho a dormir que ya me la sé.-dijo mi hermano bostezando. Le miré mal y me frotó la cabeza.
-Bueno... Yo fui la "rara" de la familia, por así decirlo. Mi hermano y mis padres usan armaduras pesadas y son fuertes. Yo sin embargo, no puedo llevar esa clase de armadura, así que me entrené en la academia de magia sombría. Aprendí a dominar demonios, a lanzar ataques parecidos a los de Airif pero con menos potencia... En fin, lo que sé hacer ahora. En mis ratos libres, me dedicaba a aprender a tejer ropa, encantarla para aprender algo más que hacer. -me tomé un rato pensando.- En ese tiempo conocí a Demián, alguien que estaba especializándose también en lo mío. De normal en la academia no me fijaba en los demás, era bastante introvertida. Él se acercó a conocerme y nos hicimos amigos en seguida ya que teníamos bastante en común. Crecimos juntos, básicamente, pues a él no le gustaba el resto de los que se instruían con nosotros. Pasaron los años y yo comencé a sentir algo más fuerte por él, pero a él le veía en la típica etapa del hombre, donde babea por cualquier joven bastante más atractiva que yo... -me sentí triste al recordar eso.
-¿Los hombres hacen eso...?-dijo Airif sin apenas creérselo.
-Sí... algunos sí. Él me pedía consejos sobre chicas y, aunque me dolía, le ayudaba. Nunca le dije qué es lo que sentía por él, ni siquiera ahora me atrevo. De vez en cuando hemos participado en torneos donde hacíamos equipo. Él usaba a Greemon, un perro demoníaco y yo usaba a Chonar. -oí a Airif decir un "ooh... qué mono..." y sonreí.- Ganábamos casi siempre, pero a pesar de perder siempre me felicitaba. Supongo que me ve como una hermana o como su mejor amiga. No sé qué pensar... Ahora hemos perdido algo de contacto, dado que él lleva su vida y yo llevo la mía, pero a veces nos vemos. De ahí que le conocieras el otro día.-tragué saliva, creyendo que ya era el momento.- Yo... siento lo de esta mañana, Ai. Supongo que en cierto modo me comen los celos de que no podamos hablar de nuestras experiencias sexuales. -ambos se sonrojaron intensamente y yo me reí.- Es broma. Bueno no, pero da igual.
-No me acordaba ya de la interrupción de esta mañana, Al. No estoy enfadada. -me sacó la lengua guiñándome un ojo y nos sonreímos.
-Me alegro. Pero algún día quiero que hablemos de chicoooooooooooooooooooooooooooooos.-la estrujé entre mis brazos fuertemente. Luego la solté y ella volvió a respirar- Por cierto, he dejado una cosita para ti encima de tu cama. Espero que te guste.

Dicho esto me despedí de ambos y me fui a la cama, oyendo poco después cómo ellos también se iban a dormir.

---------------------------------------------------------------------------------------------------------

Sé que no es mucho, pero es que me muero de sueño xD Ya subiré otro próximamente!

jueves, 19 de mayo de 2011

Capítulo 22.

Thoran.

Desperté al notar que Airif se removía mucho y jadeaba con suavidad. La miré con atención y estaba destapada, con las piernas ligeramente abiertas. Entre jadeos la oí susurrar algo, pero no capté bien qué decía, me acerqué más y, además de oír sus jadeos, pude escuchar lo rápido que le latía el corazón. Suspiró y clavó los dedos en el colchón. Me puse a pensar qué podía provocarle semejante reacción, pues no tenía cara de sufrimiento. Volvió a susurrar algo, me pilló despistado y no lo entendí. Acerqué mi cabeza a la de ella, esperando así poder distinguir algo. Tanto jadeo me estaba poniendo enfermo y mientras esperaba que volviera a susurrar algo, mi mente se puso a pensar en lo mucho que deseaba hacer a Airif mía. Por fin distinguí lo que la joven susurraba. Era mi nombre. Sonreí al pensar que estaba teniendo un sueño erótico conmigo, me puse sobre ella y, dormida, me abrazó pegándome a ella. Mantenía un poco de distancia, apoyándome sobre mis brazos, para mirarla y tener libertad de hacer algo. Su cadera se empezó a mover contra la mía, provocándome. Maldije el momento en el que decidí ponerme encima de ella.

-Ai... -susurré, intentando despertarla. 

La besé en los labios para ver si reaccionaba, pero seguía jadeando y moviendo la cadera. Volvió a susurrar mi nombre, esta vez después de un gemido. Me empezaba a preguntar qué pasaría en el sueño mientras le daba suaves besos en el cuello, intentando en vano evadirme de mis pensamientos. Me notaba muy excitado y sentí un escalofrío cuando su sexo y el mío tomaron mejor contacto. Estaba muy húmeda y calentita. Me mordí el labio inferior, deseando que parara, pero ella seguía rozándose contra mi miembro, provocándome más escalofríos y ganas de penetrarla.

-¡Airif! -grité con fuerza, casi desesperado.

Ella se asustó y nuestras frentes chocaron. Ella no pareció sentir apenas dolor, pero yo sí. Estaba sonrojada y aún jadeaba un poco.

-¿Qué pasa? ¿Por qué gritas? -me preguntó, sin extrañarse apenas de que estuviese encima de ella.
-Tienes un sueño profundo y una cabeza dura, Ai... -susurré frotándome la frente. Desvió ligeramente la mirada.
-¿Cómo es que estás encima mío, Tho...? -susurró algo avergonzada.
-Yo... creí que te despertarías al notarme encima tuyo pero... creo que sólo empeoró la cosa. -susurré sin mirarla tampoco.
-¿Empeorar...? -susurró ella, volviendo a mirarme aunque yo no lo hiciera.
-Sí... ¿puedo saber qué soñabas? -pregunté, evadiendo el tener que darle explicaciones y volviendo a mirarla.
-Soñaba... que... -su sonrojo aumentó, se la veía muy mona.- bu-bueno... que...
-¿Que hacíamos el amor? -le ayudé a acabar, provocando con ello que ella suspirara, confirmándome que era cierto.- Se notaba un poco...
-¿Por...? -creí que no podía sonrojarse más, pero me equivoqué. Parecía hasta asustada.
-He llegado a notarte... muy excitada. También jadeabas y susurrabas mi nombre. He intentado retenerme para no... penetrarte mientras sueñas, pero me estaba costando mucho... -susurré, esperando que no le sentara mal.
-Lo siento... -susurró ella.- Supongo que dormida no puedo esconder lo que siento...
-Es muy probable, sí... -le di un suave beso en los labios, el cual me devolvió en el instante.- Igual es absurdo preguntarte esto, pero... ¿has dormido bien?
-Sí... hacía mucho que no me notaba tan... activa. -arqueé una ceja, tomándole un segundo sentido a su frase.- ¡No me mires así, no me refería a eso!

Reí ante su reacción, se volvió a poner colorada. Parecía algo disgustada, pero volví a besarla y más profundamente. Era un beso lento y suave, el cual ella respondió entregándose completamente a él, cerrando los ojos y acariciándome la espalda. Me relajé y dejé caer un poco más de peso sobre ella. Aún la notaba bastante excitada, igual que debía estar yo, pero sólo quería que no se sintiera mal. Abrió más las piernas, permitiéndome que mi cadera se acoplase perfectamente a la de ella, aunque eso provocó que nuestros sexos volvieran a rozarse, provocándonos a ambos un fuerte jadeo. Separamos nuestros labios y nos miramos. Yo no estaba muy seguro de querer seguir. Mi cabeza decía que no, pero mi corazón me decía que creía que era el momento. No supe qué decisión tomar hasta que ella me empezó a besar el cuello.

-¿Estás segura...? -le pregunté tembloroso, pero no de miedo sino de deseo. Ella detuvo los besos y me miró a los ojos. Poco después asintió.- Antes de nada... quiero que me prometas algo. -frunció el ceño, extrañada.- Sí... Por favor... no me pidas después de esto que lo dejemos... -susurré triste.- Prométeme... que no me dejarás ni apartarás de tu vida... -oculté mi cara, apoyando mi barbilla en su hombro.
-Lo prometo... -susurró con dulzura.

Alcé de nuevo la cabeza y la miré, me sonreía y me miraba con ternura. Sonreí de la misma manera y ella quiso volver a mi cuello, pero yo no la dejé. Me miró y le guiñé un ojo, lo cual provocó que se sonrojara levemente. La besé apasionadamente en los labios mientras colocaba todo mi peso en mi brazo izquierdo, usando la mano derecha para acariciar los pechos de Airif. Ella jadeó en mis labios, estremeciéndose. Sonreí y quité peso de encima de ella, poniéndome a cuatro patas y bajé mi mano hasta su sexo, acariciándolo suavemente de arriba a abajo. A la vez que ella gemía, yo la besé más apasionadamente aún. No olvidaba que no estábamos solos y no quería que Elin y Alyä adivinaran lo que estábamos a punto de hacer. Tras estar así un rato, decidí que ya era hora y que ya estaba más preparada para que lo hiciésemos. Volví a colocarme entre sus piernas y ella me miró.

- Me... me dijiste que podía doler... ¿verdad...? -susurró entre jadeos.
-Sshh... no pienses ahora en eso... -susurré intentando que no se pusiera nerviosa.

Empecé a moverme lentamente, acercando mi miembro a su sexo, sin dejar de mirarle a los ojos. Cuando estaba a punto de penetrarla, la puerta se abrió de golpe.

-¡¡Buenos días, Airiiiiiiiiiiiiiiiiiif!! -gritó el rubio.- Te he dejado dormir más de la cuenta, así que ahora a desayu... Ups...

Pareció tardar en darse cuenta, pero tampoco se movió de ahí. Airif se abrazó a mí, de manera que no quedase ninguna parte de su cuerpo a la vista del hombre que tenía ganas de matar.

-Ibáis a... ¿verdad? -preguntó casi tartamudeando.
-Sí... -respondió Airif.
-Pe... perdón, no sabía que... E-en fin... os dejo solos. -dijo yéndose, cerrando la puerta a la vez que se iba.

Ambos suspiramos y nos miramos. Ella asintió, como diciéndome que siguiéramos. Me quedé pegado a ella, le di un beso, y apenas comencé a mover mi cadera cuando volvió a abrirse la puerta.

-¡Airiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiif, no puedes, antes tenemos que hablar de chicos como amigas que somos! -gritó Alyä.
-Grrrr... -gruñió Airif de manera intimidante.- ¡Así no hay quien haga nada! ¡Iros a matar a un dragón y dejarme tener intimidad, demonios!
-¡Eeeeh! ¡Demonio tú, que lo tienes dentro, yo sólo los invoco! -dijo con burla Alyä.

Airif volvió a gruñir y se giró, dándole la espalda a Alyä.

-Vamos, nena. No te enfadeeeees... -dijo con tono suave.- Ya os dejo solitos para que....
-¡No! Ya no tengo ganas de nada. Me voy a enfrentarme a algún dragón. -me apartó de encima de ella, con un poco de brusquedad y se puso su ropa. Salió de la habitación dando un fuerte portazo que hizo retumbar la casa.
-Uh... lo siento. No sabía que se iba a poner así. -dijo la castaña mirándome.- Aunque entiendo por qué tenía tantas ganas... -dijo tras mirarme entero y sacó la lengua, con expresión divertida.
-Al... -me sonrojé y me tapé con la manta.- Tienes que pedirle disculpas a ella, no a mí.
-¡Voy! -salió corriendo detrás de ella y yo me vestí. Mis ropas ya estaban secas y me alegré un poco por ello, aunque me disgustaba la idea de que nos hubiesen interrumpido. 

Salí de la habitación y vi a Airif esquivando zarpazos y ataques flamígeros de un enorme dragón negro. Alyä  también la miraba y me acerqué a ella.

-Deberías saber que es malo interrumpir a una pareja cuando ya sabes que van a hacer algo... -susurré y ella me miró.
-Lo sé... -susurró. No supe distinguir qué tono usó.
-¿Entonces por qué...? -pregunté desconcertado.
-Porque me dais un poco de envidia. -me miró y yo arqueé una ceja.- No seas creído, no lo digo por ti. Lo digo porque estáis juntos de nuevo. -asentí con la cabeza. Aunque anoche estuvimos a punto de separarnos del todo, hoy me había prometido que no lo haría.- Yo querría estar igual con una persona muy importante para mí...
-¿Le conozco? -negó con la cabeza.
-Es un antiguo amigo de la escuela de brujería de la ciudad. Se llama Demián. -suspiró.- Mejor os lo cuento esta noche a Airif y a ti, así ella igual puede entenderme un poco mejor.

Asentí con la cabeza y me senté en el suelo, mirando los movimientos de Airif. Era rápida y fuerte, lo cual me hacía sentirme orgulloso de ella. Elinghad llevaba armadura de placas para enfrentarse a un dragón, pero a ella no le hacía falta.

miércoles, 18 de mayo de 2011

Capítulo 21.

Thoran.

Tuve miedo al principio, cuando empecé a besarla. Esperaba un empujón o un rechazo, pero no. Ella se entregó a mí, un poco nerviosa quizás, pero lo hizo. Me atreví a acariciarle la espalda mientras mis labios jugaban con dulzura contra los suyos. Noté cómo se estremecía y sonreí. Dejé de besarla y la miré. Me gustaba su nueva imagen, se me hacía raro verla así. Parecía tener una cara de niña en un cuerpo de adulta. Clavé mis ojos en los suyos y vi que le brillaban. Parecía que iba a llorar y me preocupé, viendo cómo poco después se abrazaba a mí por el cuello. Rompió a llorar y yo me sentía algo impotente, pero reaccioné a tiempo para abrazarla y que no se sintiera peor.

-¿Por qué lloras, Ai...? -pregunté con dulzura.

No obtuve respuesta, ella seguía llorando y eso me preocupó todavía más. Me abrazó más fuerte, casi ahogándome y no me atreví a preguntarle. Si ella quería hablar, ya lo haría. Lo único que se me ocurrió para intentar calmarla, era darle suaves besos por donde pudiese. Empecé y ella poco a poco fue calmándose. Cuando dejó de llorar, aflojó el abrazo y se separó lo justo para mirarme. Acerqué mi cara a la de ella, acariciándola con mi nariz en la suya y luego le di un pequeño beso en los labios. Luego ella me lo devolvió, acariciándome después la cara. Se acercó a mí y me besó en el cuello, quitándome mi mojada ropa con lentitud. Yo la miré extrañado, pero la dejé hacer. Se giró cuando tuvo toda mi ropa en sus manos y la dejó al lado de la suya. Tras eso, volvió a besarme el cuello mientras acercaba su cuerpo al mío. Jadeé por sentir su piel junto a la mía.

-Ai... -susurré, cogiéndola de las manos y alejándola un poco de mí.- ¿Por qué me has...?

Me calló con un beso apasionado que me pilló por sorpresa, pero me dejé llevar poco a poco, respondiéndole con la misma pasión. Estar más de una semana sin ella, sin sus besos y sin sus caricias me había parecido un infierno. La acaricié con pasión y suavemente al mismo tiempo por todo su cuerpo, arrancándole gemidos que se ahogaban en nuestros labios. Rodeó con sus piernas mi cadera, pegándose a mí y yo me frené. Parecía dispuesta a acostarse conmigo ahora, pero yo realmente no lo quería así. Tenía la impresión de que quería deprisa y corriendo, como para atarme a ella.

-Ai... -susurré jadeando, la deseaba pero no podía continuar.
-Dime, Tho... -susurró jadeando también.
-¿Por qué...? -dije simplemente. Me miró con cara de no entender a qué me refería.- ¿Por qué quieres...?
-¿Acostarme contigo...? -asentí con la cabeza.- Porque... te quiero, Tho... -me hizo sonreír, pero ella no sonreía.- Te quiero, pero...
-¿Pero...? -ese "pero" me preocupó.
-Pero... quería que tuvieras un... recuerdo... por así decirlo. -temblaba y al acabar la frase dejó de mirarme.
-No te entiendo, Ai... -susurré triste.
-Lo que quiero decir... -cogió aire, lo soltó y me miró.- es que no estoy segura de que... debamos estar juntos.

Se me cayó el alma a los pies. ¿Por qué no deberíamos? No entendía qué pensaba o creía ella, pero me dolía fuese lo que fuese.

-¿Por? -intentando no parecer demasiado afectado, le hablé con dureza.
-No quiero que nadie más se interponga entre nosotros y nos haga pasar por esto... Primero Thira se aprovechó de lo bueno que eres y te besó. Después alguien se disfrazó de ti como fuese y no logro borrar esa imagen de mi cabeza. De Thira y tú... -no pudo seguir, temblaba y se agarró la cabeza con ambas manos.- No quiero ni pensar qué más nos pueden hacer. -suspiré, no sé muy bien por qué, pero lo hice.- No quiero perderte, Tho... pero no quiero estar en una relación donde haya terceras personas.
-Prefieres que me aleje de ti. -concluí yo mismo, alejándome de ella y dándole la espalda.
-Más o menos... había pensado que... como amigos... 
-¿Perdón? -me giré bruscamente y alcé demasiado el tono.- ¿Te crees que he estado más de una semana en un estado de depresión que nunca creí que podría tener, para que nosotros acabemos así, siendo amigos? No, Airif. No me siento con fuerzas de pasar por eso, yo no puedo verte como una amiga. Ya no.

Salí del agua, muy malhumorado. Me parecía el colmo. No entendía cómo podía pedirme algo así. Y aunque lo que creía era que no me quería lo suficiente como para no considerar cómo podía sentirme yo con esas palabras, no me animaba nada. Me hundía más. Me vestí con mis ropas mojadas y me giré a mirarla. No parecía atreverse a mirarme.

-Gracias por el recuerdo, podías habértelo ahorrado... -le dije, sin preocuparme en si le molestaba o no.
-Tengo mis motivos, Tho... -se giró y salió del agua, vistiéndose también y mirándome.
-Y los entiendo. Pero no eres capaz de entenderme tú a mí. Lo he pasado fatal, pensando que me odiabas. Y la verdad, ya no sé qué es peor...
-Yo también lo he pasado fatal, tú al menos no tienes esa horrible imagen pasándote por la cabeza día sí, día también.
-No, desde luego. A partir de ahora voy a tener la imagen de la persona que amo llorándome, para luego calentarme y después decirme que seamos amigos.

Se la veía enfadada, como a mí, pero un par de lágrimas salieron por sus ojos. Me dolió verla llorar por mi culpa, aunque en cierta manera ella se lo había buscado. Quise abrazarla, pero no estaba seguro de tener que hacerlo. Sacudió la cabeza y volvió a acercarse al lago, sentándose en la orilla. La oí llorar y sollozar, acurrucada sobre sí misma. Yo suspiré y me di la vuelta, con la intención de alejarme, pero pude distinguir un gruñido. Miré a Airif, pero no parecía ser ella. Miré a mi alrededor y no logré ver nada, hasta que miré al lago fijamente y vi cómo una especie de tentáculo se lanzaba hacia Airif rápidamente.

-¡Cuidado, Ai...! -no me dio tiempo a avisarla, la pilló desprevenida y yo no reaccioné a tiempo.

El tentáculo la tenía completamente rodeada y parecía que apretaba. Airif se removía, intentando escapar, pero no podía. El tentáculo se iluminó y la rubia empezó a gritar de dolor, dejando al rato de forcejear y parecía haberse desmayado. Recordé entonces que, según el hermano de Alyä, llevaba mucho sin descansar bien, por lo que debía estar en el límite de su resistencia. El tentáculo la lanzó a lo lejos y oí cómo su cuerpo tomó contacto con la tierra. Se oyó un rugido aún más potente que antes. Yo corrí hacia Airif y la vi, efectivamente, inconsciente. Toqué su piel y me dio un calambre. Sea lo que fuese que hubiese en el lago, parecía un ser eléctrico. El tentáculo vino hacia mí y no pude reaccionar tampoco, era demasiado rápido. Airif se movió un poco, incorporándose un poco y sacudió la cabeza. Miró a su alrededor y me vio en el aire, alzado por el tentáculo. Nos llamó a los dos la atención un brillo, el cual reconocí como la descarga eléctrica que me esperaba. Cerré los ojos, esperando lo peor, pero escuché un sonido metálico y poco después sentí una sensación de vértigo, como si me cayera, tras escucharse un rugido lastimero. Airif se lanzó al suelo a tiempo para acolcharme la caída, provocando que gimiera de dolor al sentir mi peso sumado a la altura cayendo sobre su espalda. El tentáculo sin vida me soltó y pude apartarme bien, ayudando después a Airif a levantarse. La miré preocupado, esperando que no estuviese muy herida.

-¿Estás... bien...? -preguntó jadeando y acariciándose lo que podía de la espalda.

Asentí nervioso y la abracé. Me devolvió el abrazo pero poco después me apartó de un empujón, pudiendo contemplar así cómo cuatro tentáculos más aparecían del lago y ataban a Airif de cada una de sus extremidades. Tiraban de ella, intentando arrastrarla hacia el agua, mientras que ella hacía fuerza en el sentido contrario. Me acerqué hacia ella y la cogí por la cintura, ayudándola a hacer fuerza tirando de ella hacia mí. En mi mente oí un "Apártate" y confuso miré a Airif. Sus ojos eran morados ahora, y brillaban. Eso me dio a entender que usaría la fuerza de Junibi para sacar al monstruo del lago. Me alejé de ella y la chica cogió con sus manos los tentáculos, tirando fuertemente de ellos. Poco después un cuerpo redondo con una cabeza salió del lago y rebotó contra el suelo, llevándose consigo a Airif. Ella se levantó y, aún jadeando, alzó una mano, con la palma abierta y una esfera negra se empezó a formar, creciendo a cada segundo más. Unas sombras aparecieron en su espalda, tomando forma de alas y ella alzó el vuelo, lanzando poco después la gran bola oscura sobre la criatura. Dicho ser, explotó en pedazos una vez que le llegó el ataque de Airif. Me cubrí con el brazo, con el fin de que no me salpicara demasiado la sangre y vísceras que soltaba la criatura. Miré a Airif y vi cómo descendía y se colocaba a cuatro patas en el suelo, jadeando. Me acerqué a ella, lentamente. Sus ojos dejaron de brillar y las alas negras desaparecieron, cayendo después a un lado. La cogí en mis brazos y la llevé a casa del hermano de Alyä, sin dejar de mirarla.

-¡Tho! ¿Qué ha pasado? -preguntó la castaña cuando me vio aparecer con Airif en mis brazos.
-Nos atacó un bicho muy raro... está ahí fuera, destrozado por Airif. Pero ella... -susurré mirándola, empezó a temblar y parecía estar sufriendo.
-Acompáñame, te diré cuál es su habitación. -me dijo el rubio. Yo le seguí y me indicó la puerta, abriéndomela.- Túmbala y... bueno, quédate a su lado si quieres.

Asentí y entré, la tumbé en su cama y me senté a su lado. Me seguía sintiendo dolido por sus palabras de antes, pero me había salvado y ahora estaba indefensa. La desnudé para que estuviera más cómoda y la tapé con su manta, tumbándome después yo a su lado. La miré y vi que lloraba mientras susurraba algo débilmente. Me acerqué más a ella y oí mi nombre. La abracé, pero seguía temblando. Se tumbó de lado y se llevó la mano izquierda al pecho, donde tenía el corazón. Gimió de dolor, y fue entonces cuando me di cuenta qué podría estar pasando por su mente. La horrible imagen de yo y Thira haciendo el amor. Suspiré y se despertó de golpe, parecía desorientada, pues miró a todos los rincones de la habitación. Pareció tranquilizarse cuando me vio a su lado, pero bajó la mirada.

-¿Qué... soñabas? -pregunté, acariciándola.
-Nada... -susurró y se apartó de mí, dándome la espalda.
-Ai... quiero ayudarte... -la abracé por la espalda y le besé la nuca.
-No puedes... -susurró llorosa.- Nadie puede...

Me sentía fatal, habíamos discutido y ahora ella estaba muy negativa, tras haberme salvado de un monstruo eléctrico y tentaculoso.

-Eso es... porque tú no nos dejas... -dije suave, dándole besitos por el hombro.- No nos apartes de tu lado, Ai... -se giró y me miró, triste.- Te quiero... -la besé en los labios, con miedo nuevamente, un miedo que se esfumó al ver cómo ella cerraba los ojos y se abrazaba a mí.
-Quiero olvidar esa escena... -susurró triste.- Sueño con ella todas las noches... cada vez que cierro los ojos... incluso cuando no tengo nada que hacer me viene a la mente...

Pensé en una posible solución. Lo más fácil sería que perdiera la memoria de nuevo, pero ya no puede ser posible. O no sabía cómo hacerlo. Otra posible solución era lo que ella quería en un principio. Acostarme con ella, demostrándole que la quiero. Mientras planteaba esa posibilidad, ella se quedó dormida de nuevo. Se la veía agotada. Le di un beso en los labios, me desnudé para no coger un resfriado por la ropa mojada y me metí en la cama con ella, abrazándola de nuevo. Ahora parecía más tranquila, así que cerré los ojos y me dormí. Llevaba mucho tiempo deseando poder estar así de nuevo con ella.

martes, 17 de mayo de 2011

Capítulo 20.

Thoran.

Me parecía desesperante. Según tenía entendido, ir al lugar misterioso donde estaba Airif costaba una semana a caballo. No tenía otra opción, pero me fastidiaba tener que esperar tanto. Rezaba para que Alyä no se perdiera y tardásemos más. No quería hacerme a la idea de cómo estaría Airif ahora mismo, ni cómo estaría hace una semana, ni tampoco cómo estará en el futuro. Maldecía a Thira por haber usado algo para engañar a Airif, separarla de mí y que, de esa manera, sufriéramos los dos.

-Vamos a descansar un rato. Mi caballo está cansado. -dijo la chica.

Asentí sin decir nada. Encendió una hoguera y me senté al lado. Era de noche y tenía algo de frío.

-Deberías comer... -susurró mirándome con lástima. Su mirada me hizo sentir mal.
-Sabes que no tengo hambre... -era cierto. Desde que Airif se marchó y se me acusaba de acostarme con Thira, no he podido volver a probar bocado.
-Aún así. -me ofreció unas frutas que había conseguido. Yo me resigné y cogí unas pocas, comiendo con lentitud.- Así me gusta.

La miré y vi cómo me sonreía. Me sentía mal por no poder corresponderle la sonrisa. Cuando acabé de comerme las frutas, me tumbé y miré al cielo. Más de una vez me había imaginado en esa situación, con Airif tumbada a mi lado, abrazada a mí. Suena demasiado romántico, hasta igual empalagoso, pero era lo que deseaba.

Algo veloz y grande pasó por el cielo, sacándome de mis pensamientos. Poco después pude ver cómo un enorme dragón negro se acercaba a nosotros. Sobre ese dragón, iba montado un hombre con armadura.

-¡Hermanita! -saludó. Miré a Alyä y ella corrió hacia él, abrazándole y dándole un beso en la mejilla.
-¡Hola, hermano! ¿Cómo sabías que estábamos aquí?
-Mi pequeño te reconoció cuando pasamos sobre vosotros. Iba en dirección a la ciudad.
-¿Y Airif? -preguntó ella.
-Está un tanto insoportable... -susurró desanimado.
-¿Insoportable por qué? -presté mucha atención a la conversación.
-Pues... porque se extralimita. -ambos le miramos sin entender.- No descansa lo necesario para intentar estar de buen humor.
-Tiene sus motivos... la han hecho daño de mala manera. -protestó Alyä.
-Sí, en eso tienes razón. Pero no es sano para ella. Despierta muy temprano y apenas se detiene para comer. No para de ejercitarse y de pelear con dragones. -suspiró.- Cada vez va a peor. Por culpa de su cansancio sale bastante herida, pero aún así quiere seguir enfrentándose a dragones.
-¿Y por qué no la detienes tú? -intervine yo. Me miró por primera vez.
-Porque si lo hago, me mata. Ya ha amenazado con eso. -me contestó seriamente.- Lo único que hace es cansarse hasta caer desplomada sobre el suelo. Y no se da cuenta de que eso no es nada sano.
-¿Has intentado averiguar por qué hace eso? -preguntó Alyä por mí.
-Sí... pero se niega a contarme nada. Aunque creo saber por lo que está pasando... -susurró, parecía hablar más para él mismo que para nosotros.

Hubo un silencio muy incómodo, sólo se escuchaba cantar a los grillos, el fuego crepitar y a veces al viento. Yo también me empezaba a hacer una idea... y ella lo ha pasado muy mal. Despertó en un bosque sin memoria, se encontró con Thira y conmigo, Thira la odiaba por existir y por mi interés por ella...

-¿Por qué ibas a la ciudad? -pregunté.
-Iba a apuntarla a un torneo que van a realizar. Pensé que así se animaría un poco.

No recordaba que harían fiestas en la ciudad, aparte del pueblecito Khadros.

-¿Qué clase de torneo? -preguntó Alyä.
-Nada, una tontería. Enfrentarse a otros seres. -se encogió de hombros, haciendo sonar su armadura.
-¿Realmente crees que está en condiciones para eso? -pregunté enfadado.- ¿Acaso no te preocupa lo que le pueda pasar?
-¿Sinceramente? No. Pienso que está más que capacitada para afrontar cualquier cosa. Tú no has visto lo que puede llegar a hacer con un dragón, yo sí. Y créeme cuando te digo que tiembla la tierra.

Abrí los ojos de par en par. Eso superaba mi imaginación, creí que estaría exagerando, pero hablaba muy serio. No parecía ninguna broma.

-¿Puedes... llevarnos? -pregunté algo nervioso.
-Sí... -miró al dragón y este se agachó, como dándonos permiso para subir.- Subid.

Obedecimos y él subió detrás de nosotros. Me agarré a Alyä, que estaba delante mío y ella se abrazó a su hermano. Poco después el dragón negro alzó el vuelo y volvió hacia donde fuese que estaba mi Airif. Me moría de ganas de volver a verla y aclarar las cosas.

Airif.

Cada vez me sentía más débil frente a los dragones. No entendía muy bien por qué. ¿Sería por dormir poco y mal? ¿Por sobreesforzarme? ¿Debería hacerle más caso a Elin? No sabía qué hacer. No quería acostarme sin apenas tener sueño y que por mi mente pase Thoran una y otra vez.

Ahora estaba sola, sentada en la orilla del lago. Miraba mi reflejo y apenas me reconocía. En un arranque de ira, me corté el pelo con una de las armas que me regaló Elin. Eran unas armas de puño que a mi placer hacían aparecer unas afiladas garras de un metal muy duro. No recuerdo su nombre, pues estaba atontada cuando Elinghad me las dio. Las tenía ocultas bajo unos guantes de cuero. Me sentía cómoda. Me veía bastante rara, pero me gustaba mi nuevo aspecto. Hacía una noche ideal para darme un baño en el lago, así que me desnudé y me tiré al agua. Estaba fría, pero me despejó la mente. Nadé un poco, con calma, de un lado al otro del lago. Captó mi atención oír un aleteo a lo lejos, miré al cielo y vi el dragón en el que solía montar Elin. Pude distinguir tres figuras humanas, una la interpreté como Elinghad. Las otras dos no pude imaginarme quiénes eran.

-¡Eh! ¡Airiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiif! -me llamó el rubio.

Alcé una mano y lancé una bola negra que estalló en el cielo, indicando mi posición. El dragón llegó hasta mí y bajaron los tres. Se me paró la respiración cuando vi a Thoran junto a Alyä.

-Voy a por una toalla, acompáñame hermanita. -taladré con la mirada a Elinghad. No quería quedarme a solas con él.

Nos dejaron solos. Me di la vuelta, apoyándome en la orilla del lago. Ninguno de los dijimos nada, más bien creía que no teníamos nada que decirnos. Mi mente me traicionó y me recordó la escena de él y Thira acostándose, haciéndome temblar sin reconocer si era de tristeza o de ira.

-Ai... -susurró tembloroso. No quise mirarle.
-¿Ya te ha dejado tirado Thira? -pregunté lo más dura que pude.
-No es eso... -susurró más tembloroso. Giré la cara un poco para mirarle y pude comprobar que no me miraba  a mí, si no al suelo.
-Sorpréndeme... -susurré enfadada.
-Te han engañado, Ai... -me dijo.
-Sí... es verdad. Tú, sin ir más lejos. -me quise girar y plantarle cara, pero estaba desnuda y no me apetecía que me viera, además de no atreverme del todo a mirarle a la cara. A pesar de ser de noche, las estrellas iluminaban mucho.
-No, Ai... 
-¡Deja de llamarme Ai!-grité molesta.

Se calló y hubo un incómodo silencio. Oí un suspiro y susurró algo tan bajo que no logré oírle. Poco después, se echó al agua y se colocó delante de mí. Intenté alejarme, yéndome por un lado, pero usó sus brazos para apresarme. Le miré fijamente a los ojos, con todo el odio que podía.

-Si quieres que me vaya tendrás que matarme, pero antes me vas a escuchar... y no quiero ninguna clase de interrupción. Quiero que me escuches sin hablar hasta que me calle.-me miró muy serio.
-Di... -susurré sin apartar la mirada.
-Yo no me he acostado con Thira. Esa noche llegué tarde porque mi jefe de la herrería, Shaldrim, me necesitaba. Tiene problemas con su mujer y... en fin. Me entretuvo demasiado. Puedes preguntarle a Alyä, ella ha ido a comprobar si eso era verdad. También ha buscado alguna posible razón para que esa noche me viera dos veces.-arqueé una ceja, incrédula.- Sí. Primero me vio salir con Thira y después yo le pregunté por ti, cuando descubrí tu habitación desordenada y tú sin estar en ella. Puedes ir e intentar olfatear, ya que eres medio lobo, si hay algún olor que no sea ni el mío ni el de Thira. -dejé de sostenerle la mirada. Empecé a temblar y un par de lágrimas cayeron por mis mejillas, dejando en el agua unas suaves ondas. Él alzó lentamente mi cara.- Créeme... -su voz volvía a temblar y le miré. Se le notaba destrozado, pero dudaba.
-Demuéstramelo... -susurré con voz temblorosa.- Demuéstrame que soy la única...

Me abrazó fuertemente y me susurró que me quería. Se separó un poco de mí y me besó muy despacio, como con miedo de que le rechazase. Cerré los ojos y le correspondí el beso, abrazándole fuerte también. Me dolía el corazón, una parte de mí seguía sin fiarse, pero la otra ardía en deseos de estar en sus brazos.

---------------------------------------------------------------------------------------------------------------

Continuará... ¿qué pasará en el aguaaaaa...? :P

sábado, 14 de mayo de 2011

Capítulo 19.

Airif.

Pasó una semana, la cual se me hizo más o menos rápida. Elinghad me entrenaba duro, me hacía hacer el triple de ejercicio de lo que hacía y a veces peleaba contra dragones. El primero al que me enfrenté, consiguió hacerme una gran herida en la espalda, ya que estaba nerviosa por ser mi primer enfrentamiento contra un dragón. Al día siguiente tal herida ya no estaba, lo cual me permitió seguir con mi duro entrenamiento. Por un lado me gustaba que fuera tan duro, ya que mientras maldecía al rubio por somerterme de esa manera y no pensaba tanto en Thoran. Lo malo era cuando la noche llegaba. Era tumbarme en mi cama y recordarle a él. Deseaba no hacerlo, pero supuse que es lo que tiene el amor, que te fastidia de esta manera. Sabía perfectamente que seguía enamorada de él, aunque quería odiarle. Era algo muy extraño para mí.

Ahora mismo me encontraba tumbada en el suelo, con los ojos entrecerrados y jadeando fuertemente mirando al cielo estrellado. Se me había ocurrido sobreesforzarme más, hasta caer desmayada en el suelo. Era de noche, pero varios dragones volaban sobre el valle Colmillo Muerto. Me gustaban esas criaturas, mucho. Había podido comprobar la gran variedad que hay. Los había de color verde y un tamaño pequeño, que de un simple mordisco podían matarte dolorosamente en un momento, pues te inyecta un veneno extremadamente mortal. En ese sentido, entiendo que no sean muy grandes. También habían dragones rojos y bastante grandes. Poseían unas afiladas garras y lanzaban fuego por la boca. Ideales para hacer un oso asado a finos filetes. Azules, mis favoritos, capaces de congelar cualquier cosa en un santiamén. Tenían un tamaño similar a los rojos. Negros, los más peligrosos y fieros. Aunque parece mentira que estos dragones puedan estar en ese valle tan pacíficamente con otros dragones y dos humanos. Imagino que será por la influencia de Elinghad. Eran más grandes que los dragones rojos, pero con unas garras igual de afiladas.

Aunque me dolía todo, intenté ponerme en pie. Inspiré fuertemente, soltando poco después todo el aire de golpe y reté a un dragón verde. El pequeño, desplegó sus alas y voló rápidamente hacia mí. Me dedicó un pequeño rugido y yo le sonreí de lado. Con este dragón practicaba mi capacidad de esquivar más que otra cosa. Al ser pequeño, de un golpe podías derribarlo, pero posee una gran agilidad, lo cual le facilita mucho el matar sus presas. Desde que llegué aquí, mi agilidad evolucionó enormemente. En parte se lo agradezco a mi entrenador. Le hice una seña al dragón, indicándole que atacara. Me hizo caso y velozmente vino a por mí. Esperé el momento oportuno para esquivarle, dado que tiene la "manía" de atacar con la boca abierta siendo esta su mejor arma. Conforme le esquivaba, le cogí de la cola y lo lancé lejos. El dragón se quejó al chocar contra el suelo. En cierto modo me daba pena, pues eran frágiles en ese aspecto. Me acerqué a él y me miró, le acaricié y cerró los ojos, como si me lo agradeciera.

Sonreí al ver cómo se iba revoloteando hacia su cueva, con el resto de los de su especie. Suspiré y se me borró la sonrisa, empezaba a recordarle otra vez. Gruñí, me sentía débil en ese sentido. Eché a correr sin poderlo evitar, todo lo potente y rápido que podía. Me dio tiempo a dar una vuelta completa al valle antes de empezar a notar que mis piernas fallaban, que el pecho me dolía y caerme de bruces. Logré quedarme dormida sin llorar esa noche.

Alyä

Investigué a fondo y comparé lo que Thoran me contó con lo que me dijo su jefe. Parecía ser que el pobre enano tenía problemas con su esposa y, al tener a Thoran a mano, decidió contarle sus problemas tomando unas cervezas. Lo que no entendía es porque me encontré a Thoran y a su hermana saliendo de la posada aquella noche que Airif se marchó. Vi de lejos cómo se encontraba con mi hermano y poco después entendí las cosas. Pero ahora no. ¿Cómo podían haber dos Thoran?

Se me ocurrió, antes de volver a ver al moreno, ir a la biblioteca de la ciudad a buscar algo, como una magia o similar.  Pregunté al más sabio bibliotecario y me dijo que podía encontrar algo en un libro llamado "Miles de pociones para miles de propósitos". Busqué el libro y lo leí muchísimas veces, pero no encontraba nada. Desesperada, pregunté al hombre y revisó conmigo el libro. Juntos nos dimos cuenta de que tenía una página arrancada. 

Llegué a la conclusión de que alguien pudo usar una poción para copiar a Thoran. ¿Thira? No sé, pero empezaba a odiar más a esa mujer. Primero se aprovechó de mi hermano y ahora hace daño a una joven de esa manera. Decidí volver rápidamente esa noche a la posada y hablar con Thoran. Usé mi magia e invoqué a mi caballo llameante. Adoraba a este caballo. Era negro, y la cresta de la cabeza y su cola eran puro fuego. Monté sobre mi adorado corcel y galopé velozmente hacia la posada. 

Llegué, no sé cuánto tardaría. Entré en la posada y le busqué con la mirada. Estaba sentado en el sofá, con la cara oculta por sus manos y los brazos apoyados sobre sus rodillas. Esa imagen me dio mucha lástima, lamentaba haber dudado de su palabra, pero yo vi lo que vi y no sabía si podía confiar en él completamente. Me acerqué a él y comprobé que estaba temblando.

-Thoran... -susurré.

No me miró siquiera, así que me senté a su lado y coloqué mi mano en su espalda. Apartó un poco la cara, sin descubrirla del todo y me miró de reojo.

-Siento haber desconfiado de ti... -susurré. La verdad era que lo lamentaba mucho.- Tenemos que ir a ver a Airif y contárselo todo...
-Si tú no te has fiado... ¿cómo va ella a fiarse? -se descubrió del todo. Sus ojos estaban completamente rojos y me miraba fijamente.- Una vez vio cómo Thira me besaba, no la aparté antes porque me pilló por sorpresa. Ahora según sé, fue algo peor. -negó con la cabeza.- No va a escucharme. Ya no. -volvió a cubrirse la cara con las manos y oí cómo suspiraba.
-Pero igual a mí sí... -dije seriamente.- He estado investigando, de ahí que haya tardado tanto en volver. Podrían haber usado una poción para copiarte.
-¿Tienes la poción? ¿El nombre? -me preguntó.
-No... pero había una hoja arrancada. El bibliotecario y yo pensamos que han podido robarla.
-¿Robarla? -suspiró y sonrió irónicamente.- ¿De qué me sirve que lo hayan robado? No va a demostrar nada.

No sabía qué más decirle, estaba muy negativo y aunque cierto es que sin pruebas no se demostraba nada, yo quería que volvieran a ser lo que eran. 

-Si tanto la quieres, irías a intentar convencerla.
-Sabes lo que lleva dentro. Aunque ese demonio haya sido para salvar lo que sea que tiene que salvar, si ella explota en cólera y me odia, ni siquiera él podría detenerla. Ella decide cómo ser y cómo usar sus poderes, la influencia de un demonio dentro de ella depende sólo de ella. Me mataría sin dudar, aunque luego se arrepienta. -parecía haberlo meditado mucho. Llegar a la conclusión de que la persona que amas puede matarte, es muy duro.
-Te entiendo muy bien, Thoran. Pero piénsalo de otra manera. Si no logras olvidarla... nunca, ¿vas a estar siempre así?

Se apartó las manos otra vez y me miró, estaba bastante hecho polvo. No parecía haber podido dormir desde aquel día. Tampoco tenía pinta de haber comido.

-Mira, Alyä... sé perfectamente que el aspecto que tengo ahora no es muy bueno. No voy a poder olvidarla nunca, eso lo sé. Pero si ella no va a querer escucharme, lo cual entiendo, prefiero intentar llevar la vida que llevé cuando ella desapareció hace años. Me parece genial que te preocupes por nosotros, más por ella. Pero te agradecería mucho, que en este tipo de cosas, no te metieras en mi vida. -se levantó y se encaminó lentamente hacia la puerta.- Tómatelo como quieras. Te puedo parecer un cobarde. Si quieres convencerla, inténtalo tú, pero no me apetece que tenga que ser ella quien me mate siendo inocente.

Me acerqué a él y le di una bofetada. No estaba siendo inteligente. Y quizás yo tampoco. Pero no podía permitir que se rindiera de ese modo. Se llevó una mano a la mejilla afectada y me miró con dureza.

-Vale, iremos a verla a ese sitio inaccesible para los seres que no sabemos volar. Si me mata, caerá sobre tu conciencia.
-¿Sabes que tienes que convencerla tú, verdad? No me sirve llevarte allí para que luego no hagas nada. Tu cara de gato abandonado no le dará lástima. Bueno... igual sí. Pero igual se piensa que es el segundo plato, creyendo que como Thira ya consiguió lo que quería, te ha dejado y ahora tú vas a ella arrepentido.

Asintió con la cabeza y me indicó la puerta para que saliera yo primero. Le hice caso y salí. Nos esperaba mi adorable caballo llameante. Subí en él yo primero, seguido de Thoran, al cual le impactó ver mi montura. Tras estar los dos bien sobre mi caballo, nos dirigimos juntos hacia el valle.

domingo, 8 de mayo de 2011

Capítulo 18.

Thoran.

Me sorprendió llegar a la posada y no ver a nadie. Cierto es que me había distraído con Shaldrim en la posada, bebiendo y hablando de nuestras vidas, y llegué tarde, bastante tarde.

Subí a la habitación de Airif y encontré la habitación bastante desordenada. En el ambiente noté el perfume que usaba Thira. Miré a ver si había alguna nota o algo, pero no encontré nada. Suspiré desesperado por no saber nada de ella y encontrarme únicamente con el olor de Thira.

Todo estaba en silencio, hasta que oí la puerta de la posada abrirse. Bajé rápidamente y me encontré con Alyä acompañada de un hombre. Ella me miró y parecía enfadada.

-Hola, Alyä. ¿Sabes algo de Airif...? -pregunté preocupado.
-¿En serio te importa? -me preguntó ella, bastante seca y fría.
-Pues... claro... -no entendía nada.
-¿Entonces cómo tienes el valor de acostarte con Thira y dejar que ella le diga a Airif que ya no la quieres? -me cogió de la camisa y me zarandeó amenazadoramente.
-¿Cómo...?-susurré confundido.- Yo he llegado hace un rato y no he estado con Thira para nada, si no con mi jefe Shaldrim, en Khadros...
-Sí, claro... -susurró la mujer soltándome bruscamente.
-Es cierto. Yo quiero a Airif, no le haría daño de esa manera. -dije muy serio.

Ella me miró. De poder matar con la mirada, estaría ya más que muerto. Estuvimos así bastante rato, o al menos a mí se me hizo eterno.

-¿No te importará que hable con tu jefe para verificar que has estado con él, verdad?
-Me duele que desconfíes de mi palabra, pero no me importa. -me miró fijamente, con duda.- Te aseguro que yo no he querido nunca hacer daño a Airif.
-Vale... De todas maneras, no te preocupes demasiado por ella. Está con mi hermano. -dijo la chica, girándose y dirigiéndose hacia la puerta.
-¿Dónde?-pregunté. Había pasado algo raro y quería hablar con Airif urgentemente.
-En un lugar al que ningún ser terrestre puede acceder. -contestó, marchándose sin dejar que le hiciera más preguntas.

Airif.

Recorrimo Elinghad y yo mucho camino. Ninguno de los dos dijimos nada. Intentaba no pensar en ello, pero en mi mente aparecía una y otra vez la imagen de ellos dos, desnudos, haciendo lo que Thoran afirmó querer hacer sólo conmigo. La ira y la tristeza ocupaban cada rincón de mi mente y mi alma. Sentía cómo Junibi se revolvía en mi interior, queriéndome hacer que soltara todas mis frustraciones. Pero no pensaba permitir que un demonio me dominara, tenía que ser fuerte. Además, lo único que podía matar era a Elinghad, y él no me hizo nada. Es más, quería ayudarme.

Nos detuvimos. Frente a nosotros teníamos un enorme lago, aparentemente solitario. Él silbó y de la nada apareció un enorme animal alado. Me recordaba a un lagarto, pero era demasiado grande. Era negro, en la cabeza tenía un par de cuernos y otros seis en la cola, todos de color blanco. Tenía unas garras fuertes y afiladas.

-¿Qué... qué es eso, Elinghad? -pregunté, intimidada por semejante animal.
-Un dragón. -dijo con tranquilidad.- Uno de los mucho que crío en el lugar en el que te vas a entrenar tú.
-Esto... pero yo no soy un dragón.
-Lo sé... -me miró y me guiñó un ojo.- Pero tendrás que saber defenderte de alguna bestia similar. Tanto por tamaño como por poder.
-¿Poder...? -pregunté.
-Mientras volamos, te iré explicando.

El dragón se tumbó en el suelo y esperó a que ambos subiéramos. Me dio bastante miedo el tener que subir a un animal desconocido para mí y con aspecto tan fiero, pero subí a su espalda, abrazándome al doma-dragones. Le ordenó ir al Valle Colmillo Muerto. El nombre me asustó bastante, no quería ser devorada por un dragón. El dragón alzó el vuelo y me gustaba la sensación de vértigo que me provocaba.

-En fin... te explico. Me ha dicho un "dragoncito"... -le miré seria, no me sonaba que la frase fuera así.- Lo siento, los dragones me apasionan de tal manera que si puedo los sustituyo. Como decía... me ha dicho que tienes un juguetón lobito dentro de ti. -noté cómo Junibi volvía a enfurecerse, no le gustaba que le tratasen así al parecer.
-Agradecería que no hicieras esos comentarios... él se enfada...
-¡Oh! Perdón. En fin. Tú tienes que aprender a controlarle a él y que su influencia negativa no se haga dueña de ti. Y sobretodo, dominar tus poderes. -le escuché con atención.- Y en eso, te ayudarán mis amiguitos. Entrenarás tu fuerza y agilidad enfrentándote a fuertes y veloces dragones, y dominarás técnicas mágicas, como la bola negra que invocas, hasta que tú sepas regular el grado de poder que quieras que tenga.
-¿Qué quieres decir con eso último? -pregunté, no entendía qué quería decir.
-Me refiero a... pongamos un ejemplo. Te encuentras con alguien a quien odias muchísimo. Querrías matarlo, como es lógico. En ese caso, debes concentrar mucho poder en tu ataque mágico, si es que lo va a ser, para que alcance un poder destructivo muy alto. Sin embargo... si quieres dar un pequeño susto, debes concentrar menos cantidad.

Le entendí, pero no sabía si eso podría hacerlo. Siempre que lo he intentado ha sido para destruir, no para asustar.

-Tranquila, aprenderás. -dijo al ver mi cara de duda.- También sería adecuado que hablaras con tu lobo para que te diga qué clase de cosas puedes llegar a hacer. Tómate tu tiempo para ello, pero no dejes pasar demasiado.

Asentí. Pensé en lo que me había dicho y supongo que me dijo lo del tiempo por mi estado actual. La verdad es que no podía pensar con mucha claridad y tampoco me apetecía hablar con mi demonio. Suspiré y el viaje siguió transcurriendo en silencio. A lo lejos pude ver un gran valle, separado del resto del terreno por un gran precipicio. Conforme nos acercábamos, pude verlo mejor. Era bastante rocoso, con un lago a la derecha del todo desde donde me encontraba. Había bastantes cuevas, tanto en el suelo como en la pared de los pequeños montes que tenía el valle. Al lado del lago había una cabaña de piedra. Tampoco había demasiada vegetación, sino unos pocos árboles secos distribuidos por el valle. El dragón aterrizó y bajamos Elinghad y yo de él. De repente vi muchas cabezas asomar de las cuevas y me asusté. Había dragones de muchos tamaños y colores, pero todos con la misma apariencia de ferocidad. Rugieron todos a la vez y el hombre alzó la mano a modo de saludo. Después de eso, todos los dragones volvieron a sus cuevas, incluido el negro que nos había llevado hasta allí. Elinghad me guió hasta la cabaña, aunque no tenía pérdida. Me enseñó la vivienda y me asignó una habitación. Era más pequeña que la que tenía en la posada, pero para lo que la necesitaba era suficiente. Me dejó sola, deseándome que descansara y pasara buena noche. Le di las gracias antes de que se marchara y me tumbé en la cama bocarriba. Era cómoda, pero de repente noté que algo me faltaba. Deseaba no estar enamorada de nadie, pues lo que echaba de menos era a Thoran. Estar abrazada a él, sentir su calor, sus besos, sus caricias. Una lágrima salió de mis ojos, seguida de otras muchas. No podía reprimirme más y lloré como llevaba tiempo deseando. Pero lloré en silencio, no quería llamar la atención de nadie. Me sentía sola, muy sola, a pesar de tener a Alyä como amiga y la posibilidad de entablar amistad con su hermano. Pero no podía fiarme de nadie al cien por cien. Ya no. Tras ese pensamiento y recordar una vez más a los dos hermanastros haciendo el amor, me quedé dormida aún con lágrimas en la cara.

miércoles, 4 de mayo de 2011

Capítulo 17.

Airif.

Desperté, abrazada a Tho, como todos los días. Él estaba agotado, de haber ido todo el día a la herrería a cumplir con su obligación. Dejé que descansara y fui a darme un baño. Había pasado mucho tiempo desde que Tho se enteró de la profesión de su hermana, y curiosamente se acercaron más oleadas de no muertos. Por un lado, me molestaba el olor a podrido que dejaba matar a esos seres, tener que recogerlos y enterrarlos, por el bien de nuestro olfato. Por otro lado, me acostumbraba a hacerles volar la cabeza, por lo cual mi bola oscura no hacía que me doliera tanto la mano cuando la lanzaba.

Oí cómo Thoran se levantaba y se acercaba al baño. Se asomó y me sonrió.

-Hola, Ai. Me visto y me marcharé a Khadros. Nos vemos esta noche. -me lanzó un beso por el aire y esperó mi respuesta.
-Vale, Tho. Ten mucho cuidado. -le sonreí y le devolví el beso aéreo.

Se marchó y yo terminé mi baño, decidiendo en ese momento centrarme en mejorar mi resistencia física. Podría hacer flexiones, correr... ya vería de qué tenía más ganas.

Me vestí y bajé al hall de la posada, viendo que Alyä estaba con un par de hombres. Uno de ellos iba vestido con una armadura de placas, la cual veía bastante pesada. Era rubio con una extraña coleta y con mechones de pelo cayéndole alrededor del cuello, además de tener barba. Llevaba a su espalda un escudo, que ocultaba su dorada capa, y en la cintura llevaba una espada algo curvada. 

El otro hombre iba vestido del mismo estilo que Alyä, con un vestido de tela. Se me hacía raro ver a un hombre con vestido. Tenía un peinado similar al rubio, pero este era moreno y no tenía barba. Alyä estaba bastante contenta, y se alegró más al verme aparecer bajando las escaleras.

-¡Hola, Ai! Ven, te presentaré. -me señaló al rubio.- Este es mi hermano, Elinghad el domadragones. -me hizo un gesto con la mano, a modo de saludo. Alyä señaló al moreno.- Y este es Demián, mi... bueno. -noté que se sonrojaba y sonreí. Saludé a ambos con un gesto de la mano y me acerqué más.
-¿Qué hacen aquí? -pregunté.
-Teniendo en cuenta las grandes oleadas de no muertos que vienen todos los días, cada vez más, tenía la esperanza de que mi hermano, con sus sagrados poderes, pueda echarnos una mano.
-Oh. No entiendo muy bien eso de sagrados poderes... -miré a Elinghad.
-Los seres muertos son frágiles como el cristal con ataques sagrados. -explicó el rubio.- Es algo así como... echar agua al fuego.
-¡Oh! Ahora lo entiendo algo mejor. Y... oye. ¿Por qué domadragones? -tenía mucha curiosidad en eso.
-Ah... -sonrió con orgullo.- Temí que no te interesara. He doblegado muchos dragones en mi vida. Algunos he tenido que matarlos, otros los he criado desde pequeños, por lo tanto cumplen mis órdenes como si fuera un perro bien amaestrado.
-Nunca he tenido el placer de ver un dragón... -susurré.- La verdad me gustaría ver uno algún día.
-Ya te enseñaré mi pequeña colección de reptiles. -le miré y me guiñó un ojo. Sonreí contenta.
-Muchísimas gracias, Elinghad. Bueno, voy a... entrenarme un poco.
-Eso está bien, pequeña demonia. -dijo Alyä. La miré con sorpresa.- Tranquila, ellos saben lo que tienes. Si pueden ayudarán. -me sonrió de tal forma que me tranquilicé rápidamente.

Salí, no sin antes despedirme, y empecé a hacer ejercicio. Estaba anocheciendo cuando yo ya me sentía agotada. Me volví a la posada y vi que no había nadie en el hall. Subí a mi habitación pero escuchaba ruidos extraños. Parecían gemidos de una voz masculina. Temerosa, entré de golpe en la habitación y lo que vi me dejó de piedra. Vería a Thoran, completamente desnudo sobre una chica. Sentí que el corazón se me paraba cuando la chica en cuestión me miró, descubriéndome que era Thira. 

Retrocedí hasta que mi espalda tocó la pared. No podía creer lo que mis ojos veían. Me dolía el corazón, me sentía traicionada. Y engañada. Sobretodo engañada. A pesar de eso decidí marcharme. Aún quería a Thoran y no quería hacerle daño destrozando en pequeños trocitos a su hermana.

-Eres demasiado inoportuna, Airif. A ver si te marchas de una vez. Él ya no te quiere para nada.

Las palabras de Thira me hicieron enfurecer, pero aún así me tragué mi ira y me marché. No corría, pero sí mantenía un paso acelerado y firme, lo suficiente para no caerme. Me costaba respirar, era una angustia horrible y no sabía cómo la iba a desatar.

Salí de la posada, con la mirada perdida en el suelo. Sin darme cuenta, choqué con alguien. Alcé la mirada y me encontré con Elinghad. Él me sonrió pero enseguida borró la sonrisa al ver mi cara. Debía tener un aspecto lamentable.

-¿Te encuentras bien...? -me preguntó preocupado.

Intenté responderle un "No.", pero ningún sonido salió de mi boca. Apreté la mandíbula, por parecer tan débil y negué con la cabeza. Bajé de nuevo la mirada.

-No quiero imaginar lo que ha pasado, ni siquiera que me lo cuentes si no tienes ganas de hablar ahora. -me dijo serio.- Pero... si necesitas distraerte... puedo entrenarte yo mismo, ayudarte a dominar tu fuerza. -alcé la cabeza de nuevo y le miré fijamente.- Si no quieres venir, lo entenderé. Pero aparte de que me ofrezco yo como voluntario, me lo ha pedido mi hermana.

No dije nada ni intenté decir nada. Sabía que no podría hablar de momento. El dolor que tenía en el pecho era tan punzante que me impedía hablar. Asentí con la cabeza y empezamos a caminar. No sabía a dónde iríamos, ni cómo sería el entrenamiento que él pensaba realizar conmigo. Lo que sí sabía, era que no quería volver a ver a Thira. Ni a Thoran.