Thoran
Llevaba mucho tiempo sin aparecer por el pueblo en el que trabajaba como herrero para ganarme la vida, así que me levanté temprano, intentando no despertar a Airif que llevaba dormida desde ayer. La veía tan tranquila y bien que me sentaba mal el pensar que podría arrancarla de su placentero sueño.
Mientras me vestía, recordé la conversación que tuve con Junibi. Creí que era un ser malvado, pero parece que las leyendas no son del todo exactas. Cierto es que si quien lo posee tiene fine malévolos, Junibi puede ser un arma muy poderosa para destruir, pero creo que en manos de mi Ai, todo saldría bien. Mi pregunta ahora es... ¿Quién posee a Juichibi? Y... ¿qué son exactamente las lunas llenas rojas? ¿cada cuánto suceden? Tendría que conversar con "él" otra vez para preguntarle, pero dudo que pueda hacerlo.
Salí con sigilo de la habitación y bajé las escaleras tras cerrar la puerta con mucho cuidado de no hacer ruido. Me encontré con Alyä en el recibidor y me dedicó una sonrisa.
-Hola, Thoran.
-Hola, Alyä. Veo que has madrugado.
-¡Sí! Últimamente siento cosas muy extrañas y mis instintos de bruja me alertan. -su tono era algo serio.
-¿Cosas muy extrañas? ¿Como cuáles? -me inquietó bastante eso.
-Se avecina algo fuerte, pero no sé decirte con exactitud qué es... Sólo sé, que tendremos que hacer un largo viaje.
-¿Tendremos? ¿Largo viaje? -estaba confundido, no entendía bien esas "confianzas".
-Airif va a necesitar nuestra ayuda para controlar a su... cosa. -sonrió de lado.- Tú con tus mimos y yo con mis artes de dominar demonios.
-Oh... -quise parecer asombrado por eso último.- Bueno, he de irme a un pueblo que está al este de aquí. Si despierta Airif... dile que volveré por la noche.
-¡Vale! -se despidió de mí agitando la mano de un lado a otro mientras yo me marchaba.
Me puse a recorrer el camino por el que antes iba hacia aquel pueblo llamado Khadros. Es un lugar sencillo y acogedor, pero poco conocido. Está perdido en el bosque, a unos treinta minutos del lago Dracdros. Dicen que por ese lago bajan a descansar dragones, pero nunca he tenido el placer y el tiempo para poder ver alguno. Esas majestuosas bestias me fascinan, aunque empezaba a sentir un poco más de admiración por los lobos.
Llegué allí y me dispuse a ayudar a un enano, llamado Shaldrim. Me saludó calurosamente y le expliqué el motivo de mi ausencia. Mentí un poco, diciéndole que había empezado una relación con una mujer y que quería pasar bastante tiempo con ella antes de volver a la herrería. Él se rió con gana y me felicitó por, por fin, haber conseguido una mujer en mi vida. Era un enano bastante agradable. Empecé arreglando hachas que usaban los habitantes del pueblo para cortar leña, afilar espadas y lanzas con las que cazaban. Volvía a sentirme en forma después de tanto tiempo y, a la vez, feliz. Supongo que sería porque, mientras hacía mi faena, imaginaba cómo sería mi vida con Airif. Tendríamos unos dos o tres hijos, ella se encargaría de la casa y yo de ganar dinero para mantenerles.
Para bien o para mal, no sería así. Ella no es una mujer normal, tiene un demonio dentro y está destinada a cumplir con algo que la gran mayoría desconoce. Una especie de guerra entre ella y su demonio contra otro humanoide y su demonio. Tenía mucho que investigar y no sabía por dónde comenzar. ¿Quién podría saber de esas cosas? Mi maestro, quizás. Pero ahora mismo no podía, tenía que retomar mi trabajo normal. De hecho, empezaba a plantearme el vivir en Khadros con Airif. Incluso con Alyä si quisiera, una doma-demonios siempre viene bien, supongo. Además de devolverle a Airif parte de lo que sería una vida normal.
- Perdona, Shaldrim. ¿No sabrás de alguna casa que esté libre o pueda comprar, verdad?
-Veo que quieres irte a vivir con tu chica. -me pilló al vuelo y yo me sonrojé.- Me informaré a ver y mañana te diré algo.
-Muchas gracias. -seguía sonrojado, pero le sonreí.
-No hay mucha más tarea que hacer, así que puedes marcharte si quieres. Date una vuelta, pronto será la feria de otoño y podrías comprarle algo a tu dama.
-Vale, muchas gracias, Shaldrim.
Con una sonrisa me di una vuelta por el pueblo. Había ya varios puestos en los que había cosas interesantes. Puestos de comida, puestos de joyas, puestos de juguetes para los niños. Me paré en uno y vi un colgante muy extraño. A simple vista, me recordó al ojo de Junibi. Lo único es el cristal que sería el iris del ojo. No tenía color.
-Es un colgante que muestra estados de ánimo. -me indicó la anciana del puesto.- Es mágico.
-¿Mágico...? -pregunté mirándola.- ¿Qué clase de magia posee?
-Se cree que está imbuido con el poder de los antiguos espíritus con cola. El colgante es capaz de mostrar cuándo una persona está bien y cuándo está mal, además de ser un diseño precioso.
Dudé en eso de precioso. Supongo que quería venderme el producto y no sabía cómo. Pero si era verdad que estaba imbuido con el poder de los antiguos espíritus con cola, podría indicar de manera más sencilla cuándo Ai estaría bajo control y cuándo no.
-Me lo llevo ¿cuánto cuesta? -pregunté, esperando que no fuera muy caro.
-Cien monedas de plata, joven. -me dijo con una cálida sonrisa. Anonadado me quedé al oírlo. Ganaba diez veces más en la herrería, sólo un día de trabajo. Pero no puse reparos y le pagué.- Muchas gracias, joven. Que os vaya bien.
-Gracias.
La sonreí y me marché en dirección a la posada, mirando las casas a ver si encontraba a simple vista alguna que estuviese en venta o deshabitada. Me guardé bien el colgante para entregárselo nada más llegar a Airif. Deseaba tanto verla, entregárselo y darle un beso, que caminé aún más deprisa.
Al llegar a la posada, vi algo que me impactó mucho...
------------------------------------------------------------------------------------------------------------
Continuará. Sé que lo dejo en un momento interesante, pero de eso se suele tratar :Þ
Vio algo que le impactó mucho...¿una columna? XDDD buen capi, a esperar el siguiente ^^
ResponderEliminar