Thoran
Airif se quedó dormida en mis brazos, aunque aún no había anochecido. La miré durante un buen rato, pensando en cómo podría apañármelas para poder hablar con su demonio. Necesitaba respuestas y nadie mejor que él podría responderme.
De repente vi sus ojos abrirse, pero no eran los suyos azules, si no rojos. Del susto me aparté de ella bruscamente. Una vez me aseguré una distancia, la observé mejor. Se sentaba en el borde de la cama, pero no tenía colmillos ni aura negra. ¿Qué ocurría?
-Sé lo que estás pensando… -me dijo con voz fría.- Ciertamente soy el único que te puede informar.
Parpadeé. No podía creer lo que estaba viendo. Junibi había tomado el control de mi chica sólo porque yo lo pensé.
-Ya… veo… -mi voz temblaba. No me atrevía ahora a preguntarle nada. Fue todo tan rápido
- Como veo que no eres capaz de preguntarme por ti mismo, te empezaré a contar cómo pasó todo. –hizo una pausa, pensativo.- Lo que realmente empujó a Airif a venir hasta mí, fue nada más que el destino.
-¿Destino? –pregunté, me sorprendía que alguien pudiese estar destinado a ello.
-Así es. Supongo que antes debo explicarte más cosas, todas algo o bastante ajenas a tu… chica. –sonrió picaronamente.- Hace muchos años, muchísimos, se creo a Raynibi. Es un demonio parecido a mí.
- ¿Hay otro aparte de ti? No puedo creerlo… -susurré.
- Habían dos humanos que poseían un gran poder dentro de ellos mismos. Uno, ansiaba dominar el mundo. El otro, mejor dicho… la otra, salvarlo. En una misma batalla entre ambos humanos, nacimos de sus sentimientos. –me miró.-Oí decirle a tu maestro que yo era “malo”. Si conociese a Raynibi, sería peor que malo.
- ¿Qué quieres decir…?
- Yo nací para proteger a los humanos. Él para destruirlos. Nuestros creadores lucharon hasta morir y una magia misteriosa nos depositó en distintos lugares que sólo los elegidos podrían encontrar.
-Airif te encontró… ¿Por qué ha sido destinada para ello?
-Fue su antepasado quien me creó. Lo lleva en la sangre. Aquella mujer… Arawhen, me destinó a ella, sabiendo que dentro de unos años nacería una niña como ella. Igual en apariencia, igual de poderosa. Aunque…
- ¿Sí…?
-Airif desconoce que tiene esa capacidad… Supongo que en parte la culpa es mía.
-Explícate… - No quise sonar amenazador, pero no pudo salirme otro tono. Junibi siguió explicando, a pesar de ello.
- Cuando Airif nació, sentí su poder. Daba igual el lugar y la distancia, podía sentirla. Bajo la vigilancia de “su” lobo, dejé que creciera. El lobo sólo era una parte física de mí, creada por mí mismo. Hizo su vida de niña, disfrutó de ello. Tenía con ella una perfecta mascota, extraña, pero perfecta. Te conoció a ti… pero el peligro se avecinaba cada vez más. La muerte de sus padres le afectó muchísimo, aunque no es de extrañar.
-¿Lo comprendes? –mi asombro crecía por momentos.
-Sí… -asintió con la cabeza y después se levantó, mirando por la ventana.- Airif quería a sus padres, como cualquier niño haría con alguien que le cuida y le da de comer, además de cariño. Cuando los pierdes… se crea en ti un vacío infinito difícil de llenar. Ella misma se obligaba a estar bien, o al menos aparentarlo. No quería mostrarse débil ante nadie y… ahí cometí, quizás, un error. El de influir en su instinto para que viniera a donde yo estaba.
- ¿Por qué lo hiciste?
- Pensé que estaría preparada, su mentalidad era fuerte pero no todo lo que debería. –suspiró.- Cuando apareció ante mí, junto a “su” lobo. El lobo desapareció, uniéndose de nuevo a mí. Después de ello, sentí todo el cariño que Airif le cogió al animal. Cuando me fusioné con ella, penetrando espiritualmente en su cuerpo y completando o invadiendo parte de su alma, le permití el poder adoptar forma lobuna, la misma que mi creación. Lo único es el tamaño, pero… mejor así.
Esperé, sentado en la cama de Airif, con el dibujo en la mano de los distintos demonios, a que siguiera.
- No pude imaginar que hacer eso me daría inmediatamente total control sobre su cuerpo y, sobretodo, borrarle la memoria. Al ver eso, la estuve cuidando durante estos nueve años. La alejé de todo el mundo que conocía porque… porque consideré que sería lo mejor. En esos momentos la verían como un monstruo e intentarían una y otra vez matarla. La alejé, la alimenté y, además, la entrené para que, cuando llegase el momento de que recuperase el sentido, estuviese sana y en forma. –nuevamente, otra pausa.- Ciertamente ella desconoce todo esto, no tiene ni idea del potencial que tiene, ni de la que se va a avecinar, ni de lo que puede hacer. Tiene total control sobre cualquier elemento o fuerza que existiese en el pasado. Sólo debe seguir su instinto o dejar que en esas situaciones yo tome el control.
- Pero… ella te teme. Teme poder hacer daño a sus… seres queridos. No va a querer dejar que la domines.
- Lo sé, soy consciente de ello, sé lo que siente en cada momento. Sus sentimientos a veces incluso la dañan físicamente. Pero llegará el día en el que deberá confiar en mí. Tú podrás reconocernos.
- ¿Qué quieres decir? –pregunté confuso.
- Los ojos normales de Airif, son azules. Los míos, rojos. El día que nuestras conciencias se complementen, por decirlo así, serán violetas. En ese momento, yo dejaría de ser Junibi, sería Ainibi. Tendrá mi fuerza, mi agilidad y mi resistencia, pero los sentimientos y pensamientos, serán sólo suyos, aunque acepte ideas mías.
- ¿Ideas?-pregunté aturdido.
- Sí. Me refiero a que nuestras mentes pensarán de manera simultánea. Si yo le propongo hacer algo y ella lo acepta, lo hará.
- ¿Ideas?-pregunté aturdido.
- Sí. Me refiero a que nuestras mentes pensarán de manera simultánea. Si yo le propongo hacer algo y ella lo acepta, lo hará.
- Entiendo…
- En estos días intentará controlar mi poder, no lo conseguirá. Es necesario que tú estés presente. Quiere sacar todo de mí, pero no lo va a conseguir porque tiene miedo. Si se descontrola, haz lo que ya hiciste una vez. Bésala. Sólo te pido una cosa.
- ¿El qué…? –me sorprendía el hecho de que me pidiese un favor. A mí.
- No te acuestes con ella… -dijo seriamente. Yo le miré aún más sorprendido, además de extrañado.- La respuesta… es porque tu querida hermanita tiene algo preparado. Por muchas ganas que tenga Airif de probar lo que es “hacer el amor”, niégate. Será difícil, sí. Pero hazme caso.
- Lo intentaré. –aseguré al demonio. Me sabía mal tener que negarme a hacer algo así con Airif.- Gracias, Junibi.
- Id si queréis a donde yo estuve esperando espiritualmente a Airif, pero no encontraréis ya nada. Sólo, como mucho, el destino de ella.
- ¿Cuál es su destino? –quería saberlo ya, no podía estar así.
- Su destino… es protegeros. Tenéis tres lunas llenas rojas desde ahora. Prepararos bien.
Se calló y cerró los ojos. Antes de que volviese a ser mi Airif, regresó a la cama y se tumbó. Me tumbé al lado y esperé a que abriera los ojos para confirmar que era ella. Los abrió pocos segundos después, lentamente. Sus ojos eran azules, con esos reflejos rojos que le seguían apareciendo desde que la volví a ver hace unas semanas. La sonreí y me devolvió la sonrisa. Era ella… y por fin, podía ayudarla, pues sabía exactamente qué hacer y cómo.
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