Thoran
Desperté al notar que Airif no estaba conmigo. Miré a mi alrededor, intentando buscarla pero no encontré nada, excepto la puerta del baño abierta. Me levanté y despacio me acerqué allí, me asomé y pude ver cómo se daba un baño. La seguí observando sin hacer ruido.
Ella se sumergió y a los dos segundos salió. Se miró una mano y suspiró. Frunció el ceño y miró aún más su mano, poniéndola con la palma hacia arriba y una especie de esfera negra se formó en su mano. Era pequeña y aparentemente inofensiva. Ella cerró los ojos y frunció aún más el ceño, parecía concentrada. La esfera creció ligeramente un poco más pero desapareció. Ai volvió a abrir los ojos y suspiró decepcionada. Se levantó y salió de la bañera, cogiendo una toalla para secarse el cuerpo. Me fui, dejándole intimidad y bajé al hall de la posada. Encontré ahí a mi hermana, sentada en uno de los sofás, y me acerqué a ella.
-Hola, Thira. –saludé sonriéndola.
-Hola. –se la veía triste.
-¿Cómo te encuentras? –me senté junto a ella, de espaldas a la escalera.
-Podría estar mejor. –me contestó sin mirarme.
-¿Qué te ocurre?
-No creo que te importe. –se levantó y se puso a mirar por la ventana.
-Eres mi hermana… aunque seas una pesada, me importas. –me puse detrás de ella.- ¿Puedo hacer algo para que estés mejor?
-Sí, pero no vas a querer…
-¿De qué se trata? –pregunté obligándola a darse la vuelta, haciendo que me mirara.
-Querría que me besaras, como hiciste ayer con ella. –me miró fijamente.
Bajé la mirada, pensativo, pero de repente me besó ella. No pude apartarme, ya que me abrazó por el cuello y no quería hacerla daño. Fue un beso que se me hizo eterno, aunque me gustaba no era lo mismo que besar a Ai. Paramos justamente cuando oímos un portazo en el hall. No había nadie dentro, aparte de nosotros, así que sólo podría haber salido Airif. Corrí hacia la puerta, la abrí, pero tampoco había nadie fuera. Salí unos pasos afuera pero no la veía. Detrás de mí salió Thira quien me abrazó.
-Thira… -susurré mirándola.
-Olvídala, ahora me tienes a mí… -me dio un beso más en los labios.
-No. –Contesté secamente.- ¿Lo habías planeado?
-No, estas cosas no se planean, surgen. –me quiso dar otro pero me aparté.
-No hace falta que te apartes, Tho. Podéis seguir.
Ambos miramos hacia arriba pero no vimos a nadie. Seguí mirando hacia arriba pero por mi alrededor y la vi sobre una rama de un árbol.
-Ai… -sus ojos nos miraban con rencor y me sentí muy culpable- Yo… lo siento…
-Yo sí que siento haberme creído cosas que nunca debí creer. –sus ojos se volvían rojos.- No volveré a aparecer por aquí, no os preocupéis. –conforme decía eso, se giró y saltó a otra rama con agilidad. Así fue hasta que desapareció.
-Ai… -susurré cayendo de rodillas sobre el suelo.
-Por fin solos, hermanito… -me susurró Thira de manera sensual.
Me levanté, me giré y la cogí por el cuello. Había perdido a Ai. Otra vez. Y esta vez quizás no iba a volver más. Todo por culpa de Thira.
-¿Solos…? Con la única persona que quiero estar a solas es con Ai. ¡No contigo! –le grité, estaba furioso y dolido. Me había engañado de mala manera.
-Me… haces daño… hermano… -la solté de golpe y cayó al suelo, tosiendo e intentando recuperar el aire.
-No vuelvas a llamarme hermano. Nunca. –entré en la posada, subí las escaleras y me dejé caer sobre la cama de Ai cuando entré en su habitación.
Olía a ella… y la empecé a echar de menos. No paré de insultarme a mí mismo mientras lágrimas recorrían mi rostro.
Airif
Me dolía el pecho, más que otras veces. Quería huir de ahí, olvidarme otra vez de todo. A Thira. A Arwyl. Quién era. A Tho… Recuperar la memoria no había hecho otra cosa que no fuera dolor.
Dejé de saltar de rama en rama y decidí correr hasta que cayese de bruces sobre el suelo.
No sé cuánto tiempo pasó, pero me faltaba el aire al correr de aquella manera y las piernas empezaban a fallarme. Llegué junto a un lago, pero aquel lago me sonaba. Era aquel que vi cuando desperté y no recordaba nada. Pero no estaba sola allí. Un encapuchado estaba sentado al borde del lago.
-Volvemos a vernos, Airif. –no veía el rostro, pero sabía que me miraba a mí.
-¿El… el maestro de… Tho… ran? -pregunté jadeando por el cansancio. Asintió.- ¿Qué hace aquí?
-Investigar.
-¿El qué?
-A ti.
-¿A mí?
-He visto muchas cosas en el mundo, pero nada ni nadie como tú. Una joven que se transforma en lobo casi a placer y que además, posee un poder único. –se levantó y se acercó a mí.
-Para mí no es ningún poder… si no una maldición. –susurré apartando la mirada.
-Llámalo como quieras, Airif. Pero creo saber qué te ocurre. –le miré fijamente.
-¿Y es…? –dudé al hacerle aquella pregunta, no me sentía con fuerzas de confiar en nadie.
-¿Recuerdas por ti misma o haber soñado ir a una montaña muy alta rodeada de una nube oscura cuyos rayos eran como violetas?
Me senté e intenté hacer memoria. Soñarlo sé que no, pero… algo recordaba o empezaba a recordar.
-Sí, creo que sí. ¿Qué tiene que ver conmigo? –pregunté confusa.
-Ahí se escondía el legendario espíritu del lobo de doce colas. Llamado Junibi. O eso se rumoreaba, pues muy poca gente lo ha visto.
-¿Doce colas? ¿Pero qué clase de animal era ese?
Se sentó y mediante señas me instó a hacer lo mismo. Le hice caso.
-Este mundo estuvo habitado por monstruos o animales con colas. Algunos eran malévolos. Otros no. Lucharon todos entre sí. Unos para hacer desaparecer a los humanos, los otros para protegerlos. Tras esa lucha, quedaron únicamente con forma de espíritu. Sólo los elegidos a proteger lo que quieren pueden llegar a verles y obtener su poder. –explicó despacio.
- Y… ¿el mío qué es? ¿Bueno o malo? –pregunté con algo de miedo.
-¿Qué te hace transformarte en lobo o perder el control? –me preguntó serio.
-Pues… -me lo pensé.- Cuando pienso en Thira, me hierve la sangre y me transformo. Supongo que es el odio y rencor que le tengo.
-Ya veo… -se calló y dejó de mirarme.
-¿Es malo, entonces?
-Sí. Pero deberías hallar la manera de controlarlo a tu voluntad. De esa manera, es como tú quieres que sea. –me volvió a mirar mientras me decía eso. Me cuadraba, pero ¿para qué me sirve tener eso dentro, si ni siquiera debo proteger a nadie?
-Sé lo que te estás preguntando a ti misma. ¿No te ha contado nada Thoran?
-No. A él le ha importado mucho más juguetear conmigo… -dije eso como si escupiera veneno. Me dolía reconocer en voz alta que había estado jugando conmigo.
-Él no es así… -hizo una pausa. Ninguno dijimos nada.- El mundo hace años que se volvió peligroso para todos. Hay desapariciones, muertes… todo extraño. Al parecer provocado por seres anormales.
-¿Cómo cuáles?
-No me atrevo a asegurar qué son, pero tú debes empezar a adiestrarte para, llegado el momento, enfrentarte a lo que sea. –me señaló.- Porque sea cuando sea, ese momento llegará y has de estar preparada.
Suspiré exageradamente.
-¿Por qué tengo que ser yo? Además, no tengo nada que proteger… -susurré arrancando hierba.
-Sí tienes, pero no quieres reconocerlo. –se incorporó y me dio la espalda.- Deberías saber que Thira es muy persuasiva. Siempre que oí a Thoran hablar de ella, me hice una idea de cómo era.
-¿Ah, sí…? –me sentía confusa. ¿Debía perdonar a Thoran a pesar de lo que vi?
-Decide por ti misma, pero él estará destrozado ahora mismo. –comenzó a andar.
-Espera. -Se paró en seco y se giró un poco.- ¿Cómo puedo entrenarme? –le pregunté levantándome también.
-Sigue tu instinto. –tras decir eso, desapareció de mi vista, como si se hubiese evaporado.
Me quedé de pie un rato, pensando qué hacer. No veía mucho sentido volver a la posada, pero debía averiguar algo. El estado de Tho. Prometí no volver, pero no me quedaba otra opción. Tras verle decidiría si marcharme para siempre o quedarme temporalmente. Volví sobre mis pasos, sin aparente prisa.
Pasaron las horas y empezaba a acercarme. Cuando llegué al edificio, me asomé por una ventana pero no vi a nadie. La ventana de mi habitación estaba cercana a un árbol, así que decidí escalar el árbol y quedarme en mi cuarto. Salté a través de la ventana, que seguía abierta, y miré a mi alrededor. Parecía vacía hasta que vi la cama.
Thoran estaba en ella, dormido boca abajo. Me acerqué un poco, sin hacer ruido y me senté a su lado. Le acaricié la mejilla y la noté húmeda. “Thira es muy persuasiva”. Esas palabras vinieron a mi mente. Gruñí levemente al pensar en ella.
-¿Hermano…? –vi cómo se asomaba por el agujero y me vió.- ¿Qué haces tú aquí?
-Pues ya ves… he vuelto. –me separé de Thoran para hacerle frente a su “hermana”.- ¿Tienes algún problema?
-Tu supuesto Tho te ha engañado, aquí no pintas nada. –sonrió malévolamente. Pero se le borró cuando vio mi cara de tranquilidad.
-¿Cómo sé yo que no le has manipulado? –sonreí igual que ella hizo antes.
-No sé cómo podría haberlo hecho. –noté su pulso latir rápidamente, la puse nerviosa.
Se giró, pero cuando la cogí del hombro para darle la vuelta, noté dolor en un costado. Entrecerré los ojos por el dolor y me miré, viendo cómo Thira me había clavado una daga que tenía oculta mientras la giraba.
Empecé a notarlo. El odio empezaba a apoderarse de mí y un aura negra me rodeaba, noté crecer mis colmillos hasta que sobresalían de mis labios. Thira retrocedió pero yo me senté, intentando calmarme. El dolor me empezaba a debilitar lo suficiente para que aquel ser que me había poseído pudiese tomar el control de mi cuerpo. Noté el deseo de matarla, me llenaba. Pero pensé en Tho. Era su hermana, y como tal la quería. No podía matarla. No aún. Vi a Thira sonriendo y sacó la daga de mi costado, preparándose para atacarme de nuevo con él. Me aparté en el momento justo y alzando una mano, intenté hacer lo de esta mañana, la esfera negra con la que soñé mientras dormía con Tho. Concentré en mi mano todos mis sentimientos y solté la esfera. Fue lo suficientemente potente para que, en un estallido, se deshiciera la daga.
Un dolor punzante me apareció en la mano, mientras Thira salía corriendo. Mi aura empezó a desaparecer y, con gran esfuerzo, me desplomé sobre la cama, al lado de Tho. Jadeaba por el dolor, y debió ser ese el motivo por el que Tho despertó.
-¿Ai…? –me miró asustado, tanto por mi aspecto como por mi posible reacción con él.
-Tho… -susurré y me encogí de dolor. Sangraba mucho la herida.
-¿Qué… qué te ha…? –me miró la herida.- ¿Quién…?
-Thira… estaba armada y… -susurré, notándome mareada por la falta de sangre.
Thoran me saltó y fue al baño, o eso creí pues apenas podía ver. Noté un líquido caer sobre mi herida y me escocía mucho. Poco después, noté que me subía la camiseta y algo suave alrededor de mi cuerpo.
-Ai, lo sient… -aunque me costó, conseguí ponerle un dedo en los labios para callarle.
-Sh… no digas nada… -le intenté sonreír pero el dolor apenas me dejaba.
Thoran
Me dolía verla así, aunque hubiese vuelto. Mi hermana se había pasado esta vez. Tapé con una manta a mi Ai y fui a por algo de comida para ella. Cuando volví, ella estaba como dormida, pero el aura negra que vi la otra vez la rodeaba. Poco después desapareció, junto con sus ojos rojos y sus colmillos, y Airif abrió los ojos. Miró a su alrededor y yo me acerqué a ella. Ya parecía estar bien, pero me senté a su lado y la miré.
-Siento haberme ido así… -susurró sintiéndose algo culpable.
-Siento haber sido tan débil con Thira… -susurré triste.- Yo nunca he buscado…
Me calló con un beso. Realmente no necesitaba más para sentirme mejor. La abracé fuerte y seguimos besándonos. Ella tiró de mí, haciendo que me tumbase sobre ella. Me apoyé sobre mis brazos, los cuales estaban a ambos lados de ella y seguimos besándonos. Cuanto más nos besábamos, más aumentaba la pasión con la que lo hacíamos. Como si no nos saciara la sed. Empecé a tener calor y me quité la camiseta que tenía puesta, volviendo rápidamente a sus labios. Las manos de ella me acariciaron la espalda y me abrazó con fuerza, como si quisiera estar más pegada a mí. No podía pensar, sólo deseaba seguir así con Ai. Mis manos se movieron sin enterarme y le quité la camiseta que hace tiempo le compré. Le acaricié una mejilla mientras la miraba. Jadeábamos los dos. No estaba seguro de seguir. No quería que se pensara lo que no era.
-Tho… -me llamó jadeando.
-Dime Ai… -susurré jadeando también. La deseaba muchísimo.
No dijo nada, sólo siguió besándome, más ardiente que antes. Me estaba volviendo loco de deseo y quise quitarle los pantalones, junto con su prenda interior. Ella hizo lo mismo conmigo cuando acabé de quitarle lo suyo.
No podía detenerme ahora, empecé a besarle el cuello mientras acariciaba uno de sus pechos. Sus jadeos aumentaron y me aventuré a tocarle su sexo. Estaba bastante húmeda y gemía suavemente. La miré a la cara y la vi sonrojada. Era la primera vez que se sentía así, estoy seguro. La besé con dulzura en los labios e introduje uno de mis dedos dentro de su sexo, con mucho cuidado. Ella se estremeció y me miró, más sonrojada aún. Me separé de sus labios mientras seguía jugando con mi dedo dentro de ella. La miraba fijamente, con deseo mientras ella seguía jadeando y estremeciéndose.
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Y... ahí lo dejo :P Sé que soy algo malosa, pero... bueno :P
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