Thoran
Fui a buscar leña, aunque me pareció algo mal dejar sola a Airif.
Mientras recogía, me pareció normal que alguien que ha estado nueve años desaparecida, no tenga apenas idea de la vida. Sus padres murieron cuando ella era aún muy joven para interesarse por esas cosas.
A pesar de todo, me dio la impresión de que, aunque no supiera lo que estaba haciendo, sus hormonas y cuerpo adolescente sí sabía lo que hacía y, sobretodo, lo que quería. Me deseaba a mí, no había duda, y eso me hacía feliz.
Lo que no sé ahora es cómo podría afectarle a Ai la noticia de haber estado tanto tiempo desaparecida. ¿Dónde habrá estado? Y… ¿cómo se habrá cuidado? Debía alimentarse para crecer y mantenerse viva.
Recogí más ramas secas y me volví a la posada. Ai me echaría de menos y no me gustaba estar tanto tiempo alejado de ella. Me inquietaba la idea de que Thira volviera e intentara rematar la faena.
Teniendo en cuenta que Airif podría haberla matado ¿por qué no lo hizo? ¿será porque es mi hermanastra y, al fin y al cabo, le tengo un poco de aprecio? Debería aclararle que eso en realidad me da igual.
No podía perdonar a Thira, a pesar de que Airif pudiese curarse sola con lo que sea que tuviese dentro. Su obsesión conmigo la ha llevado demasiado lejos y no iba a permitir que algo así sucediese de nuevo.
Cuando llegué a la posada y dejé al lado de la chimenea la leña que recogí, oí un grito. Subí deprisa y me encontré a Airif y a Alyä juntas, pero Airif tenía algo en sus brazos. Algo diminuto, algo feo y con cara de enfadado.
-¿Qué ocurre aquí…? –pregunté confundido. Pensé que era un grito de miedo.
-¡Mira! ¡Este mini demonio se llama Chonar! ¿A que es mono? –se la veía contenta.
Arqueé una ceja mirando al supuesto Chonar y me devolvía la mirada.
-¿Mono…? –Susurré mirándolo más de cerca.- Me sorprenden tus gustos, Ai… -bromeé y le saqué la lengua. Ella me sacó también la lengua y le sonreí.
-Qué bonita pareja hacéis… -dijo risueña Alyä.
Tanto Ai como yo nos sonrojamos, pero ahí caí en la cuenta. Yo no le dije de ser mi pareja. La miré y ella seguía con esa cosa diminuta y seria. No sé cómo aguantaba ese ser, con esa cara tan seria, tan enano y con un pendiente extraño en una oreja.
-¿De dónde ha salido este tal… Chonar? –pregunté mirando a Alyä.
-Puedo invocarlo a placer, junto a otros demonios. Soy una bruja y poseo es cualidad.–contestó haciendo desaparecer a Chonar.
-¿Sabes historias de demonios en general? –pregunté con curiosidad. Igual podría ayudar a Ai.
-Depende… ¿qué clase de demonio? –Alyä nos miró a ambos.
-¿Te suena el nombre de Junibi? –preguntó Airif, pareció entender por dónde quería ir yo y me ayudó a seguir.
-Algo. Un lobo demoníaco de doce colas. El más fuerte de los de su clase. ¿Por qué? –contestó tranquilamente.
-¿Conoces alguna forma para doblegarlo? –volvió a preguntar Ai seriamente.
-Pues… no. Si el espíritu de ese demonio habita en algún sitio, debería haber algo escrito con runas demoníacas. Sé leerlas. –nos miró algo desconfiada.- ¿Queréis doblegar a ese ser? Es peligroso.
-El riesgo lo sé, pero no puedo dejar que me domine él por completo. –dijo Airif aún más seria.
-¿Quieres decir que ya eres su portadora? –arqueó una ceja y miró a Airif algo nerviosa.
-Sí.
-¿Es una broma? –preguntó acercándose a Airif.
-No. –contestó Airif tras suspirar.
-¡Es genial! –gritó Alyä de repente.
Tanto Ai como yo nos asustamos de su entusiasmo. Aunque imaginé que para Alyä debía suponer un reto el ayudar a alguien a controlar a “eso”.
-¡Debemos ponernos en marcha, tenemos que ir a donde vivía Junibi! –daba la impresión de que no le daba miedo enfrentarse a algo así. Mejor, imagino.- ¿Dónde lo encontraste?
-No… no lo sé. –susurró Ai algo decepcionada.
-Pero… ¿desde cuándo lo tienes? –preguntó la castaña.
-Tampoco lo sé… -se sentía aún más decepcionada que antes. Su memoria le estaba haciendo daño.
-Nueve años. –contesté.- Pero no recuerda nada de ello desde entonces.
-¿Cómo lo sabes, Tho? –me preguntó Ai.
-Tenías diez años cuando desapareciste. Han pasado nueve desde entonces.
-Airif, ¿tú sabías lo que buscabas a esa edad? –Alyä le miró casi acusadoramente.
-No recuerdo nada anterior a eso. Lo poco que sé es por sueños que he tenido. Pero imagino que no tenía ni idea. –le contestó algo dolida por no poderle recordar.
-Entiendo… Bueno, cuando te sientas preparada iremos allí. Será un verdadero placer ayudaros. –sonrió a Airif y yo a ambas. Esto era lo que necesitábamos.
Alyä se fue y, Airif y yo nos quedamos solos. Me senté en su cama y ella hizo igual.
-¿Estás bien? –le pregunté.
-Creo que sí. Mi instinto me decía que ella podría ayudarnos. –me miró y sonrió.- Oye Tho…
-Dime Ai… -la miré a los ojos, pero no supe identificar qué había en ellos.
-¿Somos… una pareja? –preguntó inocentemente.
-Si tú quieres… sí. –le contesté dándole después un dulce beso en los labios.
-Vale, pues somos una pareja. –me sonrió y me besó.
Nos tumbamos boca arriba y ella se abrazó a mí. Le acaricié el pelo y me quedé pensativo. Si Alyä hizo hincapié en la edad de Ai cuando desapareció fue por algo. La verdad es que aún era una niña como para tener control sobre algo bastante más fuerte de lo que podría ser ella.
Sólo hay dos personas, me atrevería a decir tres, que podrían saber si ese fue el motivo.
Uno de ellos, es el propio Junibi…
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Cortito, tal vez, pero ahora subiré el siguiente ;) en cuanto lo acabe y lo escriba.
Mooolap y a esperar el 11 :3!!!!
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