Llegué a Khadros tras escuchar las palabras de mi hermano y, sobretodo, las que dijo la castaña. No tenía por qué revelar mi profesión, si es que puede llamársele así.
Recordé las palabras que me dijo un hombre encapuchado y, momentáneamente, sentí que era la única persona en la que, por ahora, podía confiar. Un poco al menos.
Me encantaría encontrármelo ahora para decirle que tenía razón, pero le contesté de malas maneras, confiando en que mi hermano me perdonaría lo que le hice a esa rubia.
Cómo la odiaba... desde que apareció ella, mi hermano se mostró aún más distante conmigo. Y eso que estaba hecha un asco, con sus ropas rotas y sucias. A pesar de mi odio hacia ella, debía admitir que era mona. Su apariencia infantil la hacía guapita, pero no tenía nada que ver conmigo. Yo tengo una apariencia más adulta, aunque quizás lo tengo así por mi "profesión". Igual por eso no le gustaba a mi hermano y ella le atraía más. Imagino que es virgen, aunque no tengo manera de comprobar que no se ha acostado ya con mi hermano.
Odiaba también tener que dedicarme a vender mi cuerpo para conseguir dinero, dado que Thoran trabajaba cuando podía y no podía pagármelo todo. Tenía la esperanza de que él no se enteraría de eso, pero veo que me equivoqué, pues la castaña no tuvo reparos en decirlo.
-¿Ves como tenía razón? -una voz a mis espaldas me sacó de mis pensamientos, asustándome un poco.
-Sí... -susurré tras reconocer la voz.- Pero debes entender que no puedo fiarme de alguien que no conozco.
-Sí, lo entiendo.-se puso a mi lado y le miré. Iba con una capa y encapuchado, como iba yo antes de que esa maldita rubia me "salvara". También llevaba una camisa negra y unos pantalones de tela negros también.- Vámonos a una taberna, quiero hablar contigo.
Asentí sin decir nada y le seguí. Por el camino no dijimos nada ninguno de los dos. Entramos en una taberna que se encontraba al otro lado del pueblo. Era bastante siniestra y solitaria. Se dirigió a sentarse en un rincón y yo le seguí, sentándome en frente de él. Poco después de sentarnos se acercó el camarero, el cual vestía de negro, pero sus ropas tenían algún que otro destrozo. El encapuchado pidió dos cervezas de Malta al camarero, el cual se retiró y volvió con ellas poco después. Empecé a beber un poco y miré al encapuchado. Él pagó al camarero y, cuando se alejó éste, se quitó la capucha y pude verle el rostro. Era moreno, de ojos verdes y con la cara algo alargada. Me pareció atractivo y me sonrojé al ver cómo me dedicaba una ladina sonrisa.
-Me llamo Raylan. -me dijo. Yo le miré algo confundida, pues no había preguntado por su nombre en ningún momento.- Sé que no me lo has preguntado, pero quiero dejar de ser un desconocido.
-Oh... yo me llamo Thira. -tampoco me lo preguntó, pero quería ser algo amable con él.- ¿De qué quieres hablar?
Ambos tomamos un trago largo de la cerveza. Él parecía pensar qué contestarme.
-Creo que conoces a una tal... Airif. -me dijo al fin.
Suspiré enfadada, otra vez ella...
-¿Qué quieres saber de ella...? -le miré fijamente, sin ocultar mi enfado.
-Cualquier cosa. ¿Qué sabes de ella? -me devolvió la mirada.
-Poco... sólo sé que un día apareció, que no recordaba ni su nombre, luego empezó a recuperar la memoria y además se transforma en lobo... -por no mencionar que está interesada en mi hermano, pensé.
-¿Qué clase de lobo? -preguntó con interés.
-Pues uno enorme, casi igual que un caballo. Creo que supera por un poco la altura de un caballo. -contesté pensativa.- ¿Por qué queréis todos saber sobre ella?
-¿Todos...? -arqueó una ceja y tomó otro trago de la cerveza.
-Sí... mi hermano, tú... ¿qué o quién es ella para que le vayáis detrás?
-En mi caso... es mi hermana. En el de tu hermano, pues no tengo ni idea. -se encogió de hombros.
-¿Eres su hermano...?
-Sí. Lo que pasa es que ella no puede tener ningún recuerdo sobre mí, porque no me conoció. Simplemente, fui dado en adopción porque "nuestros" padres querían a una niña. -estaba serio, parecía sentir algo de rencor, aunque lo veía normal.
-Lo lamento.
-No pasa nada, cuando Airif desapareció los maté.
-¿¿Qué?? -escupí sin querer la cerveza que estaba bebiendo.
-Sí... -sonrió tranquilo.- Mi instinto me pidió que lo hiciera, y la verdad... no me arrepiento.
Sentía algo de miedo por estar a solas con él ¿quién me aseguraba que no correría la misma suerte?
-Tranquila, no tengo nada contra ti. No debes tenerme miedo. -me dijo riendo suavemente.
-¿Puedes leerme la mente...? -mi miedo aumentó.
-No, pero tiemblas y no hace frío, sólo me queda pensar que te he puesto nerviosa.
-Oye... -quise calmarme cambiando de tema.- ¿Cómo sabías que esa desapareció?
-Mis padres adoptivos me contaron todo. Que era adoptado y que, los que fueron mis padres biológicos, tuvieron una niña llamada Airif. La vigilaba de lejos, vi cómo crecía. Incluso vi cómo se relacionaba con un tal... Tho, o algo así. -me contó todo con mucha tranquilidad. Me parecía raro...- Creo que desde niños estaban enamorados. Luego, a sus diez años, desapareció y aproveché esa oportunidad para vengarme.
-Oh... -no sabía qué decir. Luego recapacité en lo que dijo. ¿Tho? - Perdona. ¿Has dicho Tho?
-Sí, ¿por? -me miró con interés.
-Porque si Tho viene de Thoran, es mi hermano... -susurré pensando en que ellos podrían conocerse desde la infancia y yo no haberlo sabido.
-Vaya, qué sorpresa. -cerró los ojos sonriendo.- Necesito hablar con ella, ¿sabes dónde está?
-Sí... en una posada, al oeste del pueblo. Está "escondido" en el bosque.
-Gracias. -parecía muy satisfecho.
-Por cierto...
-¿Sí?
-Ten cuidado, últimamente rondan por ahí no-muertos. Antes me atacó uno.
-Yo tengo control sobre ellos, lo siento porque te haya atacado uno de mis lacayos.
-¿Los... controlas tú? -me sorprendí enormemente, no había conocido nunca a nadie que tuviera poder sobre los no-muertos.
-Sí. Son un poco lentos, pero... son para lo único que sirven. -se levantó.- ¿Te apetece pasar la noche aquí?
-No tengo dinero ahora para pagar una habitación...
-Vente a la mía. -me ofreció.
Su tranquilidad para decir las cosas me inquietaba mucho, ¿por qué se mostraba tan amable?
-Bueno... -me lo pensé un poco, pero acepté.- Vale.
Se despidió del camarero con un gesto de la mano y subimos las escaleras de la taberna. Había pocas habitaciones, o eso me pareció ver. Él se dirigió a la más lejana y yo le seguí. Abrió la puerta y vi cómo estaba decorada. Había una cama de matrimonio al fondo del todo, con dos mesillas a los lados, una en cada uno. Había un escritorio en frente de los pies de la cama y al lado de él una puerta. Imaginé que conduciría al baño, como en la posada en la que estaba antes.
Entramos y él cerró la puerta. Luego me abrazó desde mi espalda y empezó a besarme el cuello.
-¿Qué... haces...? -susurré nerviosa.
-Necesitas desahogarte.... lo sé. Y a mí me gustas. -me dijo con su tono tranquilo.
Lo cierto es que tenía razón, así que me dejé hacer. Me desanudó la capa y la tiró al suelo, haciendo lo mismo con la suya después. Me giré y le miré a los ojos. No podía negarme, pues me atraía mucho y, además, no tenía nada que perder. Le besé apasionadamente y poco a poco nos desnudamos el uno al otro. Poco a poco me fue llevando a la cama, en la cual caímos los dos, él quedando encima de mí. Le acaricié el rostro y le besé el cuello. Él lo estiró hacia el lado contrario para que pudiera mimárselo mejor. Poco después él hizo lo mismo conmigo, pero a la vez me manoseaba un pecho. Yo jadeaba de deseo y necesitaba acostarme ya con él. Le empujé y me senté sobre su cadera, haciendo que nuestros sexos se unieran. Ambos gemimos al unirnos y yo me moví, dándonos placer. Él me agarró de la cadera con ambas manos y se incorporó lo suficiente para lamerme los pechos. Estaba disfrutando como nunca lo había hecho. Me abrazó y yo me abracé a él, rodeándole el cuello. Mis movimientos se hicieron más fuertes y, aunque me notaba cansada, no pensaba parar hasta que llegásemos al clímax.
Quince minutos más tarde, yo estaba jadeando agotada sobre él, sintiendo cómo me empezaba a entrar sueño. Él me acariciaba la espalda con suavidad y me susurré algo que no entendí.
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Continuará.
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