Thoran.
Ante mis ojos había un enorme lobo, al que reconocí como a Airif transformada, pero tenía algo raro en la espalda. Alyä estaba a su lado, sonriente. El lobo giró la cabeza hacia donde yo me encontraba y se abalanzó velozmente sobre mí, tirándome de espaldas al suelo para, a continuación, llenarme de lametones. Debía admitir que con esa forma era muy pesada. Reí y la acaricié en la cabeza mientras ella se apartaba de mí y me ayudaba a levantarme, tirando con su mandíbula lobuna de mi manga. Observé mejor lo que llevaba a la espalda. Parecía una silla de montar, similar a las de caballo, pero adaptada a la forma de lobo de Ai. Como no llevaba riendas en la boca, vi que sobre la silla de montar había un par de asas de cuero bastante resistentes, las cuales interpreté que sería para sujetarse. Alyä se acercó y puso una mano sobre la silla. Ai la miró y luego me volvió a mirar a mí.
-¿Qué te parece mi "obra de arte"? -preguntó la bruja.
-No entiendo por qué debería montar sobre Airif, no me gustaría ser una carga para ella. -dije algo molesto. Airif dejó salir de su hocico un gañido cariñoso. Lo interpreté en el sentido de "No te preocupes".
-Pues ella misma me lo ha pedido. -dijo Alyä indiferente.- Si queremos ir donde Junibi, habrá zonas en las que sólo un lobo pueda acceder más fácilmente que un humano, y obviamente tendremos que montar sobre ella.
Suspiré y miré de nuevo la silla de montar y después a Airif. Parecía muy contenta, así que intenté no darle importancia.
-Tengo una cosa para ti, Ai. -dije mirándola con una sonrisa. Ella ladeó la cabeza.- Es un colgante que creo que te gustará. -lanzó un ladrido y movió el rabo muy deprisa. Luego se fue hacia la posada, entró y luego salió vestida. Llevaba un vestido precioso, de color violeta. Le quedaba bien, pues su piel era pálida.- Oh... qué guapa estás.- me sonrojé bastante.- ¿De dónde lo has sacado?
-Me lo ha hecho Alyä, es sastre. De ahí que le pidiera que hiciera la silla de montar. -miró a Alyä, también sonrojada.- Muchas gracias, Al.
-De nada, Ai. -la sonrió y luego se alejó, no sin antes decir.- Voy a descansar un poco, nos vemos en la cena.
Ambos nos despedimos de ella y volví a mirar a Ai. Se la veía hermosa sonrojada con ese vestido.La abracé por la espalda y le di un beso en el cuello.
-Te he echado de menos, Ai... -susurré dulce en su oído.
-Yo también a ti, Tho... -se giró y me besó en los labios, abrazándose a mi cuello.
Estuvimos un rato así, deleitándonos con los labios del otro. Empecé a notar que la pasión de los besos subía y aunque deseaba seguir, paré. Junibi me advirtió que no lo hiciera y seguía siendo pronto. Además, empezaba a anochecer.
-Mira. -le enseñé el collar.- Espero que te guste.
-¡Es muy bonito! ¿Me lo pones...? -su tono dulce e inocente me enternecía.
Asentí y se lo coloqué, con cuidado de no cogerle algún pelo de su melena. Pocos segundos de tenerlo ella colgado en su cuello, el colgante empezó a brillar y el iris se volvió azul.
-Muchas gracias, Tho... -me abrazó y la noté algo triste.
-¿Estás bien Ai...? -le pregunté, separándome un poquito de ella, sin romper el abrazo, para mirarla a los ojos.
-Sí... bueno, no sé... es que yo no tengo nada para darte a ti y... -la callé con un beso, era lo único que necesitaba.
Poco después oímos un grito procedente del interior de la posada que nos alertó. Corrimos hacia la posada, aunque Airif casi se tropieza en más de una ocasión. Buscamos a Alyä y la encontramos en la despensa, tras dar ella otro grito.
-¿Qué pasa, Al? -preguntó Airif.
Señaló hacia una esquina y vimos algo que también nos hizo gritar. Había un cuerpo en proceso de descomposición moviéndose hacia nosotros lentamente. Me giré para mirar a Airif, la cual yo creía que estaría muy asustada, pero cuan fue mi sorpresa cuando la vi con el ceño fruncido. Alzó ambas manos frente a ella, formando una esfera con los dedos y entre las palmas y una enorme bola negra salió disparada contra el cuerpo, haciéndole estallar la cabeza. El cuerpo cayó al suelo, sin vida. Alyä volvió a gritar, pero esta vez de enfado, al ver cómo sus ropas se habían manchado de trozos de cerebro de aquella cosa.
-¡Qué ascooooooooooooooooooooooo! -gritaba una y otra vez mientras con un palo se quitaba los restos.
Airif y yo nos reíamos bajito, pero nos preocupaba el hecho de encontrar semejante ser en la despensa. ¿Cómo llegaría ahí? ¿Por qué? ¿Desde cuándo estaba ahí? Y sobretodo, ¿cómo ha podido mantener Airif la calma de esa manera? Normalmente parece que tiene una personalidad infantil, debido a los años que ha pasado siendo otro el que la dirigía por el mundo.
Volví a mirar a Airif y la vi con mala cara. Su colgante perdía y recuperaba color, supongo que estaba luchando para mantener su conciencia lejos de la influencia de Junibi.
-Vámonos de aquí. -susurró saliendo de la despensa. Alyä y yo la seguimos.- Necesitaremos bolsas, Al. ¿Podrás hacerlas?
-Sí... supongo que sí. Necesitaré tela, lo único, pero se consigue fácilmente. -dijo algo intimidada por Airif, la cual estaba muy seria.
-Bien... doy dos días para prepararnos, al segundo nos marcharemos de esta posada. -se giró a mirarme.- ¿Tho, podrías decirme a qué te dedicas profesionalmente?
-Soy herrero. -contesté tranquilamente.
-¿Podrías forjar algún arma para nosotros tres?
-Sí, pero... ¿por qué para los tres? Tú matas a distancia. ¿No? -preguntó confuso.
-No debo abusar de mi "poder". Y Alyä debe reservarse su magia para intentar controlarme en caso de que las cosas vayan mal. -se sentó en un sillón y noté que le temblaban las manos.
-¿Estás bien, lobita...? -me senté en uno de los brazos del sillón y le acaricié la espalda.
-Me duelen las manos cada vez que hago algo así. -me miró sorprendida por el nombre con el que la llamé.- Igual es cuestión de acostumbrarse, pero ahora mismo no podría hacer mucho más. Habrá que estar alerta por si aparecen más.
-Propongo que hagamos turnos. Quedémonos todos en una misma habitación. -dije pensativo.- Si es necesario, traslademos alguna cama extra para dormir todos cómodos. -ambas asintieron.- Empezaré yo.
-No, Thoran. Mejor empiezo yo, tú has estado todo el día trabajando en la herrería y deberías descansar. -miré dudoso a Alyä, pero acepté.
-Está bien... voy a llevar tu cama a la habitación de Ai. -la castaña asintió y subió a ayudarme.
Airif subió más tarde y se tumbó en la cama, tapándose los ojos con un brazo. Una vez colocamos la cama al lado de la de Airif, apartando algunos muebles, ella se levantó, pasó por encima de la otra cama y abrió el armario. Sacó otra especie de vestido, pero más fino y ancho. Nos dio la espalda y se dispuso a intentar cambiarse de prenda mientras Alyä salía de la habitación. Parecía que las manos le seguían doliendo, así que me acerqué a ayudarla. Se giró hacia mí y lentamente la besé. Igual se sentía más cómoda si notaba que no la miraba directamente, aunque ya había tenido la ocasión de verla desnuda. Lentamente mis manos recorrieron su cuerpo, acariciándola primero para tranquilizarla, aunque no estuviese nerviosa. Empecé a quitarle el vestido, suavemente y con cuidado de no romperlo. Ella suspiró sobre mis labios. Me separé un poco de ella para agacharme y cogerle bien el vestido mientras ella sacaba sus piernas. Mientras lo hacía, pude comprobar que sólo llevaba el vestido y mi corazón empezó a latir fuertemente.Volví a ponerme en pie y ella me abrazó, besándome apasionadamente. Lo único que se oía en la habitación era nuestros corazones y nuestras respiraciones. Dejé el vestido sobre una de las camas que tenía al lado y, sin separarme de los labios de mi rubia, la empujé suavemente contra el armario. Nuestra respiración empezó a agitarse y yo no sabía qué hacer. No quería parar por no hacer sentir mal a Ai, pero tampoco podía seguir. No sabía a qué hacer caso. Mientras dudaba, ella bajó desde mis labios a mi cuello y empezó a desnudarme. Me sentía mal, pero me dejé hacer, también me sentía a gusto, me gustaba su iniciativa. Me hizo un collar de besos en el cuello, el cual me hizo excitarme aún más. Ella pareció notarlo, ya que paró y miró hacia abajo. Luego noté cómo su mano, manejada por la curiosidad, empezó a rozarme y tocarme mi miembro viril. No pude evitar soltar un suave gemido, pues me gustaban sus suaves roces. Me estaba empezando a volver loco de deseo y aún no sabía qué hacer, pero de seguir así, pronto tomaría la decisión de hacerla mía.
Mientras yo aguantaba mis impulsos, ella seguía tocándome. Debió ser por la falta de esas cosas que acabé llegando al clímax. Jadeé fuertemente y me sostuve como pude, apoyado sobre el armario. No habría podido ser mejor de otra manera, pero me sabía malo por ella, pues no había experimentado lo que yo.
-Se ha hecho pequeñito y blando... además ha soltado líquido ¿por qué? -me preguntó.
-Los... hombres... al estar con una chica que nos gusta mucho... nos excitamos... de manera que nuestro miembro se pone duro... -le explicaba entre jadeos.- Llega un momento... en el que nosotros sentimos algo... y al expulsar ese líquido... vuelve a estar normal... -le di un suave beso y me tumbé en la cama.- Lamento que no pueda darte ahora mismo la misma sensación, pero me siento agotado...
-Todo llegará... -noté su voz lejana y vi que se fue al baño. Luego volvió y se tumbó a mi lado, abrazándome.- Te quiero, Tho...
-Y yo a ti, Ai... -susurré feliz, girándome de lado y abrazándola también. Poco después, ambos nos dormimos, con la esperanza de que fuera una noche tranquila.
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En cuanto pueda, subiré la foto del colgante, lo he dibujado y ha quedado... bueno, lo mejor posible xDDD
Continuará... o3o
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