miércoles, 23 de marzo de 2011

Capítulo 7.

Thoran

Cuando regresé a la posada, oí un grito desgarrador. Subí rápidamente las escaleras y pude ver las paredes destrozadas y una extraña aura negra. Una ardilla salió corriendo y bajó las escaleras. Creí reconocerla, a la pequeña Arwyl. ¿Querría eso decir que la ardilla le habrá contado algo? Una pequeña alegría me recorrió el cuerpo al pensar que Ai, mi Ai, por fin podría recordarme.

Algo me despertó de esa felicidad, un gruñido constante y unos pasos lentos.

-¡Aléjate de mí! –oí gritar a mi hermana.

-¿Thira? –pregunté algo preocupado.

-¡Hermano, no te acerques! Algo raro le pasa a esa chica. -vino corriendo en mi dirección y pude ver un rasguño en sus ropas.
-¿A… a Airif? –pregunté mirándola y luego seguí mirando el agujero de la pared que correspondía a la habitación de Airif.

Vi su mano asomar, pero estaba rodeada de aquella aura negra. Luego apareció toda ella. Temblé de miedo, pero de miedo de perderla. Ella no era mi Airif, parecía más bien un demonio. Sus ojos ahora eran de un rojo sangre que intimidaban, y sus pupilas parecían como los de una serpiente. Unos colmillos afilados sobresalían de sus labios. Su cabello estaba ligeramente erizado, como si de un lobo enfurecido se tratase.

-Thira… ¿qué le has hecho…? –tragué saliva, sin mirar a mi hermana que estaba ahora detrás de mí.
-Sólo la desperté y de repente se puso a mirar la luna, como hipnotizada. Quería ir a buscarte con ella, por eso quise despertarla. Pero… al rato… se puso así… -mi hermana se abrazó a mí fuerte. Noté su miedo en sus temblores.

Airif avanzó hacia nosotros, mi hermana me obligaba a retroceder, tirando de mí mientras temblaba de miedo. Airif se puso a cuatro patas y pude ver mejor qué forma adoptaba su negra aura. Al final de su cuerpo, se veía la sombra de una cola.

-A… Airif… ¿qué te pasa? –intenté deshacerme del abrazo de mi hermana, pero me costaba mucho.- Thira, suéltame…
-Si ese monstruo va a matarnos prefiero morir abrazada a ti… -dijo de manera entrecortada.

Un fiero gruñido salió de Airif, llamándonos a ambos la atención. Una segunda cola se formaba en su aura, su sombra, como quisiéramos llamarlo. Entendí que eso no era nada bueno. La influencia de la luna y de mi hermana no eran buenas para ella.

-Thira… voy a intentar calmarla. Suéltame. –intenté avanzar hacia mi Ai, pero Thira seguía sin dejarme.- Thira, por favor.
-Te va a matar… ese monstruo va a matarte… -apretó aún más, haciendo que me costase respirar ligeramente.
-Thira, como la sigas llamando así sí que vamos a morir, cálmate y suelta. ¡Ahora! –empezaba a enfadarme la conducta de mi hermana.

Cuando al fin me soltó, al borde de las lágrimas, respiré hondo y me acerqué con paso decidido a Airif, quien fijó sus brillantes ojos rojos sobre los míos. Le sonreí y ella, desconfiada retrocedió poniéndose de pie.

-Airif… vamos, cálmate… -alcé mi mano para acariciarla pero una de sus colas me la rechazó, gruñéndome constantemente.

Sentí un agudo dolor en la mano, como si me la estuviesen atravesando con un cuchillo o algo afilado. Reprimí mi dolor y la abracé sin pensarlo. Vi sus colas ponerse a la defensiva y antes de que pudieran alcanzarme la besé. Fue un beso forzado pero notaba su ira disminuir. Poco a poco su aura negra desaparecía, sus ojos volvían a ser azules y sus colmillos volvieron a la normalidad. En ese momento el beso se volvió más dulce, más consentido. Nunca imaginé que mi primer beso con ella iba a ser así, pero fue lo único que se me ocurrió para calmarla. Me separé de sus labios para mirarla y no sé exactamente qué pasó, pero se derrumbó en mis brazos. Imaginé que se sentiría agotada por la ira que tenía antes o lo que hubiese pasado y, cogiéndola en brazos, la metí en su habitación, tumbándola en su cama.

-Hermano…

Oí a mi hermana llamarme pero no me importó lo más mínimo. Estaba más preocupado por Airif en ese instante.

-Hermano… ¿por qué la has besado? –su voz era fría.

Me giré para mirarla y la miré a los ojos. Sus ojos expresaban un dolor que sólo el desamor podía provocarte. Suspiré y me senté al lado de Airif.

-Porque ha funcionado. –contesté. No me apetecía darle explicaciones ni confesarle que realmente disfruté el beso.

-No creo que planeases besar a un demonio como ella para que sólo se calmara. Nadie haría eso. ¿Por qué tú sí?

-Thira, deja de meterte en mi vida. Si lo hice es porque me apeteció. –empezaba a enfadarme yo y no quería discutir en la misma habitación en la que Airif descansaba.

-¡No puedes haberte enamorado de ella, apenas la conoces! –gritó sin contenerse. Airif se quejó por algo, creí que sería por el grito de mi hermana.

-Márchate, Thira. No quiero discutir contigo ahora. –me levanté y miré por la ventana. La luna llena iluminaba todo con sus plateados reflejos. Oí cómo mi hermana se marchaba a otra habitación, enfurecida. Un sonoro portazo me reveló su estado.

Una serie de quejidos procedentes de la rubia me hicieron poner toda mi atención en ella. Tenía una mano agarrándose el pecho, justo donde el corazón le latía. Me acerqué rápidamente a ella y la abracé. Le susurré cosas que podían calmarla, como por ejemplo que intentase respirar lentamente o que se calmase, que estaba a su lado. Oí pequeños pasos y miré hacia el pasillo. La ardilla Arwyl se asomaba. Se acercó lentamente y nos miraba a Airif y a mí.

Poco después, mi amiga dejó de quejarse, respiraba tranquila y su mano dejaba de apretar su pecho. Suspiré aliviado, estaba preocupándome demasiado. Miré a Arwyl.

-¿Qué le ocurre, Arwyl…? –la ardilla negó con la cabeza. Olvidé que sólo Ai podía comunicarse con ella.

Noté que se movía, parecía despertarse. Dejé de abrazarla y se incorporó, quedándose sentada en la cama. Me miró, luego a Arwyl y luego observó asustada el agujero de la pared.
-¿Qué ha pasado…? –me preguntó asustada. Parecía no recordar nada.
-Tú… ¿no recuerdas nada…? –la miré a los ojos y vi algo de miedo en los suyos.
-¿Debería…? Lo último que recuerdo es haberme dormido con… con Arwyl. Esa ardilla. –señaló al animal, el cual saltó ágilmente, colocándose al otro lado de Ai.
-Ya veo… -sin querer, suspiré decepcionado. Ni siquiera de que la besara se acuerda.
-¿Hice algo mal, Tho…? –susurró mirándome preocupada. La miré y luego reflexioné. ¿Tho…? Sí. Me había llamado Tho.
-No se puede decir realmente que lo hicieras. ¿Por qué me has llamado Tho…? –pregunté nervioso.
-En modo cariñoso… ¿te ha molestado? –me contestó algo apenada.
-No… -sonreí triste.- Para nada, Ai. –suspiré y me levanté. Me sentía algo dolido y le di la espalda.- Deberías intentar descansar.

Tras decirle eso, yo ande hacia la puerta, queriendo salir de ahí. Estaba a punto de salir por el agujero cuando sentí unos brazos alrededor de mi cuerpo. Me paré en seco pero no hice ni dije nada.

-No te vayas… por favor. –su voz sonaba triste. La miré y ella me miró.- Tenemos que hablar…
-¿No puede esperar a mañana, Ai…? –noté la mano doliéndome de nuevo y reprimí un gemido de dolor.
-Tiene que ser ahora, Tho… por favor…

Suspiré y regresé con ella a la cama. Necesitaba desahogarme, pero no podía hacerlo delante de ella ni de su ardilla. Supuse que podría hacerlo luego, así que decidí aguantar como pudiese.

-Te he echado de menos… -susurró abrazándome.
-¿Por qué…? –mi voz temblaba. No podía disimular.
-Porque me cuidas… -me separé de ella, rompiendo su abrazo.- … y porque eres mi mejor amigo, Tho…
-¿Tu mejor amigo…? Nos conocimos hace unas semanas. –me dolía decirle eso, pero según su memoria, era cierto.
-No sigas disimulando, Tho. –su tono se volvió serio de golpe. Me giré a mirarla y me miraba seriamente.
-¿Cómo…? –creí entender, pero necesitaba que me lo explicara mejor.
-Recuerdo más cosas antes de… -se detuvo y miró a la ardilla.- Por favor, Arwyl, ¿nos puedes dejar solos? –la ardilla salió por la ventana.- Como decía…
-Espera… ¿te ha contado algo Arwyl? –le pregunté. Igual sólo me recordaba o le sonaba por la ardilla.
-Sí y no.

La miré sin entender. Necesitaba más información, no solo eso.

-Estaba teniendo un sueño, antes de “conocerla” a ella. En ese sueño, volvía a aparecer ese niño que iba conmigo a todos lados. Por fin escuché su nombre y yo, mi yo pasado, le llamó Tho. Curiosamente es un niño bastante parecido a ti. Moreno, guapo… -me sentí halagado.- y sobretodo, muy protector conmigo. Tal y como te has estado portando conmigo días antes, desde que… nos encontramos de nuevo. Luego, Arwyl, me resolvió la duda. Me gustaría preguntarle más cosas, pero de momento no me apetece agobiarla. He imaginado que tú también podrías ayudarme. Si… no es molestia. –su cara pasó de seria a una pequeña sonrisa.

Le devolví la sonrisa y la abracé. Ella me devolvió el abrazo.

-Debo agradecerte… toda la paciencia que has tenido conmigo hasta que he recordado esto. Lo sient…

No pude más. La besé de nuevo. A ella le pilló por sorpresa, pero pronto se dejó llevar por el beso. Me tumbé sobre ella, con cuidado de no aplastarla. Me deleité con la suavidad de sus labios, besándola dulce y suavemente. Ella respondía a mis besos de igual manera, lo cual me llenaba de felicidad. Dejé de besarla para que cogiéramos aire, no quería ahogarla. Una sonrisa dibujaba su cara y no podía sentirme mejor en ese momento. Nos pusimos de lado y ella, abrazándome, se acurrucó entre mis brazos.

-Como decía… lo siento.
-No pasa nada. Ha merecido la pena.- le di un beso en la frente y cerré los ojos. Disfrutando de la sensación de tenerla por fin en mis brazos, de esa manera.
-Me alegro, Tho… -su voz sonaba cansada y se durmió en mis brazos. Yo velé por ella, protegiéndola mientras ella dormía y me sentía infinitamente feliz.

Deseaba que el tiempo se parase en ese instante y fuese eterno, no quería que nada se estropeara.

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¡¡Siento la tardanza!!   Los exámenes y tal me han tenido ocupada pero por fin retomé la historia. Ojalá os guste este capítulo.

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