domingo, 24 de abril de 2011

Capítulo 16

Thira

No entendía por qué lo había hecho. No era demasiado desconocido para mí, pero fue como una atracción fatal. Tras estar así gran parte de la noche, nos quedamos dormidos. Desperté al notar a mi lado movimiento, pero no abrí los ojos ni hice intención de "despertarme".

No sabía cómo sentirme. ¿Triste porque no era Thoran? ¿Alegre porque parecía haber surgido otro hombre en mi vida? ¿Enfadada por ser el hermano de Airif? Me sentía confusa.

Oí cómo salía de la habitación, cerrando la puerta con suavidad. Dejé pasar cinco minutos y me levanté, me vestí y me quedé observando la habitación. Era siniestra, oscura. Daba algo de miedo, pero no me sentía demasiado incómoda. Delante mío, había un armario y, al lado suyo, un cofre. Me aventuré a curiosear, abriéndolo con mucho cuidado. Dentro había muchos frascos. Unos contenían un color azulado, otros uno rojo y los últimos parecían agua. Me preguntaba qué podría contener dichos frascos, qué sería cada líquido, pero oír cómo se abría la puerta me despertó de mis pensamientos. Me alcé rápidamente y me giré, viendo cómo Raylan sonreía.

-Buenos días. -me saludó.
-Ho... hola... -saludé, sintiendo vergüenza de mí misma.

Me alejé del cofre y él se acercó a cerrarlo. Me tumbé en la cama y él se sentó a mi lado. Me sentía observada y de reojo le miré. Aparté la mirada y seguimos sin decirnos nada. No sé cuánto tiempo pasaría, pero empezaba a ponerme muy nerviosa que no parase de mirarme.

-¿Se puede saber qué me miras tanto? -estaba enfadada.
-Espero tus preguntas. -dijo serio.
-...-me dejó de piedra. Pensé en cómo empezar, ciertamente sentía mucha curiosidad.- ¿Qué son esos frascos?
-Como habrás visto... hay tres tipos de líquidos en su interior. -asentí.- El azul te permite transformarte en quien tú quieras. El rojo, provoca sueño. El transparente, anula poderes.
-¿Transformarme?-pregunté.- ¿Qué quieres decir?
-Pues... Imagina que quisieras ser tu hermano. Con sólo concentrarte mucho tras beber la poción, puedes conseguirlo. El tiempo de duración no lo sé seguro... pero para un rato, es suficiente. -explicó.
-Oh... ya veo. ¿Y el de los poderes? ¿Hasta qué punto los anula? -me entró algo de miedo, pero si eso significaba dejar momentáneamente indefensa a Airif, era una ventaja.
-Tampoco estoy seguro. No sé si sólo baja la potencia o los anula durante algún tiempo.
-Ya veo... ¿Qué vas a hacer con ellos? 
-Digamos que tengo un plan... -sonaba misterioso, sonreí. Me gustaba.
-¿Y es...?
-Quiero alejar a Airif de tu hermano.

Abrí los ojos de par en par.

-¿Por qué? Eso debería quererlo yo.
-Tú tienes tus motivos, yo tengo los míos. Necesito que Airif sufra un poquito, para que le saque partido a... sus poderes.
-¿Para qué? Podría matarnos.
-No, no podría. Bueno, sí. Pero puedo defenderte, si es lo que más te preocupa.
-¿Defenderme, tú?-arqueé las cejas, no me lo podía creer.
-Sí... -me sonrió.- Tengo casi los mismos poderes que ella. Y ella aún no ha desarrollado ni entrenado su poder. Yo sí. Así que no es fácil que pueda derrotarme.
-Entiendo... ¿cómo quieres que ayude? Si es que pensabas contar conmigo.
-Primero debemos conseguir que Thoran se duerma, y esconderle. Después, tú te transformarás en él y yo en ti. La idea es que Airif nos vea hacer algo... fuerte.
-Como lo que hemos hecho esta noche... ¿no? -susurré.
-Exacto.

Me sentía utilizada sólo para esos fines, pero la idea de quizás recuperar a mi hermano, me ayudaba.

-Entiendo... ella se marcharía, furiosa y dolida.
-Ahá. Estará sola, pero estoy seguro que con eso se pondría en marcha para entrenarse. -se estiró en la cama y apoyó la cabeza sobre sus brazos.
-Me gusta. -dije algo contenta. Era así, me gustaba la idea.
-Pues... pronto lo pondremos en práctica... -susurró con un tono sensual.

Le miré y le sonreí, me tumbé a su lado y me quedé dormida de nuevo.

miércoles, 13 de abril de 2011

Capítulo 15.

Thira

Llegué a Khadros tras escuchar las palabras de mi hermano y, sobretodo, las que dijo la castaña. No tenía por qué revelar mi profesión, si es que puede llamársele así.

Recordé las palabras que me dijo un hombre encapuchado y, momentáneamente, sentí que era la única persona en la que, por ahora, podía confiar. Un poco al menos.

Me encantaría encontrármelo ahora para decirle que tenía razón, pero le contesté de malas maneras, confiando en que mi hermano me perdonaría lo que le hice a esa rubia.

Cómo la odiaba... desde que apareció ella, mi hermano se mostró aún más distante conmigo. Y eso que estaba hecha un asco, con sus ropas rotas y sucias. A pesar de mi odio hacia ella, debía admitir que era mona. Su apariencia infantil la hacía guapita, pero no tenía nada que ver conmigo. Yo tengo una apariencia más adulta, aunque quizás lo tengo así por mi "profesión". Igual por eso no le gustaba a mi hermano y ella le atraía más. Imagino que es virgen, aunque no tengo manera de comprobar que no se ha acostado ya con mi hermano. 

Odiaba también tener que dedicarme a vender mi cuerpo para conseguir dinero, dado que Thoran trabajaba cuando podía y no podía pagármelo todo. Tenía la esperanza de que él no se enteraría de eso, pero veo que me equivoqué, pues la castaña no tuvo reparos en decirlo.

-¿Ves como tenía razón? -una voz a mis espaldas me sacó de mis pensamientos, asustándome un poco.
-Sí... -susurré tras reconocer la voz.- Pero debes entender que no puedo fiarme de alguien que no conozco.
-Sí, lo entiendo.-se puso a mi lado y le miré. Iba con una capa y encapuchado, como iba yo antes de que esa maldita rubia me "salvara". También llevaba una camisa negra y unos pantalones de tela negros también.- Vámonos a una taberna, quiero hablar contigo.

Asentí sin decir nada y le seguí. Por el camino no dijimos nada ninguno de los dos. Entramos en una taberna que se encontraba al otro lado del pueblo. Era bastante siniestra y solitaria. Se dirigió a sentarse en un rincón y yo le seguí, sentándome en frente de él. Poco después de sentarnos se acercó el camarero, el cual vestía de negro, pero sus ropas tenían algún que otro destrozo. El encapuchado pidió dos cervezas de Malta al camarero, el cual se retiró y volvió con ellas poco después. Empecé a beber un poco y miré al encapuchado. Él pagó al camarero y, cuando se alejó éste, se quitó la capucha y pude verle el rostro. Era moreno, de ojos verdes y con la cara algo alargada. Me pareció atractivo y me sonrojé al ver cómo me dedicaba una ladina sonrisa.

-Me llamo Raylan. -me dijo. Yo le miré algo confundida, pues no había preguntado por su nombre en ningún momento.- Sé que no me lo has preguntado, pero quiero dejar de ser un desconocido.
-Oh... yo me llamo Thira. -tampoco me lo preguntó, pero quería ser algo amable con él.- ¿De qué quieres hablar?

Ambos tomamos un trago largo de la cerveza. Él parecía pensar qué contestarme.

-Creo que conoces a una tal... Airif. -me dijo al fin.

Suspiré enfadada, otra vez ella...

-¿Qué quieres saber de ella...? -le miré fijamente, sin ocultar mi enfado.
-Cualquier cosa. ¿Qué sabes de ella? -me devolvió la mirada.
-Poco... sólo sé que un día apareció, que no recordaba ni su nombre, luego empezó a recuperar la memoria y además se transforma en lobo... -por no mencionar que está interesada en mi hermano, pensé.
-¿Qué clase de lobo? -preguntó con interés.
-Pues uno enorme, casi igual que un caballo. Creo que supera por un poco la altura de un caballo. -contesté pensativa.- ¿Por qué queréis todos saber sobre ella?
-¿Todos...? -arqueó una ceja y tomó otro trago de la cerveza.
-Sí... mi hermano, tú... ¿qué o quién es ella para que le vayáis detrás?
-En mi caso... es mi hermana. En el de tu hermano, pues no tengo ni idea. -se encogió de hombros.
-¿Eres su hermano...?
-Sí. Lo que pasa es que ella no puede tener ningún recuerdo sobre mí, porque no me conoció. Simplemente, fui dado en adopción porque "nuestros" padres querían a una niña. -estaba serio, parecía sentir algo de rencor, aunque lo veía normal.
-Lo lamento.
-No pasa nada, cuando Airif desapareció los maté.
-¿¿Qué?? -escupí sin querer la cerveza que estaba bebiendo.
-Sí... -sonrió tranquilo.- Mi instinto me pidió que lo hiciera, y la verdad... no me arrepiento.

Sentía algo de miedo por estar a solas con él ¿quién me aseguraba que no correría la misma suerte?

-Tranquila, no tengo nada contra ti. No debes tenerme miedo. -me dijo riendo suavemente.
-¿Puedes leerme la mente...? -mi miedo aumentó.
-No, pero tiemblas y no hace frío, sólo me queda pensar que te he puesto nerviosa.
-Oye... -quise calmarme cambiando de tema.- ¿Cómo sabías que esa desapareció?
-Mis padres adoptivos me contaron todo. Que era adoptado y que, los que fueron mis padres biológicos, tuvieron una niña llamada Airif. La vigilaba de lejos, vi cómo crecía. Incluso vi cómo se relacionaba con un tal... Tho, o algo así. -me contó todo con mucha tranquilidad. Me parecía raro...- Creo que desde niños estaban enamorados. Luego, a sus diez años, desapareció y aproveché esa oportunidad para vengarme.
-Oh... -no sabía qué decir. Luego recapacité en lo que dijo. ¿Tho? - Perdona. ¿Has dicho Tho?
-Sí, ¿por? -me miró con interés.
-Porque si Tho viene de Thoran, es mi hermano... -susurré pensando en que ellos podrían conocerse desde la infancia y yo no haberlo sabido.
-Vaya, qué sorpresa. -cerró los ojos sonriendo.- Necesito hablar con ella, ¿sabes dónde está?
-Sí... en una posada, al oeste del pueblo. Está "escondido" en el bosque.
-Gracias. -parecía muy satisfecho.
-Por cierto...
-¿Sí?
-Ten cuidado, últimamente rondan por ahí no-muertos. Antes me atacó uno.
-Yo tengo control sobre ellos, lo siento porque te haya atacado uno de mis lacayos.
-¿Los... controlas tú? -me sorprendí enormemente, no había conocido nunca a nadie que tuviera poder sobre los no-muertos.
-Sí. Son un poco lentos, pero... son para lo único que sirven. -se levantó.- ¿Te apetece pasar la noche aquí?
-No tengo dinero ahora para pagar una habitación...
-Vente a la mía. -me ofreció.

Su tranquilidad para decir las cosas me inquietaba mucho, ¿por qué se mostraba tan amable?

-Bueno... -me lo pensé un poco, pero acepté.- Vale.

Se despidió del camarero con un gesto de la mano y subimos las escaleras de la taberna. Había pocas habitaciones, o eso me pareció ver. Él se dirigió a la más lejana y yo le seguí. Abrió la puerta y vi cómo estaba decorada. Había una cama de matrimonio al fondo del todo, con dos mesillas a los lados, una en cada uno. Había un escritorio en frente de los pies de la cama y al lado de él una puerta. Imaginé que conduciría al baño, como en la posada en la que estaba antes.

Entramos y él cerró la puerta. Luego me abrazó desde mi espalda y empezó a besarme el cuello.

-¿Qué... haces...? -susurré nerviosa.
-Necesitas desahogarte.... lo sé. Y a mí me gustas. -me dijo con su tono tranquilo.

Lo cierto es que tenía razón, así que me dejé hacer. Me desanudó la capa y la tiró al suelo, haciendo lo mismo con la suya después. Me giré y le miré a los ojos. No podía negarme, pues me atraía mucho y, además, no tenía nada que perder. Le besé apasionadamente y poco a poco nos desnudamos el uno al otro. Poco a poco me fue llevando a la cama, en la cual caímos los dos, él quedando encima de mí. Le acaricié el rostro y le besé el cuello. Él lo estiró hacia el lado contrario para que pudiera mimárselo mejor. Poco después él hizo lo mismo conmigo, pero a la vez me manoseaba un pecho. Yo jadeaba de deseo y necesitaba acostarme ya con él. Le empujé y me senté sobre su cadera, haciendo que nuestros sexos se unieran. Ambos gemimos al unirnos y yo me moví, dándonos placer. Él me agarró de la cadera con ambas manos y se incorporó lo suficiente para lamerme los pechos. Estaba disfrutando como nunca lo había hecho. Me abrazó y yo me abracé a él, rodeándole el cuello. Mis movimientos se hicieron más fuertes y, aunque me notaba cansada, no pensaba parar hasta que llegásemos al clímax. 

Quince minutos más tarde, yo estaba jadeando agotada sobre él, sintiendo cómo me empezaba a entrar sueño. Él me acariciaba la espalda con suavidad y me susurré algo que no entendí.

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Continuará.

martes, 12 de abril de 2011

Capítulo 14.

Airif.

No podía dormir. Sentía algo que me inquietaba y no sabía qué era. El muerto andante realmente me asustó, pero de mi interior salió el valor que necesitaba para destruirlo. Fue cuestión de segundos, pero ¿cómo pasó eso? ¿Junibi tendría algo que ver?

Suspiré. Estaba segura de que él tendría todo que ver. Me gustaría poder comunicarme con él, pero no sé cómo hacerlo. Me levanté despacio y me metí en el baño. Encendí un par de velas y me miré en el espejo. Curiosamente, mis ojos con el tiempo dejaron de tener el reflejo de los de Junibi. Al menos, ahora podía pasar por alguien completamente normal a simple vista. 

Volví a suspirar, quería hablar con él, que me aclarara las cosas. Tenía mucho que preguntarle y sólo él me podía contestar.

-Sólo debes desear oírme. -esa voz sonó en mi cabeza. Inútilmente miré a mi alrededor. No había nadie más que yo en el baño, pero me quería asegurar de que no se había manifestado físicamente.
-Junibi... -susurré.- Supongo que al estar en mi interior, puedes escuchar lo que pienso u oigo.
-Así es... Bien. ¿Por dónde querrías empezar? -parecía amable después de todo, pero mantenía cierto cuidado por lo que me dijo el maestro de Thoran.
-¿Sabes qué era lo que hemos visto hoy Al, Tho y yo? -fue lo primero que se me ocurrió.
-Sí. -se tomó unos segundos.- Es lo que podría llamarse un no-muerto. Por un lado, no vive, es un ser muerto, que se descompone como cualquier cuerpo sin vida. Por otro, tiene la capacidad de moverse, atacar y acatar algunas órdenes.
-¿Quién lo controlaba?
-Alguien a quien conocerás en un tiempo, no sé si tardarás mucho o poco, pero lo acabarás conociendo. Se podría llamar eso... destino. -sonaba misterioso, no parecía querer contarme todo.
-¿Es peligroso? -pregunté algo temerosa.
-Sí... puede serlo. Pero tú, con mi poder, podrás hacerle frente.

Eso me alivió un poco, pero ¿hasta qué punto tendría que llegar? Alguien que controla a un no-muerto debía ser fuerte y poderoso, además de sabio.

-Sí. -me sentía sin intimidad y eso me enfadaba.- ¿Alguna pregunta más?
-Qué borde eres... -suspiré al oír como se reía por mi comentario y pensé.- ¿Lo que siento por Tho... es de verdad?

Silencio. Esperaba no haber "bloqueado" la voz de Junibi.

-Sí lo es. ¿Por qué lo dudas? -parecía sorprendido de tener que contestarme a esa pregunta.
-Perdí mis recuerdos y no sé apenas nada de la vida, Juni... -susurré algo triste.- Siempre que estoy con él siento... cosas. Me siento feliz de verle bien, de estar con él, de que nos mimemos de esa manera... pero no sé si es amor o... amistad.
-¿Juni...? -parecía molesto y me reí un poco. Oí un suspiro proveniente de él.- Supongo que, los sentimientos que conservabas antes de tenerme a mí, los... "recuperaste".
-No entiendo...
-¿Cómo te sentías antes con Thoran? Antes... de recordar que era tu amigo de la infancia.
-Pues... me sentía como una carga. Siempre estaba pendiente de mí, me escuchaba, me animaba, me ayudaba... Supongo que eso ayudó un poco. -hice una pausa.- Supongo que al enterarme y recordar que era mi mejor amigo, no tenía por qué sentirme así con él. Yo... habría hecho lo mismo por él.
-No deberías dudar de ti misma.
-¡Es que es extraño! Y tú... no lo entiendes. -esperaba no haber despertado al moreno que dormía en mi cama.- Tú no has estado nueve años deambulando por el mundo sin saber un día quién eres ni cómo has llegado hasta allí. No entiendo cómo de repente, tras haber recuperado a mi mejor amigo, puedo sentir algo así por él.
-Sigo diciendo lo mismo. Vivimos en un mundo mágico en el que, por lo visto, todo es posible.
- ¿Y...? -gruñí.
-¿Sabes la frase... "Ver para creer"?
-Sí... ¿qué pasa con eso? -me empezaba a poner nerviosa.
-Tú deberás darle la vuelta para lograr tus objetivos.
-¿Creer para ver? -pregunté, no entendía bien qué quería decir.
-Ya lo entenderás... ahora deberías atender a alguien que está despertándose al notar que tú no estás. Hablaremos en otro momento.

Me asomé por la puerta y vi a mi Tho tanteando por la cama, buscándome. Apagué las velas y me acerqué a él.

-Creí que habías desaparecido... -su voz sonaba preocupada.
-Estaba... en el baño. -no tenía sentido mentirle.
-¿Qué hacías? -preguntó incorporándose, quedándose sentado en la cama.
-Pues... mantenía una... interesante conversación. -contesté suspirando y sentándome a su lado.
-¿Con quién? -me abrazó y me dio un delicado beso en el hombro.
-Con Juni. -apoyé mi cabeza en su pecho.
-Vaya... veo que también puedes hablar con él. -me acarició el cabello y yo sonreí, adoraba ese cosquilleo que me provocaba.
-¿También?
-Sí... hace poco yo también hablé con él.
-Vaya... ¿y cómo es que yo no...? -estaba confusa.
-Tomó control de tu cuerpo mientras dormías. Me contó varias cosas. -me besó en la frente y luego en los labios.
-¿Y... qué te contó? -pregunté con curiosidad, devolviéndole el beso.
-El motivo por el que tú le tienes a él, el motivo por el que no... puedo tener grandes roces contigo... -su voz se apagaba conforme lo decía.
-¿Grandes roces...? -él evitaba mi mirada, pero le obligué a mirarme.- ¿Cuáles?
-Hacer el amor contigo, básicamente. -dijo tras un suspiro. Me sorprendió que el lobo del demonio le dijera a él qué podía hacer conmigo y qué no.
-¿Y se puede saber por qué? -pregunté algo molesta.
-Dijo algo de Thira... pero no me dijo qué es lo que planea, si es que tiene algo planeado.
-Ya veo... -me abracé a él y pensé.- Debería ser yo quien decidiera eso...
-Opino lo mismo... -era tan dulce su tono que sonreí aunque no me pudiera ver bien.

Aún era de noche, pero intuí que pronto debería amanecer. Miré a Thoran y él pareció entender lo que necesitaba. Mimos. Me empujó con suavidad sobre la cama y empezó a besarme con dulzura, la misma que yo le devolvía con cada beso. No aumentábamos la pasión del beso en ningún momento, y eso me hacía sentir bien. Me demostraba que podía confiar realmente en Tho, que no se iba a aprovechar de mí.

-Ai... -me miraba a los ojos, yo noté cómo me sonrojaba.
-Dime, Tho... -no aparté la mirada.
-Te... amo mucho. -me sonrió y yo le sonreí, fundiéndonos después en un dulce beso.

Algo nos interrumpió, volvimos a oír un grito, pero fuera de la posada. Mientras Thoran se vestía, yo me transformé en lobo y bajé por la ventana. Me notaba demasiado ágil para ser un cánido. Busqué en la dirección de la que provenía el grito y encontré a otro no-muerto caminando hacia una persona con capa y encapuchada. Me abalancé sobre el no-muerto y le cogí la cabeza con la mandíbula, arrancándosela. Ese acto me dejó mal sabor de boca, pero al menos ya no parecía tener intención de moverse. Miré hacia la persona que estaba en apuros y me dio las gracias de mala gana. Reconocí su voz y le gruñí. Al menos había tenido la educación de agradecérmelo.

-¡Ai! ¿Estás bien? -preguntaron Thoran y Alyä apareciendo poco después. Miraron lo que tenía bajo las patas y la cabeza descompuesta separada del cadáver.
-¡Hermano! -la persona encapuchada corrió hacia Thoran y se abrazó a él. Él no se movió y tenía cara de sorpresa mezclada con molestia.
-¿Puedes dejar de abrazarme, por favor? Eso sólo se lo reservo a quien se lo merece... -dijo serio, tan serio que daba miedo.
-Pero... soy tu... -dijo mientras se quitaba la capucha.
-No me vengas con ese cuento, Thira. Casi matas a mi Ai. No te merecerías ni que te dirigiera la palabra. -se apartó bruscamente de ella, y se acercó a mí. Traía consigo el vestido morado que llevaba el día anterior, así que, tras comprobar que no había más peligro, volví a mi forma humana y me vestí.
-¡Eh! Yo te conozco. Eres la fulana con la que mi hermano estuvo un día ¿no? -dijo Alyä con cierto tono de burla.
-¿Qué...? -susurró Thira.
-¡Sí! Tú estuviste con Elinghad ¿no es así? Ibas muy borracha, si no recuerdo mal.
-No sé de qué...
-Yo sí sé de qué hablo. Mi hermano lo ha pasado muy mal por tu culpa. Él no se imaginaba que ocuparas esa profesión.

Thoran y yo mirábamos a una y a otra. Thira temblaba y miró al moreno.

-¿De qué profesión hablas, Alyä? -preguntó mi Tho.
-Pues... de furcia. ¿De qué si no la iba a llamar fulana? -dijo la castaña.
-No sé por qué me sorprende... -dijo Thoran sarcástico.- Y ¿aún así me venías con el cuento de que te reservabas para mí?
-Herm...
-No vuelvas a llamarme "hermano" -su voz sonaba amenazante.- Vaya manera de ganarse la vida... Lo que me extraña es que no hayas estado embarazada... Menudo problema te resultaría ¿Verdad?
-No me hables así, por favor... -parecía estar a punto de llorar. Yo no sentí ninguna lástima.
-No eres nadie para pedirme favores. -dicho eso,se dirigió hacia la posada, con pasos rápidos y firmes.

Le seguí, imaginé que en el fondo se sentía dolido por volverla a ver y enterarse de que, alguien que juraba quererle, se había estado vendiendo de esa manera. Se sentó en un sillón y apoyó la cabeza en sus manos, cuyos brazos estaban apoyados sobre sus piernas. Me acerqué a él, poniéndome en frente suya y me agaché. Me miró, con algo de pena.

-No quiero que pienses que...

Le silencié con un dedo y negué con la cabeza. Le dediqué una pequeña sonrisa y me senté en sus piernas.

-Creo que te entiendo, Tho. Tranquilo. -me sonrió y le besé. Luego le miré algo seria.- Oye... ¿qué es quedarse embarazada...? -me sentía bastante tonta.
-Es... traer un bebé al mundo, por así decirlo. -se sonrojó levemente, imagino que por la pregunta que le hice.
-¿Y... tú puedes quedarte embarazado? -pregunté con curiosidad.
-No... -rió suavemente.- Sólo podéis las mujeres.
-¿Y... cómo podría quedarme yo embarazada? -me miró serio, a la vez que algo sonrojado.
-Haciendo el amor, Ai. Cuando un hombre y una mujer hacen el amor, ella tiene posibilidades de quedarse en ese estado y en un tiempo dar a luz un bebé. -explicó, dándome algún que otro beso por mi rostro.
-Oh... Qué listo eres, Tho. -susurré, algo apenada.
-No te sientas mal, Ai. Has estado mucho tiempo sin saber nada. Es normal. -me frotó la cabeza, despeinándome un poco.
-Entonces... ¿los bebés salen de... ahí abajo tuyo? ¿Tienes bebés dentro de ti? -preguntó con aún más curiosidad.
-Pues... algo así... -se reía.

Entró Alyä y se nos quedó mirando.

-¿De qué habláis? -preguntó animada.
-De que su cosa suelta bebés. -dije contenta.
- ... -ambos me miraron con cara de poker. Luego se echaron a reír.

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Ya vale por hoy xD Espero que os guste! ^3^

lunes, 11 de abril de 2011

Capítulo 13.

Thoran.

Ante mis ojos había un enorme lobo, al que reconocí como a Airif transformada, pero tenía algo raro en la espalda. Alyä estaba a su lado, sonriente. El lobo giró la cabeza hacia donde yo me encontraba y se abalanzó velozmente sobre mí, tirándome de espaldas al suelo para, a continuación, llenarme de lametones. Debía admitir que con esa forma era muy pesada. Reí y la acaricié en la cabeza mientras ella se apartaba de mí y me ayudaba a levantarme, tirando con su mandíbula lobuna de mi manga. Observé mejor lo que llevaba a la espalda. Parecía una silla de montar, similar a las de caballo, pero adaptada a la forma de lobo de Ai. Como no llevaba riendas en la boca, vi que sobre la silla de montar había un par de asas de cuero bastante resistentes, las cuales interpreté que sería para sujetarse. Alyä se acercó y puso una mano sobre la silla. Ai la miró y luego me volvió a mirar a mí.

-¿Qué te parece mi "obra de arte"? -preguntó la bruja.
-No entiendo por qué debería montar sobre Airif, no me gustaría ser una carga para ella. -dije algo molesto. Airif dejó salir de su hocico un gañido cariñoso. Lo interpreté en el sentido de "No te preocupes".
-Pues ella misma me lo ha pedido. -dijo Alyä indiferente.- Si queremos ir donde Junibi, habrá zonas en las que sólo un lobo pueda acceder más fácilmente que un humano, y obviamente tendremos que montar sobre ella.

Suspiré y miré de nuevo la silla de montar y después a Airif. Parecía muy contenta, así que intenté no darle importancia.

-Tengo una cosa para ti, Ai. -dije mirándola con una sonrisa. Ella ladeó la cabeza.- Es un colgante que creo que te gustará. -lanzó un ladrido y movió el rabo muy deprisa. Luego se fue hacia la posada, entró y luego salió vestida. Llevaba un vestido precioso, de color violeta. Le quedaba bien, pues su piel era pálida.- Oh... qué guapa estás.- me sonrojé bastante.- ¿De dónde lo has sacado?
-Me lo ha hecho Alyä, es sastre. De ahí que le pidiera que hiciera la silla de montar. -miró a Alyä, también sonrojada.- Muchas gracias, Al.
-De nada, Ai. -la sonrió y luego se alejó, no sin antes decir.- Voy a descansar un poco, nos vemos en la cena.

Ambos nos despedimos de ella y volví a mirar a Ai. Se la veía hermosa sonrojada con ese vestido.La abracé por la espalda y le di un beso en el cuello.

-Te he echado de menos, Ai... -susurré dulce en su oído.
-Yo también a ti, Tho... -se giró y me besó en los labios, abrazándose a mi cuello.

Estuvimos un rato así, deleitándonos con los labios del otro. Empecé a notar que la pasión de los besos subía y aunque deseaba seguir, paré. Junibi me advirtió que no lo hiciera y seguía siendo pronto. Además, empezaba a anochecer.

-Mira. -le enseñé el collar.- Espero que te guste.
-¡Es muy bonito! ¿Me lo pones...? -su tono dulce e inocente me enternecía.

Asentí y se lo coloqué, con cuidado de no cogerle algún pelo de su melena. Pocos segundos de tenerlo ella colgado en su cuello, el colgante empezó a brillar y el iris se volvió azul.

-Muchas gracias, Tho... -me abrazó y la noté algo triste.
-¿Estás bien Ai...? -le pregunté, separándome un poquito de ella, sin romper el abrazo, para mirarla a los ojos.
-Sí... bueno, no sé... es que yo no tengo nada para darte a ti y... -la callé con un beso, era lo único que necesitaba.

Poco después oímos un grito procedente del interior de la posada que nos alertó. Corrimos hacia la posada, aunque Airif casi se tropieza en más de una ocasión. Buscamos a Alyä y la encontramos en la despensa, tras dar ella otro grito.

-¿Qué pasa, Al? -preguntó Airif.

Señaló hacia una esquina y vimos algo que también nos hizo gritar. Había un cuerpo en proceso de descomposición moviéndose hacia nosotros lentamente. Me giré para mirar a Airif, la cual yo creía que estaría muy asustada, pero cuan fue mi sorpresa cuando la vi con el ceño fruncido. Alzó ambas manos frente a ella, formando una esfera con los dedos y entre las palmas y una enorme bola negra salió disparada contra el cuerpo, haciéndole estallar la cabeza. El cuerpo cayó al suelo, sin vida. Alyä volvió a gritar, pero esta vez de enfado, al ver cómo sus ropas se habían manchado de trozos de cerebro de aquella cosa.

-¡Qué ascooooooooooooooooooooooo! -gritaba una y otra vez mientras con un palo se quitaba los restos.

Airif y yo nos reíamos bajito, pero nos preocupaba el hecho de encontrar semejante ser en la despensa. ¿Cómo llegaría ahí? ¿Por qué? ¿Desde cuándo estaba ahí? Y sobretodo, ¿cómo ha podido mantener Airif la calma de esa manera? Normalmente parece que tiene una personalidad infantil, debido a los años que ha pasado siendo otro el que la dirigía por el mundo.

Volví a mirar a Airif y la vi con mala cara. Su colgante perdía y recuperaba color, supongo que estaba luchando para mantener su conciencia lejos de la influencia de Junibi.

-Vámonos de aquí. -susurró saliendo de la despensa. Alyä y yo la seguimos.- Necesitaremos bolsas, Al. ¿Podrás hacerlas?
-Sí... supongo que sí. Necesitaré tela, lo único, pero se consigue fácilmente. -dijo algo intimidada por Airif, la cual estaba muy seria.
-Bien... doy dos días para prepararnos, al segundo nos marcharemos de esta posada. -se giró a mirarme.- ¿Tho, podrías decirme a qué te dedicas profesionalmente?
-Soy herrero. -contesté tranquilamente.
-¿Podrías forjar algún arma para nosotros tres?
-Sí, pero... ¿por qué para los tres? Tú matas a distancia. ¿No? -preguntó confuso.
-No debo abusar de mi "poder". Y Alyä debe reservarse su magia para intentar controlarme en caso de que las cosas vayan mal. -se sentó en un sillón y noté que le temblaban las manos. 
-¿Estás bien, lobita...? -me senté en uno de los brazos del sillón y le acaricié la espalda.
-Me duelen las manos cada vez que hago algo así. -me miró sorprendida por el nombre con el que la llamé.- Igual es cuestión de acostumbrarse, pero ahora mismo no podría hacer mucho más. Habrá que estar alerta por si aparecen más.
-Propongo que hagamos turnos. Quedémonos todos en una misma habitación. -dije pensativo.- Si es necesario, traslademos alguna cama extra para dormir todos cómodos. -ambas asintieron.- Empezaré yo.
-No, Thoran. Mejor empiezo yo, tú has estado todo el día trabajando en la herrería y deberías descansar. -miré dudoso a Alyä, pero acepté.
-Está bien... voy a llevar tu cama a la habitación de Ai. -la castaña asintió y subió a ayudarme. 

Airif subió más tarde y se tumbó en la cama, tapándose los ojos con un brazo. Una vez colocamos la cama al lado de la de Airif, apartando algunos muebles, ella se levantó, pasó por encima de la otra cama y abrió el armario. Sacó otra especie de vestido, pero más fino y ancho. Nos dio la espalda y se dispuso a intentar cambiarse de prenda mientras Alyä salía de la habitación. Parecía que las manos le seguían doliendo, así que me acerqué a ayudarla. Se giró hacia mí y lentamente la besé. Igual se sentía más cómoda si notaba que no la miraba directamente, aunque ya había tenido la ocasión de verla desnuda. Lentamente mis manos recorrieron su cuerpo, acariciándola primero para tranquilizarla, aunque no estuviese nerviosa. Empecé a quitarle el vestido, suavemente y con cuidado de no romperlo. Ella suspiró sobre mis labios. Me separé un poco de ella para agacharme y cogerle bien el vestido mientras ella sacaba sus piernas. Mientras lo hacía, pude comprobar que sólo llevaba el vestido y mi corazón empezó a latir fuertemente.Volví a ponerme en pie y ella me abrazó, besándome apasionadamente. Lo único que se oía en la habitación era nuestros corazones y nuestras respiraciones. Dejé el vestido sobre una de las camas que tenía al lado y, sin separarme de los labios de mi rubia, la empujé suavemente contra el armario. Nuestra respiración empezó a agitarse y yo no sabía qué hacer. No quería parar por no hacer sentir mal a Ai, pero tampoco podía seguir. No sabía a qué hacer caso. Mientras dudaba, ella bajó desde mis labios a mi cuello y empezó a desnudarme. Me sentía mal, pero me dejé hacer, también me sentía a gusto, me gustaba su iniciativa. Me hizo un collar de besos en el cuello, el cual me hizo excitarme aún más. Ella pareció notarlo, ya que paró y miró hacia abajo. Luego noté cómo su mano, manejada por la curiosidad, empezó a rozarme y tocarme mi miembro viril. No pude evitar soltar un suave gemido, pues me gustaban sus suaves roces. Me estaba empezando a volver loco de deseo y aún no sabía qué hacer, pero de seguir así, pronto tomaría la decisión de hacerla mía.

Mientras yo aguantaba mis impulsos, ella seguía tocándome. Debió ser por la falta de esas cosas que acabé llegando al clímax. Jadeé fuertemente y me sostuve como pude, apoyado sobre el armario. No habría podido ser mejor de otra manera, pero me sabía malo por ella, pues no había experimentado lo que yo.

-Se ha hecho pequeñito y blando... además ha soltado líquido ¿por qué? -me preguntó.
-Los... hombres... al estar con una chica que nos gusta mucho... nos excitamos... de manera que nuestro miembro se pone duro... -le explicaba entre jadeos.- Llega un momento... en el que nosotros sentimos algo... y al expulsar ese líquido... vuelve a estar normal... -le di un suave beso y me tumbé en la cama.- Lamento que no pueda darte ahora mismo la misma sensación, pero me siento agotado...
-Todo llegará... -noté su voz lejana y vi que se fue al baño. Luego volvió y se tumbó a mi lado, abrazándome.- Te quiero, Tho...
-Y yo a ti, Ai... -susurré feliz, girándome de lado y abrazándola también. Poco después, ambos nos dormimos, con la esperanza de que fuera una noche tranquila.

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En cuanto pueda, subiré la foto del colgante, lo he dibujado y ha quedado... bueno, lo mejor posible xDDD

Continuará... o3o

domingo, 10 de abril de 2011

Capítulo 12.

Thoran

Llevaba mucho tiempo sin aparecer por el pueblo en el que trabajaba como herrero para ganarme la vida, así que me levanté temprano, intentando no despertar a Airif que llevaba dormida desde ayer. La veía tan tranquila y bien que me sentaba mal el pensar que podría arrancarla de su placentero sueño. 

Mientras me vestía, recordé la conversación que tuve con Junibi. Creí que era un ser malvado, pero parece que las leyendas no son del todo exactas. Cierto es que si quien lo posee tiene fine malévolos, Junibi puede ser un arma muy poderosa para destruir, pero creo que en manos de mi Ai, todo saldría bien. Mi pregunta ahora es... ¿Quién posee a Juichibi? Y... ¿qué son exactamente las lunas llenas rojas? ¿cada cuánto suceden? Tendría que conversar con "él" otra vez para preguntarle, pero dudo que pueda hacerlo. 

Salí con sigilo de la habitación y bajé las escaleras tras cerrar la puerta con mucho cuidado de no hacer ruido. Me encontré con Alyä en el recibidor y me dedicó una sonrisa.

-Hola, Thoran.
-Hola, Alyä. Veo que has madrugado.
-¡Sí! Últimamente siento cosas muy extrañas y mis instintos de bruja me alertan. -su tono era algo serio.
-¿Cosas muy extrañas? ¿Como cuáles? -me inquietó bastante eso.
-Se avecina algo fuerte, pero no sé decirte con exactitud qué es... Sólo sé, que tendremos que hacer un largo viaje.
-¿Tendremos? ¿Largo viaje? -estaba confundido, no entendía bien esas "confianzas".
-Airif va a necesitar nuestra ayuda para controlar a su... cosa. -sonrió de lado.- Tú con tus mimos y yo con mis artes de dominar demonios.
-Oh... -quise parecer asombrado por eso último.- Bueno, he de irme a un pueblo que está al este de aquí. Si despierta Airif... dile que volveré por la noche.
-¡Vale! -se despidió de mí agitando la mano de un lado a otro mientras yo me marchaba.

Me puse a recorrer el camino por el que antes iba hacia aquel pueblo llamado Khadros. Es un lugar sencillo y acogedor, pero poco conocido. Está perdido en el bosque, a unos treinta minutos del lago Dracdros. Dicen que por ese lago bajan a descansar dragones, pero nunca he tenido el placer y el tiempo para poder ver alguno. Esas majestuosas bestias me fascinan, aunque empezaba a sentir un poco más de admiración por los lobos. 

Llegué allí y me dispuse a ayudar a un enano, llamado Shaldrim. Me saludó calurosamente y le expliqué el motivo de mi ausencia. Mentí un poco, diciéndole que había empezado una relación con una mujer y que quería pasar bastante tiempo con ella antes de volver a la herrería. Él se rió con gana y me felicitó por, por fin, haber conseguido una mujer en mi vida. Era un enano bastante agradable. Empecé arreglando hachas que usaban los habitantes del pueblo para cortar leña, afilar espadas y lanzas con las que cazaban. Volvía a sentirme en forma después de tanto tiempo y, a la vez, feliz. Supongo que sería porque, mientras hacía mi faena, imaginaba cómo sería mi vida con Airif. Tendríamos unos dos o tres hijos, ella se encargaría de la casa y yo de ganar dinero para mantenerles. 

Para bien o para mal, no sería así. Ella no es una mujer normal, tiene un demonio dentro y está destinada a cumplir con algo que la gran mayoría desconoce. Una especie de guerra entre ella y su demonio contra otro humanoide y su demonio. Tenía mucho que investigar y no sabía por dónde comenzar. ¿Quién podría saber de esas cosas? Mi maestro, quizás. Pero ahora mismo no podía, tenía que retomar mi trabajo normal. De hecho, empezaba a plantearme el vivir en Khadros con Airif. Incluso con Alyä si quisiera, una doma-demonios siempre viene bien, supongo. Además de devolverle a Airif parte de lo que sería una vida normal. 

- Perdona, Shaldrim. ¿No sabrás de alguna casa que esté libre o pueda comprar, verdad?
-Veo que quieres irte a vivir con tu chica. -me pilló al vuelo y yo me sonrojé.- Me informaré a ver y mañana te diré algo.
-Muchas gracias. -seguía sonrojado, pero le sonreí.
-No hay mucha más tarea que hacer, así que puedes marcharte si quieres. Date una vuelta, pronto será la feria de otoño y podrías comprarle algo a tu dama.
-Vale, muchas gracias, Shaldrim.

Con una sonrisa me di una vuelta por el pueblo. Había ya varios puestos en los que había cosas interesantes. Puestos de comida, puestos de joyas, puestos de juguetes para los niños. Me paré en uno y vi un colgante muy extraño. A simple vista, me recordó al ojo de Junibi. Lo único es el cristal que sería el iris del ojo. No tenía color.

-Es un colgante que muestra estados de ánimo. -me indicó la anciana del puesto.- Es mágico.
-¿Mágico...? -pregunté mirándola.- ¿Qué clase de magia posee?
-Se cree que está imbuido con el poder de los antiguos espíritus con cola. El colgante es capaz de mostrar cuándo una persona está bien y cuándo está mal, además de ser un diseño precioso.

Dudé en eso de precioso. Supongo que quería venderme el producto y no sabía cómo. Pero si era verdad que estaba imbuido con el poder de los antiguos espíritus con cola, podría indicar de manera más sencilla cuándo Ai estaría bajo control y cuándo no.

-Me lo llevo ¿cuánto cuesta? -pregunté, esperando que no fuera muy caro.
-Cien monedas de plata, joven. -me dijo con una cálida sonrisa. Anonadado me quedé al oírlo. Ganaba diez veces más en la herrería, sólo un día de trabajo. Pero no puse reparos y le pagué.- Muchas gracias, joven. Que os vaya bien.
-Gracias.

La sonreí y me marché en dirección a la posada, mirando las casas a ver si encontraba a simple vista alguna que estuviese en venta o deshabitada. Me guardé bien el colgante para entregárselo nada más llegar a Airif. Deseaba tanto verla, entregárselo y darle un beso, que caminé aún más deprisa.

Al llegar a la posada, vi algo que me impactó mucho...

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Continuará. Sé que lo dejo en un momento interesante, pero de eso se suele tratar :Þ