domingo, 27 de marzo de 2011

Capítulo 11.

Thoran

Airif se quedó dormida en mis brazos, aunque aún no había anochecido. La miré durante un buen rato, pensando en cómo podría apañármelas para poder hablar con su demonio. Necesitaba respuestas y nadie mejor que él podría responderme.
De repente vi sus ojos abrirse, pero no eran los suyos azules, si no rojos. Del susto me aparté de ella bruscamente. Una vez me aseguré una distancia, la observé mejor. Se sentaba en el borde de la cama, pero no tenía colmillos ni aura negra. ¿Qué ocurría?

-Sé lo que estás pensando… -me dijo con voz fría.- Ciertamente soy el único que te puede informar.

Parpadeé. No podía creer lo que estaba viendo. Junibi había tomado el control de mi chica sólo porque yo lo pensé.

-Ya… veo… -mi voz temblaba. No me atrevía ahora a preguntarle nada. Fue todo tan rápido
- Como veo que no eres capaz de preguntarme por ti mismo, te empezaré a contar cómo pasó todo. –hizo una pausa, pensativo.- Lo que realmente empujó a Airif a venir hasta mí, fue nada más que el destino.
-¿Destino? –pregunté, me sorprendía que alguien pudiese estar destinado a ello.
-Así es. Supongo que antes debo explicarte más cosas, todas algo o bastante ajenas a tu… chica. –sonrió picaronamente.- Hace muchos años, muchísimos, se creo a Raynibi. Es un demonio parecido a mí.
- ¿Hay otro aparte de ti? No puedo creerlo… -susurré.
- Habían dos humanos que poseían un gran poder dentro de ellos mismos. Uno, ansiaba dominar el mundo. El otro, mejor dicho… la otra, salvarlo. En una misma batalla entre ambos humanos, nacimos de sus sentimientos. –me miró.-Oí decirle a tu maestro que yo era “malo”. Si conociese a Raynibi, sería peor que malo.
- ¿Qué quieres decir…?
- Yo nací para proteger a los humanos. Él para destruirlos. Nuestros creadores lucharon hasta morir y una magia misteriosa nos depositó en distintos lugares que sólo los elegidos podrían encontrar.
-Airif te encontró… ¿Por qué ha sido destinada para ello?
-Fue su antepasado quien me creó. Lo lleva en la sangre. Aquella mujer… Arawhen, me destinó a ella, sabiendo que dentro de unos años nacería una niña como ella. Igual en apariencia, igual de poderosa. Aunque…
- ¿Sí…?
-Airif desconoce que tiene esa capacidad… Supongo que en parte la culpa es mía.
-Explícate… - No quise sonar amenazador, pero no pudo salirme otro tono. Junibi siguió explicando, a pesar de ello.
- Cuando Airif nació, sentí su poder. Daba igual el lugar y la distancia, podía sentirla. Bajo la vigilancia de “su” lobo, dejé que creciera. El lobo sólo era una parte física de mí, creada por mí mismo. Hizo su vida de niña, disfrutó de ello. Tenía con ella una perfecta mascota, extraña, pero perfecta. Te conoció a ti… pero el peligro se avecinaba cada vez más. La muerte de sus padres le afectó muchísimo, aunque no es de extrañar.
-¿Lo comprendes? –mi asombro crecía por momentos.
-Sí… -asintió con la cabeza y después se levantó, mirando por la ventana.- Airif quería a sus padres, como cualquier niño haría con alguien que le cuida y le da de comer, además de cariño. Cuando los pierdes… se crea en ti un vacío infinito difícil de llenar. Ella misma se obligaba a estar bien, o al menos aparentarlo. No quería mostrarse débil ante nadie y… ahí cometí, quizás, un error. El de influir en su instinto para que viniera a donde yo estaba.
- ¿Por qué lo hiciste?
- Pensé que estaría preparada, su mentalidad era fuerte pero no todo lo que debería. –suspiró.- Cuando apareció ante mí, junto a “su” lobo. El lobo desapareció, uniéndose de nuevo a mí. Después de ello, sentí todo el cariño que Airif le cogió al animal. Cuando me fusioné con ella, penetrando espiritualmente en su cuerpo y completando o invadiendo parte de su alma, le permití el poder adoptar forma lobuna, la misma que mi creación. Lo único es el tamaño, pero… mejor así.

Esperé, sentado en la cama de Airif, con el dibujo en la mano de los distintos demonios, a que siguiera.

-    No pude imaginar que hacer eso me daría inmediatamente total control sobre su cuerpo y, sobretodo, borrarle la memoria. Al ver eso, la estuve cuidando durante estos nueve años. La alejé de todo el mundo que conocía porque… porque consideré que sería lo mejor. En esos momentos la verían como un monstruo e intentarían una y otra vez matarla. La alejé, la alimenté y, además, la entrené para que, cuando llegase el momento de que recuperase el sentido, estuviese sana y en forma. –nuevamente, otra pausa.- Ciertamente ella desconoce todo esto, no tiene ni idea del potencial que tiene, ni de la que se va a avecinar, ni de lo que puede hacer. Tiene total control sobre cualquier elemento o fuerza que existiese en el pasado. Sólo debe seguir su instinto o dejar que en esas situaciones yo tome el control.
-    Pero… ella te teme. Teme poder hacer daño a sus… seres queridos. No va a querer dejar que la domines.
-    Lo sé, soy consciente de ello, sé lo que siente en cada momento. Sus sentimientos a veces incluso la dañan físicamente. Pero llegará el día en el que deberá confiar en mí. Tú podrás reconocernos.
-    ¿Qué quieres decir? –pregunté confuso.
-    Los ojos normales de Airif, son azules. Los míos, rojos. El día que nuestras conciencias se complementen, por decirlo así, serán violetas. En ese momento, yo dejaría de ser Junibi, sería Ainibi. Tendrá mi fuerza, mi agilidad y mi resistencia, pero los sentimientos y pensamientos, serán sólo suyos, aunque acepte ideas mías.
- ¿Ideas?-pregunté aturdido.
- Sí. Me refiero a que nuestras mentes pensarán de manera simultánea. Si yo le propongo hacer algo y ella lo acepta, lo hará.
-    Entiendo…
-    En estos días intentará controlar mi poder, no lo conseguirá. Es necesario que tú estés presente. Quiere sacar todo de mí, pero no lo va a conseguir porque tiene miedo. Si se descontrola, haz lo que ya hiciste una vez. Bésala. Sólo te pido una cosa.
-    ¿El qué…? –me sorprendía el hecho de que me pidiese un favor. A mí.
-    No te acuestes con ella… -dijo seriamente. Yo le miré aún más sorprendido, además de extrañado.- La respuesta… es porque tu querida hermanita tiene algo preparado. Por muchas ganas que tenga Airif de probar lo que es “hacer el amor”, niégate. Será difícil, sí. Pero hazme caso.
-    Lo intentaré. –aseguré al demonio. Me sabía mal tener que negarme a hacer algo así con Airif.- Gracias, Junibi.
-    Id si queréis a donde yo estuve esperando espiritualmente a Airif, pero no encontraréis ya nada. Sólo, como mucho, el destino de ella.
-    ¿Cuál es su destino? –quería saberlo ya, no podía estar así.
-    Su destino… es protegeros. Tenéis tres lunas llenas rojas desde ahora. Prepararos bien.

Se calló y cerró los ojos. Antes de que volviese a ser mi Airif, regresó a la cama y se tumbó. Me tumbé al lado y esperé a que abriera los ojos para confirmar que era ella. Los abrió pocos segundos después, lentamente. Sus ojos eran azules, con esos reflejos rojos que le seguían apareciendo desde que la volví a ver hace unas semanas. La sonreí y me devolvió la sonrisa. Era ella… y por fin, podía ayudarla, pues sabía exactamente qué hacer y cómo.

Capítulo 10.

Thoran

Fui a buscar leña, aunque me pareció algo mal dejar sola a Airif.

Mientras recogía, me pareció normal que alguien que ha estado nueve años desaparecida, no tenga apenas idea de la vida. Sus padres murieron cuando ella era aún muy joven para interesarse por esas cosas.

A pesar de todo, me dio la impresión de que, aunque no supiera lo que estaba haciendo, sus hormonas y cuerpo adolescente sí sabía lo que hacía y, sobretodo, lo que quería. Me deseaba a mí, no había duda, y eso me hacía feliz.

Lo que no sé ahora es cómo podría afectarle a Ai la noticia de haber estado tanto tiempo desaparecida. ¿Dónde habrá estado? Y… ¿cómo se habrá cuidado? Debía alimentarse para crecer y mantenerse viva.

Recogí más ramas secas y me volví a la posada. Ai me echaría de menos y no me gustaba estar tanto tiempo alejado de ella. Me inquietaba la idea de que Thira volviera e intentara rematar la faena.

Teniendo en cuenta que Airif podría haberla matado ¿por qué no lo hizo? ¿será porque es mi hermanastra y, al fin y al cabo, le tengo un poco de aprecio? Debería aclararle que eso en realidad me da igual.

No podía perdonar a Thira, a pesar de que Airif pudiese curarse sola con lo que sea que tuviese dentro. Su obsesión conmigo la ha llevado demasiado lejos y no iba a permitir que algo así sucediese de nuevo.

Cuando llegué a la posada y dejé al lado de la chimenea la leña que recogí, oí un grito. Subí deprisa y me encontré a Airif y a Alyä juntas, pero Airif tenía algo en sus brazos. Algo diminuto, algo feo y con cara de enfadado.

-¿Qué ocurre aquí…? –pregunté confundido. Pensé que era un grito de miedo.
-¡Mira! ¡Este mini demonio se llama Chonar! ¿A que es mono? –se la veía contenta.

Arqueé una ceja mirando al supuesto Chonar y me devolvía la mirada.

-¿Mono…? –Susurré mirándolo más de cerca.- Me sorprenden tus gustos, Ai… -bromeé y le saqué la lengua. Ella me sacó también la lengua y le sonreí.
-Qué bonita pareja hacéis… -dijo risueña Alyä.

Tanto Ai como yo nos sonrojamos, pero ahí caí en la cuenta. Yo no le dije de ser mi pareja. La miré y ella seguía con esa cosa diminuta y seria. No sé cómo aguantaba ese ser, con esa cara tan seria, tan enano y con un pendiente extraño en una oreja.

-¿De dónde ha salido este tal… Chonar? –pregunté mirando a Alyä.
-Puedo invocarlo a placer, junto a otros demonios. Soy una bruja y poseo es cualidad.–contestó haciendo desaparecer a Chonar.
-¿Sabes historias de demonios en general? –pregunté con curiosidad. Igual podría ayudar a Ai.
-Depende… ¿qué clase de demonio? –Alyä nos miró a ambos.
-¿Te suena el nombre de Junibi? –preguntó Airif, pareció entender por dónde quería ir yo y me ayudó a seguir.
-Algo. Un lobo demoníaco de doce colas. El más fuerte de los de su clase. ¿Por qué? –contestó tranquilamente.
-¿Conoces alguna forma para doblegarlo? –volvió a preguntar Ai seriamente.
-Pues… no. Si el espíritu de ese demonio habita en algún sitio, debería haber algo escrito con runas demoníacas. Sé leerlas. –nos miró algo desconfiada.- ¿Queréis doblegar a ese ser? Es peligroso.
-El riesgo lo sé, pero no puedo dejar que me domine él por completo. –dijo Airif aún más seria.
-¿Quieres decir que ya eres su portadora? –arqueó una ceja y miró a Airif algo nerviosa.
-Sí.
-¿Es una broma? –preguntó acercándose a Airif.
-No. –contestó Airif tras suspirar.
-¡Es genial! –gritó Alyä de repente.

Tanto Ai como yo nos asustamos de su entusiasmo. Aunque imaginé que para Alyä debía suponer un reto el ayudar a alguien a controlar a “eso”.

-¡Debemos ponernos en marcha, tenemos que ir a donde vivía Junibi! –daba la impresión de que no le daba miedo enfrentarse a algo así. Mejor, imagino.- ¿Dónde lo encontraste?
-No… no lo sé. –susurró Ai algo decepcionada.
-Pero… ¿desde cuándo lo tienes? –preguntó la castaña.
-Tampoco lo sé… -se sentía aún más decepcionada que antes. Su memoria le estaba haciendo daño.
-Nueve años. –contesté.- Pero no recuerda nada de ello desde entonces.
-¿Cómo lo sabes, Tho? –me preguntó Ai.
-Tenías diez años cuando desapareciste. Han pasado nueve desde entonces.
-Airif, ¿tú sabías lo que buscabas a esa edad? –Alyä le miró casi acusadoramente.
-No recuerdo nada anterior a eso. Lo poco que sé es por sueños que he tenido. Pero imagino que no tenía ni idea. –le contestó algo dolida por no poderle recordar.
-Entiendo… Bueno, cuando te sientas preparada iremos allí. Será un verdadero placer ayudaros. –sonrió a Airif y yo a ambas. Esto era lo que necesitábamos.

Alyä se fue y, Airif y yo nos quedamos solos. Me senté en su cama y ella hizo igual.

-¿Estás bien? –le pregunté.
-Creo que sí. Mi instinto me decía que ella podría ayudarnos. –me miró y sonrió.- Oye Tho…
-Dime Ai… -la miré a los ojos, pero no supe identificar qué había en ellos.
-¿Somos… una pareja? –preguntó inocentemente.
-Si tú quieres… sí. –le contesté dándole después un dulce beso en los labios.
-Vale, pues somos una pareja. –me sonrió y me besó.

Nos tumbamos boca arriba y ella se abrazó a mí. Le acaricié el pelo y me quedé pensativo. Si Alyä hizo hincapié en la edad de Ai cuando desapareció fue por algo. La verdad es que aún era una niña como para tener control sobre algo bastante más fuerte de lo que podría ser ella.

Sólo hay dos personas, me atrevería a decir tres, que podrían saber si ese fue el motivo.

Uno de ellos, es el propio Junibi…

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Cortito, tal vez, pero ahora subiré el siguiente ;) en cuanto lo acabe y lo escriba.

jueves, 24 de marzo de 2011

Capítulo 9.

Airif

Me gustaba mucho lo que mi Tho me hacía, pero por algún extraño motivo, no podía relajarme del todo. Por una parte, creo que el haber estado tanto tiempo “dormida”, lo cual sigo sin entender cómo, me ha despistado y no sabía bien qué estaba sintiendo en ese momento ni qué iba o podía suceder. Podría decir que había sido casi instintivo todo lo que estaba haciendo. Por otra parte, tenía miedo de que Junibi pudiese despertar de esa manera, no sabía aún en qué condiciones podía perder el control y no me apetecía experimentar con él. Notaba algo revolviéndose en mi interior.

-Tho… -susurré, intentando detenerle. Jadeaba, como él, pero no podía seguir así.
-¿Qué ocurre Ai…? –susurró besándome en el cuello.
-Para… por favor… -susurré dolida. No quería rechazarle pero mi miedo me podía.

Tho paró y me miró. Vio mi cara asustada y suspiró, sentándose a mi lado.

-¿No confías en mí…? –susurró mirándome a los ojos.
-No es en ti en quien no confío, sino en mí… temo perder el control… -susurré bajando la mirada.
-¿Qué quieres decir, Ai? –me incorporó y se sentó detrás de mí, rodeándome con sus brazos. Me sentí un poco más segura así.

Le conté todo lo que su maestro me dijo acerca de mis rarezas. Él escuchó, apoyándose sobre mi hombro mientras yo le relataba todo.

-Entiendo. –susurró Tho.- Te daré el tiempo que necesites para… bueno…
-Tampoco sé muy bien qué estaba pasando… -le miré y me devolvió la mirada.- ¿Qué significa…?

Thoran carraspeó y se quedó pensativo. Al rato volvió a mirarme y me sonrió.

-Cuando alguien… se siente atraído por otro alguien… hacen… el amor. –sus labios recorrían mi rostro y mi hombro entre besos mientras me explicaba.- Atraído o enamorado, aunque siempre he oído que hacer el amor con la persona que amas es mejor. –esta vez me besó en los labios, con dulzura. Me sonrió y yo le devolví la sonrisa.- ¿Entiendes lo que te he dicho?
-Creo que sí. –le devolví el beso.- Pero creo que no lo entenderé del todo hasta que lo pruebe. –le miré a los ojos.- ¿Duele…?
-Creo que la primera vez sí. Pero con el tiempo se pasa. –me acarició suavemente la mejilla.- Yo haría lo posible para que no te doliera.
-Gracias, Tho… -sonreí y le besé.

Nos dimos varios besos y luego en silencio nos miramos. Yo esperaba que él dijera algo y él debía esperar lo mismo de mí.

-¿Tienes hambre? –me preguntó dulce.
-Un poco. –susurré en el mismo tono.

En la mesilla de al lado de mi cama estaba la comida que Thoran debió haber traído antes, cuando me sentía mal por el ataque de Thira. Puso el plato sobre mis piernas y me dio algo de queso y pan que me había traído.

Me sentía algo decepcionaba, esperaba que me dijera que yo le gusto o que me quiere. Tal vez debería decírselo yo o considera que no hace falta. No sabía qué pensar.

-Oye Tho…
-Dime Ai.
-¿Cómo se hace el amor?

Thoran se atragantó y tosió. Luego me miró. Arqueé una ceja y él se sonrojó.

-Es que… es algo difícil de explicar… -susurró.- Digamos que yo te… -se intensificó su sonrojo.- te meto mi… mi…
-Tu… ¿qué? –pregunté inocente, no sabía qué podía ser.
-Algo que tengo yo y tú no. –me hacía gracia tan sonrojado. Me giré y le miré entero. Vi algo en su entrepierna que yo no tenía, imaginé que sería eso.
-Ya veo. ¿Y dónde dices que tienes que meter eso? –le miré y él no se atrevió a mirarme. Luego caí en la cuenta y recordé cuando noté su dedo en mi interior. Me sonrojé yo también  y me tumbé, abrazándole.- Ya entiendo… ¿Y así se hace el amor? –él asintió.- ¿Tú has hecho el amor con alguna otra…?
-No, Ai. Con ninguna. –me empezó a acariciar la espalda y yo entrecerré los ojos.
-Me alegro… -susurré sonriendo, abrazándole más fuerte y relajándome.

Oímos un portazo abajo. Nos miramos algo confusos y nos vestimos con rapidez para ver quién había podido ser. Yo creí que podía ser Thira y sentí cómo algo se me revolvía en mi interior. Sacudí la cabeza y bajé junto a Thoran. Vimos a una chica castaña, con el pelo sobre los hombros y de ojos azules. Llevaba puesto un vestido oscuro, con extraños dibujos. Un cinturón sobre él azul, al igual que los guantes y unas hombreras también oscuras.

-Hola –saludó Thoran, sonriente.
-Oh, hola. –saludó la extraña.- No esperaba encontrar a nadie aquí. ¿Puedo saber vuestros nombres?
-Yo soy Thoran. –se auto señaló.- Y ella es Airif.
-¿Y tú, quién eres? –me causó buena impresión a primera vista.
-Yo me llamo Alyä. –se acercó un poco a nosotros.- ¿Podría quedarme aquí temporalmente? Tampoco sé si sois los dueños de esta posada, pero… supongo que debo preguntaros.
-Claro, Alyä, coge la habitación que quieras. Están por estas escaleras. –le indicó Tho.
-Y el tiempo que necesites. –le sonreí y me devolvió la sonrisa.
-Muchas gracias a los dos. –empezó a subir las escaleras.- Voy a acomodarme un poco y a descansar, luego nos vemos ¿vale?
-Vale –contestamos Tho y yo.

Vimos cómo Alyä desaparecía buscando una habitación en la que no hubiese ningún agujero enorme y le di un dulce beso a Thoran.

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Sé que es cortito, pero tengo sueño xD Mañana seguiré con el 10!! 

Capítulo 8.

Thoran

Desperté al notar que Airif no estaba conmigo. Miré a mi alrededor, intentando buscarla pero no encontré nada, excepto la puerta del baño abierta. Me levanté y despacio me acerqué allí, me asomé y pude ver cómo se daba un baño. La seguí observando sin hacer ruido.

Ella se sumergió y a los dos segundos salió. Se miró una mano y suspiró. Frunció el ceño y miró aún más su mano, poniéndola con la palma hacia arriba y una especie de esfera negra se formó en su mano. Era pequeña y aparentemente inofensiva. Ella cerró los ojos y frunció aún más el ceño, parecía concentrada. La esfera creció ligeramente un poco más pero desapareció. Ai volvió a abrir los ojos y suspiró decepcionada. Se levantó y salió de la bañera, cogiendo una toalla para secarse el cuerpo. Me fui, dejándole intimidad y bajé al hall de la posada. Encontré ahí a mi hermana, sentada en uno de los sofás, y me acerqué a ella.

-Hola, Thira. –saludé sonriéndola.
-Hola. –se la veía triste.
-¿Cómo te encuentras? –me senté junto a ella, de espaldas a la escalera.
-Podría estar mejor. –me contestó sin mirarme.
-¿Qué te ocurre?
-No creo que te importe. –se levantó y se puso a mirar por la ventana.
-Eres mi hermana… aunque seas una pesada, me importas. –me puse detrás de ella.- ¿Puedo hacer algo para que estés mejor?
-Sí, pero no vas a querer…
-¿De qué se trata? –pregunté obligándola a darse la vuelta, haciendo que me mirara.
-Querría que me besaras, como hiciste ayer con ella. –me miró fijamente.

Bajé la mirada, pensativo, pero de repente me besó ella. No pude apartarme, ya que me abrazó por el cuello y no quería hacerla daño. Fue un beso que se me hizo eterno, aunque me gustaba no era lo mismo que besar a Ai. Paramos justamente cuando oímos un portazo en el hall. No había nadie dentro, aparte de nosotros, así que sólo podría haber salido Airif. Corrí hacia la puerta, la abrí, pero tampoco había nadie fuera. Salí unos pasos afuera pero no la veía. Detrás de mí salió Thira quien me abrazó.

-Thira… -susurré mirándola.
-Olvídala, ahora me tienes a mí… -me dio un beso más en los labios.
-No. –Contesté secamente.- ¿Lo habías planeado?
-No, estas cosas no se planean, surgen. –me quiso dar otro pero me aparté.
-No hace falta que te apartes, Tho. Podéis seguir.

Ambos miramos hacia arriba pero no vimos a nadie. Seguí mirando hacia arriba pero por mi alrededor y la vi sobre una rama de un árbol.

-Ai… -sus ojos nos miraban con rencor y me sentí muy culpable- Yo… lo siento…
-Yo sí que siento haberme creído cosas que nunca debí creer. –sus ojos se volvían rojos.- No volveré a aparecer por aquí, no os preocupéis. –conforme decía eso, se giró y saltó a otra rama con agilidad. Así fue hasta que desapareció.
-Ai… -susurré cayendo de rodillas sobre el suelo.
-Por fin solos, hermanito… -me susurró Thira de manera sensual.

Me levanté, me giré y la cogí por el cuello. Había perdido a Ai. Otra vez. Y esta vez quizás no iba a volver más. Todo por culpa de Thira.

-¿Solos…? Con la única persona que quiero estar a solas es con Ai. ¡No contigo! –le grité, estaba furioso y dolido. Me había engañado de mala manera.
-Me… haces daño… hermano… -la solté de golpe y cayó al suelo, tosiendo e intentando recuperar el aire.
-No vuelvas a llamarme hermano. Nunca. –entré en la posada, subí las escaleras y me dejé caer sobre la cama de Ai cuando entré en su habitación.

Olía a ella… y la empecé a echar de menos. No paré de insultarme a mí mismo mientras lágrimas recorrían mi rostro.

Airif

Me dolía el pecho, más que otras veces. Quería huir de ahí, olvidarme otra vez de todo. A Thira. A Arwyl. Quién era. A Tho… Recuperar la memoria no había hecho otra cosa que no fuera dolor.

Dejé de saltar de rama en rama y decidí correr hasta que cayese de bruces sobre el suelo.

No sé cuánto tiempo pasó, pero me faltaba el aire al correr de aquella manera y las piernas empezaban a fallarme. Llegué junto a un lago, pero aquel lago me sonaba. Era aquel que vi cuando desperté y no recordaba nada. Pero no estaba sola allí. Un encapuchado estaba sentado al borde del lago.

-Volvemos a vernos, Airif. –no veía el rostro, pero sabía que me miraba a mí.
-¿El… el maestro de… Tho… ran? -pregunté jadeando por el cansancio. Asintió.- ¿Qué hace aquí?
-Investigar.
-¿El qué?
-A ti.
-¿A mí?
-He visto muchas cosas en el mundo, pero nada ni nadie como tú. Una joven que se transforma en lobo casi a placer y que además, posee un poder único. –se levantó y se acercó a mí.
-Para mí no es ningún poder… si no una maldición. –susurré apartando la mirada.
-Llámalo como quieras, Airif. Pero creo saber qué te ocurre. –le miré fijamente.
-¿Y es…? –dudé al hacerle aquella pregunta, no me sentía con fuerzas de confiar en nadie.
-¿Recuerdas por ti misma o haber soñado ir a una montaña muy alta rodeada de una nube oscura cuyos rayos eran como violetas?

Me senté e intenté hacer memoria. Soñarlo sé que no, pero… algo recordaba o empezaba a recordar.

-Sí, creo que sí. ¿Qué tiene que ver conmigo? –pregunté confusa.
-Ahí se escondía el legendario espíritu del lobo de doce colas. Llamado Junibi. O eso se rumoreaba, pues muy poca gente lo ha visto.
-¿Doce colas? ¿Pero qué clase de animal era ese?

Se sentó y mediante señas me instó a hacer lo mismo. Le hice caso.

-Este mundo estuvo habitado por monstruos o animales con colas. Algunos eran malévolos. Otros no. Lucharon todos entre sí. Unos para hacer desaparecer a los humanos, los otros para protegerlos. Tras esa lucha, quedaron únicamente con forma de espíritu. Sólo los elegidos a proteger lo que quieren pueden llegar a verles y obtener su poder. –explicó despacio.
- Y… ¿el mío qué es? ¿Bueno o malo? –pregunté con algo de miedo.
-¿Qué te hace transformarte en lobo o perder el control? –me preguntó serio.
-Pues… -me lo pensé.- Cuando pienso en Thira, me hierve la sangre y me transformo. Supongo que es el odio y rencor que le tengo.
-Ya veo… -se calló y dejó de mirarme.
-¿Es malo, entonces?
-Sí. Pero deberías hallar la manera de controlarlo a tu voluntad. De esa manera, es como tú quieres que sea. –me volvió a mirar mientras me decía eso. Me cuadraba, pero ¿para qué me sirve tener eso dentro, si ni siquiera debo proteger a nadie?
-Sé lo que te estás preguntando a ti misma. ¿No te ha contado nada Thoran?
-No. A él le ha importado mucho más juguetear conmigo… -dije eso como si escupiera veneno. Me dolía reconocer en voz alta que había estado jugando conmigo.
-Él no es así… -hizo una pausa. Ninguno dijimos nada.- El mundo hace años que se volvió peligroso para todos. Hay desapariciones, muertes… todo extraño. Al parecer provocado por seres anormales.
-¿Cómo cuáles?
-No me atrevo a asegurar qué son, pero tú debes empezar a adiestrarte para, llegado el momento, enfrentarte a lo que sea. –me señaló.- Porque sea cuando sea, ese momento llegará y has de estar preparada.

Suspiré exageradamente.

-¿Por qué tengo que ser yo? Además, no tengo nada que proteger… -susurré arrancando hierba.
-Sí tienes, pero no quieres reconocerlo. –se incorporó y me dio la espalda.- Deberías saber que Thira es muy persuasiva. Siempre que oí a Thoran hablar de ella, me hice una idea de cómo era.

-¿Ah, sí…? –me sentía confusa.  ¿Debía perdonar a Thoran a pesar de lo que vi?
-Decide por ti misma, pero él estará destrozado ahora mismo. –comenzó a andar.
-Espera. -Se paró en seco y se giró un poco.- ¿Cómo puedo entrenarme? –le pregunté levantándome también.
-Sigue tu instinto. –tras decir eso, desapareció de mi vista, como si se hubiese evaporado.

Me quedé de pie un rato, pensando qué hacer. No veía mucho sentido volver a la posada, pero debía averiguar algo. El estado de Tho. Prometí no volver, pero no me quedaba otra opción. Tras verle decidiría si marcharme para siempre o quedarme temporalmente. Volví sobre mis pasos, sin aparente prisa.

Pasaron las horas y empezaba a acercarme. Cuando llegué al edificio, me asomé por una ventana pero no vi a nadie. La ventana de mi habitación estaba cercana a un árbol, así que decidí escalar el árbol y quedarme en mi cuarto. Salté a través de la ventana, que seguía abierta, y miré a mi alrededor. Parecía vacía hasta que vi la cama.

Thoran estaba en ella, dormido boca abajo. Me acerqué un poco, sin hacer ruido y me senté a su lado. Le acaricié la mejilla y la noté húmeda. “Thira es muy persuasiva”. Esas palabras vinieron a mi mente. Gruñí levemente al pensar en ella.

-¿Hermano…? –vi cómo se asomaba por el agujero y me vió.- ¿Qué haces tú aquí?
-Pues ya ves… he vuelto. –me separé de Thoran para hacerle frente a su “hermana”.- ¿Tienes algún problema?
-Tu supuesto Tho te ha engañado, aquí no pintas nada. –sonrió malévolamente. Pero se le borró cuando vio mi cara de tranquilidad.
-¿Cómo sé yo que no le has manipulado? –sonreí igual que ella hizo antes.
-No sé cómo podría haberlo hecho. –noté su pulso latir rápidamente, la puse nerviosa.

Se giró, pero cuando la cogí del hombro para darle la vuelta, noté dolor en un costado. Entrecerré los ojos por el dolor y me miré, viendo cómo Thira me había clavado una daga que tenía oculta mientras la giraba.

Empecé a notarlo. El odio empezaba a apoderarse de mí y un aura negra me rodeaba, noté crecer mis colmillos hasta que sobresalían de mis labios. Thira retrocedió pero yo me senté, intentando calmarme. El dolor me empezaba a debilitar lo suficiente para que aquel ser que me había poseído pudiese tomar el control de mi cuerpo. Noté el deseo de matarla, me llenaba. Pero pensé en Tho. Era su hermana, y como tal la quería. No podía matarla. No aún. Vi a Thira sonriendo y sacó la daga de mi costado, preparándose para atacarme de nuevo con él. Me aparté en el momento justo y alzando una mano, intenté hacer lo de esta mañana, la esfera negra con la que soñé mientras dormía con Tho. Concentré en mi mano todos mis sentimientos y solté la esfera. Fue lo suficientemente potente para que, en un estallido, se deshiciera la daga.

Un dolor punzante me apareció en la mano, mientras Thira salía corriendo.  Mi aura empezó a desaparecer y, con gran esfuerzo, me desplomé sobre la cama, al lado de Tho. Jadeaba por el dolor, y debió ser ese el motivo por el que Tho despertó.

-¿Ai…? –me miró asustado, tanto por mi aspecto como por mi posible reacción con él.
-Tho… -susurré y me encogí de dolor. Sangraba mucho la herida.
-¿Qué… qué te ha…? –me miró la herida.- ¿Quién…?
-Thira… estaba armada y… -susurré, notándome mareada por la falta de sangre.

Thoran me saltó y fue al baño, o eso creí pues apenas podía ver.  Noté un líquido caer sobre mi herida y me escocía mucho. Poco después, noté que me subía la camiseta y algo suave alrededor de mi cuerpo.

-Ai, lo sient… -aunque me costó, conseguí ponerle un dedo en los labios para callarle.
-Sh… no digas nada… -le intenté sonreír pero el dolor apenas me dejaba.

Thoran

Me dolía verla así, aunque hubiese vuelto. Mi hermana se había pasado esta vez. Tapé con una manta a mi Ai y fui a por algo de comida para ella. Cuando volví, ella estaba como dormida, pero el aura negra que vi la otra vez la rodeaba. Poco después desapareció, junto con sus ojos rojos y sus colmillos, y Airif abrió los ojos. Miró a su alrededor y yo me acerqué a ella. Ya parecía estar bien, pero me senté a su lado y la miré.

-Siento haberme ido así… -susurró sintiéndose algo culpable.
-Siento haber sido tan débil con Thira… -susurré triste.- Yo nunca he buscado…

Me calló con un beso. Realmente no necesitaba más para sentirme mejor. La abracé fuerte y seguimos besándonos. Ella tiró de mí, haciendo que me tumbase sobre ella. Me apoyé sobre mis brazos, los cuales estaban a ambos lados de ella y seguimos besándonos. Cuanto más nos besábamos, más aumentaba la pasión con la que lo hacíamos. Como si no nos saciara la sed. Empecé a tener calor y me quité la camiseta que tenía puesta, volviendo rápidamente a sus labios. Las manos de ella me acariciaron la espalda y me abrazó con fuerza, como si quisiera estar más pegada a mí. No podía pensar, sólo deseaba seguir así con Ai. Mis manos se movieron sin enterarme y le quité la camiseta que hace tiempo le compré. Le acaricié una mejilla mientras la miraba. Jadeábamos los dos. No estaba seguro de seguir. No quería que se pensara lo que no era.

-Tho… -me llamó jadeando.
-Dime Ai… -susurré jadeando también. La deseaba muchísimo.

No dijo nada, sólo siguió besándome, más ardiente que antes. Me estaba volviendo loco de deseo y quise quitarle los pantalones, junto con su prenda interior. Ella hizo lo mismo conmigo cuando acabé de quitarle lo suyo.

No podía detenerme ahora, empecé a besarle el cuello mientras acariciaba uno de sus pechos. Sus jadeos aumentaron y me aventuré a tocarle su sexo. Estaba bastante húmeda y gemía suavemente. La miré a la cara y la vi sonrojada. Era  la primera vez que se sentía así, estoy seguro. La besé con dulzura en los labios e introduje uno de mis dedos dentro de su sexo, con mucho cuidado. Ella se estremeció y me miró, más sonrojada aún. Me separé de sus labios mientras seguía jugando con mi dedo dentro de ella. La miraba fijamente, con deseo mientras ella seguía jadeando y estremeciéndose. 
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Y... ahí lo dejo :P Sé que soy algo malosa, pero... bueno :P

miércoles, 23 de marzo de 2011

Capítulo 7.

Thoran

Cuando regresé a la posada, oí un grito desgarrador. Subí rápidamente las escaleras y pude ver las paredes destrozadas y una extraña aura negra. Una ardilla salió corriendo y bajó las escaleras. Creí reconocerla, a la pequeña Arwyl. ¿Querría eso decir que la ardilla le habrá contado algo? Una pequeña alegría me recorrió el cuerpo al pensar que Ai, mi Ai, por fin podría recordarme.

Algo me despertó de esa felicidad, un gruñido constante y unos pasos lentos.

-¡Aléjate de mí! –oí gritar a mi hermana.

-¿Thira? –pregunté algo preocupado.

-¡Hermano, no te acerques! Algo raro le pasa a esa chica. -vino corriendo en mi dirección y pude ver un rasguño en sus ropas.
-¿A… a Airif? –pregunté mirándola y luego seguí mirando el agujero de la pared que correspondía a la habitación de Airif.

Vi su mano asomar, pero estaba rodeada de aquella aura negra. Luego apareció toda ella. Temblé de miedo, pero de miedo de perderla. Ella no era mi Airif, parecía más bien un demonio. Sus ojos ahora eran de un rojo sangre que intimidaban, y sus pupilas parecían como los de una serpiente. Unos colmillos afilados sobresalían de sus labios. Su cabello estaba ligeramente erizado, como si de un lobo enfurecido se tratase.

-Thira… ¿qué le has hecho…? –tragué saliva, sin mirar a mi hermana que estaba ahora detrás de mí.
-Sólo la desperté y de repente se puso a mirar la luna, como hipnotizada. Quería ir a buscarte con ella, por eso quise despertarla. Pero… al rato… se puso así… -mi hermana se abrazó a mí fuerte. Noté su miedo en sus temblores.

Airif avanzó hacia nosotros, mi hermana me obligaba a retroceder, tirando de mí mientras temblaba de miedo. Airif se puso a cuatro patas y pude ver mejor qué forma adoptaba su negra aura. Al final de su cuerpo, se veía la sombra de una cola.

-A… Airif… ¿qué te pasa? –intenté deshacerme del abrazo de mi hermana, pero me costaba mucho.- Thira, suéltame…
-Si ese monstruo va a matarnos prefiero morir abrazada a ti… -dijo de manera entrecortada.

Un fiero gruñido salió de Airif, llamándonos a ambos la atención. Una segunda cola se formaba en su aura, su sombra, como quisiéramos llamarlo. Entendí que eso no era nada bueno. La influencia de la luna y de mi hermana no eran buenas para ella.

-Thira… voy a intentar calmarla. Suéltame. –intenté avanzar hacia mi Ai, pero Thira seguía sin dejarme.- Thira, por favor.
-Te va a matar… ese monstruo va a matarte… -apretó aún más, haciendo que me costase respirar ligeramente.
-Thira, como la sigas llamando así sí que vamos a morir, cálmate y suelta. ¡Ahora! –empezaba a enfadarme la conducta de mi hermana.

Cuando al fin me soltó, al borde de las lágrimas, respiré hondo y me acerqué con paso decidido a Airif, quien fijó sus brillantes ojos rojos sobre los míos. Le sonreí y ella, desconfiada retrocedió poniéndose de pie.

-Airif… vamos, cálmate… -alcé mi mano para acariciarla pero una de sus colas me la rechazó, gruñéndome constantemente.

Sentí un agudo dolor en la mano, como si me la estuviesen atravesando con un cuchillo o algo afilado. Reprimí mi dolor y la abracé sin pensarlo. Vi sus colas ponerse a la defensiva y antes de que pudieran alcanzarme la besé. Fue un beso forzado pero notaba su ira disminuir. Poco a poco su aura negra desaparecía, sus ojos volvían a ser azules y sus colmillos volvieron a la normalidad. En ese momento el beso se volvió más dulce, más consentido. Nunca imaginé que mi primer beso con ella iba a ser así, pero fue lo único que se me ocurrió para calmarla. Me separé de sus labios para mirarla y no sé exactamente qué pasó, pero se derrumbó en mis brazos. Imaginé que se sentiría agotada por la ira que tenía antes o lo que hubiese pasado y, cogiéndola en brazos, la metí en su habitación, tumbándola en su cama.

-Hermano…

Oí a mi hermana llamarme pero no me importó lo más mínimo. Estaba más preocupado por Airif en ese instante.

-Hermano… ¿por qué la has besado? –su voz era fría.

Me giré para mirarla y la miré a los ojos. Sus ojos expresaban un dolor que sólo el desamor podía provocarte. Suspiré y me senté al lado de Airif.

-Porque ha funcionado. –contesté. No me apetecía darle explicaciones ni confesarle que realmente disfruté el beso.

-No creo que planeases besar a un demonio como ella para que sólo se calmara. Nadie haría eso. ¿Por qué tú sí?

-Thira, deja de meterte en mi vida. Si lo hice es porque me apeteció. –empezaba a enfadarme yo y no quería discutir en la misma habitación en la que Airif descansaba.

-¡No puedes haberte enamorado de ella, apenas la conoces! –gritó sin contenerse. Airif se quejó por algo, creí que sería por el grito de mi hermana.

-Márchate, Thira. No quiero discutir contigo ahora. –me levanté y miré por la ventana. La luna llena iluminaba todo con sus plateados reflejos. Oí cómo mi hermana se marchaba a otra habitación, enfurecida. Un sonoro portazo me reveló su estado.

Una serie de quejidos procedentes de la rubia me hicieron poner toda mi atención en ella. Tenía una mano agarrándose el pecho, justo donde el corazón le latía. Me acerqué rápidamente a ella y la abracé. Le susurré cosas que podían calmarla, como por ejemplo que intentase respirar lentamente o que se calmase, que estaba a su lado. Oí pequeños pasos y miré hacia el pasillo. La ardilla Arwyl se asomaba. Se acercó lentamente y nos miraba a Airif y a mí.

Poco después, mi amiga dejó de quejarse, respiraba tranquila y su mano dejaba de apretar su pecho. Suspiré aliviado, estaba preocupándome demasiado. Miré a Arwyl.

-¿Qué le ocurre, Arwyl…? –la ardilla negó con la cabeza. Olvidé que sólo Ai podía comunicarse con ella.

Noté que se movía, parecía despertarse. Dejé de abrazarla y se incorporó, quedándose sentada en la cama. Me miró, luego a Arwyl y luego observó asustada el agujero de la pared.
-¿Qué ha pasado…? –me preguntó asustada. Parecía no recordar nada.
-Tú… ¿no recuerdas nada…? –la miré a los ojos y vi algo de miedo en los suyos.
-¿Debería…? Lo último que recuerdo es haberme dormido con… con Arwyl. Esa ardilla. –señaló al animal, el cual saltó ágilmente, colocándose al otro lado de Ai.
-Ya veo… -sin querer, suspiré decepcionado. Ni siquiera de que la besara se acuerda.
-¿Hice algo mal, Tho…? –susurró mirándome preocupada. La miré y luego reflexioné. ¿Tho…? Sí. Me había llamado Tho.
-No se puede decir realmente que lo hicieras. ¿Por qué me has llamado Tho…? –pregunté nervioso.
-En modo cariñoso… ¿te ha molestado? –me contestó algo apenada.
-No… -sonreí triste.- Para nada, Ai. –suspiré y me levanté. Me sentía algo dolido y le di la espalda.- Deberías intentar descansar.

Tras decirle eso, yo ande hacia la puerta, queriendo salir de ahí. Estaba a punto de salir por el agujero cuando sentí unos brazos alrededor de mi cuerpo. Me paré en seco pero no hice ni dije nada.

-No te vayas… por favor. –su voz sonaba triste. La miré y ella me miró.- Tenemos que hablar…
-¿No puede esperar a mañana, Ai…? –noté la mano doliéndome de nuevo y reprimí un gemido de dolor.
-Tiene que ser ahora, Tho… por favor…

Suspiré y regresé con ella a la cama. Necesitaba desahogarme, pero no podía hacerlo delante de ella ni de su ardilla. Supuse que podría hacerlo luego, así que decidí aguantar como pudiese.

-Te he echado de menos… -susurró abrazándome.
-¿Por qué…? –mi voz temblaba. No podía disimular.
-Porque me cuidas… -me separé de ella, rompiendo su abrazo.- … y porque eres mi mejor amigo, Tho…
-¿Tu mejor amigo…? Nos conocimos hace unas semanas. –me dolía decirle eso, pero según su memoria, era cierto.
-No sigas disimulando, Tho. –su tono se volvió serio de golpe. Me giré a mirarla y me miraba seriamente.
-¿Cómo…? –creí entender, pero necesitaba que me lo explicara mejor.
-Recuerdo más cosas antes de… -se detuvo y miró a la ardilla.- Por favor, Arwyl, ¿nos puedes dejar solos? –la ardilla salió por la ventana.- Como decía…
-Espera… ¿te ha contado algo Arwyl? –le pregunté. Igual sólo me recordaba o le sonaba por la ardilla.
-Sí y no.

La miré sin entender. Necesitaba más información, no solo eso.

-Estaba teniendo un sueño, antes de “conocerla” a ella. En ese sueño, volvía a aparecer ese niño que iba conmigo a todos lados. Por fin escuché su nombre y yo, mi yo pasado, le llamó Tho. Curiosamente es un niño bastante parecido a ti. Moreno, guapo… -me sentí halagado.- y sobretodo, muy protector conmigo. Tal y como te has estado portando conmigo días antes, desde que… nos encontramos de nuevo. Luego, Arwyl, me resolvió la duda. Me gustaría preguntarle más cosas, pero de momento no me apetece agobiarla. He imaginado que tú también podrías ayudarme. Si… no es molestia. –su cara pasó de seria a una pequeña sonrisa.

Le devolví la sonrisa y la abracé. Ella me devolvió el abrazo.

-Debo agradecerte… toda la paciencia que has tenido conmigo hasta que he recordado esto. Lo sient…

No pude más. La besé de nuevo. A ella le pilló por sorpresa, pero pronto se dejó llevar por el beso. Me tumbé sobre ella, con cuidado de no aplastarla. Me deleité con la suavidad de sus labios, besándola dulce y suavemente. Ella respondía a mis besos de igual manera, lo cual me llenaba de felicidad. Dejé de besarla para que cogiéramos aire, no quería ahogarla. Una sonrisa dibujaba su cara y no podía sentirme mejor en ese momento. Nos pusimos de lado y ella, abrazándome, se acurrucó entre mis brazos.

-Como decía… lo siento.
-No pasa nada. Ha merecido la pena.- le di un beso en la frente y cerré los ojos. Disfrutando de la sensación de tenerla por fin en mis brazos, de esa manera.
-Me alegro, Tho… -su voz sonaba cansada y se durmió en mis brazos. Yo velé por ella, protegiéndola mientras ella dormía y me sentía infinitamente feliz.

Deseaba que el tiempo se parase en ese instante y fuese eterno, no quería que nada se estropeara.

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¡¡Siento la tardanza!!   Los exámenes y tal me han tenido ocupada pero por fin retomé la historia. Ojalá os guste este capítulo.