lunes, 26 de diciembre de 2011

Capítulo 29.

Alyä.

Los días que siguieron a la muerte de Thoran fueron muy duros. Airif seguía inconsciente tapada con una manta en un montón de paja, el desconocido nos dejó a salvo en una cueva, mi hermano estaba bastante deprimido. En cuanto a mí, me sentía impotente. Cuando todo ocurrió, yo sentía la única cola de Junibi revolverse en mi interior. No fui capaz de hacer nada por mi miedo a Raylan. Su poder era inmenso y el ver cómo suprimió a Junibi fue bastante más impactante.

-¿Cómo va ella? -preguntó apareciendo de repente el desconocido.

-Mal... sigue con pesadillas. -susurré preocupada.

-No puede seguir así. Tiene que despertar ya. -dijo él serio.

El chico parecía bastante joven. Moreno, de ojos marrones verdosos, aspecto fuerte y de la altura de Thoran.

-Por cierto... aún no te agradecí que nos salvaras la vida. -dije mirándole.

-No fue nada, era lo que tenía que hacer. -susurró sin mirarme, se ocupaba de intentar despertar a Airif.

-¿Puede saberse cómo...? -intenté preguntarle por su nombre, pero no sabía aún cómo tratar con él.

-Me llamo Leo. -me miró y me dedicó una pequeña sonrisa y siguió a lo suyo.

Llamaba a Airif por su nombre, zarandeándola con cuidado. Ella finalmente despertó y miró a su alrededor, desorientada.  Me acerqué a ella y la abracé. Ella no reaccionó, pero se quedó mirando a Leo fijamente. Luego me miró a mí.

-Alyä... -susurró débil.

-Dime, Ai.

-¿Dónde... dónde está Thoran...? -preguntó dudosa y con miedo.

-Airif, Thoran está... -intenté buscar las palabras adecuadas, o al menos quería decírselo sin que pareciera muy duro.

-Thoran murió. -dijo Leo.

Airif no reaccionó, se quedó con la mirada perdida.

-Fue... culpa mía ¿verdad? No lo soñé. -susurró más para sí misma que para nosotros.

-Debiste hacerle caso y no dejarte provocar. -confirmó Leo. Lo hacía con tanta calma que hasta me enfadó.

-Pero ya no puedo hacer nada... -volvió a cerrar los ojos y se giró, dándole la espalda a Leo.- Por cierto, gracias por salvarme...

-¿Piensas volver a dormir? -Airif no respondió ni se movió.- ¿Vas a dejar que el sacrificio de Thoran por darte una oportunidad de vivir haya sido en vano?

-¿Qué pretendes que haga? No valgo nada. Sin Junibi no soy nada y ya no tengo a mi... mi... -se le apagó la voz conforme lo pensaba.

-Mira, tienes oportunidad de mejorar. Primero sin Junibi, para mejorar tus propias habilidades y luego iríamos al santuario de Junibi a ver si puedes recuperarlo. No está todo perdido.

Airif.

Le miré. Me parecía muy raro que tuviese tanta esperanza en algo que yo ya consideraba perdido.

-¿Por qué te importa tanto lo que tenga que hacer? -pregunté directamente.

-Porque quiero ayudarte a liberar este mundo de Raylan. Él quiere esclavizar a toda raza viviente. Y eso no es posible, merecemos ser libres. -su explicación me conmovió, pero estaba lo suficientemente débil y dolida como para pensar que existía alguien así en el mundo.

-¿Y cómo sé yo que no nos llevarás a una trampa?

-Te he salvado la vida.

-Sí ¿y qué? -me levanté con dificultad, pero le miré a los ojos directamente.- ¿Quién me dice que por ese motivo debo fiarme lo mínimo de ti?

-¡¡Airif!! Ha estado cuidándote durante todo este tiempo, no deberías hablarle así.-me recriminó Alyä.

-No, déjala. Es mejor que desconfíe. -se giró y salió de la cueva, no sin antes decirnos.- Iré a por algo de comer, no os mováis.

Me quedé sola con Alyä, pero en realidad deseaba estar sola. No le hice caso y salí de la cueva. Estábamos en una gran montaña nevada y hacía bastante frío. Mi amiga me gritó que no saliera, pero no le hice caso. Caminé, ignorando como podía el frío, explorando el sitio. Vi un puente colgante y fui hacia él, pretendiendo cruzarlo e irme de allí. Empecé a cruzar con cuidado, pues el puente se movía bastante por el viento. Una tabla se rompió bajo mis pies y me agarré a la cuerda del puente como pude. Sentía demasiado frío como para tener fuerzas y subir de nuevo. Miré hacia abajo y vi muy claro que igual ese era mi destino, reunirme con Thoran en el otro mundo. Me fui soltando poco a poco, pero una mano impidió que me cayera. Miré hacia arriba y vi al chico que me había salvado antes. Temblorosa por el frío, le miré con cara de no entender por qué lo hacía.

-No pienso dejar que te mueras. -dijo seriamente. Negué con la cabeza y volví a mirar abajo.- ¡No! Tú eres la que debe proteger este mundo. ¿No lo entiendes?

-No me queda nada que proteger... -dije triste, lo suficientemente alto para que me oyera.

-¿Entonces tus amigos no son nadie? Ellos te han ayudado mucho en este tiempo. ¿Vas dejar que su esfuerzo haya sido estúpido? -Tenía mucha razón, lo reconocía. Pero no quería seguir así, había perdido ya demasiado por culpa de lo que yo era.- Sé cómo te sientes, Airif, pero no puedes rendirte así como así.

-¿Y por qué te importa tanto? Si quieres la libertad, lucha tú por ella. -mi rostro estaba congelándose por las lágrimas que no dejaban de caer de mis ojos. Hasta los ojos me dolían.

-Porque yo solo no puedo, y necesito tu ayuda, Airif. -hice un esfuerzo para mirarle, resistiendo el escozor provocado por el frío.- Por favor, Airif... piénsalo. Ya no sólo por mí, si no por toda la gente inocente que es incapaz de defenderse.

Le cogí de la muñeca con la poca fuerza que tenía y él tiró de mí. Me rodeó con sus brazos para protegerme de la caída y del frío. Desprendía un calor increíble y me acompañó de nuevo a la cueva. Me tumbó en la cama de paja de nuevo, me tapó y encendió un fuego a mi lado. No me fijé en cómo lo hizo, pero al poco rato me sentí mejor. Alyä estaba sumergida en sus pensamientos y no se dio cuenta de que estábamos ahí.

-Uh... -susurré. Ambos me miraron preocupados.- Me duele mucho la garganta...

Leo me tocó la frente e hizo un ruido con la lengua.

-Alyä, ve a buscar unas hierbas, por favor. Creo que se ha resfriado.

-Vale. Volveré lo más pronto posible. Sé lo que tengo que buscar. -se marchó corriendo y me dejó sola con el chico.

-Por cierto... ¿Cómo te llamas? -pregunté dificultosamente.

-Leo. No hables, Airif. Descansa. -se puso a mi lado, tumbado encima de la manta.

-Pero es que... quiero preguntarte muchas cosas... -me medio incorporé y noté un punzante dolor en la cabeza, que me hizo inclinarme hacia delante. Leo me sujetó con cuidado y yo alcé la cara para mirarle. Mi mirada chocó con la suya y sentí que mis mejillas ardían. Tragué saliva.- ¿Cómo es que me conoces?

-Ya te contaré todo con tiempo... ahora debes descan...

-No voy a poder, Leo... -susurré cortándole.- No puedo descansar porque... -sollocé y cerré los ojos.

Me abrazó fuerte, teniendo cuidado, y me acarició la cabeza. Me susurró al oído que no fue realmente mi culpa, pero que no debí dejarme llevar. Y además, me aseguraba que Thoran no estaría enfadado conmigo. Un agradable aroma me embriagó y volví a mirarle a los ojos. Por un momento vi a Thoran y quise besarle, pero sabía que no era él. Suspiré y me apoyé sobre él.

-Leo...

-¿Sí?

-Gracias... por salvarme de nuevo.

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To be continued... :3

lunes, 12 de diciembre de 2011

Capítulo 28.

Airif.

Tenía una sonrisa burlona en su cara y se acercó más a mí. Recordé que Thoran me dijo que no me fiara de él y retrocedí un poco.

-Tranquila... sólo quiero hablar. -"De momento" pensé, aunque realmente no sabía si era una advertencia de Junibi o realmente era yo quien pensaba eso.

-¿Y no podemos hablar en otro momento y lugar? Estoy cansada... -mentira no era, aunque tampoco tenía muchas ganas de hablar con él. Me daba muy mala sensación.

-No me fastidies el plan ahora, querida Airif. -se detuvo a pocos pasos de mí.

-¿De qué plan hablas?

-Llevo años organizando esto para encontrarte. -miró hacia el rey Dvarte, y miré con él.- Todos ellos han sido manejados por mí.

-¿Qué? -me sentía confundida.

-Sí, Airif... sabía que algún día aparecerías y tu... otra personalidad querría ponerse a prueba. Aunque eso no es ningún problema, el problema serías tú en todo caso.

Sentía que me estaba insultando de alguna manera.

-¿Yo sería el problema? -pregunté tras un gruñido.

-¡Eh! Tranquila, sólo quiero decir que las mujeres tendéis a ser inútiles en la pelea. Estoy seguro que, de no ser por Junibi, no estarías aquí.

Fue una duda que siempre rondó por mi cabeza, pero aún así le miré con indiferencia.

-Yo creo que te equivocas... -dije con seguridad, aunque Junibi me estaba advirtiendo que no le provocara. Tampoco era muy consciente de que lo estuviese haciendo.

Vi de reojo que Thoran había bajado, junto con Elin y Alyä, y aparecieron en el campo de batalla. No se acercaron demasiado a nosotros, pero era mejor así.

-¿Me equivoco, en serio?- soltó una larga carcajada.- Me gustaría ver cómo me lo demuestras.

-Después de enfrentarme a un dragón, me gustaría descansar.

-Vamos, que no tienes el valor suficiente para enfrentarte a mí aquí y ahora. -me dio la espalda mientras lo decía con tono de burla.

-¡Sí lo tengo!

-¡NO, AIRIF! -gritó Thoran. Le miré desconcertada.- No puedes. Y sobretodo, no debes. -fue la primera vez en mucho tiempo que volví a mirarle mal. ¿Tan débil aparentaba ser? Gruñí mirando al suelo, apretando fuerte los puños sin saber qué hacer.- Hazme caso, Ai. Por favor.

-Tú también crees que no valgo nada sin Junibi, ¿verdad? -le dije eso como quien escupe veneno. Oí que susurraba un "No..." y Elin y Alyä se pusieron nerviosos.- Jé...

-¿Y bien, Airif...? -seguía sonriendo, mirándome por encima de su hombro.

Mi corazón y Junibi me decían que no debía hacerlo, pero mi orgullo empezaba a hacer más efecto y quería demostrarle que no era una debilucha.

-Peleemos.-dije sonriendo igual que él.

Se giró y me hizo un gesto con la mano para provocar que fuera. Miré a mi alrededor, no quería hacer un ataque necesariamente directo.

-Recuerda, Ai... -le miré furiosa, no me gustaba que él me llamase así.- No puedes usar nada más que tu fuerza.

Gruñí y corrí hacia él, sacando las cuchillas ocultas en los guantes e intenté atacar de frente.

Todo pasó en cuestión de segundos. Oí varios "No" mientras me acercaba a él. Noté una fuerte presión en la cabeza, no veía nada ya que tenía una enorme mano en mi cara, reteniéndome. Estaba suspendida en el aire, a merced de lo que él quisiera hacerme. Intenté quitarme esa mano de la cara, pero no podía. Una sensación de vértigo me invadió y noté cómo mi cuerpo era impactado contra el suelo, lo que hizo que dejara de poder respirar durante unos segundos por el golpe. Jadeé de dolor y temblé, intentando incorporarme, pero sólo logré ponerme de rodillas.

-¿Ves...? eres débil. Por eso siempre cargarás con la muerte de mamá y papá a tus espaldas.

-¿Eh...? -no podía pensar con claridad, no entendía qué relación había con eso.

-¡No! No se lo cuentes, Raylan.-gritó Thoran.

¿Que no me...? ¿Qué tenían que ocultarme? Miré en mi interior y sentía cada vez menos el espíritu de Junibi ligado al mío. Parece que él estaba siendo suprimido por mi "hermano". 

-No pensaba hacerlo, pequeño Thoran. Sólo... quiero que lo vea con sus propios ojos. O mejor dicho, en su mente.

-¿Qué?-preguntó sorprendido y temeroso al mismo tiempo.

-Esta mano que podéis ver conecta mi mente con la de ella. Mientras su espíritu se debilita, puedo hacer cualquier cosa. Enseñarle cosas, torturarla, matarla... violarla... No sé, lo que me apetezca. -se reía con maldad.

Noté una nueva presión en mi cabeza, pero esta vez podía ver imágenes. Había una niña jugando con otro niño, pude identificar que éramos Thoran y yo. Me dejó en la puerta de mi casa y él se fue. Cuando entré en mi casa, algo me empujó contra la pared. Era él, Raylan. Tenía una sonrisa malvada y yo, al verle, temblaba de miedo. Aparecieron dos personas más mayores que él. Serían mis padres. Mi padre estaba muy enojado y hacía señales de que se marchara. Raylan alzó su mano y una gran lanza de hielo atravesó a mi padre, dejándolo empalado en la pared. Oí en ese momento a mi madre gritar de terror mientras yo permanecía inmóvil y aún más aterrada. Otra lanza de hielo hizo lo mismo con mi madre.

-No... -susurré, jadeando con fuerza.

La imagen seguía, mi hermano me cogió de un brazo y me acercó a los cadáveres de mis padres. Los temblores que tenía en mi mente se vieron reflejados en mi cuerpo físico, haciendo que a duras penas pudiera mantenerme erguida sobre mis brazos. Me tiró al suelo y pude sentir realmente cómo la sangre de mis padres caía sobre mí, horrorizándome todavía más. Pararon las imágenes justo cuando mis ojos empezaban a soltar lágrimas sin poder detenerlas. Oí en mi mente la risa de Raylan, burlándose de mí.

-¿Ves? Eras débil de niña y lo sigues siendo. Si has llegado tan lejos ha sido gracias a un demonio que realmente no te corresponde. Y sé qué es lo que más te dolerá ahora... que mate a los únicos seres queridos que tienes ahora... Y el primero... a Thoran... -me harté, en ese momento noté mi ira explotar y, aunque no notaba la esencia de Junibi, pude repeler a Raylan.

Thoran.

Una onda oscura surgió del interior de Airif, librándola de la extraña mano que la tenía apresada y de Raylan, al cual lanzó varios metros hacia atrás. Tras eso, pude verle la cara. Reflejaba dolor e ira a la vez, sus ojos eran más rojos que nunca, lo cual quería decir que había perdido el control completamente. Una aura empezó a salir de ella, formando la imagen de un lobo alrededor de su cuerpo. Unas nubes negras aparecieron en el cielo de repente, haciendo que empezara a llover con fuerza.

-Uh... veo que te enfadé, pequeña debilucha. -seguía provocándola y eso no podía traer nada bueno. 

Ninguno de nosotros tres sabía qué hacer, sólo podíamos mirar cómo ella se enfurecía cada vez más. Cargó contra él a una velocidad increíble, pero antes de que pudiera siquiera tocarlo, él de un golpe la lanzó más lejos de lo que ella consiguió alejarlo. Su cuerpo chocó contra la pared y cayó al suelo bocabajo. El aura desapareció poco a poco mientras él se acercaba lentamente hacia ella. Airif intentaba incorporarse, pero no podía, estaba demasiado débil para ello. Corrí y me interpuse entre los dos, sabiendo que no iba a conseguir nada.

-Quítate de en medio. -me ordenó Raylan, pero no me aparté.

-No pienso hacerlo, y lo sabes. -dije desafiante.

-Mira... no me cuesta nada matarte, pero primero quiero acabar con ella.

-¡Thoran, no seas insensa...!-Alyä se cayó conforme hablaba, sabía por qué lo hacía.

-Prefiero que ella sobreviva y darle una oportunidad más para acabar contigo. -mi voz temblaba un poco, a pesar de que quería mostrar seguridad.

-Oh ¿de verdad? ¿Vas a dejar que cargue también con tu muerte?

-Eso la hará más fuerte... yo pude seguir adelante, ella puede hacer lo mismo.

-Tho... -oí que susurraba Airif con voz débil.

-¡Elin, Alyä, cogedla y marchaos!-ordené, pero no pudieron moverse. Maldije en voz baja y volví a mirar a Raylan.

-Ella en el fondo te odiará por esto... pero en fin, si es lo que quieres... -vi cómo empezaba a formar una lanza y cerré los ojos. 

Mi cuerpo sabía qué iba a pasar y por mi mente pasaron todos mis recuerdos en cuestión de segundos. Una lágrima salió cuando recordé todo lo que quería vivir con ella, pero no iba a poder por salvar su vida. 

-No... -Airif intentaba levantarse. Oía su cuerpo moverse en vano.

-Lo siento, Airif... -susurré triste.- Ojalá pudiese hacer algo más por ti. Te...

No pude seguir hablando, la lanza me atravesó y me empaló en la pared. Airif giró la cabeza y me vio. No podía oírla, pero sabía perfectamente lo que decía mientras iba perdiendo la vista. Lo último que pude ver era su cara llorando mientras llenaba su espalda de sangre caliente mezclada con las frías gotas de la lluvia.

Airif.

Sentí en mi espalda cómo caían dos tipos de gotas mientras mi corazón sentía un dolor que nunca había sentido. No podía oír ni sentir nada más. Suficiente tenía ya con lo vivido en los últimos momentos. Realmente pensé que ese era mi final, no podía moverme. No sentía para nada a Junibi, Alyä y Elin no eran rivales para Raylan y... ya no me quedaba nadie más. Sentí un temblor en el suelo y poco después pude ver que algo nos transportaba a otro lugar. Susurrando por última vez el nombre de mi amor, abandoné mi conciencia entre lágrimas.


jueves, 24 de noviembre de 2011

Capítulo 27

Airif.

Por fin llegó la presentación del torneo. Al salir de la posada, todos nos dirigimos hacia el castillo y, unos guardias, nos guiaron al lugar donde se iba a efectuar. Había que atravesar el hall del castillo y meternos por una puerta que daba a un largo pasillo. Creía recordar que detrás del castillo sólo había una montaña, así que seguramente eso era una especie de pasadizo. Llegamos a un cruce de caminos, uno iba hacia abajo y otro hacia arriba. El guardia nos dijo que los que íbamos a participar, bajáramos y los espectadores debían subir. Bajamos y nos encontrábamos una habitación mediana, llena de asientos en los que los combatientes podían sentarse para esperar su turno. Oímos de fondo el discurso del rey, según me dijo Alyä, y poco después fue enumerando quiénes se iban a enfrentar. Empezó siendo Alyä contra un nombre que me produjo escalofríos. La vi sonreír y sabía que era porque podía darle una paliza de manera gratuita. Le deseé suerte y vi cómo ambas salían por una gran puerta al exterior.

Alyä.

Estaba ansiosa de comenzar el combate. No sabía bien qué hacía Thira, así que la dejé comenzar como ventaja. Miré el lugar de combate, era un sitio redondo y no había techo, nos iluminaba el sol. En las paredes de la montaña había huecos donde la gente se ponía para mirarnos. Busqué a Thoran y me miró. Su mirada me decía que tuviera cuidado y no me emocionase. Asentí con la cabeza y miré a Thira. Parecía nerviosa de ver que yo era su oponente.

-Vaya... ¿nerviosa? -le dije con un tono de burla.

-Sí, no me gustaría que me encerraran por matar sin querer a alguien débil. -me contestó, aparentando ser valiente.

-Eso será... -reí en mis adentros.

El rey Dvarte dio la señal para que comenzara el combate y vi cómo canalizaba una esfera de hielo. Me quedé mirándola y pensé en si debía invocar alguno de mis diablillos, pero me negué a mí misma usarlos contra ella. En el momento que ella lanzó su bola de hielo, yo lancé una de sombra, bastante parecida a la de Airif, pero con menos potencia. Una explosión se efectuó cuando ambas esferas tuvieron contacto y chocaron. Oí que gruñía y alzó su brazo al aire y una nube oscura se formó sobre mí, empezando a caer fragmentos de hielo de ella. Salí de la zona que cubría la nube y esta vez le lancé una ráfaga de fuego, acertándole en la cabeza y quemándole gran parte del pelo. Ella gritó, tanto del dolor de la quemadura como de haber perdido su pelo. Me intentó devolver el fogonazo, pero un escudo oscuro apareció a mi alrededor en el momento del impacto. Ella se quedó sorprendida, al igual que yo, volvió a intentarlo y de nuevo apareció ese escudo. Estaba tan alucinada que no podía reaccionar, así que aproveché para canalizar una gran bola sombra y se la disparé. Le impactó de tal manera que chocó con la pared y se quedó inconsciente. 

Dvarte dio por bueno el combate y me retiré en medio de aplausos. Al llegar de nuevo a la sala, vi cómo Airif se partía de risa. Nos quedamos juntas hablando en lo que le tocaba a ella. Pasó mucho tiempo hasta que le tocó a ella, fue la última. Sólo se mencionó su nombre y, cuando salió, Dapo habló.

Airif.

Me daba rabia que ese metomentodo apareciera para decir algo. Todos le miramos con atención.

-Visto el gran potencial de Airif, creo que debería enfrentarse a algo más que un combatiente. Veamos cómo se las arregla para luchar y salir viva de mi pequeña mascota. -resoplé y negué con la cabeza. Se abrió una gran puerta y apareció el dragón de tres cabezas. Miró a su dueño y vi que tenía algo peludo tembloroso en la mano. Oí que la ardilla gritaba mi nombre y me di cuenta de que era Arwyl.- Pero antes... debo alimentarle un poquito. -me miró con malicia, como si supiera que conocía a esa ardilla, y la tiró al aire, donde el dragón ágilmente la cogió entre sus fauces y se la tragó directamente.

Me sentía enfadada y triste a la vez. No había sido capaz de, antes de ir a entrenar con dragones, haberla buscado para llevármela conmigo. Ese engaño me enfureció tanto que fui incapaz de pensar que la dejé sola. Dvarte dijo que el combate comenzaba y una de las cabezas del dragón me lanzó fuego. Tardé en reaccionar, pero logré esquivarlo. Aún intentaba asimilar la muerte de Arwyl, cuando una cola embistió contra mí, haciéndome chocar contra la pared. Oí que Thoran gritaba mi nombre, para que espabilase, al igual que Elin y Alyä. Sacudí la cabeza y miré al dragón y después a Dapo. Dapo se reía. No entendía cómo podía ser tan cruel, pero se la iba a devolver. Iba a ver cómo su queridísimo dragón moría. Otra de las cabezas se acercó hasta mí, con la boca abierta, y justo antes de que pudiera cogerme bloqueé su mandíbula cogiéndola de los dientes superiores e inferiores, haciendo fuerza para que no pudiera cerrar la boca. Le miré la boca mientras forcejeábamos y un remolino azul se formaba en su boca. Seguimos forcejeando mientras ese remolino se hacía más grande. En el último momento logré desviarle la cabeza hacia otra de las suyas y vi cómo se la congelaba. Suspiré de alivio, pero el dragón enfureció y me atacó con las cabezas libres. Una me lanzó fuego y la otra me volvió a lanzar hielo. Esquivé de nuevo como pude y usé las garras que Elin fabricó para mí. Había olvidado mis espadas en la posada y era lo único que tenía. La cabeza de fuego del dragón le lanzó fuego a la que estaba congelada para derretir el hielo y tragué saliva.  Ya eran tres cabezas enfadadas, decididas a matarme. Estaba actuando como una estúpida y eso me hizo enfadar más. Noté la energía de Junibi dándome algo de fuerza y reflejos para esquivas los siguientes ataques que me lanzaron las cabezas. Tenía tanta velocidad que pude despistar las cabezas por un momento y pude subirme a él. Me encontraba en el centro de unión de sus cabezas. Clavé como pude mis garras, pero aunque el dragón se quejó, no fue suficiente. Sólo lo enfadé más. Empezó a balancearse y moverse para que yo cayera, pero me agarré lo más fuerte que pude a él. No logró tirarme y en ese tiempo que estuvo el dragón gastando energía se me ocurrió intentar canalizar en mis garras mi poder. Lo intenté y apareció una gran y afilada garra oscura de mi brazo. Atravesé con facilidad un cuello, cortándoselo de cuajo al dragón. Oí que Dapo gritaba un "¡Nooooooo!", pero aunque podría haber parado, no me detuve y, aunque el dragón se volvió a mover, ahora con más desesperación que antes por el dolor, le corté otra cabeza. Sólo me quedaba la central. El dragón se incorporó sobre sus dos patas traseras y se apoyó en la pared, intentando chafarme. Yo me resistía a soltarme de él cuando empezó a dar golpes con su espalda en la pared. Eso me empezó a hacer daño, bastante, y mis manos flojearon. Antes de caer, el dragón fue rápido y me detuvo en seco usando su zarpa. Estaba inmovilizada contra la pared, apresada por él. Comenzó a reunir gran energía en su boca, pero no supe de qué era. Lo único que se me ocurrió para intentar salir de allí, fue morder la zarpa del dragón y no funcionó. Luego recordé que podía particionar una de mis colas en varias y usarlas como arma, así que usé eso y atravesé con ellas la garra. Caí al suelo y miré al dragón. Estaba furioso pero débil. Dapo suplicaba a Dvarte que el combate parase, pero él no se dignaba a detenerlo. Me incorporé y empecé a reunir una gran bola sombra entre ambas manos, lanzándola poco después contra el dragón. Recibió el impacto de lleno, atravesándole el pecho. Cayó desplomado al suelo, sin vida. Me sentí un poco mal, pero necesitaba vengarme. Ese dragón no iba a dejarme viva y se tragó a Arwyl. 

Todos me aplaudieron, pero eso no me hacía sentir mejor. Habían matado a mi ardilla y la gente estaba feliz. Menos Thoran, que él entendía mi dolor. 

-Felicidades, hermanita...

Oí esa voz detrás de mí, me giré y el chico que apareció en mis sueños, estaba ahí, sonriéndome. 

martes, 8 de noviembre de 2011

Capítulo 26


Alyä

Poco después de la aparición de Dapo, fuimos a la ciudad a inscribirnos. Airif estaba emocionada y a la vez nerviosa. Me reía para mis adentros, dado que yo ya sabía que lo haría bien, siempre y cuando no matara a nadie, aunque supongo que sabría controlarse. Tras apuntarnos caminamos en dirección a la posada por un camino cercano a la muralla, lleno de casas y comercios. Me fijé que Thoran estaba extremadamente serio. Me acerqué a él y le pregunté por qué estaba así.

-No te has dado cuenta tú tampoco, ¿verdad? –negué con la cabeza y le miré sin entender qué debería haber visto.- Thira está apuntada también…

Oleadas de furia me llenaron el cuerpo, cosa algo anormal en mí. Sentía ganas de matarla si tenía la oportunidad. Deseaba ser yo quien combatiese contra ella y darle lo que se merece por haber hecho tanto daño a mi hermano. Pero me frenó el pensamiento de que, si la mataba, me condenarían de por vida al calabozo. Suspiré e intenté calmarme. La cola que Junibi me dio me empezaba a afectar, no sólo a mis poderes, los cuales aumentaron, sino también a mi control de enfado. En parte, empezaba a comprender a Airif, lo que tuvo que aguantar cuando Thira se la jugó, consiguiendo engañarla de manera que creyera que Thoran la estaba engañando.

-¿Estás bien? –Thoran me sacó de mis pensamientos. Asentí y le sonreí.- Te veo rara…
-Ya hablaremos a solas sobre eso. Tengo algo que decirte.

No dijo nada, solo afirmó con la cabeza y miró hacia adelante. Poco después nos encontramos con Demián, el cual también se había apuntado. Me saludó diciendo “Mi pequeña Alyä” y provocó que me sonrojara. Iba vestido como de costumbre, pero llevaba ahora un tabardo oscuro, con el dibujo de un cuervo en el pecho.  Pensé en preguntarle más tarde, ya que noté en mi interior inquietud. Airif se detuvo en seco, como estando alerta, y miraba a su alrededor.
  
Airif

Me sentía inundada de nervios, pero no sabía exactamente por qué. Algo me alertaba que se acercaba un peligro, supongo que sería Junibi. De lejos, oí algo enorme acercase, saltando de tejado en tejado. Miré en esa dirección y pude ver un enorme felino blanco con rayas negras y ojos verdes. La gente de nuestro alrededor se asustó y se ocultó rápidamente en sus casas o negocios, gritando. Miré fijamente a los ojos a ese animal y me rugió. No mostré ni una pizca de miedo, no me eché atrás. Saltó al suelo y después intentó abalanzarse sobre Thoran. Tuve la agilidad suficiente para interponerme en forma de lobo, placando así a mi novio para apartarlo de la trayectoria del felino, pero recibiendo un arañazo en mi espalda. Solté un gañido al notar sus garras en mi piel y me tambaleé un poco. Le gruñí con ferocidad y cuando volvió a saltar sobre nosotros, pude agarrarle del cuello y desviarlo, estampándolo contra la muralla que protegía la ciudad.  Sacudió la cabeza y me observó detenidamente, rugiéndome suave pero amenazadoramente. El dolor de la herida me empezaba a nublarme la mente, enfureciéndome y noté cómo Junibi intentaba salir. Sacudí la cabeza y gruñí. Abrí mis fauces y empecé a reunir energía, formando una bola negra y la empujé contra él. Por suerte o por desgracia, fue lo suficientemente débil para no romper la muralla, pero sí para espantarlo. Saltó al otro lado de la muralla y me mantuve alerta hasta que no podía olerle. Volví a transformarme en humana y caí al suelo de bruces, temblando de dolor. Notaba cómo la sangre salía de mis heridas y me cosquilleaban los costados.

-Debemos llevarla a la posada, rápido. –dijo Thoran. Se colocó delante de mí agachado y yo me subí a su espalda, agarrándome de su cuello con las pocas fuerzas que me quedaban.

Notaba el viento en mi cara de lo rápido que iban hacia nuestro alojamiento, pero apenas podía mantenerme despierta. Todo se volvió oscuro, como si me hubiese dormido. Abrí los ojos y estaba en un pueblecito oculto en un bosque. No entendía por qué, si tenía que participar en el torneo para demostrarle a Dapo que Elinghad no era un mal maestro.  Caminé y detrás de mí oí una voz que me llamaba. No conocía la voz, me giré y vi a un chico. Era más alto que Thoran, moreno y con ojos verdes.

-Hola, Airif. –saludó con tranquilidad. Yo le miraba con desconfianza.
-¿Quién eres…?
-Vaya, no me recuerdas… Soy tu hermano.
-Desconocía que tuviese un hermano. –dije sorprendida.
-Me llamo Raylan. –sonrió y no dijo nada más.
-¿Thoran te conocía? –pregunté con inseguridad, rompiendo un incómodo silencio.
-Sí.
-¿Por qué no me dijo nada de ti…? –miré al suelo, algo decepcionada.
-Igual me consideraba… en el mismo estado que nuestros padres.
-Pero aún así… no sé.
-No le des importancia. Él consideraría más importante saber que estabas bien.

Asentí, supuse que después de tantos años sin verme lo que más le importaba era intentar recuperar el tiempo perdido, sin mencionarme mucho a mi familia. Alcé la cabeza y vi que se marchaba.

-¡Espera! ¿A dónde vas?
-Tranquila, te estás despertando.
-¿Despertando?
-Sí, me estoy comunicando contigo mentalmente.
-¿Cómo es eso posible…?
-Es por algo que tenemos en común…
-¿La sangre?
-No, algo más importante. Ya lo descubrirás.

Desapareció y desperté en una cama. Miré a mi alrededor, incorporándome un poco, y observé el lugar. Era una habitación bastante parecida a la que hay en la otra posada. Me levanté lentamente, quejándome un poco. Me habían vendado todo el torso y algunas vendas pasaban por mis hombros. Me puse una camisa de Thoran y salí, buscándole. Mientras bajaba las escaleras, vi que él subía.

-Oh, ya te has despertado. –me sonrió y me dio un dulce beso en los labios.- ¿Qué tal estás?
-Bien… ¿dónde están los demás? –sentía curiosidad.
-Pues… Elinghad se ha cogido una habitación para él solo y Demián le propuso a Alyä compartir habitación.
-¿Y…? –me imaginé la situación, su cara toda roja mientras él le insistía si quería o no.
-Aceptó, roja como un tomate. –dijo riendo. Su risa me contagió, haciéndome reír, pero al doblarme un poco me quejé.- Cuidado. ¿Estás bien…?
-Sí… ha sido algo leve.
-Bueno…
-Oye, quería hablar contigo… -susurré un poco seria, preocupándole sin querer.- Vamos a la habitación.

Subimos juntos, entramos a la habitación y nos sentamos en la cama. Pensé en cómo preguntarle, pero no sabía si era algo que realmente soñé o que ese supuesto Raylan entró en mi cabeza realmente.

-Tú dirás, cielo. –dijo con tranquilidad.
-Yo… ¿yo tengo un hermano? Mayor. –pregunté directamente.
-Sí.
-¿Sabes qué fue de él?
-No.

Me respondió tan secamente que me sentí un poco mal. Debió darse cuenta, porque de repente me abrazó y me acarició el pelo con suavidad.

-¿Te sigue haciendo efecto la poción de mi maestro? –preguntó con curiosidad.
-No… bueno, no sé. Él dijo que pudo meterse en mi cabeza por… porque teníamos algo en común que nos unía. –susurré pensativa, lo suficientemente alto para que me oyera bien.
-Ya veo. Nunca te fíes mucho de él. –su voz sonaba severa, me asustó un poco.
-¿Por…?
-Sólo hazme caso, querida.
-Pero…

No pude seguir, me calló los labios con un beso.  Cerré los ojos y me olvidé del tema, me gustaba la sensación que me provocaba su boca estando junto a la mía. Seguimos besándonos, tiernamente al principio pero apasionándolos poco después. Me detuve en seco, notando una punzada de dolor en mi pecho que me dejó incluso sin aire. Thoran me miró preocupado y susurró mi nombre, pero no podía contestarle. Oí en mi cabeza una voz, esta vez era la de Junibi. Me decía lo mismo que Thoran, pero me provocó el pinchazo a propósito para que le hiciera caso. Gruñí y maldecí al lobo.

-¿Estás bien, Ai…?
-Sí, es sólo que el lobo me quería decir lo mismo que tú, pero me ha dado un toque de atención.
-Deberías descansar y reponer fuerzas, mañana empieza el torneo. –dijo entre besos que me repartía por mi rostro.

Le hice caso, bajé a comer algo y poco después subí a intentar dormir, pero como me había pegado toda la tarde dormida, ahora no podía conciliar el sueño. De repente me acordé de Arwyl, mientras Tho dormía. Me sentía mal por haberme olvidado de ella. Me gustaría volver a verla, pero de momento no podía moverme de la ciudad, no muy lejos al menos, y no sabía cómo localizarla. Suspiré y miré por la ventana. Había una luna bonita, aunque no era llena, que es cuando más me gustaba. Pasé mi mirada al techo y me pregunté si Alyä y Demián habrían hecho algo. Sonreí picaronamente y reí en mi interior, alegrándome en parte por ellos. Me abracé a Tho y él, dormido, se giró, abrazándome también. Me acurruqué más contra él y logré quedarme dormida.

domingo, 4 de septiembre de 2011

Capítulo 25.

Airif

Me levanté temprano para hablar con mi amigo rubio acerca del tal Dapo. Antes de salir de la habitación, miré a Thoran y le di un beso en los labios. Había aprendido, en un sueño, a dividir una de las colas de Juni, así que dividí una y ajusté mis nuevas espadas en mi espalda. Tras eso, salí de la habitación y me dirigí al salón donde me encontré con Elin, que estaba desayunando.

-Buenos días, Airif.- me saludó con una sonrisa.
-Hola, Elin.- le devolví la sonrisa y me senté frente a él.- Tengo algunas preguntas que hacerte.
-Lo suponía, por eso te esperaba.- se cruzó de brazos y esperó a que empezase a preguntarle.
-¿Quién es Dapo?-picoteé algo de fruta tras formular la pregunta.

Me miró fijamente mientras pensaba qué decirme.

-Dapo es... un hombre bastante creído.- comenzó a decir.- También bastante afortunado... -le miré, esperando que siguiera.- No es hijo legítimo del rey. El rey, Dvarte, tuvo primero un varón, llamado Axeluss. Su esposa murió por una enfermedad y volvió a casarse con Nhirä, la madre de Dapo.
-¿Y su padre? -pregunté con curiosidad. Me extrañaba que se casara teniendo ya un marido o pareja.
-Nhirä fue violada. No se sabe nada del violador, pero... Ella prefiere decir que su "marido" murió. Muy pocos sabemos la verdad.
-Oh... -fue lo único que pude decir.
-En fin... Axeluss se convirtió en hermanastro de Dapo.-"Cuánto hermanastro por el mundo..." pensé- Axeluss es como yo, un paladín y como Dapo no era como él, siempre le estuvo incordiando y molestando. Por eso se puede decir que el señorito le tiene asco y odio a los paladines. Ahora... se cree superior a cualquier paladín, sólo porque tiene a ese dragón como mascota.-me miró con seriedad.- Ciertamente es un dragón muy poderoso... el resto de dragones le temen. ¿Estás segura de querer enfrentarte a eso en el torneo?
-Sí.- Asentí sin dudar.- Se supone que me voy a enfrentar algún día a algo peor. Si puedo contra el dragón, es un paso adelante para lo que sea.
-Dicho así tienes razón, pero no te confíes mucho.- se le notaba preocupado.
-Tranquilo.- Le sonreí y me devolvió la sonrisa más relajado.

Al poco aparecieron Alyä y Thoran. Desayunaron y charlaron mientras yo pensaba en mis cosas. No sabía realmente por qué, pero tenía ganas de matar a ese dragón. Me pilló desprevenida y en mal día, pero ya no iba a bajar la guardia.

Dapo

Una vez más pude reírme en la cara de ese paladín. Él tendrá su hogar en aquel valle, lleno de dragones, pero yo tenía algo superior a todos ellos.

Dejé a mi compañero en la cueva subterránea que hay detrás del castillo de mi padrastro y me dirigí hacia el mercadito de a ciudad. Estaba bastante decorado y había el doble de mercaderes de lo normal. Entré en una taberna escondida en un callejón y encontré sólo a dos personas con capucha, sentadas al lado de la chimenea, la cual estaba apagada, y al tabernero en la barra limpiando un vaso. El tabernero me hizo un gesto con la mano a modo saludo y me indicó que me sentara. Era un hombre calvo y con varias cicatrices, además de tener una mirada fría, carente de sentimientos.

Me acerqué a los encapuchados y saludé.

-Hola, Ray. -miré a uno de ellos mientras me sentaba y luego al otro.- ¿Cómo estás, cielo?

Ambos se descubrieron, y mi amada me sonreía. Admiraba su belleza, y también que se hubiese podido enamorar de mí. Era algo torpe con las armas, pero Raylan le enseñó el arte de controlar el fuego y el hielo.

-Cuéntanos, Dapo. ¿Qué tal tu "amigo" Elinghad?
-Bien... un sosainas, como de costumbre. Le he retado al torneo, pero se ha ofrecido a combatir una pupila suya. -dije mientras el tabernero me traía una pinta. Bebí un sorbo y proseguí, ante la atenta mirada de ambos.- Una joven rubia con el pelo corto, ojos azules... bastante mona. Pero es extraña... mi dragón intentó atacarla y la protegió una esfera negra.

La chica que estaba con nosotros resopló. La miré con curiosidad y sorpresa.

-Creo saber quién es... -arqueé una ceja y Ray comenzó a reír.
-Sí... debe tratarse de mi hermanita. ¿Entrena con dragones entonces? No está mal... -miró a un lado y quise mirar también.- Tengo una sorpresita para ella. -Subió a la mesa una jaula, en ella había una ardilla temblorosa.- Es una mascotita que ella tenía... se la daré de comer a la bestia que saques en el torneo.
-¿Para qué? -estaba desconcertado.
-Para provocarla, puede resultar divertido. Quiero ver su potencial. -sonreía ampliamente.- Aunque igual mejor espero a otro momento.- Volvió a mirar a la ardilla de reojo, la cual tembló todavía más.
-¿Cómo sabes que es la auténtica? Hay infinitas ardillas en el mundo.
-Sé que es ella por instinto, el cual nunca falla.-sonrió con malicia y luego empezó a reírse.
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Continuará

jueves, 16 de junio de 2011

Capítulo 24.

Airif.

Al entrar en la habitación, vi un paquete. Imaginé que era eso lo que Al quería regalarme. Lo abrí y vi que se trataba de un conjunto negro. La camiseta era de tirantes, los pantalones cortos y un par de guantes. También había una larga cinta negra junto a una nota, en la que decía que eso era para la frente, que si quería y me gustaba me lo pusiera. Decidí probármelo al día siguiente, ya que me encontraba bastante cansada después de haber peleado una y otra vez contra dragones.

Me tumbé en la cama, suspirando y Thoran se tumbó a mi lado, abrazándome. Sonreí y me acurruqué, quedándome dormida poco después.

Me desperté al escuchar a Elinghad cerrando la puerta de su habitación. Me encontraba algo mareada y notaba frío a mi alrededor, pero tenía una misión que cumplir. Así que me levante, me puse la ropa nueva que Alyä me hizo y salí tambaleándome. No me sentía con ganas de desayunar, así que salí afuera y no veía a ningún dragón. Me parecía extraño, ya que había amanecido hace bastante rato y deberían estar por ahí luchando entre ellos, las crías jugando, o simplemente volando por el cielo en busca de algo que cazar a las afueras del valle. Sopló el viento y curiosamente me hizo sentir algo mejor, pero al parar volví a sentir frío a mi alrededor. Me acerqué como pude a una de las cuevas y miré dentro. No había nada.

-¡Airif! -oí a mis espaldas. Me giré y vi al joven paladín acercándose a mí.- ¿Te encuentras bien? Te veo mala cara.
-Sí... divinamente. Oye... ¿dónde están los dragones? -dije forzando una sonrisa.
-No lo sé... pero intuyo que si se han alejado es por algo. -susurró pensativo. Yo le miré y en mi interior sentí que algo se acercaba. Él pareció sentir algo similar cuando ambos miramos hacia la misma dirección.

Un enorme dragón negro de tres cabezas estaba acercándose a nosotros. No me sentía con ganas de pelear contra un dragón así, pero si tenía que hacerlo lo haría.

-¡Y aquí está el supuesto gran Elinghad, el cazador de dragones! -dijo una voz masculina desconocida.
-No... tú no... -oí susurrar a mi amigo.
-¡Sí! Soy yo. Dapo, el auténtico cazadragones. -estaba subido en la espalda del dragón, pero de un salto bajó hasta nosotros. Su dragón gruñía con sus tres cabezas.- Apuesto a que nunca te has enfrentado a uno así. Y mucho menos doblegarlo.

Miré algo enfadada al tal Dapo. Iba como Elinghad, vestido con armadura. Pero tenía una piel casi morada y los ojos le brillaban mucho. También era un poco más alto que Elin.

-¿Tú también eres paladín? -pregunté con curiosidad.
-¿Paladín? ¿Yo? No me ofendas, niña. Yo soy un gran guerrero. Los paladines sólo son un estorbo. -tras decir eso, empezó a reírse.

Enfurecida, intenté partirle la cara, pero su dragón lo detectó y fue más rápido que yo, dándome con la cola y lanzándome lejos. Al levantarme mis brazos temblaban, débiles. Apenas me podía sostener sobre mí ahora. El dragón se acercó a mí, portando sobre él a su domador.

-Jé. Niña ridícula... ¿Cómo te atreves a intentar hacerme algo con mi guardián al lado?-le señaló con el pulgar.- ¿Crees que tienes alguna posibilidad contra él? -sonrió con malicia y yo gruñí.- Lo que me sorprende es que tras ese coletazo estés viva...
-Ella ha intentado hacer algo muy natural, defender a alguien que aprecia. Pero claro, tú no entiendes eso ¿Verdad, Dapo? Tú no aprecias a nadie. -Elin se acercó a mí, ayudándome a ponerme en pie y sujetándome fuerte.
-¿Que no aprecio a nadie? Claro que aprecio a alguien. A mi dragón. -provocó que me riera.- ¿De qué te ríes?
-Suena... bien que aprecies a tu dragón. Pero ¿sólo le aprecias a él? -asintió con la cabeza y yo volví a reír.- Zoofílico...

Su dragón intentó volver a atacarme, pero Elinghad y yo fuimos rodeados por una esfera negra. La esfera se mantuvo y Elinghad aprovechó para hablar con él.

-¿Puedo saber qué haces aquí?
-Quiero retarte... -tanto mi amigo como yo abrimos mucho los ojos.- Sí, como sabrás hay un torneo en la ciudad y... como también soy el hijo del rey, puedo elegir qué criatura peleará en la gran arena. -hice memoria, pero no recordaba ninguna arena. No debí ver la ciudad entera.- Puedes ser tú... o elegir a alguien que creas capacitado que haya estado bajo tus enseñanzas.

Elinghad y yo nos miramos. Luego miré a Dapo.

-Quiero ir a ese torneo. -acepté el desafío con esas palabras y él me miró, arqueando una ceja. Mantuve una sonrisa ladina, mirándole fijamente.
-Te espero la semana que viene... espero que des algo de acción y no mueras en 3 segundos. -se alejó sobre su dragón.

Elinghad y yo vimos cómo se alejaba. Poco después desapareció, junto con la esfera que nos rodeaba. Noté que me pesaba el cuerpo y caí de rodillas al suelo. Jadeaba, me costaba un poco respirar. Empecé a verlo todo borroso mientras escuchaba a Elin preguntándome cosas. No podía responderle, no me salían las palabras. También oía el aleteo de los dragones del valle. Adiviné que les intimidaba el dragón de Dapo.

Desperté, no sabía que me había dormido, pero estaba tumbada bocabajo en el valle. Estaba anocheciendo y pude sentir a mi alrededor a Elin, a Al, a Tho y a varios dragones.

-Ai... -susurró Tho al ver que abría los ojos.

Intenté incorporarme un poco, pero seguía notando mi cuerpo muy pesado. Tho me ayudó y me sentó sobre mis rodillas.

-Airif... -susurraron Elin y Al mirándome con preocupación.
-Estoy bien... -dije algo seria.
-Mentira... uno no se desmaya por las buenas.. ¿qué te pasa?-me preguntó Thoran, enfadado por querer ocultarles cómo me sentía.
-Nada... sólo noto mi cuerpo muy pesado. -contesté molesta por su enfado.

Miré cómo se elevaba la luna por el horizonte y noté mi corazón acelerarse. La luna estaba muy roja. Más de lo normal. No me pude dar apenas cuenta de que a mi alrededor apareció mi aura negra, tomando forma de lobo y reflejando sobre el suelo doce colas.

Thoran.

Sus ojos se volvieron rojos mientras Alyä y Elinghad se alejaban un poco de ella, sorprendidos por el aura y la sombra. Yo también me sentía asustado, pero no me separé de su lado. Empezaron a crecerle colmillos típicos de lobo. Luego pude recordar lo que una vez me dijo Junibi. Doce lunas llenas rojas. Se refería a esas lunas. El cielo empezó a llenarse de nubes oscuras, decoradas con rayos carmesís. Airif fijó la vista en esos rayos. Delante de ella, un rayo cayó, cegándonos por el impacto. Ella se levantó lentamente y se acercó a donde el rayo había caído. Al recuperarnos todos, pudimos ver un par de espadas. Las cogió , una en cada mano, y las puso a la altura de sus ojos. Su diseño era bastante bonito. En la empuñadura había un dibujo de una cabeza de lobo con un par de rubís incrustados como ojos. La hojas eran largas y afilada,s firmadas con unas runas que desconocíamos. Las runas brillaron, al igual que los rubís y el aura de Airif desapareció.  También se rompió en mil pedazos el collar que le regalé a Airif. Todo volvió a la normalidad, incluida la luna. La joven se giró hacia nosotros y nos miró.

-¡Siento haberos preocupado! -sonrió.- Me encuentro bastante mejor.

Suspiramos aliviados, aunque Alyä parecía muy interesada en la espada, pues la miraba fijamente. Me acerqué a ella y la abracé. Ella clavó las espadas en el suelo y me devolvió el abrazo.

Airif

Las volví a coger tras devolverle el abrazo a mi moreno. Sentía como si las espadas estuviesen vivas, pero quería aparentar normalidad. Si alguien entendía de cosas demoníacas, era Alyä. Ya hablaría con ella más tarde sobre las espadas. Había tenido un día raro, muy raro y les había preocupado. Miré de nuevo la luna, me atraía por su bello resplandor plateado, pero no era lo mismo. La sensación de antes era como si la luna me transmitiera un mensaje importante, pero no pude ver nada claro hasta que ante mí aparecieron las espadas.

-Deberíais ir a acostaros, habrá sido duro estar pendiente de mí. -dije mirando a Alyä fijamente, esperando que entendiera que quería hablar con ella.
-¿Qué harás tú, Ai? -preguntó Elin. Recordé que tenía algo que preguntarle, pero mejor mañana.
-Me daré una vuelta, estoy bastante despejada. -miré a Thoran.- Estaré bien, ve a dormir. -le sonreí.
-Vale, pequeña... pero ten cuidado. -me besó y se alejó junto al paladín.

La castaña y yo nos quedamos solas. Dimos una vuelta sin decir nada mientras arrastraba la espada por el suelo. Poco después nos sentamos, apoyándonos en uno de los pocos árboles que había en el valle.

-Oye, Al... -me miró.- ¿Qué podrías contarme de la gente que es como yo?
-¿Qué quieres decir?
-Según tengo entendido... Junibi viene por doce colas. ¿Qué... puedes decirme de esas colas?
-Lo que he leído en cuentos, libros de leyendas y demás... contaban que cuantas más colas se liberen, peor es el autocontrol de la persona.
-¿Mi autocontrol?
-Sí. Digamos que, cuantas más colas liberas, más dejas que el demonio salga a la luz. Hay una leyenda en particular que me gustó.
-¿Cuál...?
-Tiene que ver con Arawhen, la creadora por así llamarla de Junibi. -escuchaba con atención.-Se supone que le creó para hacer frente a su hermano, el creador de Juichibi, pero le costó mucho controlarlo. Era una magia muy poderosa, pero cometió el fallo de hacer que Junibi poseyera voluntad propia. Podría haber destruido el mundo en el que vivimos, pero Junibi comprendió en ese punto que si el mundo se destruye, él tampoco podría sobrevivir.

Abrí los ojos sorprendida y luego dirigí mi vista al suelo.

-¿Aprendió a controlarlo...?
-Sí. Acabó usándolo en su beneficio. Pero... -la pausa hizo que le mirase.- creo que tu caso es distinto. Hasta ahora, Junibi siempre te ha brindado ayuda. Desde que perdiste la memoria ha cuidado de ti, manejándote por el mundo durante nueve años. Puede que lo hiciera simplemente por sobrevivir. O por cualquier otra cosa.
-Entiendo. ¿Qué crees que signifique esta espada? -la alcé a la vista de las dos.
-El aura y la luna roja desaparecieron casi al instante en que las cogiste. No sé qué relación hay. Lo único que puedo creer, es que esta espada te ayuda a controlarte.

La miré sin entender.

-Sí, te explico. Los que son... como tú, al principio son rodeados de un aura, que va tomando forma del demonio que tienen dentro. Incluso tu apariencia física cambia, pues eres como... el recipiente del demonio. Si él "despierta", tu cuerpo se adapta a él. Lo que creo que hacen las espadas, es que no te pase eso en momentos no necesarios.
-¿No necesarios?
-Sí. Si pelearas contra alguien que odies profundamente, aunque controles a tu demonio, podrías descontrolarte de tal manera que saldría a la luz lo que llevas dentro. No sabemos el carácter de Junibi, pues poco hay escrito acerca de él. Fue creado por Arawhen en un momento crítico y tú, como su sucesora, lo has heredado.
-Me gustaría saber más sobre Arawhen... -susurré.

Al me miró preocupada, pasó su brazo sobre mis hombros y me apegó más a ella.

-Déjame hablar con él... -susurró seria.

Alyä

Sus ojos cambiaron de color al instante, no había aura ni nada, pero era él. Podía sentirle.

-Dime... -susurró una voz que no era la de Airif.
-¿Hay alguna forma de repartir las colas?

Me miró con sorpresa, pero asintió.

-No es aconsejable, pero... es una manera de controlar que ella no pierda el control completo. Sólo con tu consentimiento, o el de quien sea, podría usar esa fuerza. -explicó.
-¿Cuál es el método?
-¿Por qué quieres saberlo?
-Es mi amiga... me preocupa que por culpa de... lo que sea, ella pierda el control y nos destruya a todos. -arqueó una ceja.- No lo digo por mí. Si ella se recuperase y viese que ya no estamos ninguno de sus seres queridos, se sentiría terriblemente mal. -su cara cambió, parecía comprender.- Lo raro es que no haya mencionado nada de sus padres...
-Eso es mejor que no lo sepa. Nunca.

Sentí una enorme curiosidad. ¿Qué podía ser tan horrible como para que no deba saberlo?

-¿Puedo...?
-¿Dirás algo?
-No.
-Confío en tu palabra... fueron asesinados...
-¿Asesinados...?
-Sí. Eso fue lo que me hizo entrar en ella. Cuando era una niña, sus padres murieron ante sus ojos de una manera horrible y cruel. No sabía quién era él, pero como es normal, un enorme odio se apoderó de ella. Él... la dejó viva y ella acudió a mí. Mi influencia fue tan fuerte que le borró la memoria, como ya sabéis...
-Ya veo... Prefiero no saber de qué cruel manera murieron sus padres. Pobrecilla...
-Sí... aunque algo me dice que lo acabará sabiendo, pero no por ti... -suspiró con preocupación.- Tú que dominas demonios, podrías tener una de las colas. Eso ayudaría a que su transformación en mí no se completara en caso de darse la situación. -asentí. Me sentía bien de poder ayudar.- Sólo te advierto una cosa... Si ella intenta despertar esa cola que le falta, pero tú no le dejas, tendrás grandes dolores. Sentirás algo similar a si te arrancasen el alma de golpe.

Tragué saliva... me preocupaba un poco eso. Pero aún así estaba decidida a ayudarla.

-No importa. -dije con seguridad.

Me miró con seriedad, asegurándose de que no me echaría atrás y los labios de Airif se posaron sobre los míos. Me sonrojé bastante, no me esperaba que me lo fuera a pasar así. Noté cómo la energía de Junibi pasaba a mi cuerpo a través de su boca. Poco después nos separamos y yo me sentía con un poco más de poder.

-Lo siento si te sorprende la forma en que lo he hecho. Pero... es la mejor que hay. -asentí y poco después los ojos de Airif volvieron a la normalidad. Me miró, confusa.- ¿Por qué estás sonrojada?
-Por nada. Igual es que tengo algo de fiebre. -reí nerviosa. No parece ser consciente de lo que pasa a su alrededor cuando Junibi posee su mente.
-Deberíamos dormir entonces. -me pareció buena idea, y nos dirigimos juntas hacia la cabaña.

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Continuará.

martes, 24 de mayo de 2011

Capítulo 23.

Airif

Seguía molesta, no paré de descargar mi enfado con los dragones, los cuales no resultaban demasiado dañados por su gran resistencia. Sentí al salir que tanto Alyä como Thoran me miraban, luego la chica se volvió adentro. Tho me miraba asombrado, parecía no convencerse de que yo sola, sin armadura ni nada, podía vencer dragones. Le sonreí mientras sujetaba las fauces de uno negro, echándolo hacia atrás poco después. Me acerqué a él y le di un suave beso en los labios.

-Siento mucho no haber querido seguir, pero... 
-Sshh... lo entiendo. -me puso un dedo en los labios para callarme.- Ya encontraremos otro momento, no tengas prisa.

Sonreí y nos besamos con dulzura. Luego nos despedimos para que yo siguiera derrotando dragones, lo cual ya me empezaba a aburrir, y él entró a desayunar algo.

Alyä

Vi cómo Thoran volvía a entrar con cara de felicidad. Sentí algo de celos, pero eran sanos. Me alegraba verles juntos de nuevo. Suspiré y tras tomar algo de leche y unos pasteles, pensé en algo que pudiera gustarle a Airif, como disculpa. Pensé en hacerle un conjunto de ropa que fuese sexy, resistente y cómodo. Saludé al moreno con la mano y entré en la habitación que mi hermano tenía para mí. Hice unos diseños en papel, se me daba muy bien dibujar, y cuando di el visto bueno empecé a tejer. Tenía gran maestría en eso, dado que estuve entrenando para ello en una academia de sastrería que había en la ciudad. También sabía darle poder a los objetos, encantándolos. Se me ocurrió que también podía encantarlos, de manera que le dieran algún poder especial a la hora de pelear.

Llegó la noche y yo acabé de tejerle la nueva ropa a Airif. La dejé envuelta en papel sobre su cama y volví al salón, donde estaba mi hermano meditando frente al fuego de la chimenea. Al poco entró Airif acompañada de Thoran de la mano. 

Mi hermano preparó carne para cenar y cenamos en silencio.

-Alyä nos quería contar algo... -dijo Thoran rompiendo el silencio. 

Todos me miraron en silencio, esperando que empezara a hablar. 

-Bueno... quería contar un poco mi historia, dado que conozco la vuestra. -los demás asintieron.
-Yo me marcho a dormir que ya me la sé.-dijo mi hermano bostezando. Le miré mal y me frotó la cabeza.
-Bueno... Yo fui la "rara" de la familia, por así decirlo. Mi hermano y mis padres usan armaduras pesadas y son fuertes. Yo sin embargo, no puedo llevar esa clase de armadura, así que me entrené en la academia de magia sombría. Aprendí a dominar demonios, a lanzar ataques parecidos a los de Airif pero con menos potencia... En fin, lo que sé hacer ahora. En mis ratos libres, me dedicaba a aprender a tejer ropa, encantarla para aprender algo más que hacer. -me tomé un rato pensando.- En ese tiempo conocí a Demián, alguien que estaba especializándose también en lo mío. De normal en la academia no me fijaba en los demás, era bastante introvertida. Él se acercó a conocerme y nos hicimos amigos en seguida ya que teníamos bastante en común. Crecimos juntos, básicamente, pues a él no le gustaba el resto de los que se instruían con nosotros. Pasaron los años y yo comencé a sentir algo más fuerte por él, pero a él le veía en la típica etapa del hombre, donde babea por cualquier joven bastante más atractiva que yo... -me sentí triste al recordar eso.
-¿Los hombres hacen eso...?-dijo Airif sin apenas creérselo.
-Sí... algunos sí. Él me pedía consejos sobre chicas y, aunque me dolía, le ayudaba. Nunca le dije qué es lo que sentía por él, ni siquiera ahora me atrevo. De vez en cuando hemos participado en torneos donde hacíamos equipo. Él usaba a Greemon, un perro demoníaco y yo usaba a Chonar. -oí a Airif decir un "ooh... qué mono..." y sonreí.- Ganábamos casi siempre, pero a pesar de perder siempre me felicitaba. Supongo que me ve como una hermana o como su mejor amiga. No sé qué pensar... Ahora hemos perdido algo de contacto, dado que él lleva su vida y yo llevo la mía, pero a veces nos vemos. De ahí que le conocieras el otro día.-tragué saliva, creyendo que ya era el momento.- Yo... siento lo de esta mañana, Ai. Supongo que en cierto modo me comen los celos de que no podamos hablar de nuestras experiencias sexuales. -ambos se sonrojaron intensamente y yo me reí.- Es broma. Bueno no, pero da igual.
-No me acordaba ya de la interrupción de esta mañana, Al. No estoy enfadada. -me sacó la lengua guiñándome un ojo y nos sonreímos.
-Me alegro. Pero algún día quiero que hablemos de chicoooooooooooooooooooooooooooooos.-la estrujé entre mis brazos fuertemente. Luego la solté y ella volvió a respirar- Por cierto, he dejado una cosita para ti encima de tu cama. Espero que te guste.

Dicho esto me despedí de ambos y me fui a la cama, oyendo poco después cómo ellos también se iban a dormir.

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Sé que no es mucho, pero es que me muero de sueño xD Ya subiré otro próximamente!

jueves, 19 de mayo de 2011

Capítulo 22.

Thoran.

Desperté al notar que Airif se removía mucho y jadeaba con suavidad. La miré con atención y estaba destapada, con las piernas ligeramente abiertas. Entre jadeos la oí susurrar algo, pero no capté bien qué decía, me acerqué más y, además de oír sus jadeos, pude escuchar lo rápido que le latía el corazón. Suspiró y clavó los dedos en el colchón. Me puse a pensar qué podía provocarle semejante reacción, pues no tenía cara de sufrimiento. Volvió a susurrar algo, me pilló despistado y no lo entendí. Acerqué mi cabeza a la de ella, esperando así poder distinguir algo. Tanto jadeo me estaba poniendo enfermo y mientras esperaba que volviera a susurrar algo, mi mente se puso a pensar en lo mucho que deseaba hacer a Airif mía. Por fin distinguí lo que la joven susurraba. Era mi nombre. Sonreí al pensar que estaba teniendo un sueño erótico conmigo, me puse sobre ella y, dormida, me abrazó pegándome a ella. Mantenía un poco de distancia, apoyándome sobre mis brazos, para mirarla y tener libertad de hacer algo. Su cadera se empezó a mover contra la mía, provocándome. Maldije el momento en el que decidí ponerme encima de ella.

-Ai... -susurré, intentando despertarla. 

La besé en los labios para ver si reaccionaba, pero seguía jadeando y moviendo la cadera. Volvió a susurrar mi nombre, esta vez después de un gemido. Me empezaba a preguntar qué pasaría en el sueño mientras le daba suaves besos en el cuello, intentando en vano evadirme de mis pensamientos. Me notaba muy excitado y sentí un escalofrío cuando su sexo y el mío tomaron mejor contacto. Estaba muy húmeda y calentita. Me mordí el labio inferior, deseando que parara, pero ella seguía rozándose contra mi miembro, provocándome más escalofríos y ganas de penetrarla.

-¡Airif! -grité con fuerza, casi desesperado.

Ella se asustó y nuestras frentes chocaron. Ella no pareció sentir apenas dolor, pero yo sí. Estaba sonrojada y aún jadeaba un poco.

-¿Qué pasa? ¿Por qué gritas? -me preguntó, sin extrañarse apenas de que estuviese encima de ella.
-Tienes un sueño profundo y una cabeza dura, Ai... -susurré frotándome la frente. Desvió ligeramente la mirada.
-¿Cómo es que estás encima mío, Tho...? -susurró algo avergonzada.
-Yo... creí que te despertarías al notarme encima tuyo pero... creo que sólo empeoró la cosa. -susurré sin mirarla tampoco.
-¿Empeorar...? -susurró ella, volviendo a mirarme aunque yo no lo hiciera.
-Sí... ¿puedo saber qué soñabas? -pregunté, evadiendo el tener que darle explicaciones y volviendo a mirarla.
-Soñaba... que... -su sonrojo aumentó, se la veía muy mona.- bu-bueno... que...
-¿Que hacíamos el amor? -le ayudé a acabar, provocando con ello que ella suspirara, confirmándome que era cierto.- Se notaba un poco...
-¿Por...? -creí que no podía sonrojarse más, pero me equivoqué. Parecía hasta asustada.
-He llegado a notarte... muy excitada. También jadeabas y susurrabas mi nombre. He intentado retenerme para no... penetrarte mientras sueñas, pero me estaba costando mucho... -susurré, esperando que no le sentara mal.
-Lo siento... -susurró ella.- Supongo que dormida no puedo esconder lo que siento...
-Es muy probable, sí... -le di un suave beso en los labios, el cual me devolvió en el instante.- Igual es absurdo preguntarte esto, pero... ¿has dormido bien?
-Sí... hacía mucho que no me notaba tan... activa. -arqueé una ceja, tomándole un segundo sentido a su frase.- ¡No me mires así, no me refería a eso!

Reí ante su reacción, se volvió a poner colorada. Parecía algo disgustada, pero volví a besarla y más profundamente. Era un beso lento y suave, el cual ella respondió entregándose completamente a él, cerrando los ojos y acariciándome la espalda. Me relajé y dejé caer un poco más de peso sobre ella. Aún la notaba bastante excitada, igual que debía estar yo, pero sólo quería que no se sintiera mal. Abrió más las piernas, permitiéndome que mi cadera se acoplase perfectamente a la de ella, aunque eso provocó que nuestros sexos volvieran a rozarse, provocándonos a ambos un fuerte jadeo. Separamos nuestros labios y nos miramos. Yo no estaba muy seguro de querer seguir. Mi cabeza decía que no, pero mi corazón me decía que creía que era el momento. No supe qué decisión tomar hasta que ella me empezó a besar el cuello.

-¿Estás segura...? -le pregunté tembloroso, pero no de miedo sino de deseo. Ella detuvo los besos y me miró a los ojos. Poco después asintió.- Antes de nada... quiero que me prometas algo. -frunció el ceño, extrañada.- Sí... Por favor... no me pidas después de esto que lo dejemos... -susurré triste.- Prométeme... que no me dejarás ni apartarás de tu vida... -oculté mi cara, apoyando mi barbilla en su hombro.
-Lo prometo... -susurró con dulzura.

Alcé de nuevo la cabeza y la miré, me sonreía y me miraba con ternura. Sonreí de la misma manera y ella quiso volver a mi cuello, pero yo no la dejé. Me miró y le guiñé un ojo, lo cual provocó que se sonrojara levemente. La besé apasionadamente en los labios mientras colocaba todo mi peso en mi brazo izquierdo, usando la mano derecha para acariciar los pechos de Airif. Ella jadeó en mis labios, estremeciéndose. Sonreí y quité peso de encima de ella, poniéndome a cuatro patas y bajé mi mano hasta su sexo, acariciándolo suavemente de arriba a abajo. A la vez que ella gemía, yo la besé más apasionadamente aún. No olvidaba que no estábamos solos y no quería que Elin y Alyä adivinaran lo que estábamos a punto de hacer. Tras estar así un rato, decidí que ya era hora y que ya estaba más preparada para que lo hiciésemos. Volví a colocarme entre sus piernas y ella me miró.

- Me... me dijiste que podía doler... ¿verdad...? -susurró entre jadeos.
-Sshh... no pienses ahora en eso... -susurré intentando que no se pusiera nerviosa.

Empecé a moverme lentamente, acercando mi miembro a su sexo, sin dejar de mirarle a los ojos. Cuando estaba a punto de penetrarla, la puerta se abrió de golpe.

-¡¡Buenos días, Airiiiiiiiiiiiiiiiiiif!! -gritó el rubio.- Te he dejado dormir más de la cuenta, así que ahora a desayu... Ups...

Pareció tardar en darse cuenta, pero tampoco se movió de ahí. Airif se abrazó a mí, de manera que no quedase ninguna parte de su cuerpo a la vista del hombre que tenía ganas de matar.

-Ibáis a... ¿verdad? -preguntó casi tartamudeando.
-Sí... -respondió Airif.
-Pe... perdón, no sabía que... E-en fin... os dejo solos. -dijo yéndose, cerrando la puerta a la vez que se iba.

Ambos suspiramos y nos miramos. Ella asintió, como diciéndome que siguiéramos. Me quedé pegado a ella, le di un beso, y apenas comencé a mover mi cadera cuando volvió a abrirse la puerta.

-¡Airiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiif, no puedes, antes tenemos que hablar de chicos como amigas que somos! -gritó Alyä.
-Grrrr... -gruñió Airif de manera intimidante.- ¡Así no hay quien haga nada! ¡Iros a matar a un dragón y dejarme tener intimidad, demonios!
-¡Eeeeh! ¡Demonio tú, que lo tienes dentro, yo sólo los invoco! -dijo con burla Alyä.

Airif volvió a gruñir y se giró, dándole la espalda a Alyä.

-Vamos, nena. No te enfadeeeees... -dijo con tono suave.- Ya os dejo solitos para que....
-¡No! Ya no tengo ganas de nada. Me voy a enfrentarme a algún dragón. -me apartó de encima de ella, con un poco de brusquedad y se puso su ropa. Salió de la habitación dando un fuerte portazo que hizo retumbar la casa.
-Uh... lo siento. No sabía que se iba a poner así. -dijo la castaña mirándome.- Aunque entiendo por qué tenía tantas ganas... -dijo tras mirarme entero y sacó la lengua, con expresión divertida.
-Al... -me sonrojé y me tapé con la manta.- Tienes que pedirle disculpas a ella, no a mí.
-¡Voy! -salió corriendo detrás de ella y yo me vestí. Mis ropas ya estaban secas y me alegré un poco por ello, aunque me disgustaba la idea de que nos hubiesen interrumpido. 

Salí de la habitación y vi a Airif esquivando zarpazos y ataques flamígeros de un enorme dragón negro. Alyä  también la miraba y me acerqué a ella.

-Deberías saber que es malo interrumpir a una pareja cuando ya sabes que van a hacer algo... -susurré y ella me miró.
-Lo sé... -susurró. No supe distinguir qué tono usó.
-¿Entonces por qué...? -pregunté desconcertado.
-Porque me dais un poco de envidia. -me miró y yo arqueé una ceja.- No seas creído, no lo digo por ti. Lo digo porque estáis juntos de nuevo. -asentí con la cabeza. Aunque anoche estuvimos a punto de separarnos del todo, hoy me había prometido que no lo haría.- Yo querría estar igual con una persona muy importante para mí...
-¿Le conozco? -negó con la cabeza.
-Es un antiguo amigo de la escuela de brujería de la ciudad. Se llama Demián. -suspiró.- Mejor os lo cuento esta noche a Airif y a ti, así ella igual puede entenderme un poco mejor.

Asentí con la cabeza y me senté en el suelo, mirando los movimientos de Airif. Era rápida y fuerte, lo cual me hacía sentirme orgulloso de ella. Elinghad llevaba armadura de placas para enfrentarse a un dragón, pero a ella no le hacía falta.

miércoles, 18 de mayo de 2011

Capítulo 21.

Thoran.

Tuve miedo al principio, cuando empecé a besarla. Esperaba un empujón o un rechazo, pero no. Ella se entregó a mí, un poco nerviosa quizás, pero lo hizo. Me atreví a acariciarle la espalda mientras mis labios jugaban con dulzura contra los suyos. Noté cómo se estremecía y sonreí. Dejé de besarla y la miré. Me gustaba su nueva imagen, se me hacía raro verla así. Parecía tener una cara de niña en un cuerpo de adulta. Clavé mis ojos en los suyos y vi que le brillaban. Parecía que iba a llorar y me preocupé, viendo cómo poco después se abrazaba a mí por el cuello. Rompió a llorar y yo me sentía algo impotente, pero reaccioné a tiempo para abrazarla y que no se sintiera peor.

-¿Por qué lloras, Ai...? -pregunté con dulzura.

No obtuve respuesta, ella seguía llorando y eso me preocupó todavía más. Me abrazó más fuerte, casi ahogándome y no me atreví a preguntarle. Si ella quería hablar, ya lo haría. Lo único que se me ocurrió para intentar calmarla, era darle suaves besos por donde pudiese. Empecé y ella poco a poco fue calmándose. Cuando dejó de llorar, aflojó el abrazo y se separó lo justo para mirarme. Acerqué mi cara a la de ella, acariciándola con mi nariz en la suya y luego le di un pequeño beso en los labios. Luego ella me lo devolvió, acariciándome después la cara. Se acercó a mí y me besó en el cuello, quitándome mi mojada ropa con lentitud. Yo la miré extrañado, pero la dejé hacer. Se giró cuando tuvo toda mi ropa en sus manos y la dejó al lado de la suya. Tras eso, volvió a besarme el cuello mientras acercaba su cuerpo al mío. Jadeé por sentir su piel junto a la mía.

-Ai... -susurré, cogiéndola de las manos y alejándola un poco de mí.- ¿Por qué me has...?

Me calló con un beso apasionado que me pilló por sorpresa, pero me dejé llevar poco a poco, respondiéndole con la misma pasión. Estar más de una semana sin ella, sin sus besos y sin sus caricias me había parecido un infierno. La acaricié con pasión y suavemente al mismo tiempo por todo su cuerpo, arrancándole gemidos que se ahogaban en nuestros labios. Rodeó con sus piernas mi cadera, pegándose a mí y yo me frené. Parecía dispuesta a acostarse conmigo ahora, pero yo realmente no lo quería así. Tenía la impresión de que quería deprisa y corriendo, como para atarme a ella.

-Ai... -susurré jadeando, la deseaba pero no podía continuar.
-Dime, Tho... -susurró jadeando también.
-¿Por qué...? -dije simplemente. Me miró con cara de no entender a qué me refería.- ¿Por qué quieres...?
-¿Acostarme contigo...? -asentí con la cabeza.- Porque... te quiero, Tho... -me hizo sonreír, pero ella no sonreía.- Te quiero, pero...
-¿Pero...? -ese "pero" me preocupó.
-Pero... quería que tuvieras un... recuerdo... por así decirlo. -temblaba y al acabar la frase dejó de mirarme.
-No te entiendo, Ai... -susurré triste.
-Lo que quiero decir... -cogió aire, lo soltó y me miró.- es que no estoy segura de que... debamos estar juntos.

Se me cayó el alma a los pies. ¿Por qué no deberíamos? No entendía qué pensaba o creía ella, pero me dolía fuese lo que fuese.

-¿Por? -intentando no parecer demasiado afectado, le hablé con dureza.
-No quiero que nadie más se interponga entre nosotros y nos haga pasar por esto... Primero Thira se aprovechó de lo bueno que eres y te besó. Después alguien se disfrazó de ti como fuese y no logro borrar esa imagen de mi cabeza. De Thira y tú... -no pudo seguir, temblaba y se agarró la cabeza con ambas manos.- No quiero ni pensar qué más nos pueden hacer. -suspiré, no sé muy bien por qué, pero lo hice.- No quiero perderte, Tho... pero no quiero estar en una relación donde haya terceras personas.
-Prefieres que me aleje de ti. -concluí yo mismo, alejándome de ella y dándole la espalda.
-Más o menos... había pensado que... como amigos... 
-¿Perdón? -me giré bruscamente y alcé demasiado el tono.- ¿Te crees que he estado más de una semana en un estado de depresión que nunca creí que podría tener, para que nosotros acabemos así, siendo amigos? No, Airif. No me siento con fuerzas de pasar por eso, yo no puedo verte como una amiga. Ya no.

Salí del agua, muy malhumorado. Me parecía el colmo. No entendía cómo podía pedirme algo así. Y aunque lo que creía era que no me quería lo suficiente como para no considerar cómo podía sentirme yo con esas palabras, no me animaba nada. Me hundía más. Me vestí con mis ropas mojadas y me giré a mirarla. No parecía atreverse a mirarme.

-Gracias por el recuerdo, podías habértelo ahorrado... -le dije, sin preocuparme en si le molestaba o no.
-Tengo mis motivos, Tho... -se giró y salió del agua, vistiéndose también y mirándome.
-Y los entiendo. Pero no eres capaz de entenderme tú a mí. Lo he pasado fatal, pensando que me odiabas. Y la verdad, ya no sé qué es peor...
-Yo también lo he pasado fatal, tú al menos no tienes esa horrible imagen pasándote por la cabeza día sí, día también.
-No, desde luego. A partir de ahora voy a tener la imagen de la persona que amo llorándome, para luego calentarme y después decirme que seamos amigos.

Se la veía enfadada, como a mí, pero un par de lágrimas salieron por sus ojos. Me dolió verla llorar por mi culpa, aunque en cierta manera ella se lo había buscado. Quise abrazarla, pero no estaba seguro de tener que hacerlo. Sacudió la cabeza y volvió a acercarse al lago, sentándose en la orilla. La oí llorar y sollozar, acurrucada sobre sí misma. Yo suspiré y me di la vuelta, con la intención de alejarme, pero pude distinguir un gruñido. Miré a Airif, pero no parecía ser ella. Miré a mi alrededor y no logré ver nada, hasta que miré al lago fijamente y vi cómo una especie de tentáculo se lanzaba hacia Airif rápidamente.

-¡Cuidado, Ai...! -no me dio tiempo a avisarla, la pilló desprevenida y yo no reaccioné a tiempo.

El tentáculo la tenía completamente rodeada y parecía que apretaba. Airif se removía, intentando escapar, pero no podía. El tentáculo se iluminó y la rubia empezó a gritar de dolor, dejando al rato de forcejear y parecía haberse desmayado. Recordé entonces que, según el hermano de Alyä, llevaba mucho sin descansar bien, por lo que debía estar en el límite de su resistencia. El tentáculo la lanzó a lo lejos y oí cómo su cuerpo tomó contacto con la tierra. Se oyó un rugido aún más potente que antes. Yo corrí hacia Airif y la vi, efectivamente, inconsciente. Toqué su piel y me dio un calambre. Sea lo que fuese que hubiese en el lago, parecía un ser eléctrico. El tentáculo vino hacia mí y no pude reaccionar tampoco, era demasiado rápido. Airif se movió un poco, incorporándose un poco y sacudió la cabeza. Miró a su alrededor y me vio en el aire, alzado por el tentáculo. Nos llamó a los dos la atención un brillo, el cual reconocí como la descarga eléctrica que me esperaba. Cerré los ojos, esperando lo peor, pero escuché un sonido metálico y poco después sentí una sensación de vértigo, como si me cayera, tras escucharse un rugido lastimero. Airif se lanzó al suelo a tiempo para acolcharme la caída, provocando que gimiera de dolor al sentir mi peso sumado a la altura cayendo sobre su espalda. El tentáculo sin vida me soltó y pude apartarme bien, ayudando después a Airif a levantarse. La miré preocupado, esperando que no estuviese muy herida.

-¿Estás... bien...? -preguntó jadeando y acariciándose lo que podía de la espalda.

Asentí nervioso y la abracé. Me devolvió el abrazo pero poco después me apartó de un empujón, pudiendo contemplar así cómo cuatro tentáculos más aparecían del lago y ataban a Airif de cada una de sus extremidades. Tiraban de ella, intentando arrastrarla hacia el agua, mientras que ella hacía fuerza en el sentido contrario. Me acerqué hacia ella y la cogí por la cintura, ayudándola a hacer fuerza tirando de ella hacia mí. En mi mente oí un "Apártate" y confuso miré a Airif. Sus ojos eran morados ahora, y brillaban. Eso me dio a entender que usaría la fuerza de Junibi para sacar al monstruo del lago. Me alejé de ella y la chica cogió con sus manos los tentáculos, tirando fuertemente de ellos. Poco después un cuerpo redondo con una cabeza salió del lago y rebotó contra el suelo, llevándose consigo a Airif. Ella se levantó y, aún jadeando, alzó una mano, con la palma abierta y una esfera negra se empezó a formar, creciendo a cada segundo más. Unas sombras aparecieron en su espalda, tomando forma de alas y ella alzó el vuelo, lanzando poco después la gran bola oscura sobre la criatura. Dicho ser, explotó en pedazos una vez que le llegó el ataque de Airif. Me cubrí con el brazo, con el fin de que no me salpicara demasiado la sangre y vísceras que soltaba la criatura. Miré a Airif y vi cómo descendía y se colocaba a cuatro patas en el suelo, jadeando. Me acerqué a ella, lentamente. Sus ojos dejaron de brillar y las alas negras desaparecieron, cayendo después a un lado. La cogí en mis brazos y la llevé a casa del hermano de Alyä, sin dejar de mirarla.

-¡Tho! ¿Qué ha pasado? -preguntó la castaña cuando me vio aparecer con Airif en mis brazos.
-Nos atacó un bicho muy raro... está ahí fuera, destrozado por Airif. Pero ella... -susurré mirándola, empezó a temblar y parecía estar sufriendo.
-Acompáñame, te diré cuál es su habitación. -me dijo el rubio. Yo le seguí y me indicó la puerta, abriéndomela.- Túmbala y... bueno, quédate a su lado si quieres.

Asentí y entré, la tumbé en su cama y me senté a su lado. Me seguía sintiendo dolido por sus palabras de antes, pero me había salvado y ahora estaba indefensa. La desnudé para que estuviera más cómoda y la tapé con su manta, tumbándome después yo a su lado. La miré y vi que lloraba mientras susurraba algo débilmente. Me acerqué más a ella y oí mi nombre. La abracé, pero seguía temblando. Se tumbó de lado y se llevó la mano izquierda al pecho, donde tenía el corazón. Gimió de dolor, y fue entonces cuando me di cuenta qué podría estar pasando por su mente. La horrible imagen de yo y Thira haciendo el amor. Suspiré y se despertó de golpe, parecía desorientada, pues miró a todos los rincones de la habitación. Pareció tranquilizarse cuando me vio a su lado, pero bajó la mirada.

-¿Qué... soñabas? -pregunté, acariciándola.
-Nada... -susurró y se apartó de mí, dándome la espalda.
-Ai... quiero ayudarte... -la abracé por la espalda y le besé la nuca.
-No puedes... -susurró llorosa.- Nadie puede...

Me sentía fatal, habíamos discutido y ahora ella estaba muy negativa, tras haberme salvado de un monstruo eléctrico y tentaculoso.

-Eso es... porque tú no nos dejas... -dije suave, dándole besitos por el hombro.- No nos apartes de tu lado, Ai... -se giró y me miró, triste.- Te quiero... -la besé en los labios, con miedo nuevamente, un miedo que se esfumó al ver cómo ella cerraba los ojos y se abrazaba a mí.
-Quiero olvidar esa escena... -susurró triste.- Sueño con ella todas las noches... cada vez que cierro los ojos... incluso cuando no tengo nada que hacer me viene a la mente...

Pensé en una posible solución. Lo más fácil sería que perdiera la memoria de nuevo, pero ya no puede ser posible. O no sabía cómo hacerlo. Otra posible solución era lo que ella quería en un principio. Acostarme con ella, demostrándole que la quiero. Mientras planteaba esa posibilidad, ella se quedó dormida de nuevo. Se la veía agotada. Le di un beso en los labios, me desnudé para no coger un resfriado por la ropa mojada y me metí en la cama con ella, abrazándola de nuevo. Ahora parecía más tranquila, así que cerré los ojos y me dormí. Llevaba mucho tiempo deseando poder estar así de nuevo con ella.