martes, 8 de noviembre de 2011

Capítulo 26


Alyä

Poco después de la aparición de Dapo, fuimos a la ciudad a inscribirnos. Airif estaba emocionada y a la vez nerviosa. Me reía para mis adentros, dado que yo ya sabía que lo haría bien, siempre y cuando no matara a nadie, aunque supongo que sabría controlarse. Tras apuntarnos caminamos en dirección a la posada por un camino cercano a la muralla, lleno de casas y comercios. Me fijé que Thoran estaba extremadamente serio. Me acerqué a él y le pregunté por qué estaba así.

-No te has dado cuenta tú tampoco, ¿verdad? –negué con la cabeza y le miré sin entender qué debería haber visto.- Thira está apuntada también…

Oleadas de furia me llenaron el cuerpo, cosa algo anormal en mí. Sentía ganas de matarla si tenía la oportunidad. Deseaba ser yo quien combatiese contra ella y darle lo que se merece por haber hecho tanto daño a mi hermano. Pero me frenó el pensamiento de que, si la mataba, me condenarían de por vida al calabozo. Suspiré e intenté calmarme. La cola que Junibi me dio me empezaba a afectar, no sólo a mis poderes, los cuales aumentaron, sino también a mi control de enfado. En parte, empezaba a comprender a Airif, lo que tuvo que aguantar cuando Thira se la jugó, consiguiendo engañarla de manera que creyera que Thoran la estaba engañando.

-¿Estás bien? –Thoran me sacó de mis pensamientos. Asentí y le sonreí.- Te veo rara…
-Ya hablaremos a solas sobre eso. Tengo algo que decirte.

No dijo nada, solo afirmó con la cabeza y miró hacia adelante. Poco después nos encontramos con Demián, el cual también se había apuntado. Me saludó diciendo “Mi pequeña Alyä” y provocó que me sonrojara. Iba vestido como de costumbre, pero llevaba ahora un tabardo oscuro, con el dibujo de un cuervo en el pecho.  Pensé en preguntarle más tarde, ya que noté en mi interior inquietud. Airif se detuvo en seco, como estando alerta, y miraba a su alrededor.
  
Airif

Me sentía inundada de nervios, pero no sabía exactamente por qué. Algo me alertaba que se acercaba un peligro, supongo que sería Junibi. De lejos, oí algo enorme acercase, saltando de tejado en tejado. Miré en esa dirección y pude ver un enorme felino blanco con rayas negras y ojos verdes. La gente de nuestro alrededor se asustó y se ocultó rápidamente en sus casas o negocios, gritando. Miré fijamente a los ojos a ese animal y me rugió. No mostré ni una pizca de miedo, no me eché atrás. Saltó al suelo y después intentó abalanzarse sobre Thoran. Tuve la agilidad suficiente para interponerme en forma de lobo, placando así a mi novio para apartarlo de la trayectoria del felino, pero recibiendo un arañazo en mi espalda. Solté un gañido al notar sus garras en mi piel y me tambaleé un poco. Le gruñí con ferocidad y cuando volvió a saltar sobre nosotros, pude agarrarle del cuello y desviarlo, estampándolo contra la muralla que protegía la ciudad.  Sacudió la cabeza y me observó detenidamente, rugiéndome suave pero amenazadoramente. El dolor de la herida me empezaba a nublarme la mente, enfureciéndome y noté cómo Junibi intentaba salir. Sacudí la cabeza y gruñí. Abrí mis fauces y empecé a reunir energía, formando una bola negra y la empujé contra él. Por suerte o por desgracia, fue lo suficientemente débil para no romper la muralla, pero sí para espantarlo. Saltó al otro lado de la muralla y me mantuve alerta hasta que no podía olerle. Volví a transformarme en humana y caí al suelo de bruces, temblando de dolor. Notaba cómo la sangre salía de mis heridas y me cosquilleaban los costados.

-Debemos llevarla a la posada, rápido. –dijo Thoran. Se colocó delante de mí agachado y yo me subí a su espalda, agarrándome de su cuello con las pocas fuerzas que me quedaban.

Notaba el viento en mi cara de lo rápido que iban hacia nuestro alojamiento, pero apenas podía mantenerme despierta. Todo se volvió oscuro, como si me hubiese dormido. Abrí los ojos y estaba en un pueblecito oculto en un bosque. No entendía por qué, si tenía que participar en el torneo para demostrarle a Dapo que Elinghad no era un mal maestro.  Caminé y detrás de mí oí una voz que me llamaba. No conocía la voz, me giré y vi a un chico. Era más alto que Thoran, moreno y con ojos verdes.

-Hola, Airif. –saludó con tranquilidad. Yo le miraba con desconfianza.
-¿Quién eres…?
-Vaya, no me recuerdas… Soy tu hermano.
-Desconocía que tuviese un hermano. –dije sorprendida.
-Me llamo Raylan. –sonrió y no dijo nada más.
-¿Thoran te conocía? –pregunté con inseguridad, rompiendo un incómodo silencio.
-Sí.
-¿Por qué no me dijo nada de ti…? –miré al suelo, algo decepcionada.
-Igual me consideraba… en el mismo estado que nuestros padres.
-Pero aún así… no sé.
-No le des importancia. Él consideraría más importante saber que estabas bien.

Asentí, supuse que después de tantos años sin verme lo que más le importaba era intentar recuperar el tiempo perdido, sin mencionarme mucho a mi familia. Alcé la cabeza y vi que se marchaba.

-¡Espera! ¿A dónde vas?
-Tranquila, te estás despertando.
-¿Despertando?
-Sí, me estoy comunicando contigo mentalmente.
-¿Cómo es eso posible…?
-Es por algo que tenemos en común…
-¿La sangre?
-No, algo más importante. Ya lo descubrirás.

Desapareció y desperté en una cama. Miré a mi alrededor, incorporándome un poco, y observé el lugar. Era una habitación bastante parecida a la que hay en la otra posada. Me levanté lentamente, quejándome un poco. Me habían vendado todo el torso y algunas vendas pasaban por mis hombros. Me puse una camisa de Thoran y salí, buscándole. Mientras bajaba las escaleras, vi que él subía.

-Oh, ya te has despertado. –me sonrió y me dio un dulce beso en los labios.- ¿Qué tal estás?
-Bien… ¿dónde están los demás? –sentía curiosidad.
-Pues… Elinghad se ha cogido una habitación para él solo y Demián le propuso a Alyä compartir habitación.
-¿Y…? –me imaginé la situación, su cara toda roja mientras él le insistía si quería o no.
-Aceptó, roja como un tomate. –dijo riendo. Su risa me contagió, haciéndome reír, pero al doblarme un poco me quejé.- Cuidado. ¿Estás bien…?
-Sí… ha sido algo leve.
-Bueno…
-Oye, quería hablar contigo… -susurré un poco seria, preocupándole sin querer.- Vamos a la habitación.

Subimos juntos, entramos a la habitación y nos sentamos en la cama. Pensé en cómo preguntarle, pero no sabía si era algo que realmente soñé o que ese supuesto Raylan entró en mi cabeza realmente.

-Tú dirás, cielo. –dijo con tranquilidad.
-Yo… ¿yo tengo un hermano? Mayor. –pregunté directamente.
-Sí.
-¿Sabes qué fue de él?
-No.

Me respondió tan secamente que me sentí un poco mal. Debió darse cuenta, porque de repente me abrazó y me acarició el pelo con suavidad.

-¿Te sigue haciendo efecto la poción de mi maestro? –preguntó con curiosidad.
-No… bueno, no sé. Él dijo que pudo meterse en mi cabeza por… porque teníamos algo en común que nos unía. –susurré pensativa, lo suficientemente alto para que me oyera bien.
-Ya veo. Nunca te fíes mucho de él. –su voz sonaba severa, me asustó un poco.
-¿Por…?
-Sólo hazme caso, querida.
-Pero…

No pude seguir, me calló los labios con un beso.  Cerré los ojos y me olvidé del tema, me gustaba la sensación que me provocaba su boca estando junto a la mía. Seguimos besándonos, tiernamente al principio pero apasionándolos poco después. Me detuve en seco, notando una punzada de dolor en mi pecho que me dejó incluso sin aire. Thoran me miró preocupado y susurró mi nombre, pero no podía contestarle. Oí en mi cabeza una voz, esta vez era la de Junibi. Me decía lo mismo que Thoran, pero me provocó el pinchazo a propósito para que le hiciera caso. Gruñí y maldecí al lobo.

-¿Estás bien, Ai…?
-Sí, es sólo que el lobo me quería decir lo mismo que tú, pero me ha dado un toque de atención.
-Deberías descansar y reponer fuerzas, mañana empieza el torneo. –dijo entre besos que me repartía por mi rostro.

Le hice caso, bajé a comer algo y poco después subí a intentar dormir, pero como me había pegado toda la tarde dormida, ahora no podía conciliar el sueño. De repente me acordé de Arwyl, mientras Tho dormía. Me sentía mal por haberme olvidado de ella. Me gustaría volver a verla, pero de momento no podía moverme de la ciudad, no muy lejos al menos, y no sabía cómo localizarla. Suspiré y miré por la ventana. Había una luna bonita, aunque no era llena, que es cuando más me gustaba. Pasé mi mirada al techo y me pregunté si Alyä y Demián habrían hecho algo. Sonreí picaronamente y reí en mi interior, alegrándome en parte por ellos. Me abracé a Tho y él, dormido, se giró, abrazándome también. Me acurruqué más contra él y logré quedarme dormida.

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