jueves, 16 de junio de 2011

Capítulo 24.

Airif.

Al entrar en la habitación, vi un paquete. Imaginé que era eso lo que Al quería regalarme. Lo abrí y vi que se trataba de un conjunto negro. La camiseta era de tirantes, los pantalones cortos y un par de guantes. También había una larga cinta negra junto a una nota, en la que decía que eso era para la frente, que si quería y me gustaba me lo pusiera. Decidí probármelo al día siguiente, ya que me encontraba bastante cansada después de haber peleado una y otra vez contra dragones.

Me tumbé en la cama, suspirando y Thoran se tumbó a mi lado, abrazándome. Sonreí y me acurruqué, quedándome dormida poco después.

Me desperté al escuchar a Elinghad cerrando la puerta de su habitación. Me encontraba algo mareada y notaba frío a mi alrededor, pero tenía una misión que cumplir. Así que me levante, me puse la ropa nueva que Alyä me hizo y salí tambaleándome. No me sentía con ganas de desayunar, así que salí afuera y no veía a ningún dragón. Me parecía extraño, ya que había amanecido hace bastante rato y deberían estar por ahí luchando entre ellos, las crías jugando, o simplemente volando por el cielo en busca de algo que cazar a las afueras del valle. Sopló el viento y curiosamente me hizo sentir algo mejor, pero al parar volví a sentir frío a mi alrededor. Me acerqué como pude a una de las cuevas y miré dentro. No había nada.

-¡Airif! -oí a mis espaldas. Me giré y vi al joven paladín acercándose a mí.- ¿Te encuentras bien? Te veo mala cara.
-Sí... divinamente. Oye... ¿dónde están los dragones? -dije forzando una sonrisa.
-No lo sé... pero intuyo que si se han alejado es por algo. -susurró pensativo. Yo le miré y en mi interior sentí que algo se acercaba. Él pareció sentir algo similar cuando ambos miramos hacia la misma dirección.

Un enorme dragón negro de tres cabezas estaba acercándose a nosotros. No me sentía con ganas de pelear contra un dragón así, pero si tenía que hacerlo lo haría.

-¡Y aquí está el supuesto gran Elinghad, el cazador de dragones! -dijo una voz masculina desconocida.
-No... tú no... -oí susurrar a mi amigo.
-¡Sí! Soy yo. Dapo, el auténtico cazadragones. -estaba subido en la espalda del dragón, pero de un salto bajó hasta nosotros. Su dragón gruñía con sus tres cabezas.- Apuesto a que nunca te has enfrentado a uno así. Y mucho menos doblegarlo.

Miré algo enfadada al tal Dapo. Iba como Elinghad, vestido con armadura. Pero tenía una piel casi morada y los ojos le brillaban mucho. También era un poco más alto que Elin.

-¿Tú también eres paladín? -pregunté con curiosidad.
-¿Paladín? ¿Yo? No me ofendas, niña. Yo soy un gran guerrero. Los paladines sólo son un estorbo. -tras decir eso, empezó a reírse.

Enfurecida, intenté partirle la cara, pero su dragón lo detectó y fue más rápido que yo, dándome con la cola y lanzándome lejos. Al levantarme mis brazos temblaban, débiles. Apenas me podía sostener sobre mí ahora. El dragón se acercó a mí, portando sobre él a su domador.

-Jé. Niña ridícula... ¿Cómo te atreves a intentar hacerme algo con mi guardián al lado?-le señaló con el pulgar.- ¿Crees que tienes alguna posibilidad contra él? -sonrió con malicia y yo gruñí.- Lo que me sorprende es que tras ese coletazo estés viva...
-Ella ha intentado hacer algo muy natural, defender a alguien que aprecia. Pero claro, tú no entiendes eso ¿Verdad, Dapo? Tú no aprecias a nadie. -Elin se acercó a mí, ayudándome a ponerme en pie y sujetándome fuerte.
-¿Que no aprecio a nadie? Claro que aprecio a alguien. A mi dragón. -provocó que me riera.- ¿De qué te ríes?
-Suena... bien que aprecies a tu dragón. Pero ¿sólo le aprecias a él? -asintió con la cabeza y yo volví a reír.- Zoofílico...

Su dragón intentó volver a atacarme, pero Elinghad y yo fuimos rodeados por una esfera negra. La esfera se mantuvo y Elinghad aprovechó para hablar con él.

-¿Puedo saber qué haces aquí?
-Quiero retarte... -tanto mi amigo como yo abrimos mucho los ojos.- Sí, como sabrás hay un torneo en la ciudad y... como también soy el hijo del rey, puedo elegir qué criatura peleará en la gran arena. -hice memoria, pero no recordaba ninguna arena. No debí ver la ciudad entera.- Puedes ser tú... o elegir a alguien que creas capacitado que haya estado bajo tus enseñanzas.

Elinghad y yo nos miramos. Luego miré a Dapo.

-Quiero ir a ese torneo. -acepté el desafío con esas palabras y él me miró, arqueando una ceja. Mantuve una sonrisa ladina, mirándole fijamente.
-Te espero la semana que viene... espero que des algo de acción y no mueras en 3 segundos. -se alejó sobre su dragón.

Elinghad y yo vimos cómo se alejaba. Poco después desapareció, junto con la esfera que nos rodeaba. Noté que me pesaba el cuerpo y caí de rodillas al suelo. Jadeaba, me costaba un poco respirar. Empecé a verlo todo borroso mientras escuchaba a Elin preguntándome cosas. No podía responderle, no me salían las palabras. También oía el aleteo de los dragones del valle. Adiviné que les intimidaba el dragón de Dapo.

Desperté, no sabía que me había dormido, pero estaba tumbada bocabajo en el valle. Estaba anocheciendo y pude sentir a mi alrededor a Elin, a Al, a Tho y a varios dragones.

-Ai... -susurró Tho al ver que abría los ojos.

Intenté incorporarme un poco, pero seguía notando mi cuerpo muy pesado. Tho me ayudó y me sentó sobre mis rodillas.

-Airif... -susurraron Elin y Al mirándome con preocupación.
-Estoy bien... -dije algo seria.
-Mentira... uno no se desmaya por las buenas.. ¿qué te pasa?-me preguntó Thoran, enfadado por querer ocultarles cómo me sentía.
-Nada... sólo noto mi cuerpo muy pesado. -contesté molesta por su enfado.

Miré cómo se elevaba la luna por el horizonte y noté mi corazón acelerarse. La luna estaba muy roja. Más de lo normal. No me pude dar apenas cuenta de que a mi alrededor apareció mi aura negra, tomando forma de lobo y reflejando sobre el suelo doce colas.

Thoran.

Sus ojos se volvieron rojos mientras Alyä y Elinghad se alejaban un poco de ella, sorprendidos por el aura y la sombra. Yo también me sentía asustado, pero no me separé de su lado. Empezaron a crecerle colmillos típicos de lobo. Luego pude recordar lo que una vez me dijo Junibi. Doce lunas llenas rojas. Se refería a esas lunas. El cielo empezó a llenarse de nubes oscuras, decoradas con rayos carmesís. Airif fijó la vista en esos rayos. Delante de ella, un rayo cayó, cegándonos por el impacto. Ella se levantó lentamente y se acercó a donde el rayo había caído. Al recuperarnos todos, pudimos ver un par de espadas. Las cogió , una en cada mano, y las puso a la altura de sus ojos. Su diseño era bastante bonito. En la empuñadura había un dibujo de una cabeza de lobo con un par de rubís incrustados como ojos. La hojas eran largas y afilada,s firmadas con unas runas que desconocíamos. Las runas brillaron, al igual que los rubís y el aura de Airif desapareció.  También se rompió en mil pedazos el collar que le regalé a Airif. Todo volvió a la normalidad, incluida la luna. La joven se giró hacia nosotros y nos miró.

-¡Siento haberos preocupado! -sonrió.- Me encuentro bastante mejor.

Suspiramos aliviados, aunque Alyä parecía muy interesada en la espada, pues la miraba fijamente. Me acerqué a ella y la abracé. Ella clavó las espadas en el suelo y me devolvió el abrazo.

Airif

Las volví a coger tras devolverle el abrazo a mi moreno. Sentía como si las espadas estuviesen vivas, pero quería aparentar normalidad. Si alguien entendía de cosas demoníacas, era Alyä. Ya hablaría con ella más tarde sobre las espadas. Había tenido un día raro, muy raro y les había preocupado. Miré de nuevo la luna, me atraía por su bello resplandor plateado, pero no era lo mismo. La sensación de antes era como si la luna me transmitiera un mensaje importante, pero no pude ver nada claro hasta que ante mí aparecieron las espadas.

-Deberíais ir a acostaros, habrá sido duro estar pendiente de mí. -dije mirando a Alyä fijamente, esperando que entendiera que quería hablar con ella.
-¿Qué harás tú, Ai? -preguntó Elin. Recordé que tenía algo que preguntarle, pero mejor mañana.
-Me daré una vuelta, estoy bastante despejada. -miré a Thoran.- Estaré bien, ve a dormir. -le sonreí.
-Vale, pequeña... pero ten cuidado. -me besó y se alejó junto al paladín.

La castaña y yo nos quedamos solas. Dimos una vuelta sin decir nada mientras arrastraba la espada por el suelo. Poco después nos sentamos, apoyándonos en uno de los pocos árboles que había en el valle.

-Oye, Al... -me miró.- ¿Qué podrías contarme de la gente que es como yo?
-¿Qué quieres decir?
-Según tengo entendido... Junibi viene por doce colas. ¿Qué... puedes decirme de esas colas?
-Lo que he leído en cuentos, libros de leyendas y demás... contaban que cuantas más colas se liberen, peor es el autocontrol de la persona.
-¿Mi autocontrol?
-Sí. Digamos que, cuantas más colas liberas, más dejas que el demonio salga a la luz. Hay una leyenda en particular que me gustó.
-¿Cuál...?
-Tiene que ver con Arawhen, la creadora por así llamarla de Junibi. -escuchaba con atención.-Se supone que le creó para hacer frente a su hermano, el creador de Juichibi, pero le costó mucho controlarlo. Era una magia muy poderosa, pero cometió el fallo de hacer que Junibi poseyera voluntad propia. Podría haber destruido el mundo en el que vivimos, pero Junibi comprendió en ese punto que si el mundo se destruye, él tampoco podría sobrevivir.

Abrí los ojos sorprendida y luego dirigí mi vista al suelo.

-¿Aprendió a controlarlo...?
-Sí. Acabó usándolo en su beneficio. Pero... -la pausa hizo que le mirase.- creo que tu caso es distinto. Hasta ahora, Junibi siempre te ha brindado ayuda. Desde que perdiste la memoria ha cuidado de ti, manejándote por el mundo durante nueve años. Puede que lo hiciera simplemente por sobrevivir. O por cualquier otra cosa.
-Entiendo. ¿Qué crees que signifique esta espada? -la alcé a la vista de las dos.
-El aura y la luna roja desaparecieron casi al instante en que las cogiste. No sé qué relación hay. Lo único que puedo creer, es que esta espada te ayuda a controlarte.

La miré sin entender.

-Sí, te explico. Los que son... como tú, al principio son rodeados de un aura, que va tomando forma del demonio que tienen dentro. Incluso tu apariencia física cambia, pues eres como... el recipiente del demonio. Si él "despierta", tu cuerpo se adapta a él. Lo que creo que hacen las espadas, es que no te pase eso en momentos no necesarios.
-¿No necesarios?
-Sí. Si pelearas contra alguien que odies profundamente, aunque controles a tu demonio, podrías descontrolarte de tal manera que saldría a la luz lo que llevas dentro. No sabemos el carácter de Junibi, pues poco hay escrito acerca de él. Fue creado por Arawhen en un momento crítico y tú, como su sucesora, lo has heredado.
-Me gustaría saber más sobre Arawhen... -susurré.

Al me miró preocupada, pasó su brazo sobre mis hombros y me apegó más a ella.

-Déjame hablar con él... -susurró seria.

Alyä

Sus ojos cambiaron de color al instante, no había aura ni nada, pero era él. Podía sentirle.

-Dime... -susurró una voz que no era la de Airif.
-¿Hay alguna forma de repartir las colas?

Me miró con sorpresa, pero asintió.

-No es aconsejable, pero... es una manera de controlar que ella no pierda el control completo. Sólo con tu consentimiento, o el de quien sea, podría usar esa fuerza. -explicó.
-¿Cuál es el método?
-¿Por qué quieres saberlo?
-Es mi amiga... me preocupa que por culpa de... lo que sea, ella pierda el control y nos destruya a todos. -arqueó una ceja.- No lo digo por mí. Si ella se recuperase y viese que ya no estamos ninguno de sus seres queridos, se sentiría terriblemente mal. -su cara cambió, parecía comprender.- Lo raro es que no haya mencionado nada de sus padres...
-Eso es mejor que no lo sepa. Nunca.

Sentí una enorme curiosidad. ¿Qué podía ser tan horrible como para que no deba saberlo?

-¿Puedo...?
-¿Dirás algo?
-No.
-Confío en tu palabra... fueron asesinados...
-¿Asesinados...?
-Sí. Eso fue lo que me hizo entrar en ella. Cuando era una niña, sus padres murieron ante sus ojos de una manera horrible y cruel. No sabía quién era él, pero como es normal, un enorme odio se apoderó de ella. Él... la dejó viva y ella acudió a mí. Mi influencia fue tan fuerte que le borró la memoria, como ya sabéis...
-Ya veo... Prefiero no saber de qué cruel manera murieron sus padres. Pobrecilla...
-Sí... aunque algo me dice que lo acabará sabiendo, pero no por ti... -suspiró con preocupación.- Tú que dominas demonios, podrías tener una de las colas. Eso ayudaría a que su transformación en mí no se completara en caso de darse la situación. -asentí. Me sentía bien de poder ayudar.- Sólo te advierto una cosa... Si ella intenta despertar esa cola que le falta, pero tú no le dejas, tendrás grandes dolores. Sentirás algo similar a si te arrancasen el alma de golpe.

Tragué saliva... me preocupaba un poco eso. Pero aún así estaba decidida a ayudarla.

-No importa. -dije con seguridad.

Me miró con seriedad, asegurándose de que no me echaría atrás y los labios de Airif se posaron sobre los míos. Me sonrojé bastante, no me esperaba que me lo fuera a pasar así. Noté cómo la energía de Junibi pasaba a mi cuerpo a través de su boca. Poco después nos separamos y yo me sentía con un poco más de poder.

-Lo siento si te sorprende la forma en que lo he hecho. Pero... es la mejor que hay. -asentí y poco después los ojos de Airif volvieron a la normalidad. Me miró, confusa.- ¿Por qué estás sonrojada?
-Por nada. Igual es que tengo algo de fiebre. -reí nerviosa. No parece ser consciente de lo que pasa a su alrededor cuando Junibi posee su mente.
-Deberíamos dormir entonces. -me pareció buena idea, y nos dirigimos juntas hacia la cabaña.

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Continuará.

1 comentario:

  1. Acabo de leer ya el nuevo, mimola, eso si... se me ha ocurrido la idea de que por casualidad si fuese necesario meter algún dragón potente, me gustaría que te abrieses a una sugerencia que tengo :D

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