jueves, 13 de enero de 2011

Capítulo 3.

Airif

De repente me entraron dudas. ¿Seguro que sería buena idea ir a ver a un desconocido e intentar preguntarle por mi vida y contarle mi lobuna anomalía? No creí que fuese lo más conveniente, podría contarme cualquier tontería y acabar creyéndome lo que fuese. Miré a Thoran, a ese moreno que tanta ayuda me estaba prestando. Realmente no entiendo por qué lo hace, sólo me conoce de escasas horas. ¿Debería preguntarle? Una parte de mí me impulsaba a hacerlo, otra me echaba hacia atrás.

-¿Puedo preguntarte algo? -al final me atreví.
-Claro, dime. -me sonreía, inocente, tranquilo.
-¿Por qué... me ayudas tanto?

Su cara cambió, pasó a estar seria. ¿Por qué? Gira la cara, pensativo. ¿Tampoco él sabrá por qué lo hace? O... ¿tan dura es la respuesta que busca maneras para que no me lo tome mal? Esperé impaciente, sin quitarle los ojos de encima y poniéndome nerviosa.

-Supongo que... -susurra al fin.- me das algo de pena.

Pena. Esa era la respuesta. Realmente no sé qué esperaba. Me miró de reojo mientras yo bajaba la mía. Sentí dolor por esa respuesta. Esa palabra sonaba y resonaba en mi cerebro. Noté que se movía, que alzaba una mano para intentar acariciarme la cabeza, pero me aparté. Sólo faltaba eso, muestras de cariño por pena.

-Lo siento si... te ha sentado mal. -susurra apenado.
-No importa. Y... la verdad, no te preocupes. Lo único que te voy a pedir es que me digas por dónde está la ciudad y a qué lugar de ella debo acudir para saber qué o quién soy. -tono serio, sin emoción, es lo que salió de mí.
-Preferiría acompañarte, podrías perderte.
-Ese sería mi problema. -mismo tono ante su preocupación. Preocupación porque seguro que le da pena que ande en círculos hasta que fallezca sin averiguar nada.
-Insisto... -me miró a los ojos, yo retiré la mirada.
-Vale... 

Acepté a regañadientes, incorporándome y mirando por una de las ventanas. Suspiré y cerré los ojos. En el cristal de la ventana, volví a ver cómo mis azules ojos cambiaban a los rojos fugazmente.

-Bueno... cuando quieras, vamos. -se levanta y se acerca hasta mí.
-Vale. Vamos.

Salimos juntos de allí, tras haber subido el chico a por otra camiseta. Cuanto antes sucediera todo, antes se acabaría. Él caminaba delante, yo unos pasos más atrás. Hacía buen día. Ni una nube en el cielo. Los pájaros cantaban y revoloteaban de árbol en árbol. En cierta manera, eso me aliviaba. Momentáneamente pensé que era por el lobo que llevaba dentro. 

Pasaba el tiempo y cada vez avanzábamos más en el camino. A lo lejos, muy lejos, pude divisar una gran muralla y, detrás de ella, un castillo. Miré a Thoran, estaba cabizbajo. ¿Sentirá remordimientos por haberme hecho sentir mal?

-¿Es allí? -le pregunté.
-Sí. -contestó. Su tono parecía triste, tanto como él desde donde le miraba.

Silencio de nuevo. No sabía que decirle, no quería que estuviese desanimado por lo que me ha dicho. A fin de cuentas, me conoció anoche y de casualidad.

-No deberías sentirte mal por lo que me has dicho. -intenté animarle o al menos, que no se rompiera la cabeza con ese tema.
-No me gusta hacer sentir mal a quien no se lo merece. -contesta deteniéndose y mirándome.
-Yo te pregunté y me respondiste con sinceridad. No debería esperar otra cosa. -le miré y seguí andando.
-Podría haberte mentido. -caminaba a mi lado, sin mirarme.
-No veo el motivo.

Silencio de nuevo. ¿Qué pasaba? ¿Me mintió en serio? Suspiré y decidí no decir nada más. Mis tripas rugieron, olvidé desayunar antes de salir de la posada. Él me miró y yo me sonrojé.

-Veo... y oigo que tienes hambre. -sonríe levemente.
-Sí.
-¿Querrás que te invite a comer algo? -me sonríe algo más, mirándome sólo a mí.
-No. -aún sonrojada, desvié la mirada hacia delante y vi a una persona que se iba a cruzar con nosotros.
-¿Por qué? -preguntó algo desanimado.
-No creo que sea conveniente. -contesté, adivinando que esa persona era Thira.
-¿Por qué? -repite, sin entender.
-Porque si ya discutiste con tu... hermana por la ropa, no me apetece que discutáis también por alimentar a una joven hambrienta. -me detuve en seco y él hizo lo mismo.
-¿Cómo iba a enterarse? -ríe despreocupado.
-Pues porque estoy aquí -contesta una voz femenina que, sin duda, era la de Thira.
-¿De dónde sales...? -parece que le molesta su presencia. ¿Seguiría mosqueado con ella por la discusión de antes?
-Volvía de la ciudad, fui a mirar unas cosas. -me miró de arriba abajo y me señaló.- ¿Qué hace esa con tu camiseta?
-No la llames "esa". -me defendió él.
-No sabemos su nombre, así que no puedo llamarla de otra manera. -tenía razón, ni yo lo sabía.
-Eso lo averiguaré pronto. -dijo cogiéndome de la mano y echando a andar hacia la ciudad. Yo me dejé llevar.
-Ah, osea que desde que apareció ella ¿ya no puedes contar conmigo para nada? -grita ofendida mientras ve cómo nos alejamos.
-Pero si ella no te cae bien, cómo vamos a ir los tres a ningún lado. -parecía agobiado por ella.
-Pues lo soporto, pero haces cosas sin consultarme y me siento completamente apartada. -se quejó, alcanzando nuestros pasos.
-Anoche dormías, además es mi dinero, mis decisiones y mis asuntos. ¿Si me caso con alguien también vas a decidir tú con quién hacerlo? -la mira enfadado.
-Pues mira, sí.

Siguieron discutiendo y yo cada vez me ponía más nerviosa. La culpable era yo. Sólo yo. Empecé a notar ira de nuevo. Quería desaparecer de allí rápidamente y hacer como si nunca hubiese estado allí. Sentí que cambiaba lentamente, lo notaba. Ahora era consciente de qué me pasaba. Me quité rápidamente la camiseta, sabía qué destino le aguardaba si seguía con ella puesta. Oí de fondo "¿Pero qué hace esta loca ahora?" y al momento un grito de sorpresa. Volvía a ser loba. Cogí la prenda del suelo con la boca y se la di al chico. Él me miró extrañado mientras su hermana permanecía detrás de él. Lentamente retrocedí, con la intención de irme lejos de allí.

-Espera...

La voz era de él. Suplicante. Le miré. Mis lobunos ojos pudieron ver cómo se acercaba a mí.

-¿Te vas a ir? -preguntó.

Yo asentí.

-Es alucinante... ¿este bicho te entiende? -preguntó la chica. Solté un gruñido amenazante.  Ella se abrazó más a la espalda de su hermano. ¿Cómo osaba llamarme bicho?
-No la ofendas... no es ningún bicho. -le dijo enfadado. Suspiró y volvió a mirarme.- ¿Por qué...? ¿Ya no quieres saber quién eres y qué te pasa?

Agaché la cabeza. No sabía cómo decirle que no quería causarle más problemas y discusiones con su hermana. Me acerqué a ellos y con el hocico le di un empujón a la joven, la cual se quejó.

-¿Es por ella? ¿Qué te molesta? -lancé gruñidos, como si discutiera.
-A lo mejor está enamorada de ti y se siente celosa. -ríe y me mira con burla. ¿Es tonta?
-Sí, eso será. Tiene envidia de que discutamos. -ironía al poder. Tenía su encanto este chico. Meneé el rabo de un lado para otro, como el típico perro que está contento con caricias, atención o lo que sea de su dueño.- Ey, cómetela y un problema menos. -me guiña un ojo y yo ladeé la cabeza. ¿Está loco?

La joven se quejó y le dio un puñetazo en el hombro a Thoran. Volví a gruñirle ferozmente y ella se alejó bastante de él.

-Tranquila, no me hizo daño. ¿Vamos a la ciudad? -me mira y me sonríe. 

Asentí y me coloqué a su lado, cogiendo la camiseta de nuevo con la boca e intentando volver a ser humana. Lo logré, así que me coloqué rápidamente la camiseta mientras él miraba hacia otro lado para no volver a verme desnuda. 

-¿Qué eres tú? -me preguntó ella, acercándose a mí y mirándome con el ceño fruncido.
-Eso es lo que quiero saber. Vamos, Thoran. -empecé a caminar y él enseguida se puso a mi lado, dejando atrás a la chica, la cual decidió marcharse con su rabia a otro lado. Mejor... un poco de calma por fin.- Es un poco tonta tu hermana ¿no? Sin ánimo de ofender. -le dije mientras andábamos.
-No me ofende. ¿Por qué lo dices?
-Uno no se enamora en cinco segundos.
-Ella es así... malpensada. -lo piensa un poco y después añade.- Y celosa.
-Es tu hermana... ¿de qué va a tener celos?
-No es mi hermana carnal. -contesta sin mirarme.- Hace tiempo, me dijo que sentía algo por mí, pero yo la rechacé. Intentamos comportarnos tal y como yo la veo, como hermanos, pero a veces creo que es imposible.
-Curioso...

No dijimos nada más, simplemente seguimos hacia la ciudad.

Cuando por fin atravesamos la gran puerta del muro de piedra y pasamos el puente, pude ver un montón de gente en las calles y un montón de puestos de comida, objetos y ropa. Parecía una zona comercial. Él me llevó primero a una posada y comimos. No dijimos apenas nada, ya que yo estaba ocupada saciando mi curiosidad y mirando todo lo que podía. Yo intentaba mantener los ojos entreabiertos y procurar que la gente me mirase poco, para no llamar la atención por mis ojos. Cuando acabamos y él pagó la comida, me llevó a una especie de barrio dentro de la ciudad. Me guió por un callejón oscuro el cual debe conocerlo muy bien y llegamos a una puerta. Él llamó y alguien abrió. Entramos, yo detrás de él e intenté mirar la sala en la que nos encontrábamos, pero poco podía distinguir por la escasa luz que había. Había una persona encapuchada con una antorcha en la mano y se fue, bajando unas escaleras. Nosotros le seguimos, bajando con dificultad la escalera, pues sin luz no se veía bien dónde pisabas. Llegamos a otra sala, más iluminada. El encapuchado se sentó tras una mesa, rodeada de tres sillas, y nos miró, o esa era mi impresión, pues no le veía la cara.

-Veo que te gusta visitarme. -su voz sonaba anciana, de persona de muy avanzada edad.
-Es por algo especial esta vez. -Thoran sonríe y se sienta. Con un gesto de la mano, me indica que me siente yo también.
-¿Algo especial? ¿El qué? -su curiosidad me recordaba a la de Thoran cuando vio mis ojos.
-Esta chica. -me señaló con la cabeza.
-Cuéntame, pequeña. -la capucha se giro un poco, lo justo para tenerme bien colocada en su campo de visión.
-Bueno... Ayer desperté en un bosque y... no recuerdo nada de mi pasado. No sé quién soy, de dónde soy, cómo llegué allí... nada. -solté nerviosa. Noté la mano de Thoran cogiendo la mía, eso me calmó un poco.
-Puedo ayudarte en eso. ¿Hay algo más, antes de que empecemos a recuperar tu memoria? -parecía sospechar algo.
-Sí... -me daba miedo decírselo.- Yo... bueno... a veces, me transformo en un lobo.
-¿En... un lobo? -preguntó con más curiosidad.- ¿Qué clase de lobo?
-Pues... uno enorme, no como los lobos normales. -Hice una pausa.- Y no entiendo por qué mis ojos a veces cambian de color fugazmente.
-Ya veo... comenzaremos primero por tu memoria. -se levanta y se dirige hacia una especie de armario, al lado de una cama de paja.- Ven. -le hice caso y fui lo más rápido posible. Sacó un frasco pequeño con un líquido rojo en su interior.- Tómate esto y túmbate.

No dio más instrucciones, así que le hice caso. Destapé el frasco y me lo bebí. Me sentí mareada y me senté en la cama de golpe. Me tumbé, como me indicó el encapuchado y sentí como que me dormía. Veía imágenes y oía voces. En la primera escena, había una niña rubia, de ojos azules, cerca de un lago, jugando con otro niño. Esa parecía ser yo. Ese niño, era moreno y de ojos marrones. Me recordó a Thoran.

-Oye Airif, ¿a ti qué animal te gusta? -preguntó el niño. Airif... ¿sería ese mi nombre?
-El lobo -contestó la niña muy convencida.
-¿Sabes? He oído una historia de que existe una cueva en lo alto de una montaña donde se ve un dibujo de un lobo.
-¿En serio? ¿Dónde está eso?
-No demasiado lejos, cerca del bosque de Rhonan.
-Cuando sea mayor, iré a esa montaña. -en mi mirada había un brillo especial.

De repente, todo se volvió oscuro. La rubia era ya más mayor y paseaba por el mismo lago, esta vez sola. Silbó, como si llamase a alguien y un lobo apareció. Un bonito lobo gris con patitas blancas. El lobo parecía joven, no más de 2 años. Caminaron, alejándose de ese lago y llegaron a un bosque. Empezó a llover y se refugiaron en el hueco de un gran árbol.

-¿Sabes...? Estoy algo triste... hace poco hubo un incendio en el pueblo en el que estaba y ha muerto mi familia... -contaba la rubia al animal, el cual estaba tumbado sobre sus piernas.

Miré los ojos del lobo. Eran extraños... rojos. ¿Rojos....? Lobo con ojos rojos, increíble. El animal le dio unos cuantos lametazos en la mejilla y ella pudo sonreír. Otra vez todo negro. Seguía sin saber de dónde soy, pero algo sabía. Me llamo Airif y tenía un lobo de mascota. De repente, desperté. Miré al encapuchado y luego al moreno. 

-¿Qué has averiguado? -preguntó el anciano encapuchado.
-Mi... mi nombre. -seguía sintiéndome mareada.
-¿Y tu nombre es...? -me preguntó Thoran.
-Airif...

--------------------------------------------------------------------------------------------------------------
Ya vale por el momento, que tengo hambre y sueño :Þ Igual es un capítulo largo y sosillo... pero es lo que hay de momento u.u

2 comentarios:

  1. Jajajajaja, la lobita se ofende, todo mona convertida... habría que verla!

    ResponderEliminar
  2. Ehem, arriba debería poner KERISH, pero bueno!

    ResponderEliminar