martes, 11 de enero de 2011

Capítulo 2.

Rayos de sol filtrados por la ventana me despertaron. Me desperecé y miré la habitación, viéndola un poco más bonita que anoche. Noté que mis labios se curvaban en una pequeña sonrisa, curiosamente me sentía bien. Había descansado en una cómoda cama y anoche cené. Me levanté, hice la cama en un momento y luego procedí a asearme. Había un pequeño mueble que anoche no logré distinguir en el cual había un cuenco grande con agua y una toalla colgada de un asa. Tras asearme, me di cuenta de que había algo en el escritorio de la habitación (no me atrevía a llamarlo mi habitación aún). Era un paquete. Me acerqué a él y lo abrí con cuidado y dentro vi unas prendas de ropa limpias , de color negro y, aparentemente, nuevas. Al desdoblarlas para probármelas, encontré una nota en la que ponía "Creo que es tu talla y que te sentaría bien." No costaba mucho adivinar de quién podía ser. Lo único que puedo recordar son dos personas, Thoran y Thira, y a esta... no es que le cayese muy bien precisamente, aunque no la culpo de su desconfianza. Guardé la nota en un cajón del escritorio y me puse la camiseta y el pantalón que me habían regalado, si podía considerarlo un regalo.. Thoran tiene buen ojo, acertó en la talla. Un poco más contenta, me dispuse a bajar y desayunar algo. Conforme salía de la habitación, volví a oír gritos. 

-¿Pero por qué demonios te gastas dinero en alguien que ni siquiera conoces? Venga, explícamelo. -gritaba una voz femenina no desconocida para mí.
- Pues porque me da la gana, Thira, y con eso quédate satisfecha. -contestaba en un tono similar Thoran.
-No, no me conformo. A mí nunca me has hecho nada parecido.
-Obvio.
-¡¿Obvio?! ¡¿Cómo que obvio?! ¿A que te cruzo la cara?

De repente, silencio. Me asomé con mucho cuidado y vi cómo se miraban fijamente a los ojos, de manera desafiante.

-¿Qué te pasa? ¿Te has quedado mudo de repente, sin hacerte nada? -pregunta con chulería, medio sonriendo y  cruzándose los brazos en el pecho. 

Miré a la chica con incredulidad. No recordaré nada, pero normalmente las mujeres son bastante inferiores a los hombres en fuerza. Sin embargo, ella le retaba sin sentir temor. 

-Si quieres golpear a alguien, golpeate a ti misma. Te recordaba más generosa, no entiendo por qué has cambiado. -tras decir eso, él se giró y se sentó en el sofá. Ella se giró y salió de la posada, indignada y dando un portazo.

Con cuidado bajé, preocupada por tener algo que igual no me correspondía tener.

-Ho... hola. -saludé con timidez.

El chico se giró hacia mí y sonrió.

-Hola. Te queda bien la ropa que te compré. ¿Te gusta? -se levanta y se acerca a mí.
-Sí... es cómoda y me parece bonita. -le contesté, notándome ligeramente sonrojada.- No tenías que haberte molestado, pero muchas gracias.
-No es nada, me daba pena verte con esos trapos que llevabas y decidí acercarme a una tienda de la ciudad.
-Pero... si acaba de amanecer ¿está cerca? -pregunté extrañada, no entendía cómo podía haber aparecido tan rápido sin yo haberme enterado.
-No... hay un largo camino, fui de noche.

Un pequeño recuerdo me vino a la cabeza, un recuerdo de mi pasado pero no muy significativo.

-Creía que las tiendas de noche cerraban... -dije con duda
-Esa es especial... -el misterio envuelve su tono, haciendo que me entre curiosidad por saber qué clase de tienda es.
-Oye... -bajé la mirada, algo avergonzada por lo que estaba a punto de pedirle.
-Dime. -noté su mirada en mí.
-Me... ¿me llevarías algún día a la ciudad? -pregunté con miedo. Tenía la impresión de estar pidiéndole demasiado.
-Será todo un placer. -alcé la mirada y me guiñó un ojo, sonriendo.

Aunque la sonrisa poco lo duró. Algo vio en mí que le hizo cambiar la expresión. Era una mezcla de miedo y sorpresa. En cuestión de segundos, creí saber de qué se asustaba. Mis ojos. Seguro que seguirían esos destellos rojos.

-¿Qué te pasa en los ojos? -pregunta con curiosidad, observándome fijamente y algo serio.
-No... no lo sé... -respondí con miedo.- Supongo que te dará miedo...
-No. -dijo con tranquilidad.

Le miré, sorprendida de su respuesta y su tranquilidad. Una persona normal saldría corriendo o, seguro, que intentaba matarme por parecer de todo menos un ser humano. Sin embargo él no. ¿Por qué? No me atrevo a preguntárselo.

-No me da miedo, sólo curiosidad. Aunque si estuviese aquí mi hermana, ya estaría afilando algún arma. -ríe despreocupado, yo temblaba ante la idea. 

Pero no de miedo. Me vino la imagen a la mente, Thira afilando una espada, un machete, algo. Noté que me hervía la sangre. Me sentía rara, algo estaba cambiando en mí, pero no me daba cuenta. Tanto física como mentalmente. Una ira y unas ganas de destrozar a todo aquel que quisiera hacerme algo me impulsaban. Era algo realmente salvaje y animal... como un lobo que llevase mucho tiempo sin cazar, hambriento, y de repente aparece ante él una cría de ciervo. Sola, indefensa. Así estaba viendo a Thira, por mucha arma que lleve. Algo me frenó. Ahora era consciente de que algo raro pasaba, pues Thoran dejó de reír. ¿Por qué? Le miré, estaba bastante más alejado de mí que antes, me miraba asustado. Ladeé la cabeza, no le entendía. ¿No se supone que mis ojos no le daban miedo? ¿Qué ha cambiado? Podía oír cómo su corazón latía rápidamente, olía su miedo, lo veía también claramente en sus ojos. Intenté hablarle, pero no salieron palabras, si no un pequeño rugido. ¿Rugido? No, no... sólo le quería preguntar, no rugirle. ¿Qué me pasa? Estoy confundida. Intenté mirarme a mí misma, mi cuerpo pero no encontré nada humano. Era un lobo. Loba, mejor dicho. Tenía un pelaje grisáceo que se aclaraba al llegar al final de mis patas. Noté que Thoran se calmaba, sobretodo lo noté en su corazón. Latía cada vez más lentamente. Le miré a los ojos. No sé cómo serían, pero él pareció entender cómo me sentía a través de ellos, confusa. Se acercó a mí, lentamente. Un gañido salió de mi lobuna boca y noté cómo mis orejas se agachaban, pegándose a mi cabeza.

-Me da la impresión... de que es la primera vez que ves o sientes que te pasa esto. -susurró con suavidad, acariciando mi pelaje. Otro gañido salió de mí cuando quería decir un triste "". Vi cómo sonreía, intentando calmarme.

Me parecía extraño. Un lobo normal no mide más que una persona, ni se le iguala en altura. Sin embargo, mi cabeza y la de él estaban a la misma altura. De hecho, él podría usarme de montura. ¿Qué soy? Cada vez siento más ganas de saberlo. Saber qué y quién soy. Estaba llena de dudas. Miré a Thoran y me sentí bastante más tranquila. Esa debió ser la clave, relajarme, pues de repente volví a sentir que algo en mí cambiaba y me sentía humana de nuevo. No tenía oído ni olfato agudo. Miré al joven y tenía que alzar ligeramente la vista. Sí, definitivamente era humana de nuevo.

-Creo... que habrá que volver a comprarte ropa... -dice sonrojado, apartando un poco la vista, quitándose su camiseta y poníendomela. Me miré y entendí en seguida, sonrojándome intensamente, que el transformarme en lobo destroza mi ropa. No sé cómo no me di cuenta antes de que estaba rodeada de harapos. Supongo que el descubrir mi "poder" de ser una loba cuando pienso cosas sangrientas me mantenía más ocupada.

-Gracias. -le sonreí tímidamente.- Y... siento haberte asustado... no... no sabía que yo...
-Tranquila. -me calló poniendo un dedo sobre mis labios.- ¿Hay algo de ti que recuerdes?
-Lo cierto es que no... no sé cómo me llamo, de dónde soy... nada. Y no sé, tengo la impresión de que nadie podría ayudarme en ello. -dije con tristeza, sentándome en el sofá.
-¿Por qué dices eso? -se sentó a mi lado, preocupado.
-Ayer, cuando desperté con esas ropas, estaba en medio de un bosque. No sé cómo llegué hasta allí, pero estaba sola. No sé si tengo familia en algún sitio, no sé nada. Desperté sin saber quién era. -le miré. Sus ojos me impulsaban a que me esforzara en pensar y decirle algo más, pero no podía.- No puedo decirte nada más...

Él se quedó pensativo. Mirándome.

-Creo que sé de alguien que podría ayudarte. Parece que aprovecharemos bien la visita a la ciudad. -dijo aún pensativo.

Le miré sin entender, pero acepté. Si había alguien o algo que podía aclarar mis dudas, tenía que ir. Sentía esa necesidad desde que desperté en aquel bosque.

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Fin del capítulo dos. Espero que guste :Þ 

2 comentarios:

  1. ¡Pobre lobita, confusa y tierna! Normal que la mimen y achuchen... voy a leer el resto :P

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  2. Ahá, me gusta que sea una historia detallada y "realista", siento algo al leerla :S, pero también me gusta que transcurra un poco más deprisa, muy bien Ai ;).

    PD:Gracias a la autora por escribir :P.

    " No hay mayor orgullo que el regirse por la ley del corazón ". DTHMemories.

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