sábado, 4 de enero de 2014

Capítulo 31.

Airif
 A mitad de camino de encontrarme con ellos, frené. No quería arrastrar a Alyä y a Leo a un viaje posiblemente largo, cuando la principal interesada soy únicamente yo. Ellos me frenarían, me dirían que no es necesario. Que en ese mundo invisible a ojos del mal estaríamos a salvo de todos. Pero yo no me sentía bien. 

Tras hablar con Tharin y Dapo, había algo que no me cuadraba. ¿Thoran vivo? Cuesta creerlo. Vi perfectamente cómo el brillo de sus ojos desaparecía mientras su muerte se hacía presente, obligando a su alma abandonar su cuerpo. 

Pero entonces quedaba otra cuestión en el aire. ¿Cómo era posible que Tharin y Dapo le vieran? Nada me encajaba. Meditaba acerca de ello por el camino, siguiendo mi instinto más allá de aquel bosque encantado. Por el camino, intentaba recordar aquellos acontecimientos por más que me doliera, rememoré una noche en la que unos zombies atacaron la posada en la que me alojé durante un tiempo.

Me detuve por un momento, mirando a mi alrededor. Estaba en un valle completamente desolado, más parecido a un terreno en el que un grupo de dragones hubiesen batallado entre ellos.  No había hierba ni flores, tampoco se veían árboles, nada. El cielo estaba cubierto por nubes negras que no dejaban pasar  apenas la luz del sol. Veía a lo lejos una montaña, una alta montaña. Algo me decía que ese era mi destino, la recuperación de Jurami. También me di cuenta de que, si el ataque de los muertos fue provocado por Raylan, ¿por qué no podía controlar también el fallecido cuerpo de Thoran? 

En cualquier caso, necesitaba la ayuda de Jurami para salvarlo todo. No me creía una heroína, ni pensaba que me nombrarían como tal. Sólo sentía la necesidad de exterminar a aquel ser que me lo había arrebatado casi todo, y no solamente a mí, también a mis amigos y al resto de inocentes del mundo. Todo había sucedido por mi empeño en acabar con él, por dejarme llevar por los sentimientos de ira, odio y rabia. Pasé de los consejos de Thoran, también de los de Jurami, y por culpa de mi insensatez todo acabó así. Pero quería arreglarlo. 

Me adentré en aquella montaña, subiendo por sus faldas hasta la cima, seguro que desde allí encontraba algo. Pasaron las horas, me sentía agotada pero no desistí. Me detuve en un saliente de la montaña y me senté para recuperar aliento. Miré el paisaje y lo que vi me animaba a seguir adelante, quería recuperar la armonía de este mundo. Cerré los ojos cinco minutos y seguí subiendo, hasta que me encontré una cueva. Delante de la cueva, en el suelo, había unas runas con un débil brillo morado. Algo me decía que el santuario de Jurami estaba ahí dentro. 

Entré en la oscura cueva, que paso a paso se iba iluminando con un leve brillo morado, igual que el de la entrada, dibujando unas runas en la pared. Llegué al final de la cueva, donde se dibujaba un lobo con doce colas en la pared.

-Jurami... -susurré, acariciando la runa con forma canina.

-Airif... -susurró una voz. Me estremecí, estaba cargada de dolor. Si era Jurami, suponía que era el dolor que sufrió él cuando lo estropeé todo.- ¿Qué haces aquí?

-Vine... vine a recuperarte. -contesté con seguridad. 

-¿Con qué motivo?

-Quiero recuperar todo lo que mi hermano y yo hicimos.-No dudé de mis palabras.- Y necesito recuperarte.

-Suena bien tu iniciativa... pero no puedo volver a ti y arriesgarme a volver a desaparecer de nuevo. Si vuelvo contigo, a darte parte de mi poder, no puedes consentir ni un momento el mismo error. Tu hermano no debe volver a absorberme, porque ya me perderías de manera definitiva. ¿Entiendes lo que te digo?

Asentí lentamente con la cabeza, confiando en mi fuerza de voluntad y en que no volvería a flaquear. Aunque una parte de mí dudaba. Raylan era un experto manipulador, se las sabía todas.

-Noto tus dudas. Pero... hay algo con lo que podría arreglar eso.

-¿Cómo? -pregunté mirando fijamente al lobo.

-Podría anular tus sentimientos.

-¿Mis sentimientos?

-Sí... me refiero a que, recordarás todo. Tus amigos, a quien has querido, todo. Pero no sentirás lo mismo, no podrás. -No entendí a qué se refería con eso.- Por ponerte un ejemplo... si Thoran apareciese ante ti ahora mismo y quisiera matarte, no lo detendrías, aún sabiendo que no sería él. Sin embargo, lo que yo te ofrezco es no dejarte llevar por el sentimiento, por el recuerdo, por lo que fue... Le detendrías y matarías, porque sabrías más que de sobra que ese cuerpo sin vida no iba a pararse por ser tú.

Ahora comprendí, no tendría los sentimientos que tengo, mantendría mi idea de salvar el mundo del dominio del monstruo de mi hermano, pero aunque Alyä sea mi mejor amigo, al igual que Elinghad, no lo volvería a sentir como tal. Era algo que debía haber supuesto, no podría tolerar una segunda vez el mismo error. 

-Acepto...-susurré tras mucho pensarlo.- Pero... te pido por favor.. que si Alyä o Elinghad están en peligro, me ayudes a salvarlos, siempre y cuando tú o yo estemos en riesgo. ¿Lo harás?

-De acuerdo...

De repente me quedé a oscuras y sentí un fuerte dolor en el pecho. Grité de dolor y caí al suelo retorciéndome, notando cómo el espíritu de mi lobo entraba de nuevo en mí, sintiendo cómo su poder invadía mi cuerpo.

No sé cuánto rato pasaría, pero desperté en la cueva. Sabía quien era, sentía en mi corazón que de nuevo éramos dos. Recordaba quién era, cuál era mi propósito, todo lo que había pasado en los últimos meses... todo. Pero... no sentía dolor ni pena por la muerte de Thoran. No sentía miedo de que Alyä, Leo y Elinghad pudieran descubrir a dónde me había ido sola. Y... sobretodo... no me causaba ningún reparo tener que matar a Thoran, ni lo que su hermana pudiera decirme. Era otra, gracias a la condición de Jurami. Sonreí y salí de la cueva. Recordé con los ojos cerrados cuando me transformé en lobo por primera vez y quise experimentar de nuevo esa sensación. Correr a cuatro patas, dejando salir mi lado salvaje. Los abrí de nuevo y pude notar mi cola moviéndose de un lado a otro, mi pelaje protegiéndome del frío y meciéndose con el viento, mi olfato más agudizado y mi instinto cazador alerta. Eché a correr rumbo al bosque, a pesar de todo tenía que explicarle las cosas a Alyä y a Leo.


martes, 12 de junio de 2012

Capítulo 30

Airif.

Sólo podía pensar en dos cosas: Thoran y el santuario de Junibi. Dormir y descansar nunca iba de la mano últimamente. Siempre que despertaba me sentía agotada, como si no hubiera dormido, pero las pesadillas me atormentaban. Ya no sólo bastaba con recordar lo último que pude ver de Thoran, si no también lo que Raylan me mostró. 

Habíamos cambiado de entorno. Ya no estábamos en esa montaña gélida donde pensé en tirarme al vacío. Estábamos en un bosque de ensueño, repleto de criaturas mágicas a las cuales no podía hacer mucho caso, un lago cristalino, casas en los árboles. La culpabilidad me llenaba el alma, y lo sentía mucho por Alyä y Leo, que no dejaron de intentar animarme, a pesar de que yo quisiera estar sola la mayor parte del día. Cuando estaba con ellos no les hacía caso, me sumergía en mi oscuro mundo. Por eso muchas veces prefería estar sola. Por suerte (si se puede decir así), no era la única que estaba en un estado anímico pésimo, Elin había perdido todo su progreso en Scardrake. Todos sus dragones fueron asesinados por Raylan, y no bastaba con eso... todo lo que conocí y vi con Thoran estaba nublado, ya no brillaba el sol. La influencia de mi "hermano" había hecho mucho daño y pretendía extenderse aún más. 

Gruñí y bajé de la rama en la que estaba. Conservaba algo de las habilidades que potenciaba Junibi, pero no era lo suficiente para mantenerme con fuerzas. Aunque últimamente empezaba a dudar si era por Juni o porque comía realmente poco. Paseé un poco por el borde del bosque, el cual estaba protegido por una especie de escudo místico que hacía imposible ver a los malvados algo más que un bosque quemado. Un par de encapuchados estaban paseando de manera sospechosa. 

-Tenemos que encontrarla... necesito decírselo. -decía una voz femenina, la cual me resultaba familiar.

-No creo que haya desaparecido de la tierra... no debe andar muy lejos. -la voz masculina también me resultó familiar.

No quería creer que yo era tan importante que me buscaban por todas partes, pero tenía la impresión de que hablaban de mí. Supongo que era porque las voces me sonaban y porque hablaban de una chica. Seguían bordeando el bosque y yo les seguía por el otro borde, espiándoles. Uno de ellos se quitó la capucha que les cubría la cabeza y reconocí el pelo. Estaba bastante corto, pero era de Thira.

- Aquí no hay nada, Dapo... ya no se me ocurre dónde buscar.- dijo tras suspirar con pesar. Parecía realmente preocupada, aunque pensaba que querían atraparme para llevarme ante Raylan. Estaba a punto de marcharme cuando la oí sollozar.- Es la única que puede arreglarlo...

Me giré bruscamente y tropecé con unas ramas. Caí al suelo, pero sólo unos pocos pelos de mi flequillo traspasaron la barrera. Seguía siendo invisible para ellos.

-Lo sé, Thira... lo has mencionado mucho, aunque comprendo tu desesperación... es tu hermano. -se sentaron en un tronco caído y seco. Ella se cubrió la cara con las manos, reprimiéndose.

-Nunca debí tratarla así. ¿Quién me dice que si la encuentro me creerá?- creerla... mi corazón latía deprisa ¿sería posible que...?- O que accedería a ayudarme, nada me lo asegura.

-Si ella le amaba, sí lo hará. Pero quizás no por ti, sino por él.-me mareaba, el corazón se me iba a salir. Todo este tiempo escondiéndome, hundiéndome en la oscuridad... ¿y por fin había algo de luz? Quería salir y saber más, pero no me fiaba del todo todavía, a pesar de que los sollozos de ella eran muy creíbles.- ¿Dónde quieres mirar ahora, Thi?

-No lo sé, Dapo. Ya no sé dónde mi... -estaba girando cuando sentí sus ojos clavados sobre mí. No me moví, no podía ser que me pudiese ver. Al tropezar no había querido ni levantarme.- ¿Ai... rif? -abrí los ojos con asombro ¿me veía?- Dapo... el bosque ha cambiado... -ambos me miraron asombrados.

-Airif... -susurró Dapo.

-Eh... sí... -dije yo, sin saber bien qué decir. Me levanté y les miré, aún con desconfianza.

-¿Has estado escuchando? -preguntó la chica.

-Sí... tenía... curiosidad. -me encogí de hombros.

-¿Y... vas a ayudarnos? -preguntó ahora el chico, cogiendo a Thira de la mano.

-¿A qué, exactamente?

-A salvar a mi hermano...

Suspiré largamente, el corazón se me encogió por mis pensamientos. Lo último que vi de él es cómo la vida se apagaba en sus ojos, no creía que estuviese vivo.

-Le vi morir... -susurré con la voz entrecortada.

-Todos lo hicimos... pero Raylan consiguió mantenerlo con vida...

Ella y yo nos mantuvimos la mirada. Yo intentaba averiguar para qué quería él conservarlo con vida ¿qué ganaba? Mientras pensaba, mi mirada se desvió al horizonte.

-Te noto diferente... -susurró Dapo.- Más... delgada.

-¿Te crees que con el pensamiento diario de que el amor de tu vida ha muerto por tu culpa puedes comer o dormir? -no quería ponerme tan borde, pero fue como me salió. Me pareció un comentario bastante estúpido.

-Lo siento... -susurró. Me asombró ese gesto por su parte. ¿Qué había sido del orgulloso Dapo, aquel que me retó a matar a su dragón de tres cabezas?

-Yo también... os noto diferentes. Me buscabais a mí... -me apoyé en un árbol, mirándoles fijamente.

-Airif... -susurró la chica.- sé que no me he portado nunca bien contigo, los celos me podían... Pero tu hermano está usando al mío como un muñeco.

-¿Muñeco?-susurré pensativa.

-Sí... mi hermano ha cambiado. No es el chico dulce de antes. Su mirada no es la misma. Él... creo que Raylan lo ha hipnotizado. -explicó nerviosa.

-Y no solo lo está usando en pueblos inocentes para sembrar el terror de Raylan. Creemos que si te encuentra lo usará contra ti. -Dapo lo dijo tan serio que hasta me asustó.

Paseé pensativa, recordando cada palabra que me han dicho. Ellos me miraban, seguramente preguntándose si estaba encontrando relación entre lo que me han dicho, o si estaba pensándome el fiarme de ellos.

-Airi...

-¡Sshh! Estoy pensando... ¡Tiene sentido! -ambos me miraron fijamente, esperando que continuara.- Desde hace tiempo, Raylan ha querido jugar con mi mente. Primero mató a mis padres. Después me pegué años rondando por los bosques sin saber quién era yo hasta que encontré a tu hermano. Imagino que el hecho de que yo siguiera viva, le perturbó su plan de dominar el mundo. Existía alguien que podía hacerle frente... yo. Después, al enterarse, organizó ese estúpido torneo y os usó a vosotros para averiguar cosas de mí. -me giré, dándoles la espalda aún pensativa.- Y ahora... Ahora quiere darme el último golpe. Sabe que si Thoran me ataca yo no voy a ser capaz de hacerle frente. Por desgracia, tiene razón.

-Sí... Pero recuerdo algo, Airif. -me giré hacia Thira, esperando que continuara.- Cuando tú tenías ese bicho raro dentro de ti y te provoqué en la posada aquella... Thoran consiguió hacer que volvieras en ti. Te besó... Sé que es arriesgado, pero tendrías que hacerle frente y encontrar el momento oportuno para hacer lo mismo.

La miraba sin verla, estaba pensando en esa posibilidad. Tal vez ese único contacto sirva lo suficiente para que el hechizo se deshiciera. Y recuperaría a mi Tho... Mi cuerpo temblaba, no sé si de nerviosismo, emoción o miedo. Si fracasaba, el mundo estaría condenado. Si lo lograba, volvería a estar con Thoran y el sol volvería a brillar. Pero antes de eso, necesitaba recuperar cuanto antes el poder que heredé de Arawhen. Junibi... tenía que ponerme en camino de inmediato.

-Thira, Dapo. Necesito que sigáis disimulando con Raylan.-dije con decisión.- No sé cuándo podré volver a enfrentarme a él, pero necesito antes a Junibi. Tengo que hablar con un par de personas. Nos veremos... en un tiempo.

-¿Dónde? -preguntó Thira. Su tono de voz se había animado también.

-¿Cómo está la posada donde os conocí?-pregunté, tras pensármelo brevemente.

-A salvo... creo. No pasa nadie por allí últimamente.-contestó dudosa.

Me marché corriendo de allí, en busca de Leo y Alyä. Seguramente me tomarían por una loca, pero me daba igual. Si era necesario buscaría el santuario de Junibi yo sola. 

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lunes, 26 de diciembre de 2011

Capítulo 29.

Alyä.

Los días que siguieron a la muerte de Thoran fueron muy duros. Airif seguía inconsciente tapada con una manta en un montón de paja, el desconocido nos dejó a salvo en una cueva, mi hermano estaba bastante deprimido. En cuanto a mí, me sentía impotente. Cuando todo ocurrió, yo sentía la única cola de Junibi revolverse en mi interior. No fui capaz de hacer nada por mi miedo a Raylan. Su poder era inmenso y el ver cómo suprimió a Junibi fue bastante más impactante.

-¿Cómo va ella? -preguntó apareciendo de repente el desconocido.

-Mal... sigue con pesadillas. -susurré preocupada.

-No puede seguir así. Tiene que despertar ya. -dijo él serio.

El chico parecía bastante joven. Moreno, de ojos marrones verdosos, aspecto fuerte y de la altura de Thoran.

-Por cierto... aún no te agradecí que nos salvaras la vida. -dije mirándole.

-No fue nada, era lo que tenía que hacer. -susurró sin mirarme, se ocupaba de intentar despertar a Airif.

-¿Puede saberse cómo...? -intenté preguntarle por su nombre, pero no sabía aún cómo tratar con él.

-Me llamo Leo. -me miró y me dedicó una pequeña sonrisa y siguió a lo suyo.

Llamaba a Airif por su nombre, zarandeándola con cuidado. Ella finalmente despertó y miró a su alrededor, desorientada.  Me acerqué a ella y la abracé. Ella no reaccionó, pero se quedó mirando a Leo fijamente. Luego me miró a mí.

-Alyä... -susurró débil.

-Dime, Ai.

-¿Dónde... dónde está Thoran...? -preguntó dudosa y con miedo.

-Airif, Thoran está... -intenté buscar las palabras adecuadas, o al menos quería decírselo sin que pareciera muy duro.

-Thoran murió. -dijo Leo.

Airif no reaccionó, se quedó con la mirada perdida.

-Fue... culpa mía ¿verdad? No lo soñé. -susurró más para sí misma que para nosotros.

-Debiste hacerle caso y no dejarte provocar. -confirmó Leo. Lo hacía con tanta calma que hasta me enfadó.

-Pero ya no puedo hacer nada... -volvió a cerrar los ojos y se giró, dándole la espalda a Leo.- Por cierto, gracias por salvarme...

-¿Piensas volver a dormir? -Airif no respondió ni se movió.- ¿Vas a dejar que el sacrificio de Thoran por darte una oportunidad de vivir haya sido en vano?

-¿Qué pretendes que haga? No valgo nada. Sin Junibi no soy nada y ya no tengo a mi... mi... -se le apagó la voz conforme lo pensaba.

-Mira, tienes oportunidad de mejorar. Primero sin Junibi, para mejorar tus propias habilidades y luego iríamos al santuario de Junibi a ver si puedes recuperarlo. No está todo perdido.

Airif.

Le miré. Me parecía muy raro que tuviese tanta esperanza en algo que yo ya consideraba perdido.

-¿Por qué te importa tanto lo que tenga que hacer? -pregunté directamente.

-Porque quiero ayudarte a liberar este mundo de Raylan. Él quiere esclavizar a toda raza viviente. Y eso no es posible, merecemos ser libres. -su explicación me conmovió, pero estaba lo suficientemente débil y dolida como para pensar que existía alguien así en el mundo.

-¿Y cómo sé yo que no nos llevarás a una trampa?

-Te he salvado la vida.

-Sí ¿y qué? -me levanté con dificultad, pero le miré a los ojos directamente.- ¿Quién me dice que por ese motivo debo fiarme lo mínimo de ti?

-¡¡Airif!! Ha estado cuidándote durante todo este tiempo, no deberías hablarle así.-me recriminó Alyä.

-No, déjala. Es mejor que desconfíe. -se giró y salió de la cueva, no sin antes decirnos.- Iré a por algo de comer, no os mováis.

Me quedé sola con Alyä, pero en realidad deseaba estar sola. No le hice caso y salí de la cueva. Estábamos en una gran montaña nevada y hacía bastante frío. Mi amiga me gritó que no saliera, pero no le hice caso. Caminé, ignorando como podía el frío, explorando el sitio. Vi un puente colgante y fui hacia él, pretendiendo cruzarlo e irme de allí. Empecé a cruzar con cuidado, pues el puente se movía bastante por el viento. Una tabla se rompió bajo mis pies y me agarré a la cuerda del puente como pude. Sentía demasiado frío como para tener fuerzas y subir de nuevo. Miré hacia abajo y vi muy claro que igual ese era mi destino, reunirme con Thoran en el otro mundo. Me fui soltando poco a poco, pero una mano impidió que me cayera. Miré hacia arriba y vi al chico que me había salvado antes. Temblorosa por el frío, le miré con cara de no entender por qué lo hacía.

-No pienso dejar que te mueras. -dijo seriamente. Negué con la cabeza y volví a mirar abajo.- ¡No! Tú eres la que debe proteger este mundo. ¿No lo entiendes?

-No me queda nada que proteger... -dije triste, lo suficientemente alto para que me oyera.

-¿Entonces tus amigos no son nadie? Ellos te han ayudado mucho en este tiempo. ¿Vas dejar que su esfuerzo haya sido estúpido? -Tenía mucha razón, lo reconocía. Pero no quería seguir así, había perdido ya demasiado por culpa de lo que yo era.- Sé cómo te sientes, Airif, pero no puedes rendirte así como así.

-¿Y por qué te importa tanto? Si quieres la libertad, lucha tú por ella. -mi rostro estaba congelándose por las lágrimas que no dejaban de caer de mis ojos. Hasta los ojos me dolían.

-Porque yo solo no puedo, y necesito tu ayuda, Airif. -hice un esfuerzo para mirarle, resistiendo el escozor provocado por el frío.- Por favor, Airif... piénsalo. Ya no sólo por mí, si no por toda la gente inocente que es incapaz de defenderse.

Le cogí de la muñeca con la poca fuerza que tenía y él tiró de mí. Me rodeó con sus brazos para protegerme de la caída y del frío. Desprendía un calor increíble y me acompañó de nuevo a la cueva. Me tumbó en la cama de paja de nuevo, me tapó y encendió un fuego a mi lado. No me fijé en cómo lo hizo, pero al poco rato me sentí mejor. Alyä estaba sumergida en sus pensamientos y no se dio cuenta de que estábamos ahí.

-Uh... -susurré. Ambos me miraron preocupados.- Me duele mucho la garganta...

Leo me tocó la frente e hizo un ruido con la lengua.

-Alyä, ve a buscar unas hierbas, por favor. Creo que se ha resfriado.

-Vale. Volveré lo más pronto posible. Sé lo que tengo que buscar. -se marchó corriendo y me dejó sola con el chico.

-Por cierto... ¿Cómo te llamas? -pregunté dificultosamente.

-Leo. No hables, Airif. Descansa. -se puso a mi lado, tumbado encima de la manta.

-Pero es que... quiero preguntarte muchas cosas... -me medio incorporé y noté un punzante dolor en la cabeza, que me hizo inclinarme hacia delante. Leo me sujetó con cuidado y yo alcé la cara para mirarle. Mi mirada chocó con la suya y sentí que mis mejillas ardían. Tragué saliva.- ¿Cómo es que me conoces?

-Ya te contaré todo con tiempo... ahora debes descan...

-No voy a poder, Leo... -susurré cortándole.- No puedo descansar porque... -sollocé y cerré los ojos.

Me abrazó fuerte, teniendo cuidado, y me acarició la cabeza. Me susurró al oído que no fue realmente mi culpa, pero que no debí dejarme llevar. Y además, me aseguraba que Thoran no estaría enfadado conmigo. Un agradable aroma me embriagó y volví a mirarle a los ojos. Por un momento vi a Thoran y quise besarle, pero sabía que no era él. Suspiré y me apoyé sobre él.

-Leo...

-¿Sí?

-Gracias... por salvarme de nuevo.

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To be continued... :3

lunes, 12 de diciembre de 2011

Capítulo 28.

Airif.

Tenía una sonrisa burlona en su cara y se acercó más a mí. Recordé que Thoran me dijo que no me fiara de él y retrocedí un poco.

-Tranquila... sólo quiero hablar. -"De momento" pensé, aunque realmente no sabía si era una advertencia de Junibi o realmente era yo quien pensaba eso.

-¿Y no podemos hablar en otro momento y lugar? Estoy cansada... -mentira no era, aunque tampoco tenía muchas ganas de hablar con él. Me daba muy mala sensación.

-No me fastidies el plan ahora, querida Airif. -se detuvo a pocos pasos de mí.

-¿De qué plan hablas?

-Llevo años organizando esto para encontrarte. -miró hacia el rey Dvarte, y miré con él.- Todos ellos han sido manejados por mí.

-¿Qué? -me sentía confundida.

-Sí, Airif... sabía que algún día aparecerías y tu... otra personalidad querría ponerse a prueba. Aunque eso no es ningún problema, el problema serías tú en todo caso.

Sentía que me estaba insultando de alguna manera.

-¿Yo sería el problema? -pregunté tras un gruñido.

-¡Eh! Tranquila, sólo quiero decir que las mujeres tendéis a ser inútiles en la pelea. Estoy seguro que, de no ser por Junibi, no estarías aquí.

Fue una duda que siempre rondó por mi cabeza, pero aún así le miré con indiferencia.

-Yo creo que te equivocas... -dije con seguridad, aunque Junibi me estaba advirtiendo que no le provocara. Tampoco era muy consciente de que lo estuviese haciendo.

Vi de reojo que Thoran había bajado, junto con Elin y Alyä, y aparecieron en el campo de batalla. No se acercaron demasiado a nosotros, pero era mejor así.

-¿Me equivoco, en serio?- soltó una larga carcajada.- Me gustaría ver cómo me lo demuestras.

-Después de enfrentarme a un dragón, me gustaría descansar.

-Vamos, que no tienes el valor suficiente para enfrentarte a mí aquí y ahora. -me dio la espalda mientras lo decía con tono de burla.

-¡Sí lo tengo!

-¡NO, AIRIF! -gritó Thoran. Le miré desconcertada.- No puedes. Y sobretodo, no debes. -fue la primera vez en mucho tiempo que volví a mirarle mal. ¿Tan débil aparentaba ser? Gruñí mirando al suelo, apretando fuerte los puños sin saber qué hacer.- Hazme caso, Ai. Por favor.

-Tú también crees que no valgo nada sin Junibi, ¿verdad? -le dije eso como quien escupe veneno. Oí que susurraba un "No..." y Elin y Alyä se pusieron nerviosos.- Jé...

-¿Y bien, Airif...? -seguía sonriendo, mirándome por encima de su hombro.

Mi corazón y Junibi me decían que no debía hacerlo, pero mi orgullo empezaba a hacer más efecto y quería demostrarle que no era una debilucha.

-Peleemos.-dije sonriendo igual que él.

Se giró y me hizo un gesto con la mano para provocar que fuera. Miré a mi alrededor, no quería hacer un ataque necesariamente directo.

-Recuerda, Ai... -le miré furiosa, no me gustaba que él me llamase así.- No puedes usar nada más que tu fuerza.

Gruñí y corrí hacia él, sacando las cuchillas ocultas en los guantes e intenté atacar de frente.

Todo pasó en cuestión de segundos. Oí varios "No" mientras me acercaba a él. Noté una fuerte presión en la cabeza, no veía nada ya que tenía una enorme mano en mi cara, reteniéndome. Estaba suspendida en el aire, a merced de lo que él quisiera hacerme. Intenté quitarme esa mano de la cara, pero no podía. Una sensación de vértigo me invadió y noté cómo mi cuerpo era impactado contra el suelo, lo que hizo que dejara de poder respirar durante unos segundos por el golpe. Jadeé de dolor y temblé, intentando incorporarme, pero sólo logré ponerme de rodillas.

-¿Ves...? eres débil. Por eso siempre cargarás con la muerte de mamá y papá a tus espaldas.

-¿Eh...? -no podía pensar con claridad, no entendía qué relación había con eso.

-¡No! No se lo cuentes, Raylan.-gritó Thoran.

¿Que no me...? ¿Qué tenían que ocultarme? Miré en mi interior y sentía cada vez menos el espíritu de Junibi ligado al mío. Parece que él estaba siendo suprimido por mi "hermano". 

-No pensaba hacerlo, pequeño Thoran. Sólo... quiero que lo vea con sus propios ojos. O mejor dicho, en su mente.

-¿Qué?-preguntó sorprendido y temeroso al mismo tiempo.

-Esta mano que podéis ver conecta mi mente con la de ella. Mientras su espíritu se debilita, puedo hacer cualquier cosa. Enseñarle cosas, torturarla, matarla... violarla... No sé, lo que me apetezca. -se reía con maldad.

Noté una nueva presión en mi cabeza, pero esta vez podía ver imágenes. Había una niña jugando con otro niño, pude identificar que éramos Thoran y yo. Me dejó en la puerta de mi casa y él se fue. Cuando entré en mi casa, algo me empujó contra la pared. Era él, Raylan. Tenía una sonrisa malvada y yo, al verle, temblaba de miedo. Aparecieron dos personas más mayores que él. Serían mis padres. Mi padre estaba muy enojado y hacía señales de que se marchara. Raylan alzó su mano y una gran lanza de hielo atravesó a mi padre, dejándolo empalado en la pared. Oí en ese momento a mi madre gritar de terror mientras yo permanecía inmóvil y aún más aterrada. Otra lanza de hielo hizo lo mismo con mi madre.

-No... -susurré, jadeando con fuerza.

La imagen seguía, mi hermano me cogió de un brazo y me acercó a los cadáveres de mis padres. Los temblores que tenía en mi mente se vieron reflejados en mi cuerpo físico, haciendo que a duras penas pudiera mantenerme erguida sobre mis brazos. Me tiró al suelo y pude sentir realmente cómo la sangre de mis padres caía sobre mí, horrorizándome todavía más. Pararon las imágenes justo cuando mis ojos empezaban a soltar lágrimas sin poder detenerlas. Oí en mi mente la risa de Raylan, burlándose de mí.

-¿Ves? Eras débil de niña y lo sigues siendo. Si has llegado tan lejos ha sido gracias a un demonio que realmente no te corresponde. Y sé qué es lo que más te dolerá ahora... que mate a los únicos seres queridos que tienes ahora... Y el primero... a Thoran... -me harté, en ese momento noté mi ira explotar y, aunque no notaba la esencia de Junibi, pude repeler a Raylan.

Thoran.

Una onda oscura surgió del interior de Airif, librándola de la extraña mano que la tenía apresada y de Raylan, al cual lanzó varios metros hacia atrás. Tras eso, pude verle la cara. Reflejaba dolor e ira a la vez, sus ojos eran más rojos que nunca, lo cual quería decir que había perdido el control completamente. Una aura empezó a salir de ella, formando la imagen de un lobo alrededor de su cuerpo. Unas nubes negras aparecieron en el cielo de repente, haciendo que empezara a llover con fuerza.

-Uh... veo que te enfadé, pequeña debilucha. -seguía provocándola y eso no podía traer nada bueno. 

Ninguno de nosotros tres sabía qué hacer, sólo podíamos mirar cómo ella se enfurecía cada vez más. Cargó contra él a una velocidad increíble, pero antes de que pudiera siquiera tocarlo, él de un golpe la lanzó más lejos de lo que ella consiguió alejarlo. Su cuerpo chocó contra la pared y cayó al suelo bocabajo. El aura desapareció poco a poco mientras él se acercaba lentamente hacia ella. Airif intentaba incorporarse, pero no podía, estaba demasiado débil para ello. Corrí y me interpuse entre los dos, sabiendo que no iba a conseguir nada.

-Quítate de en medio. -me ordenó Raylan, pero no me aparté.

-No pienso hacerlo, y lo sabes. -dije desafiante.

-Mira... no me cuesta nada matarte, pero primero quiero acabar con ella.

-¡Thoran, no seas insensa...!-Alyä se cayó conforme hablaba, sabía por qué lo hacía.

-Prefiero que ella sobreviva y darle una oportunidad más para acabar contigo. -mi voz temblaba un poco, a pesar de que quería mostrar seguridad.

-Oh ¿de verdad? ¿Vas a dejar que cargue también con tu muerte?

-Eso la hará más fuerte... yo pude seguir adelante, ella puede hacer lo mismo.

-Tho... -oí que susurraba Airif con voz débil.

-¡Elin, Alyä, cogedla y marchaos!-ordené, pero no pudieron moverse. Maldije en voz baja y volví a mirar a Raylan.

-Ella en el fondo te odiará por esto... pero en fin, si es lo que quieres... -vi cómo empezaba a formar una lanza y cerré los ojos. 

Mi cuerpo sabía qué iba a pasar y por mi mente pasaron todos mis recuerdos en cuestión de segundos. Una lágrima salió cuando recordé todo lo que quería vivir con ella, pero no iba a poder por salvar su vida. 

-No... -Airif intentaba levantarse. Oía su cuerpo moverse en vano.

-Lo siento, Airif... -susurré triste.- Ojalá pudiese hacer algo más por ti. Te...

No pude seguir hablando, la lanza me atravesó y me empaló en la pared. Airif giró la cabeza y me vio. No podía oírla, pero sabía perfectamente lo que decía mientras iba perdiendo la vista. Lo último que pude ver era su cara llorando mientras llenaba su espalda de sangre caliente mezclada con las frías gotas de la lluvia.

Airif.

Sentí en mi espalda cómo caían dos tipos de gotas mientras mi corazón sentía un dolor que nunca había sentido. No podía oír ni sentir nada más. Suficiente tenía ya con lo vivido en los últimos momentos. Realmente pensé que ese era mi final, no podía moverme. No sentía para nada a Junibi, Alyä y Elin no eran rivales para Raylan y... ya no me quedaba nadie más. Sentí un temblor en el suelo y poco después pude ver que algo nos transportaba a otro lugar. Susurrando por última vez el nombre de mi amor, abandoné mi conciencia entre lágrimas.


jueves, 24 de noviembre de 2011

Capítulo 27

Airif.

Por fin llegó la presentación del torneo. Al salir de la posada, todos nos dirigimos hacia el castillo y, unos guardias, nos guiaron al lugar donde se iba a efectuar. Había que atravesar el hall del castillo y meternos por una puerta que daba a un largo pasillo. Creía recordar que detrás del castillo sólo había una montaña, así que seguramente eso era una especie de pasadizo. Llegamos a un cruce de caminos, uno iba hacia abajo y otro hacia arriba. El guardia nos dijo que los que íbamos a participar, bajáramos y los espectadores debían subir. Bajamos y nos encontrábamos una habitación mediana, llena de asientos en los que los combatientes podían sentarse para esperar su turno. Oímos de fondo el discurso del rey, según me dijo Alyä, y poco después fue enumerando quiénes se iban a enfrentar. Empezó siendo Alyä contra un nombre que me produjo escalofríos. La vi sonreír y sabía que era porque podía darle una paliza de manera gratuita. Le deseé suerte y vi cómo ambas salían por una gran puerta al exterior.

Alyä.

Estaba ansiosa de comenzar el combate. No sabía bien qué hacía Thira, así que la dejé comenzar como ventaja. Miré el lugar de combate, era un sitio redondo y no había techo, nos iluminaba el sol. En las paredes de la montaña había huecos donde la gente se ponía para mirarnos. Busqué a Thoran y me miró. Su mirada me decía que tuviera cuidado y no me emocionase. Asentí con la cabeza y miré a Thira. Parecía nerviosa de ver que yo era su oponente.

-Vaya... ¿nerviosa? -le dije con un tono de burla.

-Sí, no me gustaría que me encerraran por matar sin querer a alguien débil. -me contestó, aparentando ser valiente.

-Eso será... -reí en mis adentros.

El rey Dvarte dio la señal para que comenzara el combate y vi cómo canalizaba una esfera de hielo. Me quedé mirándola y pensé en si debía invocar alguno de mis diablillos, pero me negué a mí misma usarlos contra ella. En el momento que ella lanzó su bola de hielo, yo lancé una de sombra, bastante parecida a la de Airif, pero con menos potencia. Una explosión se efectuó cuando ambas esferas tuvieron contacto y chocaron. Oí que gruñía y alzó su brazo al aire y una nube oscura se formó sobre mí, empezando a caer fragmentos de hielo de ella. Salí de la zona que cubría la nube y esta vez le lancé una ráfaga de fuego, acertándole en la cabeza y quemándole gran parte del pelo. Ella gritó, tanto del dolor de la quemadura como de haber perdido su pelo. Me intentó devolver el fogonazo, pero un escudo oscuro apareció a mi alrededor en el momento del impacto. Ella se quedó sorprendida, al igual que yo, volvió a intentarlo y de nuevo apareció ese escudo. Estaba tan alucinada que no podía reaccionar, así que aproveché para canalizar una gran bola sombra y se la disparé. Le impactó de tal manera que chocó con la pared y se quedó inconsciente. 

Dvarte dio por bueno el combate y me retiré en medio de aplausos. Al llegar de nuevo a la sala, vi cómo Airif se partía de risa. Nos quedamos juntas hablando en lo que le tocaba a ella. Pasó mucho tiempo hasta que le tocó a ella, fue la última. Sólo se mencionó su nombre y, cuando salió, Dapo habló.

Airif.

Me daba rabia que ese metomentodo apareciera para decir algo. Todos le miramos con atención.

-Visto el gran potencial de Airif, creo que debería enfrentarse a algo más que un combatiente. Veamos cómo se las arregla para luchar y salir viva de mi pequeña mascota. -resoplé y negué con la cabeza. Se abrió una gran puerta y apareció el dragón de tres cabezas. Miró a su dueño y vi que tenía algo peludo tembloroso en la mano. Oí que la ardilla gritaba mi nombre y me di cuenta de que era Arwyl.- Pero antes... debo alimentarle un poquito. -me miró con malicia, como si supiera que conocía a esa ardilla, y la tiró al aire, donde el dragón ágilmente la cogió entre sus fauces y se la tragó directamente.

Me sentía enfadada y triste a la vez. No había sido capaz de, antes de ir a entrenar con dragones, haberla buscado para llevármela conmigo. Ese engaño me enfureció tanto que fui incapaz de pensar que la dejé sola. Dvarte dijo que el combate comenzaba y una de las cabezas del dragón me lanzó fuego. Tardé en reaccionar, pero logré esquivarlo. Aún intentaba asimilar la muerte de Arwyl, cuando una cola embistió contra mí, haciéndome chocar contra la pared. Oí que Thoran gritaba mi nombre, para que espabilase, al igual que Elin y Alyä. Sacudí la cabeza y miré al dragón y después a Dapo. Dapo se reía. No entendía cómo podía ser tan cruel, pero se la iba a devolver. Iba a ver cómo su queridísimo dragón moría. Otra de las cabezas se acercó hasta mí, con la boca abierta, y justo antes de que pudiera cogerme bloqueé su mandíbula cogiéndola de los dientes superiores e inferiores, haciendo fuerza para que no pudiera cerrar la boca. Le miré la boca mientras forcejeábamos y un remolino azul se formaba en su boca. Seguimos forcejeando mientras ese remolino se hacía más grande. En el último momento logré desviarle la cabeza hacia otra de las suyas y vi cómo se la congelaba. Suspiré de alivio, pero el dragón enfureció y me atacó con las cabezas libres. Una me lanzó fuego y la otra me volvió a lanzar hielo. Esquivé de nuevo como pude y usé las garras que Elin fabricó para mí. Había olvidado mis espadas en la posada y era lo único que tenía. La cabeza de fuego del dragón le lanzó fuego a la que estaba congelada para derretir el hielo y tragué saliva.  Ya eran tres cabezas enfadadas, decididas a matarme. Estaba actuando como una estúpida y eso me hizo enfadar más. Noté la energía de Junibi dándome algo de fuerza y reflejos para esquivas los siguientes ataques que me lanzaron las cabezas. Tenía tanta velocidad que pude despistar las cabezas por un momento y pude subirme a él. Me encontraba en el centro de unión de sus cabezas. Clavé como pude mis garras, pero aunque el dragón se quejó, no fue suficiente. Sólo lo enfadé más. Empezó a balancearse y moverse para que yo cayera, pero me agarré lo más fuerte que pude a él. No logró tirarme y en ese tiempo que estuvo el dragón gastando energía se me ocurrió intentar canalizar en mis garras mi poder. Lo intenté y apareció una gran y afilada garra oscura de mi brazo. Atravesé con facilidad un cuello, cortándoselo de cuajo al dragón. Oí que Dapo gritaba un "¡Nooooooo!", pero aunque podría haber parado, no me detuve y, aunque el dragón se volvió a mover, ahora con más desesperación que antes por el dolor, le corté otra cabeza. Sólo me quedaba la central. El dragón se incorporó sobre sus dos patas traseras y se apoyó en la pared, intentando chafarme. Yo me resistía a soltarme de él cuando empezó a dar golpes con su espalda en la pared. Eso me empezó a hacer daño, bastante, y mis manos flojearon. Antes de caer, el dragón fue rápido y me detuvo en seco usando su zarpa. Estaba inmovilizada contra la pared, apresada por él. Comenzó a reunir gran energía en su boca, pero no supe de qué era. Lo único que se me ocurrió para intentar salir de allí, fue morder la zarpa del dragón y no funcionó. Luego recordé que podía particionar una de mis colas en varias y usarlas como arma, así que usé eso y atravesé con ellas la garra. Caí al suelo y miré al dragón. Estaba furioso pero débil. Dapo suplicaba a Dvarte que el combate parase, pero él no se dignaba a detenerlo. Me incorporé y empecé a reunir una gran bola sombra entre ambas manos, lanzándola poco después contra el dragón. Recibió el impacto de lleno, atravesándole el pecho. Cayó desplomado al suelo, sin vida. Me sentí un poco mal, pero necesitaba vengarme. Ese dragón no iba a dejarme viva y se tragó a Arwyl. 

Todos me aplaudieron, pero eso no me hacía sentir mejor. Habían matado a mi ardilla y la gente estaba feliz. Menos Thoran, que él entendía mi dolor. 

-Felicidades, hermanita...

Oí esa voz detrás de mí, me giré y el chico que apareció en mis sueños, estaba ahí, sonriéndome. 

martes, 8 de noviembre de 2011

Capítulo 26


Alyä

Poco después de la aparición de Dapo, fuimos a la ciudad a inscribirnos. Airif estaba emocionada y a la vez nerviosa. Me reía para mis adentros, dado que yo ya sabía que lo haría bien, siempre y cuando no matara a nadie, aunque supongo que sabría controlarse. Tras apuntarnos caminamos en dirección a la posada por un camino cercano a la muralla, lleno de casas y comercios. Me fijé que Thoran estaba extremadamente serio. Me acerqué a él y le pregunté por qué estaba así.

-No te has dado cuenta tú tampoco, ¿verdad? –negué con la cabeza y le miré sin entender qué debería haber visto.- Thira está apuntada también…

Oleadas de furia me llenaron el cuerpo, cosa algo anormal en mí. Sentía ganas de matarla si tenía la oportunidad. Deseaba ser yo quien combatiese contra ella y darle lo que se merece por haber hecho tanto daño a mi hermano. Pero me frenó el pensamiento de que, si la mataba, me condenarían de por vida al calabozo. Suspiré e intenté calmarme. La cola que Junibi me dio me empezaba a afectar, no sólo a mis poderes, los cuales aumentaron, sino también a mi control de enfado. En parte, empezaba a comprender a Airif, lo que tuvo que aguantar cuando Thira se la jugó, consiguiendo engañarla de manera que creyera que Thoran la estaba engañando.

-¿Estás bien? –Thoran me sacó de mis pensamientos. Asentí y le sonreí.- Te veo rara…
-Ya hablaremos a solas sobre eso. Tengo algo que decirte.

No dijo nada, solo afirmó con la cabeza y miró hacia adelante. Poco después nos encontramos con Demián, el cual también se había apuntado. Me saludó diciendo “Mi pequeña Alyä” y provocó que me sonrojara. Iba vestido como de costumbre, pero llevaba ahora un tabardo oscuro, con el dibujo de un cuervo en el pecho.  Pensé en preguntarle más tarde, ya que noté en mi interior inquietud. Airif se detuvo en seco, como estando alerta, y miraba a su alrededor.
  
Airif

Me sentía inundada de nervios, pero no sabía exactamente por qué. Algo me alertaba que se acercaba un peligro, supongo que sería Junibi. De lejos, oí algo enorme acercase, saltando de tejado en tejado. Miré en esa dirección y pude ver un enorme felino blanco con rayas negras y ojos verdes. La gente de nuestro alrededor se asustó y se ocultó rápidamente en sus casas o negocios, gritando. Miré fijamente a los ojos a ese animal y me rugió. No mostré ni una pizca de miedo, no me eché atrás. Saltó al suelo y después intentó abalanzarse sobre Thoran. Tuve la agilidad suficiente para interponerme en forma de lobo, placando así a mi novio para apartarlo de la trayectoria del felino, pero recibiendo un arañazo en mi espalda. Solté un gañido al notar sus garras en mi piel y me tambaleé un poco. Le gruñí con ferocidad y cuando volvió a saltar sobre nosotros, pude agarrarle del cuello y desviarlo, estampándolo contra la muralla que protegía la ciudad.  Sacudió la cabeza y me observó detenidamente, rugiéndome suave pero amenazadoramente. El dolor de la herida me empezaba a nublarme la mente, enfureciéndome y noté cómo Junibi intentaba salir. Sacudí la cabeza y gruñí. Abrí mis fauces y empecé a reunir energía, formando una bola negra y la empujé contra él. Por suerte o por desgracia, fue lo suficientemente débil para no romper la muralla, pero sí para espantarlo. Saltó al otro lado de la muralla y me mantuve alerta hasta que no podía olerle. Volví a transformarme en humana y caí al suelo de bruces, temblando de dolor. Notaba cómo la sangre salía de mis heridas y me cosquilleaban los costados.

-Debemos llevarla a la posada, rápido. –dijo Thoran. Se colocó delante de mí agachado y yo me subí a su espalda, agarrándome de su cuello con las pocas fuerzas que me quedaban.

Notaba el viento en mi cara de lo rápido que iban hacia nuestro alojamiento, pero apenas podía mantenerme despierta. Todo se volvió oscuro, como si me hubiese dormido. Abrí los ojos y estaba en un pueblecito oculto en un bosque. No entendía por qué, si tenía que participar en el torneo para demostrarle a Dapo que Elinghad no era un mal maestro.  Caminé y detrás de mí oí una voz que me llamaba. No conocía la voz, me giré y vi a un chico. Era más alto que Thoran, moreno y con ojos verdes.

-Hola, Airif. –saludó con tranquilidad. Yo le miraba con desconfianza.
-¿Quién eres…?
-Vaya, no me recuerdas… Soy tu hermano.
-Desconocía que tuviese un hermano. –dije sorprendida.
-Me llamo Raylan. –sonrió y no dijo nada más.
-¿Thoran te conocía? –pregunté con inseguridad, rompiendo un incómodo silencio.
-Sí.
-¿Por qué no me dijo nada de ti…? –miré al suelo, algo decepcionada.
-Igual me consideraba… en el mismo estado que nuestros padres.
-Pero aún así… no sé.
-No le des importancia. Él consideraría más importante saber que estabas bien.

Asentí, supuse que después de tantos años sin verme lo que más le importaba era intentar recuperar el tiempo perdido, sin mencionarme mucho a mi familia. Alcé la cabeza y vi que se marchaba.

-¡Espera! ¿A dónde vas?
-Tranquila, te estás despertando.
-¿Despertando?
-Sí, me estoy comunicando contigo mentalmente.
-¿Cómo es eso posible…?
-Es por algo que tenemos en común…
-¿La sangre?
-No, algo más importante. Ya lo descubrirás.

Desapareció y desperté en una cama. Miré a mi alrededor, incorporándome un poco, y observé el lugar. Era una habitación bastante parecida a la que hay en la otra posada. Me levanté lentamente, quejándome un poco. Me habían vendado todo el torso y algunas vendas pasaban por mis hombros. Me puse una camisa de Thoran y salí, buscándole. Mientras bajaba las escaleras, vi que él subía.

-Oh, ya te has despertado. –me sonrió y me dio un dulce beso en los labios.- ¿Qué tal estás?
-Bien… ¿dónde están los demás? –sentía curiosidad.
-Pues… Elinghad se ha cogido una habitación para él solo y Demián le propuso a Alyä compartir habitación.
-¿Y…? –me imaginé la situación, su cara toda roja mientras él le insistía si quería o no.
-Aceptó, roja como un tomate. –dijo riendo. Su risa me contagió, haciéndome reír, pero al doblarme un poco me quejé.- Cuidado. ¿Estás bien…?
-Sí… ha sido algo leve.
-Bueno…
-Oye, quería hablar contigo… -susurré un poco seria, preocupándole sin querer.- Vamos a la habitación.

Subimos juntos, entramos a la habitación y nos sentamos en la cama. Pensé en cómo preguntarle, pero no sabía si era algo que realmente soñé o que ese supuesto Raylan entró en mi cabeza realmente.

-Tú dirás, cielo. –dijo con tranquilidad.
-Yo… ¿yo tengo un hermano? Mayor. –pregunté directamente.
-Sí.
-¿Sabes qué fue de él?
-No.

Me respondió tan secamente que me sentí un poco mal. Debió darse cuenta, porque de repente me abrazó y me acarició el pelo con suavidad.

-¿Te sigue haciendo efecto la poción de mi maestro? –preguntó con curiosidad.
-No… bueno, no sé. Él dijo que pudo meterse en mi cabeza por… porque teníamos algo en común que nos unía. –susurré pensativa, lo suficientemente alto para que me oyera bien.
-Ya veo. Nunca te fíes mucho de él. –su voz sonaba severa, me asustó un poco.
-¿Por…?
-Sólo hazme caso, querida.
-Pero…

No pude seguir, me calló los labios con un beso.  Cerré los ojos y me olvidé del tema, me gustaba la sensación que me provocaba su boca estando junto a la mía. Seguimos besándonos, tiernamente al principio pero apasionándolos poco después. Me detuve en seco, notando una punzada de dolor en mi pecho que me dejó incluso sin aire. Thoran me miró preocupado y susurró mi nombre, pero no podía contestarle. Oí en mi cabeza una voz, esta vez era la de Junibi. Me decía lo mismo que Thoran, pero me provocó el pinchazo a propósito para que le hiciera caso. Gruñí y maldecí al lobo.

-¿Estás bien, Ai…?
-Sí, es sólo que el lobo me quería decir lo mismo que tú, pero me ha dado un toque de atención.
-Deberías descansar y reponer fuerzas, mañana empieza el torneo. –dijo entre besos que me repartía por mi rostro.

Le hice caso, bajé a comer algo y poco después subí a intentar dormir, pero como me había pegado toda la tarde dormida, ahora no podía conciliar el sueño. De repente me acordé de Arwyl, mientras Tho dormía. Me sentía mal por haberme olvidado de ella. Me gustaría volver a verla, pero de momento no podía moverme de la ciudad, no muy lejos al menos, y no sabía cómo localizarla. Suspiré y miré por la ventana. Había una luna bonita, aunque no era llena, que es cuando más me gustaba. Pasé mi mirada al techo y me pregunté si Alyä y Demián habrían hecho algo. Sonreí picaronamente y reí en mi interior, alegrándome en parte por ellos. Me abracé a Tho y él, dormido, se giró, abrazándome también. Me acurruqué más contra él y logré quedarme dormida.

domingo, 4 de septiembre de 2011

Capítulo 25.

Airif

Me levanté temprano para hablar con mi amigo rubio acerca del tal Dapo. Antes de salir de la habitación, miré a Thoran y le di un beso en los labios. Había aprendido, en un sueño, a dividir una de las colas de Juni, así que dividí una y ajusté mis nuevas espadas en mi espalda. Tras eso, salí de la habitación y me dirigí al salón donde me encontré con Elin, que estaba desayunando.

-Buenos días, Airif.- me saludó con una sonrisa.
-Hola, Elin.- le devolví la sonrisa y me senté frente a él.- Tengo algunas preguntas que hacerte.
-Lo suponía, por eso te esperaba.- se cruzó de brazos y esperó a que empezase a preguntarle.
-¿Quién es Dapo?-picoteé algo de fruta tras formular la pregunta.

Me miró fijamente mientras pensaba qué decirme.

-Dapo es... un hombre bastante creído.- comenzó a decir.- También bastante afortunado... -le miré, esperando que siguiera.- No es hijo legítimo del rey. El rey, Dvarte, tuvo primero un varón, llamado Axeluss. Su esposa murió por una enfermedad y volvió a casarse con Nhirä, la madre de Dapo.
-¿Y su padre? -pregunté con curiosidad. Me extrañaba que se casara teniendo ya un marido o pareja.
-Nhirä fue violada. No se sabe nada del violador, pero... Ella prefiere decir que su "marido" murió. Muy pocos sabemos la verdad.
-Oh... -fue lo único que pude decir.
-En fin... Axeluss se convirtió en hermanastro de Dapo.-"Cuánto hermanastro por el mundo..." pensé- Axeluss es como yo, un paladín y como Dapo no era como él, siempre le estuvo incordiando y molestando. Por eso se puede decir que el señorito le tiene asco y odio a los paladines. Ahora... se cree superior a cualquier paladín, sólo porque tiene a ese dragón como mascota.-me miró con seriedad.- Ciertamente es un dragón muy poderoso... el resto de dragones le temen. ¿Estás segura de querer enfrentarte a eso en el torneo?
-Sí.- Asentí sin dudar.- Se supone que me voy a enfrentar algún día a algo peor. Si puedo contra el dragón, es un paso adelante para lo que sea.
-Dicho así tienes razón, pero no te confíes mucho.- se le notaba preocupado.
-Tranquilo.- Le sonreí y me devolvió la sonrisa más relajado.

Al poco aparecieron Alyä y Thoran. Desayunaron y charlaron mientras yo pensaba en mis cosas. No sabía realmente por qué, pero tenía ganas de matar a ese dragón. Me pilló desprevenida y en mal día, pero ya no iba a bajar la guardia.

Dapo

Una vez más pude reírme en la cara de ese paladín. Él tendrá su hogar en aquel valle, lleno de dragones, pero yo tenía algo superior a todos ellos.

Dejé a mi compañero en la cueva subterránea que hay detrás del castillo de mi padrastro y me dirigí hacia el mercadito de a ciudad. Estaba bastante decorado y había el doble de mercaderes de lo normal. Entré en una taberna escondida en un callejón y encontré sólo a dos personas con capucha, sentadas al lado de la chimenea, la cual estaba apagada, y al tabernero en la barra limpiando un vaso. El tabernero me hizo un gesto con la mano a modo saludo y me indicó que me sentara. Era un hombre calvo y con varias cicatrices, además de tener una mirada fría, carente de sentimientos.

Me acerqué a los encapuchados y saludé.

-Hola, Ray. -miré a uno de ellos mientras me sentaba y luego al otro.- ¿Cómo estás, cielo?

Ambos se descubrieron, y mi amada me sonreía. Admiraba su belleza, y también que se hubiese podido enamorar de mí. Era algo torpe con las armas, pero Raylan le enseñó el arte de controlar el fuego y el hielo.

-Cuéntanos, Dapo. ¿Qué tal tu "amigo" Elinghad?
-Bien... un sosainas, como de costumbre. Le he retado al torneo, pero se ha ofrecido a combatir una pupila suya. -dije mientras el tabernero me traía una pinta. Bebí un sorbo y proseguí, ante la atenta mirada de ambos.- Una joven rubia con el pelo corto, ojos azules... bastante mona. Pero es extraña... mi dragón intentó atacarla y la protegió una esfera negra.

La chica que estaba con nosotros resopló. La miré con curiosidad y sorpresa.

-Creo saber quién es... -arqueé una ceja y Ray comenzó a reír.
-Sí... debe tratarse de mi hermanita. ¿Entrena con dragones entonces? No está mal... -miró a un lado y quise mirar también.- Tengo una sorpresita para ella. -Subió a la mesa una jaula, en ella había una ardilla temblorosa.- Es una mascotita que ella tenía... se la daré de comer a la bestia que saques en el torneo.
-¿Para qué? -estaba desconcertado.
-Para provocarla, puede resultar divertido. Quiero ver su potencial. -sonreía ampliamente.- Aunque igual mejor espero a otro momento.- Volvió a mirar a la ardilla de reojo, la cual tembló todavía más.
-¿Cómo sabes que es la auténtica? Hay infinitas ardillas en el mundo.
-Sé que es ella por instinto, el cual nunca falla.-sonrió con malicia y luego empezó a reírse.
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Continuará