jueves, 24 de noviembre de 2011

Capítulo 27

Airif.

Por fin llegó la presentación del torneo. Al salir de la posada, todos nos dirigimos hacia el castillo y, unos guardias, nos guiaron al lugar donde se iba a efectuar. Había que atravesar el hall del castillo y meternos por una puerta que daba a un largo pasillo. Creía recordar que detrás del castillo sólo había una montaña, así que seguramente eso era una especie de pasadizo. Llegamos a un cruce de caminos, uno iba hacia abajo y otro hacia arriba. El guardia nos dijo que los que íbamos a participar, bajáramos y los espectadores debían subir. Bajamos y nos encontrábamos una habitación mediana, llena de asientos en los que los combatientes podían sentarse para esperar su turno. Oímos de fondo el discurso del rey, según me dijo Alyä, y poco después fue enumerando quiénes se iban a enfrentar. Empezó siendo Alyä contra un nombre que me produjo escalofríos. La vi sonreír y sabía que era porque podía darle una paliza de manera gratuita. Le deseé suerte y vi cómo ambas salían por una gran puerta al exterior.

Alyä.

Estaba ansiosa de comenzar el combate. No sabía bien qué hacía Thira, así que la dejé comenzar como ventaja. Miré el lugar de combate, era un sitio redondo y no había techo, nos iluminaba el sol. En las paredes de la montaña había huecos donde la gente se ponía para mirarnos. Busqué a Thoran y me miró. Su mirada me decía que tuviera cuidado y no me emocionase. Asentí con la cabeza y miré a Thira. Parecía nerviosa de ver que yo era su oponente.

-Vaya... ¿nerviosa? -le dije con un tono de burla.

-Sí, no me gustaría que me encerraran por matar sin querer a alguien débil. -me contestó, aparentando ser valiente.

-Eso será... -reí en mis adentros.

El rey Dvarte dio la señal para que comenzara el combate y vi cómo canalizaba una esfera de hielo. Me quedé mirándola y pensé en si debía invocar alguno de mis diablillos, pero me negué a mí misma usarlos contra ella. En el momento que ella lanzó su bola de hielo, yo lancé una de sombra, bastante parecida a la de Airif, pero con menos potencia. Una explosión se efectuó cuando ambas esferas tuvieron contacto y chocaron. Oí que gruñía y alzó su brazo al aire y una nube oscura se formó sobre mí, empezando a caer fragmentos de hielo de ella. Salí de la zona que cubría la nube y esta vez le lancé una ráfaga de fuego, acertándole en la cabeza y quemándole gran parte del pelo. Ella gritó, tanto del dolor de la quemadura como de haber perdido su pelo. Me intentó devolver el fogonazo, pero un escudo oscuro apareció a mi alrededor en el momento del impacto. Ella se quedó sorprendida, al igual que yo, volvió a intentarlo y de nuevo apareció ese escudo. Estaba tan alucinada que no podía reaccionar, así que aproveché para canalizar una gran bola sombra y se la disparé. Le impactó de tal manera que chocó con la pared y se quedó inconsciente. 

Dvarte dio por bueno el combate y me retiré en medio de aplausos. Al llegar de nuevo a la sala, vi cómo Airif se partía de risa. Nos quedamos juntas hablando en lo que le tocaba a ella. Pasó mucho tiempo hasta que le tocó a ella, fue la última. Sólo se mencionó su nombre y, cuando salió, Dapo habló.

Airif.

Me daba rabia que ese metomentodo apareciera para decir algo. Todos le miramos con atención.

-Visto el gran potencial de Airif, creo que debería enfrentarse a algo más que un combatiente. Veamos cómo se las arregla para luchar y salir viva de mi pequeña mascota. -resoplé y negué con la cabeza. Se abrió una gran puerta y apareció el dragón de tres cabezas. Miró a su dueño y vi que tenía algo peludo tembloroso en la mano. Oí que la ardilla gritaba mi nombre y me di cuenta de que era Arwyl.- Pero antes... debo alimentarle un poquito. -me miró con malicia, como si supiera que conocía a esa ardilla, y la tiró al aire, donde el dragón ágilmente la cogió entre sus fauces y se la tragó directamente.

Me sentía enfadada y triste a la vez. No había sido capaz de, antes de ir a entrenar con dragones, haberla buscado para llevármela conmigo. Ese engaño me enfureció tanto que fui incapaz de pensar que la dejé sola. Dvarte dijo que el combate comenzaba y una de las cabezas del dragón me lanzó fuego. Tardé en reaccionar, pero logré esquivarlo. Aún intentaba asimilar la muerte de Arwyl, cuando una cola embistió contra mí, haciéndome chocar contra la pared. Oí que Thoran gritaba mi nombre, para que espabilase, al igual que Elin y Alyä. Sacudí la cabeza y miré al dragón y después a Dapo. Dapo se reía. No entendía cómo podía ser tan cruel, pero se la iba a devolver. Iba a ver cómo su queridísimo dragón moría. Otra de las cabezas se acercó hasta mí, con la boca abierta, y justo antes de que pudiera cogerme bloqueé su mandíbula cogiéndola de los dientes superiores e inferiores, haciendo fuerza para que no pudiera cerrar la boca. Le miré la boca mientras forcejeábamos y un remolino azul se formaba en su boca. Seguimos forcejeando mientras ese remolino se hacía más grande. En el último momento logré desviarle la cabeza hacia otra de las suyas y vi cómo se la congelaba. Suspiré de alivio, pero el dragón enfureció y me atacó con las cabezas libres. Una me lanzó fuego y la otra me volvió a lanzar hielo. Esquivé de nuevo como pude y usé las garras que Elin fabricó para mí. Había olvidado mis espadas en la posada y era lo único que tenía. La cabeza de fuego del dragón le lanzó fuego a la que estaba congelada para derretir el hielo y tragué saliva.  Ya eran tres cabezas enfadadas, decididas a matarme. Estaba actuando como una estúpida y eso me hizo enfadar más. Noté la energía de Junibi dándome algo de fuerza y reflejos para esquivas los siguientes ataques que me lanzaron las cabezas. Tenía tanta velocidad que pude despistar las cabezas por un momento y pude subirme a él. Me encontraba en el centro de unión de sus cabezas. Clavé como pude mis garras, pero aunque el dragón se quejó, no fue suficiente. Sólo lo enfadé más. Empezó a balancearse y moverse para que yo cayera, pero me agarré lo más fuerte que pude a él. No logró tirarme y en ese tiempo que estuvo el dragón gastando energía se me ocurrió intentar canalizar en mis garras mi poder. Lo intenté y apareció una gran y afilada garra oscura de mi brazo. Atravesé con facilidad un cuello, cortándoselo de cuajo al dragón. Oí que Dapo gritaba un "¡Nooooooo!", pero aunque podría haber parado, no me detuve y, aunque el dragón se volvió a mover, ahora con más desesperación que antes por el dolor, le corté otra cabeza. Sólo me quedaba la central. El dragón se incorporó sobre sus dos patas traseras y se apoyó en la pared, intentando chafarme. Yo me resistía a soltarme de él cuando empezó a dar golpes con su espalda en la pared. Eso me empezó a hacer daño, bastante, y mis manos flojearon. Antes de caer, el dragón fue rápido y me detuvo en seco usando su zarpa. Estaba inmovilizada contra la pared, apresada por él. Comenzó a reunir gran energía en su boca, pero no supe de qué era. Lo único que se me ocurrió para intentar salir de allí, fue morder la zarpa del dragón y no funcionó. Luego recordé que podía particionar una de mis colas en varias y usarlas como arma, así que usé eso y atravesé con ellas la garra. Caí al suelo y miré al dragón. Estaba furioso pero débil. Dapo suplicaba a Dvarte que el combate parase, pero él no se dignaba a detenerlo. Me incorporé y empecé a reunir una gran bola sombra entre ambas manos, lanzándola poco después contra el dragón. Recibió el impacto de lleno, atravesándole el pecho. Cayó desplomado al suelo, sin vida. Me sentí un poco mal, pero necesitaba vengarme. Ese dragón no iba a dejarme viva y se tragó a Arwyl. 

Todos me aplaudieron, pero eso no me hacía sentir mejor. Habían matado a mi ardilla y la gente estaba feliz. Menos Thoran, que él entendía mi dolor. 

-Felicidades, hermanita...

Oí esa voz detrás de mí, me giré y el chico que apareció en mis sueños, estaba ahí, sonriéndome. 

martes, 8 de noviembre de 2011

Capítulo 26


Alyä

Poco después de la aparición de Dapo, fuimos a la ciudad a inscribirnos. Airif estaba emocionada y a la vez nerviosa. Me reía para mis adentros, dado que yo ya sabía que lo haría bien, siempre y cuando no matara a nadie, aunque supongo que sabría controlarse. Tras apuntarnos caminamos en dirección a la posada por un camino cercano a la muralla, lleno de casas y comercios. Me fijé que Thoran estaba extremadamente serio. Me acerqué a él y le pregunté por qué estaba así.

-No te has dado cuenta tú tampoco, ¿verdad? –negué con la cabeza y le miré sin entender qué debería haber visto.- Thira está apuntada también…

Oleadas de furia me llenaron el cuerpo, cosa algo anormal en mí. Sentía ganas de matarla si tenía la oportunidad. Deseaba ser yo quien combatiese contra ella y darle lo que se merece por haber hecho tanto daño a mi hermano. Pero me frenó el pensamiento de que, si la mataba, me condenarían de por vida al calabozo. Suspiré e intenté calmarme. La cola que Junibi me dio me empezaba a afectar, no sólo a mis poderes, los cuales aumentaron, sino también a mi control de enfado. En parte, empezaba a comprender a Airif, lo que tuvo que aguantar cuando Thira se la jugó, consiguiendo engañarla de manera que creyera que Thoran la estaba engañando.

-¿Estás bien? –Thoran me sacó de mis pensamientos. Asentí y le sonreí.- Te veo rara…
-Ya hablaremos a solas sobre eso. Tengo algo que decirte.

No dijo nada, solo afirmó con la cabeza y miró hacia adelante. Poco después nos encontramos con Demián, el cual también se había apuntado. Me saludó diciendo “Mi pequeña Alyä” y provocó que me sonrojara. Iba vestido como de costumbre, pero llevaba ahora un tabardo oscuro, con el dibujo de un cuervo en el pecho.  Pensé en preguntarle más tarde, ya que noté en mi interior inquietud. Airif se detuvo en seco, como estando alerta, y miraba a su alrededor.
  
Airif

Me sentía inundada de nervios, pero no sabía exactamente por qué. Algo me alertaba que se acercaba un peligro, supongo que sería Junibi. De lejos, oí algo enorme acercase, saltando de tejado en tejado. Miré en esa dirección y pude ver un enorme felino blanco con rayas negras y ojos verdes. La gente de nuestro alrededor se asustó y se ocultó rápidamente en sus casas o negocios, gritando. Miré fijamente a los ojos a ese animal y me rugió. No mostré ni una pizca de miedo, no me eché atrás. Saltó al suelo y después intentó abalanzarse sobre Thoran. Tuve la agilidad suficiente para interponerme en forma de lobo, placando así a mi novio para apartarlo de la trayectoria del felino, pero recibiendo un arañazo en mi espalda. Solté un gañido al notar sus garras en mi piel y me tambaleé un poco. Le gruñí con ferocidad y cuando volvió a saltar sobre nosotros, pude agarrarle del cuello y desviarlo, estampándolo contra la muralla que protegía la ciudad.  Sacudió la cabeza y me observó detenidamente, rugiéndome suave pero amenazadoramente. El dolor de la herida me empezaba a nublarme la mente, enfureciéndome y noté cómo Junibi intentaba salir. Sacudí la cabeza y gruñí. Abrí mis fauces y empecé a reunir energía, formando una bola negra y la empujé contra él. Por suerte o por desgracia, fue lo suficientemente débil para no romper la muralla, pero sí para espantarlo. Saltó al otro lado de la muralla y me mantuve alerta hasta que no podía olerle. Volví a transformarme en humana y caí al suelo de bruces, temblando de dolor. Notaba cómo la sangre salía de mis heridas y me cosquilleaban los costados.

-Debemos llevarla a la posada, rápido. –dijo Thoran. Se colocó delante de mí agachado y yo me subí a su espalda, agarrándome de su cuello con las pocas fuerzas que me quedaban.

Notaba el viento en mi cara de lo rápido que iban hacia nuestro alojamiento, pero apenas podía mantenerme despierta. Todo se volvió oscuro, como si me hubiese dormido. Abrí los ojos y estaba en un pueblecito oculto en un bosque. No entendía por qué, si tenía que participar en el torneo para demostrarle a Dapo que Elinghad no era un mal maestro.  Caminé y detrás de mí oí una voz que me llamaba. No conocía la voz, me giré y vi a un chico. Era más alto que Thoran, moreno y con ojos verdes.

-Hola, Airif. –saludó con tranquilidad. Yo le miraba con desconfianza.
-¿Quién eres…?
-Vaya, no me recuerdas… Soy tu hermano.
-Desconocía que tuviese un hermano. –dije sorprendida.
-Me llamo Raylan. –sonrió y no dijo nada más.
-¿Thoran te conocía? –pregunté con inseguridad, rompiendo un incómodo silencio.
-Sí.
-¿Por qué no me dijo nada de ti…? –miré al suelo, algo decepcionada.
-Igual me consideraba… en el mismo estado que nuestros padres.
-Pero aún así… no sé.
-No le des importancia. Él consideraría más importante saber que estabas bien.

Asentí, supuse que después de tantos años sin verme lo que más le importaba era intentar recuperar el tiempo perdido, sin mencionarme mucho a mi familia. Alcé la cabeza y vi que se marchaba.

-¡Espera! ¿A dónde vas?
-Tranquila, te estás despertando.
-¿Despertando?
-Sí, me estoy comunicando contigo mentalmente.
-¿Cómo es eso posible…?
-Es por algo que tenemos en común…
-¿La sangre?
-No, algo más importante. Ya lo descubrirás.

Desapareció y desperté en una cama. Miré a mi alrededor, incorporándome un poco, y observé el lugar. Era una habitación bastante parecida a la que hay en la otra posada. Me levanté lentamente, quejándome un poco. Me habían vendado todo el torso y algunas vendas pasaban por mis hombros. Me puse una camisa de Thoran y salí, buscándole. Mientras bajaba las escaleras, vi que él subía.

-Oh, ya te has despertado. –me sonrió y me dio un dulce beso en los labios.- ¿Qué tal estás?
-Bien… ¿dónde están los demás? –sentía curiosidad.
-Pues… Elinghad se ha cogido una habitación para él solo y Demián le propuso a Alyä compartir habitación.
-¿Y…? –me imaginé la situación, su cara toda roja mientras él le insistía si quería o no.
-Aceptó, roja como un tomate. –dijo riendo. Su risa me contagió, haciéndome reír, pero al doblarme un poco me quejé.- Cuidado. ¿Estás bien…?
-Sí… ha sido algo leve.
-Bueno…
-Oye, quería hablar contigo… -susurré un poco seria, preocupándole sin querer.- Vamos a la habitación.

Subimos juntos, entramos a la habitación y nos sentamos en la cama. Pensé en cómo preguntarle, pero no sabía si era algo que realmente soñé o que ese supuesto Raylan entró en mi cabeza realmente.

-Tú dirás, cielo. –dijo con tranquilidad.
-Yo… ¿yo tengo un hermano? Mayor. –pregunté directamente.
-Sí.
-¿Sabes qué fue de él?
-No.

Me respondió tan secamente que me sentí un poco mal. Debió darse cuenta, porque de repente me abrazó y me acarició el pelo con suavidad.

-¿Te sigue haciendo efecto la poción de mi maestro? –preguntó con curiosidad.
-No… bueno, no sé. Él dijo que pudo meterse en mi cabeza por… porque teníamos algo en común que nos unía. –susurré pensativa, lo suficientemente alto para que me oyera bien.
-Ya veo. Nunca te fíes mucho de él. –su voz sonaba severa, me asustó un poco.
-¿Por…?
-Sólo hazme caso, querida.
-Pero…

No pude seguir, me calló los labios con un beso.  Cerré los ojos y me olvidé del tema, me gustaba la sensación que me provocaba su boca estando junto a la mía. Seguimos besándonos, tiernamente al principio pero apasionándolos poco después. Me detuve en seco, notando una punzada de dolor en mi pecho que me dejó incluso sin aire. Thoran me miró preocupado y susurró mi nombre, pero no podía contestarle. Oí en mi cabeza una voz, esta vez era la de Junibi. Me decía lo mismo que Thoran, pero me provocó el pinchazo a propósito para que le hiciera caso. Gruñí y maldecí al lobo.

-¿Estás bien, Ai…?
-Sí, es sólo que el lobo me quería decir lo mismo que tú, pero me ha dado un toque de atención.
-Deberías descansar y reponer fuerzas, mañana empieza el torneo. –dijo entre besos que me repartía por mi rostro.

Le hice caso, bajé a comer algo y poco después subí a intentar dormir, pero como me había pegado toda la tarde dormida, ahora no podía conciliar el sueño. De repente me acordé de Arwyl, mientras Tho dormía. Me sentía mal por haberme olvidado de ella. Me gustaría volver a verla, pero de momento no podía moverme de la ciudad, no muy lejos al menos, y no sabía cómo localizarla. Suspiré y miré por la ventana. Había una luna bonita, aunque no era llena, que es cuando más me gustaba. Pasé mi mirada al techo y me pregunté si Alyä y Demián habrían hecho algo. Sonreí picaronamente y reí en mi interior, alegrándome en parte por ellos. Me abracé a Tho y él, dormido, se giró, abrazándome también. Me acurruqué más contra él y logré quedarme dormida.