Airif.
Por fin llegó la presentación del torneo. Al salir de la posada, todos nos dirigimos hacia el castillo y, unos guardias, nos guiaron al lugar donde se iba a efectuar. Había que atravesar el hall del castillo y meternos por una puerta que daba a un largo pasillo. Creía recordar que detrás del castillo sólo había una montaña, así que seguramente eso era una especie de pasadizo. Llegamos a un cruce de caminos, uno iba hacia abajo y otro hacia arriba. El guardia nos dijo que los que íbamos a participar, bajáramos y los espectadores debían subir. Bajamos y nos encontrábamos una habitación mediana, llena de asientos en los que los combatientes podían sentarse para esperar su turno. Oímos de fondo el discurso del rey, según me dijo Alyä, y poco después fue enumerando quiénes se iban a enfrentar. Empezó siendo Alyä contra un nombre que me produjo escalofríos. La vi sonreír y sabía que era porque podía darle una paliza de manera gratuita. Le deseé suerte y vi cómo ambas salían por una gran puerta al exterior.
Alyä.
Estaba ansiosa de comenzar el combate. No sabía bien qué hacía Thira, así que la dejé comenzar como ventaja. Miré el lugar de combate, era un sitio redondo y no había techo, nos iluminaba el sol. En las paredes de la montaña había huecos donde la gente se ponía para mirarnos. Busqué a Thoran y me miró. Su mirada me decía que tuviera cuidado y no me emocionase. Asentí con la cabeza y miré a Thira. Parecía nerviosa de ver que yo era su oponente.
-Vaya... ¿nerviosa? -le dije con un tono de burla.
-Sí, no me gustaría que me encerraran por matar sin querer a alguien débil. -me contestó, aparentando ser valiente.
-Eso será... -reí en mis adentros.
El rey Dvarte dio la señal para que comenzara el combate y vi cómo canalizaba una esfera de hielo. Me quedé mirándola y pensé en si debía invocar alguno de mis diablillos, pero me negué a mí misma usarlos contra ella. En el momento que ella lanzó su bola de hielo, yo lancé una de sombra, bastante parecida a la de Airif, pero con menos potencia. Una explosión se efectuó cuando ambas esferas tuvieron contacto y chocaron. Oí que gruñía y alzó su brazo al aire y una nube oscura se formó sobre mí, empezando a caer fragmentos de hielo de ella. Salí de la zona que cubría la nube y esta vez le lancé una ráfaga de fuego, acertándole en la cabeza y quemándole gran parte del pelo. Ella gritó, tanto del dolor de la quemadura como de haber perdido su pelo. Me intentó devolver el fogonazo, pero un escudo oscuro apareció a mi alrededor en el momento del impacto. Ella se quedó sorprendida, al igual que yo, volvió a intentarlo y de nuevo apareció ese escudo. Estaba tan alucinada que no podía reaccionar, así que aproveché para canalizar una gran bola sombra y se la disparé. Le impactó de tal manera que chocó con la pared y se quedó inconsciente.
Dvarte dio por bueno el combate y me retiré en medio de aplausos. Al llegar de nuevo a la sala, vi cómo Airif se partía de risa. Nos quedamos juntas hablando en lo que le tocaba a ella. Pasó mucho tiempo hasta que le tocó a ella, fue la última. Sólo se mencionó su nombre y, cuando salió, Dapo habló.
Airif.
Me daba rabia que ese metomentodo apareciera para decir algo. Todos le miramos con atención.
-Visto el gran potencial de Airif, creo que debería enfrentarse a algo más que un combatiente. Veamos cómo se las arregla para luchar y salir viva de mi pequeña mascota. -resoplé y negué con la cabeza. Se abrió una gran puerta y apareció el dragón de tres cabezas. Miró a su dueño y vi que tenía algo peludo tembloroso en la mano. Oí que la ardilla gritaba mi nombre y me di cuenta de que era Arwyl.- Pero antes... debo alimentarle un poquito. -me miró con malicia, como si supiera que conocía a esa ardilla, y la tiró al aire, donde el dragón ágilmente la cogió entre sus fauces y se la tragó directamente.
Me sentía enfadada y triste a la vez. No había sido capaz de, antes de ir a entrenar con dragones, haberla buscado para llevármela conmigo. Ese engaño me enfureció tanto que fui incapaz de pensar que la dejé sola. Dvarte dijo que el combate comenzaba y una de las cabezas del dragón me lanzó fuego. Tardé en reaccionar, pero logré esquivarlo. Aún intentaba asimilar la muerte de Arwyl, cuando una cola embistió contra mí, haciéndome chocar contra la pared. Oí que Thoran gritaba mi nombre, para que espabilase, al igual que Elin y Alyä. Sacudí la cabeza y miré al dragón y después a Dapo. Dapo se reía. No entendía cómo podía ser tan cruel, pero se la iba a devolver. Iba a ver cómo su queridísimo dragón moría. Otra de las cabezas se acercó hasta mí, con la boca abierta, y justo antes de que pudiera cogerme bloqueé su mandíbula cogiéndola de los dientes superiores e inferiores, haciendo fuerza para que no pudiera cerrar la boca. Le miré la boca mientras forcejeábamos y un remolino azul se formaba en su boca. Seguimos forcejeando mientras ese remolino se hacía más grande. En el último momento logré desviarle la cabeza hacia otra de las suyas y vi cómo se la congelaba. Suspiré de alivio, pero el dragón enfureció y me atacó con las cabezas libres. Una me lanzó fuego y la otra me volvió a lanzar hielo. Esquivé de nuevo como pude y usé las garras que Elin fabricó para mí. Había olvidado mis espadas en la posada y era lo único que tenía. La cabeza de fuego del dragón le lanzó fuego a la que estaba congelada para derretir el hielo y tragué saliva. Ya eran tres cabezas enfadadas, decididas a matarme. Estaba actuando como una estúpida y eso me hizo enfadar más. Noté la energía de Junibi dándome algo de fuerza y reflejos para esquivas los siguientes ataques que me lanzaron las cabezas. Tenía tanta velocidad que pude despistar las cabezas por un momento y pude subirme a él. Me encontraba en el centro de unión de sus cabezas. Clavé como pude mis garras, pero aunque el dragón se quejó, no fue suficiente. Sólo lo enfadé más. Empezó a balancearse y moverse para que yo cayera, pero me agarré lo más fuerte que pude a él. No logró tirarme y en ese tiempo que estuvo el dragón gastando energía se me ocurrió intentar canalizar en mis garras mi poder. Lo intenté y apareció una gran y afilada garra oscura de mi brazo. Atravesé con facilidad un cuello, cortándoselo de cuajo al dragón. Oí que Dapo gritaba un "¡Nooooooo!", pero aunque podría haber parado, no me detuve y, aunque el dragón se volvió a mover, ahora con más desesperación que antes por el dolor, le corté otra cabeza. Sólo me quedaba la central. El dragón se incorporó sobre sus dos patas traseras y se apoyó en la pared, intentando chafarme. Yo me resistía a soltarme de él cuando empezó a dar golpes con su espalda en la pared. Eso me empezó a hacer daño, bastante, y mis manos flojearon. Antes de caer, el dragón fue rápido y me detuvo en seco usando su zarpa. Estaba inmovilizada contra la pared, apresada por él. Comenzó a reunir gran energía en su boca, pero no supe de qué era. Lo único que se me ocurrió para intentar salir de allí, fue morder la zarpa del dragón y no funcionó. Luego recordé que podía particionar una de mis colas en varias y usarlas como arma, así que usé eso y atravesé con ellas la garra. Caí al suelo y miré al dragón. Estaba furioso pero débil. Dapo suplicaba a Dvarte que el combate parase, pero él no se dignaba a detenerlo. Me incorporé y empecé a reunir una gran bola sombra entre ambas manos, lanzándola poco después contra el dragón. Recibió el impacto de lleno, atravesándole el pecho. Cayó desplomado al suelo, sin vida. Me sentí un poco mal, pero necesitaba vengarme. Ese dragón no iba a dejarme viva y se tragó a Arwyl.
Todos me aplaudieron, pero eso no me hacía sentir mejor. Habían matado a mi ardilla y la gente estaba feliz. Menos Thoran, que él entendía mi dolor.
-Felicidades, hermanita...
Oí esa voz detrás de mí, me giré y el chico que apareció en mis sueños, estaba ahí, sonriéndome.