sábado, 22 de enero de 2011

Capítulo 4.

Airif

Pasaron los días y cada noche soñaba algo relacionado con mi vida. Parecía que aquel brebaje que tomé, tiene efectos duraderos, no como las típicas pociones de sueño que te dejan dormir durante un tiempo determinado y luego te tienes que buscar la manera de dormir por tus propios medios. Tras aquella visita al hombre encapuchado, Thoran me compró cuatro modelos idénticos de ropa. Imagino que fueron tantos por si algún día pierdo el control y me transformo en mi lobo, tener recambio y no ir con prendas masculinas. 

Soñé con mis padres. Ella parecía la madre perfecta que se preocupa mucho por su pequeña. Debía ser su única hija. Mi padre, sin embargo, se preocupaba menos. Puede que fuese porque sabía que hiciese lo que hiciese estaría bien. Eso, o no me quería. Tampoco importaba mucho ahora. 

En los días que pasaron, el ambiente era extraño en la posada. Thira estaba muy irritante, mientras que Thoran cada día me trataba mejor, y sospecho que ese era el motivo que explica la irritabilidad de la chica. Conforme soñaba, se lo iba contando al joven. Parecía encantado de escuchar las historias que le contaba. Lo que todavía no sabíamos, era cómo conseguí yo transformarme en mi "mascota".

-¿Has acabado ya?-preguntó la chica con tono aburrido.
-Es de mala educación cortar de esa manera a las personas, Thira.-dijo su hermano molesto.
-Da la casualidad que ella no es persona, es persona-lobo, así que no pasa nada. -ganas de arrancarle la cabeza no me faltaban, pero por respeto a su hermano pensé en algo que me tranquilizara, por ejemplo en conejitos.
-Ella es más persona que tú. -adoro y odio que me defienda. No me gustaba sentirme culpable de sus riñas.
-Yo no opino igual. En fin, hermanito ¿hacemos algo? -pregunta con alegría.
-¿Qué quieres hacer? -él la mira.
-Dar una vuelta, por ahí. Respirar aire del bosque, ver animales, plantas... lo que sea.
-Pues empieza tú, ya iremos Airif y yo más tarde. -deja de mirarla, clavando su mirada en mí.

Se produjo un incómodo silencio, ya que los gruñidos e improperios que dejaba escapar la chica no se podía considerar otra cosa que un ruido fácilmente ignorable.

-Thoran... Ve con ella. -le dije. Me gané una mirada de sorpresa de parte de su hermanastra.
-¿Por qué? -me preguntó extrañado.
-Supongo que ella necesita atención de su hermano. Y a mí me gustaría estar un rato sola, meditando. -intenté no sonar brusca para incomodarle.
-Bueno... está bien. Pero si necesitas algo, no dudes en salir a buscarme ¿entendido? -su voz sonaba suave, como si le doliera tener que alejarse un rato de mí.
-De acuerdo. Ahora iros. -me levanté y subí hacia mi habitación.- Nos vemos luego.

Oí que la puerta se abría y cerraba la puerta, acompañado de un grito alegre grito femenino. Parecía arder en deseos de estar a solas con él. Negué con la cabeza y entré en mi habitación. Me acerqué a la ventana y miré a través de ella.  Desde ahí se podía ver la entrada a la posada y cómo Thoran caminaba lento mientras la otra daba saltos de alegría alrededor de él y se agarraba a su brazo. Reí al imaginarme la cara que debía tener él. Dejé de mirar y me tumbé en la cama, mirando al techo. Pasaron los minutos y me noté aburrida, así que decidí dar una vuelta, pero no como humana, si no como lobo. Caso de desaparecer, me venía bien adaptarme a esa forma y acostumbrarme a ella. Salí de mi habitación, bajé las escaleras y salí de la posada, dirigiéndome hacia la parte trasera, cuidando que nadie me viera para desnudarme tranquila y no destrozar la ropa. Como no sabía transformarme sin estar demasiado enfadada, pensé en Thira y en su comentario de antes y fue instantánea la transformación. Olfateé el ambiente y sacudí el lomo, empezando a andar hacia el interior del bosque. Disfruté del paseo y, al rato, divisé a lo lejos un lago y oí voces. Realmente sólo una. Estaba cargada de celos y resentimiento, por lo que oía. No sabía si quedarme y escuchar más. No pude tomar una decisión cuando oí gritos.

- Me gustaría que dejaras de meterte en mi vida. -él parecía realmente frustrado. Me tumbé y quise escuchar más. Curiosidad, maldita curiosidad.
-Entiendo que la chica es mona y te sientas atraído por ella, pero pasas demasiado tiempo con ella. Es la primera vez que veo que te intentas trabajar a una chica tanto tiempo. -parecía enfadada, bastante. Y empezaba a estarlo yo, dado que no conocía el significado de "trabajar a una chica".
- No me la estoy trabajando para nada, cotilla. Sí es cierto que me atrae, pero tiene problemas y me parece ruin aprovecharme de eso. -tenía ya un tono más normal, supongo que intentaba mantener la calma.- Me voy, me siento incómodo aquí contigo.
- Qué insensible eres... -se quejó la chica.
- No eres la más indicada para quejarse, te recuerdo que tu relación con ella no es muy sensible. -oí que se alejaba y además notaba cómo su olor se alejaba de la zona. 

El olor de ella también se alejó, pero hacia otra dirección. Esperé un buen rato para ir al lago a beber agua y después volver a la posada.

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Continuará... 

jueves, 13 de enero de 2011

Capítulo 3.

Airif

De repente me entraron dudas. ¿Seguro que sería buena idea ir a ver a un desconocido e intentar preguntarle por mi vida y contarle mi lobuna anomalía? No creí que fuese lo más conveniente, podría contarme cualquier tontería y acabar creyéndome lo que fuese. Miré a Thoran, a ese moreno que tanta ayuda me estaba prestando. Realmente no entiendo por qué lo hace, sólo me conoce de escasas horas. ¿Debería preguntarle? Una parte de mí me impulsaba a hacerlo, otra me echaba hacia atrás.

-¿Puedo preguntarte algo? -al final me atreví.
-Claro, dime. -me sonreía, inocente, tranquilo.
-¿Por qué... me ayudas tanto?

Su cara cambió, pasó a estar seria. ¿Por qué? Gira la cara, pensativo. ¿Tampoco él sabrá por qué lo hace? O... ¿tan dura es la respuesta que busca maneras para que no me lo tome mal? Esperé impaciente, sin quitarle los ojos de encima y poniéndome nerviosa.

-Supongo que... -susurra al fin.- me das algo de pena.

Pena. Esa era la respuesta. Realmente no sé qué esperaba. Me miró de reojo mientras yo bajaba la mía. Sentí dolor por esa respuesta. Esa palabra sonaba y resonaba en mi cerebro. Noté que se movía, que alzaba una mano para intentar acariciarme la cabeza, pero me aparté. Sólo faltaba eso, muestras de cariño por pena.

-Lo siento si... te ha sentado mal. -susurra apenado.
-No importa. Y... la verdad, no te preocupes. Lo único que te voy a pedir es que me digas por dónde está la ciudad y a qué lugar de ella debo acudir para saber qué o quién soy. -tono serio, sin emoción, es lo que salió de mí.
-Preferiría acompañarte, podrías perderte.
-Ese sería mi problema. -mismo tono ante su preocupación. Preocupación porque seguro que le da pena que ande en círculos hasta que fallezca sin averiguar nada.
-Insisto... -me miró a los ojos, yo retiré la mirada.
-Vale... 

Acepté a regañadientes, incorporándome y mirando por una de las ventanas. Suspiré y cerré los ojos. En el cristal de la ventana, volví a ver cómo mis azules ojos cambiaban a los rojos fugazmente.

-Bueno... cuando quieras, vamos. -se levanta y se acerca hasta mí.
-Vale. Vamos.

Salimos juntos de allí, tras haber subido el chico a por otra camiseta. Cuanto antes sucediera todo, antes se acabaría. Él caminaba delante, yo unos pasos más atrás. Hacía buen día. Ni una nube en el cielo. Los pájaros cantaban y revoloteaban de árbol en árbol. En cierta manera, eso me aliviaba. Momentáneamente pensé que era por el lobo que llevaba dentro. 

Pasaba el tiempo y cada vez avanzábamos más en el camino. A lo lejos, muy lejos, pude divisar una gran muralla y, detrás de ella, un castillo. Miré a Thoran, estaba cabizbajo. ¿Sentirá remordimientos por haberme hecho sentir mal?

-¿Es allí? -le pregunté.
-Sí. -contestó. Su tono parecía triste, tanto como él desde donde le miraba.

Silencio de nuevo. No sabía que decirle, no quería que estuviese desanimado por lo que me ha dicho. A fin de cuentas, me conoció anoche y de casualidad.

-No deberías sentirte mal por lo que me has dicho. -intenté animarle o al menos, que no se rompiera la cabeza con ese tema.
-No me gusta hacer sentir mal a quien no se lo merece. -contesta deteniéndose y mirándome.
-Yo te pregunté y me respondiste con sinceridad. No debería esperar otra cosa. -le miré y seguí andando.
-Podría haberte mentido. -caminaba a mi lado, sin mirarme.
-No veo el motivo.

Silencio de nuevo. ¿Qué pasaba? ¿Me mintió en serio? Suspiré y decidí no decir nada más. Mis tripas rugieron, olvidé desayunar antes de salir de la posada. Él me miró y yo me sonrojé.

-Veo... y oigo que tienes hambre. -sonríe levemente.
-Sí.
-¿Querrás que te invite a comer algo? -me sonríe algo más, mirándome sólo a mí.
-No. -aún sonrojada, desvié la mirada hacia delante y vi a una persona que se iba a cruzar con nosotros.
-¿Por qué? -preguntó algo desanimado.
-No creo que sea conveniente. -contesté, adivinando que esa persona era Thira.
-¿Por qué? -repite, sin entender.
-Porque si ya discutiste con tu... hermana por la ropa, no me apetece que discutáis también por alimentar a una joven hambrienta. -me detuve en seco y él hizo lo mismo.
-¿Cómo iba a enterarse? -ríe despreocupado.
-Pues porque estoy aquí -contesta una voz femenina que, sin duda, era la de Thira.
-¿De dónde sales...? -parece que le molesta su presencia. ¿Seguiría mosqueado con ella por la discusión de antes?
-Volvía de la ciudad, fui a mirar unas cosas. -me miró de arriba abajo y me señaló.- ¿Qué hace esa con tu camiseta?
-No la llames "esa". -me defendió él.
-No sabemos su nombre, así que no puedo llamarla de otra manera. -tenía razón, ni yo lo sabía.
-Eso lo averiguaré pronto. -dijo cogiéndome de la mano y echando a andar hacia la ciudad. Yo me dejé llevar.
-Ah, osea que desde que apareció ella ¿ya no puedes contar conmigo para nada? -grita ofendida mientras ve cómo nos alejamos.
-Pero si ella no te cae bien, cómo vamos a ir los tres a ningún lado. -parecía agobiado por ella.
-Pues lo soporto, pero haces cosas sin consultarme y me siento completamente apartada. -se quejó, alcanzando nuestros pasos.
-Anoche dormías, además es mi dinero, mis decisiones y mis asuntos. ¿Si me caso con alguien también vas a decidir tú con quién hacerlo? -la mira enfadado.
-Pues mira, sí.

Siguieron discutiendo y yo cada vez me ponía más nerviosa. La culpable era yo. Sólo yo. Empecé a notar ira de nuevo. Quería desaparecer de allí rápidamente y hacer como si nunca hubiese estado allí. Sentí que cambiaba lentamente, lo notaba. Ahora era consciente de qué me pasaba. Me quité rápidamente la camiseta, sabía qué destino le aguardaba si seguía con ella puesta. Oí de fondo "¿Pero qué hace esta loca ahora?" y al momento un grito de sorpresa. Volvía a ser loba. Cogí la prenda del suelo con la boca y se la di al chico. Él me miró extrañado mientras su hermana permanecía detrás de él. Lentamente retrocedí, con la intención de irme lejos de allí.

-Espera...

La voz era de él. Suplicante. Le miré. Mis lobunos ojos pudieron ver cómo se acercaba a mí.

-¿Te vas a ir? -preguntó.

Yo asentí.

-Es alucinante... ¿este bicho te entiende? -preguntó la chica. Solté un gruñido amenazante.  Ella se abrazó más a la espalda de su hermano. ¿Cómo osaba llamarme bicho?
-No la ofendas... no es ningún bicho. -le dijo enfadado. Suspiró y volvió a mirarme.- ¿Por qué...? ¿Ya no quieres saber quién eres y qué te pasa?

Agaché la cabeza. No sabía cómo decirle que no quería causarle más problemas y discusiones con su hermana. Me acerqué a ellos y con el hocico le di un empujón a la joven, la cual se quejó.

-¿Es por ella? ¿Qué te molesta? -lancé gruñidos, como si discutiera.
-A lo mejor está enamorada de ti y se siente celosa. -ríe y me mira con burla. ¿Es tonta?
-Sí, eso será. Tiene envidia de que discutamos. -ironía al poder. Tenía su encanto este chico. Meneé el rabo de un lado para otro, como el típico perro que está contento con caricias, atención o lo que sea de su dueño.- Ey, cómetela y un problema menos. -me guiña un ojo y yo ladeé la cabeza. ¿Está loco?

La joven se quejó y le dio un puñetazo en el hombro a Thoran. Volví a gruñirle ferozmente y ella se alejó bastante de él.

-Tranquila, no me hizo daño. ¿Vamos a la ciudad? -me mira y me sonríe. 

Asentí y me coloqué a su lado, cogiendo la camiseta de nuevo con la boca e intentando volver a ser humana. Lo logré, así que me coloqué rápidamente la camiseta mientras él miraba hacia otro lado para no volver a verme desnuda. 

-¿Qué eres tú? -me preguntó ella, acercándose a mí y mirándome con el ceño fruncido.
-Eso es lo que quiero saber. Vamos, Thoran. -empecé a caminar y él enseguida se puso a mi lado, dejando atrás a la chica, la cual decidió marcharse con su rabia a otro lado. Mejor... un poco de calma por fin.- Es un poco tonta tu hermana ¿no? Sin ánimo de ofender. -le dije mientras andábamos.
-No me ofende. ¿Por qué lo dices?
-Uno no se enamora en cinco segundos.
-Ella es así... malpensada. -lo piensa un poco y después añade.- Y celosa.
-Es tu hermana... ¿de qué va a tener celos?
-No es mi hermana carnal. -contesta sin mirarme.- Hace tiempo, me dijo que sentía algo por mí, pero yo la rechacé. Intentamos comportarnos tal y como yo la veo, como hermanos, pero a veces creo que es imposible.
-Curioso...

No dijimos nada más, simplemente seguimos hacia la ciudad.

Cuando por fin atravesamos la gran puerta del muro de piedra y pasamos el puente, pude ver un montón de gente en las calles y un montón de puestos de comida, objetos y ropa. Parecía una zona comercial. Él me llevó primero a una posada y comimos. No dijimos apenas nada, ya que yo estaba ocupada saciando mi curiosidad y mirando todo lo que podía. Yo intentaba mantener los ojos entreabiertos y procurar que la gente me mirase poco, para no llamar la atención por mis ojos. Cuando acabamos y él pagó la comida, me llevó a una especie de barrio dentro de la ciudad. Me guió por un callejón oscuro el cual debe conocerlo muy bien y llegamos a una puerta. Él llamó y alguien abrió. Entramos, yo detrás de él e intenté mirar la sala en la que nos encontrábamos, pero poco podía distinguir por la escasa luz que había. Había una persona encapuchada con una antorcha en la mano y se fue, bajando unas escaleras. Nosotros le seguimos, bajando con dificultad la escalera, pues sin luz no se veía bien dónde pisabas. Llegamos a otra sala, más iluminada. El encapuchado se sentó tras una mesa, rodeada de tres sillas, y nos miró, o esa era mi impresión, pues no le veía la cara.

-Veo que te gusta visitarme. -su voz sonaba anciana, de persona de muy avanzada edad.
-Es por algo especial esta vez. -Thoran sonríe y se sienta. Con un gesto de la mano, me indica que me siente yo también.
-¿Algo especial? ¿El qué? -su curiosidad me recordaba a la de Thoran cuando vio mis ojos.
-Esta chica. -me señaló con la cabeza.
-Cuéntame, pequeña. -la capucha se giro un poco, lo justo para tenerme bien colocada en su campo de visión.
-Bueno... Ayer desperté en un bosque y... no recuerdo nada de mi pasado. No sé quién soy, de dónde soy, cómo llegué allí... nada. -solté nerviosa. Noté la mano de Thoran cogiendo la mía, eso me calmó un poco.
-Puedo ayudarte en eso. ¿Hay algo más, antes de que empecemos a recuperar tu memoria? -parecía sospechar algo.
-Sí... -me daba miedo decírselo.- Yo... bueno... a veces, me transformo en un lobo.
-¿En... un lobo? -preguntó con más curiosidad.- ¿Qué clase de lobo?
-Pues... uno enorme, no como los lobos normales. -Hice una pausa.- Y no entiendo por qué mis ojos a veces cambian de color fugazmente.
-Ya veo... comenzaremos primero por tu memoria. -se levanta y se dirige hacia una especie de armario, al lado de una cama de paja.- Ven. -le hice caso y fui lo más rápido posible. Sacó un frasco pequeño con un líquido rojo en su interior.- Tómate esto y túmbate.

No dio más instrucciones, así que le hice caso. Destapé el frasco y me lo bebí. Me sentí mareada y me senté en la cama de golpe. Me tumbé, como me indicó el encapuchado y sentí como que me dormía. Veía imágenes y oía voces. En la primera escena, había una niña rubia, de ojos azules, cerca de un lago, jugando con otro niño. Esa parecía ser yo. Ese niño, era moreno y de ojos marrones. Me recordó a Thoran.

-Oye Airif, ¿a ti qué animal te gusta? -preguntó el niño. Airif... ¿sería ese mi nombre?
-El lobo -contestó la niña muy convencida.
-¿Sabes? He oído una historia de que existe una cueva en lo alto de una montaña donde se ve un dibujo de un lobo.
-¿En serio? ¿Dónde está eso?
-No demasiado lejos, cerca del bosque de Rhonan.
-Cuando sea mayor, iré a esa montaña. -en mi mirada había un brillo especial.

De repente, todo se volvió oscuro. La rubia era ya más mayor y paseaba por el mismo lago, esta vez sola. Silbó, como si llamase a alguien y un lobo apareció. Un bonito lobo gris con patitas blancas. El lobo parecía joven, no más de 2 años. Caminaron, alejándose de ese lago y llegaron a un bosque. Empezó a llover y se refugiaron en el hueco de un gran árbol.

-¿Sabes...? Estoy algo triste... hace poco hubo un incendio en el pueblo en el que estaba y ha muerto mi familia... -contaba la rubia al animal, el cual estaba tumbado sobre sus piernas.

Miré los ojos del lobo. Eran extraños... rojos. ¿Rojos....? Lobo con ojos rojos, increíble. El animal le dio unos cuantos lametazos en la mejilla y ella pudo sonreír. Otra vez todo negro. Seguía sin saber de dónde soy, pero algo sabía. Me llamo Airif y tenía un lobo de mascota. De repente, desperté. Miré al encapuchado y luego al moreno. 

-¿Qué has averiguado? -preguntó el anciano encapuchado.
-Mi... mi nombre. -seguía sintiéndome mareada.
-¿Y tu nombre es...? -me preguntó Thoran.
-Airif...

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Ya vale por el momento, que tengo hambre y sueño :Þ Igual es un capítulo largo y sosillo... pero es lo que hay de momento u.u

martes, 11 de enero de 2011

Capítulo 2.

Rayos de sol filtrados por la ventana me despertaron. Me desperecé y miré la habitación, viéndola un poco más bonita que anoche. Noté que mis labios se curvaban en una pequeña sonrisa, curiosamente me sentía bien. Había descansado en una cómoda cama y anoche cené. Me levanté, hice la cama en un momento y luego procedí a asearme. Había un pequeño mueble que anoche no logré distinguir en el cual había un cuenco grande con agua y una toalla colgada de un asa. Tras asearme, me di cuenta de que había algo en el escritorio de la habitación (no me atrevía a llamarlo mi habitación aún). Era un paquete. Me acerqué a él y lo abrí con cuidado y dentro vi unas prendas de ropa limpias , de color negro y, aparentemente, nuevas. Al desdoblarlas para probármelas, encontré una nota en la que ponía "Creo que es tu talla y que te sentaría bien." No costaba mucho adivinar de quién podía ser. Lo único que puedo recordar son dos personas, Thoran y Thira, y a esta... no es que le cayese muy bien precisamente, aunque no la culpo de su desconfianza. Guardé la nota en un cajón del escritorio y me puse la camiseta y el pantalón que me habían regalado, si podía considerarlo un regalo.. Thoran tiene buen ojo, acertó en la talla. Un poco más contenta, me dispuse a bajar y desayunar algo. Conforme salía de la habitación, volví a oír gritos. 

-¿Pero por qué demonios te gastas dinero en alguien que ni siquiera conoces? Venga, explícamelo. -gritaba una voz femenina no desconocida para mí.
- Pues porque me da la gana, Thira, y con eso quédate satisfecha. -contestaba en un tono similar Thoran.
-No, no me conformo. A mí nunca me has hecho nada parecido.
-Obvio.
-¡¿Obvio?! ¡¿Cómo que obvio?! ¿A que te cruzo la cara?

De repente, silencio. Me asomé con mucho cuidado y vi cómo se miraban fijamente a los ojos, de manera desafiante.

-¿Qué te pasa? ¿Te has quedado mudo de repente, sin hacerte nada? -pregunta con chulería, medio sonriendo y  cruzándose los brazos en el pecho. 

Miré a la chica con incredulidad. No recordaré nada, pero normalmente las mujeres son bastante inferiores a los hombres en fuerza. Sin embargo, ella le retaba sin sentir temor. 

-Si quieres golpear a alguien, golpeate a ti misma. Te recordaba más generosa, no entiendo por qué has cambiado. -tras decir eso, él se giró y se sentó en el sofá. Ella se giró y salió de la posada, indignada y dando un portazo.

Con cuidado bajé, preocupada por tener algo que igual no me correspondía tener.

-Ho... hola. -saludé con timidez.

El chico se giró hacia mí y sonrió.

-Hola. Te queda bien la ropa que te compré. ¿Te gusta? -se levanta y se acerca a mí.
-Sí... es cómoda y me parece bonita. -le contesté, notándome ligeramente sonrojada.- No tenías que haberte molestado, pero muchas gracias.
-No es nada, me daba pena verte con esos trapos que llevabas y decidí acercarme a una tienda de la ciudad.
-Pero... si acaba de amanecer ¿está cerca? -pregunté extrañada, no entendía cómo podía haber aparecido tan rápido sin yo haberme enterado.
-No... hay un largo camino, fui de noche.

Un pequeño recuerdo me vino a la cabeza, un recuerdo de mi pasado pero no muy significativo.

-Creía que las tiendas de noche cerraban... -dije con duda
-Esa es especial... -el misterio envuelve su tono, haciendo que me entre curiosidad por saber qué clase de tienda es.
-Oye... -bajé la mirada, algo avergonzada por lo que estaba a punto de pedirle.
-Dime. -noté su mirada en mí.
-Me... ¿me llevarías algún día a la ciudad? -pregunté con miedo. Tenía la impresión de estar pidiéndole demasiado.
-Será todo un placer. -alcé la mirada y me guiñó un ojo, sonriendo.

Aunque la sonrisa poco lo duró. Algo vio en mí que le hizo cambiar la expresión. Era una mezcla de miedo y sorpresa. En cuestión de segundos, creí saber de qué se asustaba. Mis ojos. Seguro que seguirían esos destellos rojos.

-¿Qué te pasa en los ojos? -pregunta con curiosidad, observándome fijamente y algo serio.
-No... no lo sé... -respondí con miedo.- Supongo que te dará miedo...
-No. -dijo con tranquilidad.

Le miré, sorprendida de su respuesta y su tranquilidad. Una persona normal saldría corriendo o, seguro, que intentaba matarme por parecer de todo menos un ser humano. Sin embargo él no. ¿Por qué? No me atrevo a preguntárselo.

-No me da miedo, sólo curiosidad. Aunque si estuviese aquí mi hermana, ya estaría afilando algún arma. -ríe despreocupado, yo temblaba ante la idea. 

Pero no de miedo. Me vino la imagen a la mente, Thira afilando una espada, un machete, algo. Noté que me hervía la sangre. Me sentía rara, algo estaba cambiando en mí, pero no me daba cuenta. Tanto física como mentalmente. Una ira y unas ganas de destrozar a todo aquel que quisiera hacerme algo me impulsaban. Era algo realmente salvaje y animal... como un lobo que llevase mucho tiempo sin cazar, hambriento, y de repente aparece ante él una cría de ciervo. Sola, indefensa. Así estaba viendo a Thira, por mucha arma que lleve. Algo me frenó. Ahora era consciente de que algo raro pasaba, pues Thoran dejó de reír. ¿Por qué? Le miré, estaba bastante más alejado de mí que antes, me miraba asustado. Ladeé la cabeza, no le entendía. ¿No se supone que mis ojos no le daban miedo? ¿Qué ha cambiado? Podía oír cómo su corazón latía rápidamente, olía su miedo, lo veía también claramente en sus ojos. Intenté hablarle, pero no salieron palabras, si no un pequeño rugido. ¿Rugido? No, no... sólo le quería preguntar, no rugirle. ¿Qué me pasa? Estoy confundida. Intenté mirarme a mí misma, mi cuerpo pero no encontré nada humano. Era un lobo. Loba, mejor dicho. Tenía un pelaje grisáceo que se aclaraba al llegar al final de mis patas. Noté que Thoran se calmaba, sobretodo lo noté en su corazón. Latía cada vez más lentamente. Le miré a los ojos. No sé cómo serían, pero él pareció entender cómo me sentía a través de ellos, confusa. Se acercó a mí, lentamente. Un gañido salió de mi lobuna boca y noté cómo mis orejas se agachaban, pegándose a mi cabeza.

-Me da la impresión... de que es la primera vez que ves o sientes que te pasa esto. -susurró con suavidad, acariciando mi pelaje. Otro gañido salió de mí cuando quería decir un triste "". Vi cómo sonreía, intentando calmarme.

Me parecía extraño. Un lobo normal no mide más que una persona, ni se le iguala en altura. Sin embargo, mi cabeza y la de él estaban a la misma altura. De hecho, él podría usarme de montura. ¿Qué soy? Cada vez siento más ganas de saberlo. Saber qué y quién soy. Estaba llena de dudas. Miré a Thoran y me sentí bastante más tranquila. Esa debió ser la clave, relajarme, pues de repente volví a sentir que algo en mí cambiaba y me sentía humana de nuevo. No tenía oído ni olfato agudo. Miré al joven y tenía que alzar ligeramente la vista. Sí, definitivamente era humana de nuevo.

-Creo... que habrá que volver a comprarte ropa... -dice sonrojado, apartando un poco la vista, quitándose su camiseta y poníendomela. Me miré y entendí en seguida, sonrojándome intensamente, que el transformarme en lobo destroza mi ropa. No sé cómo no me di cuenta antes de que estaba rodeada de harapos. Supongo que el descubrir mi "poder" de ser una loba cuando pienso cosas sangrientas me mantenía más ocupada.

-Gracias. -le sonreí tímidamente.- Y... siento haberte asustado... no... no sabía que yo...
-Tranquila. -me calló poniendo un dedo sobre mis labios.- ¿Hay algo de ti que recuerdes?
-Lo cierto es que no... no sé cómo me llamo, de dónde soy... nada. Y no sé, tengo la impresión de que nadie podría ayudarme en ello. -dije con tristeza, sentándome en el sofá.
-¿Por qué dices eso? -se sentó a mi lado, preocupado.
-Ayer, cuando desperté con esas ropas, estaba en medio de un bosque. No sé cómo llegué hasta allí, pero estaba sola. No sé si tengo familia en algún sitio, no sé nada. Desperté sin saber quién era. -le miré. Sus ojos me impulsaban a que me esforzara en pensar y decirle algo más, pero no podía.- No puedo decirte nada más...

Él se quedó pensativo. Mirándome.

-Creo que sé de alguien que podría ayudarte. Parece que aprovecharemos bien la visita a la ciudad. -dijo aún pensativo.

Le miré sin entender, pero acepté. Si había alguien o algo que podía aclarar mis dudas, tenía que ir. Sentía esa necesidad desde que desperté en aquel bosque.

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Fin del capítulo dos. Espero que guste :Þ