sábado, 4 de enero de 2014

Capítulo 31.

Airif
 A mitad de camino de encontrarme con ellos, frené. No quería arrastrar a Alyä y a Leo a un viaje posiblemente largo, cuando la principal interesada soy únicamente yo. Ellos me frenarían, me dirían que no es necesario. Que en ese mundo invisible a ojos del mal estaríamos a salvo de todos. Pero yo no me sentía bien. 

Tras hablar con Tharin y Dapo, había algo que no me cuadraba. ¿Thoran vivo? Cuesta creerlo. Vi perfectamente cómo el brillo de sus ojos desaparecía mientras su muerte se hacía presente, obligando a su alma abandonar su cuerpo. 

Pero entonces quedaba otra cuestión en el aire. ¿Cómo era posible que Tharin y Dapo le vieran? Nada me encajaba. Meditaba acerca de ello por el camino, siguiendo mi instinto más allá de aquel bosque encantado. Por el camino, intentaba recordar aquellos acontecimientos por más que me doliera, rememoré una noche en la que unos zombies atacaron la posada en la que me alojé durante un tiempo.

Me detuve por un momento, mirando a mi alrededor. Estaba en un valle completamente desolado, más parecido a un terreno en el que un grupo de dragones hubiesen batallado entre ellos.  No había hierba ni flores, tampoco se veían árboles, nada. El cielo estaba cubierto por nubes negras que no dejaban pasar  apenas la luz del sol. Veía a lo lejos una montaña, una alta montaña. Algo me decía que ese era mi destino, la recuperación de Jurami. También me di cuenta de que, si el ataque de los muertos fue provocado por Raylan, ¿por qué no podía controlar también el fallecido cuerpo de Thoran? 

En cualquier caso, necesitaba la ayuda de Jurami para salvarlo todo. No me creía una heroína, ni pensaba que me nombrarían como tal. Sólo sentía la necesidad de exterminar a aquel ser que me lo había arrebatado casi todo, y no solamente a mí, también a mis amigos y al resto de inocentes del mundo. Todo había sucedido por mi empeño en acabar con él, por dejarme llevar por los sentimientos de ira, odio y rabia. Pasé de los consejos de Thoran, también de los de Jurami, y por culpa de mi insensatez todo acabó así. Pero quería arreglarlo. 

Me adentré en aquella montaña, subiendo por sus faldas hasta la cima, seguro que desde allí encontraba algo. Pasaron las horas, me sentía agotada pero no desistí. Me detuve en un saliente de la montaña y me senté para recuperar aliento. Miré el paisaje y lo que vi me animaba a seguir adelante, quería recuperar la armonía de este mundo. Cerré los ojos cinco minutos y seguí subiendo, hasta que me encontré una cueva. Delante de la cueva, en el suelo, había unas runas con un débil brillo morado. Algo me decía que el santuario de Jurami estaba ahí dentro. 

Entré en la oscura cueva, que paso a paso se iba iluminando con un leve brillo morado, igual que el de la entrada, dibujando unas runas en la pared. Llegué al final de la cueva, donde se dibujaba un lobo con doce colas en la pared.

-Jurami... -susurré, acariciando la runa con forma canina.

-Airif... -susurró una voz. Me estremecí, estaba cargada de dolor. Si era Jurami, suponía que era el dolor que sufrió él cuando lo estropeé todo.- ¿Qué haces aquí?

-Vine... vine a recuperarte. -contesté con seguridad. 

-¿Con qué motivo?

-Quiero recuperar todo lo que mi hermano y yo hicimos.-No dudé de mis palabras.- Y necesito recuperarte.

-Suena bien tu iniciativa... pero no puedo volver a ti y arriesgarme a volver a desaparecer de nuevo. Si vuelvo contigo, a darte parte de mi poder, no puedes consentir ni un momento el mismo error. Tu hermano no debe volver a absorberme, porque ya me perderías de manera definitiva. ¿Entiendes lo que te digo?

Asentí lentamente con la cabeza, confiando en mi fuerza de voluntad y en que no volvería a flaquear. Aunque una parte de mí dudaba. Raylan era un experto manipulador, se las sabía todas.

-Noto tus dudas. Pero... hay algo con lo que podría arreglar eso.

-¿Cómo? -pregunté mirando fijamente al lobo.

-Podría anular tus sentimientos.

-¿Mis sentimientos?

-Sí... me refiero a que, recordarás todo. Tus amigos, a quien has querido, todo. Pero no sentirás lo mismo, no podrás. -No entendí a qué se refería con eso.- Por ponerte un ejemplo... si Thoran apareciese ante ti ahora mismo y quisiera matarte, no lo detendrías, aún sabiendo que no sería él. Sin embargo, lo que yo te ofrezco es no dejarte llevar por el sentimiento, por el recuerdo, por lo que fue... Le detendrías y matarías, porque sabrías más que de sobra que ese cuerpo sin vida no iba a pararse por ser tú.

Ahora comprendí, no tendría los sentimientos que tengo, mantendría mi idea de salvar el mundo del dominio del monstruo de mi hermano, pero aunque Alyä sea mi mejor amigo, al igual que Elinghad, no lo volvería a sentir como tal. Era algo que debía haber supuesto, no podría tolerar una segunda vez el mismo error. 

-Acepto...-susurré tras mucho pensarlo.- Pero... te pido por favor.. que si Alyä o Elinghad están en peligro, me ayudes a salvarlos, siempre y cuando tú o yo estemos en riesgo. ¿Lo harás?

-De acuerdo...

De repente me quedé a oscuras y sentí un fuerte dolor en el pecho. Grité de dolor y caí al suelo retorciéndome, notando cómo el espíritu de mi lobo entraba de nuevo en mí, sintiendo cómo su poder invadía mi cuerpo.

No sé cuánto rato pasaría, pero desperté en la cueva. Sabía quien era, sentía en mi corazón que de nuevo éramos dos. Recordaba quién era, cuál era mi propósito, todo lo que había pasado en los últimos meses... todo. Pero... no sentía dolor ni pena por la muerte de Thoran. No sentía miedo de que Alyä, Leo y Elinghad pudieran descubrir a dónde me había ido sola. Y... sobretodo... no me causaba ningún reparo tener que matar a Thoran, ni lo que su hermana pudiera decirme. Era otra, gracias a la condición de Jurami. Sonreí y salí de la cueva. Recordé con los ojos cerrados cuando me transformé en lobo por primera vez y quise experimentar de nuevo esa sensación. Correr a cuatro patas, dejando salir mi lado salvaje. Los abrí de nuevo y pude notar mi cola moviéndose de un lado a otro, mi pelaje protegiéndome del frío y meciéndose con el viento, mi olfato más agudizado y mi instinto cazador alerta. Eché a correr rumbo al bosque, a pesar de todo tenía que explicarle las cosas a Alyä y a Leo.