martes, 12 de junio de 2012

Capítulo 30

Airif.

Sólo podía pensar en dos cosas: Thoran y el santuario de Junibi. Dormir y descansar nunca iba de la mano últimamente. Siempre que despertaba me sentía agotada, como si no hubiera dormido, pero las pesadillas me atormentaban. Ya no sólo bastaba con recordar lo último que pude ver de Thoran, si no también lo que Raylan me mostró. 

Habíamos cambiado de entorno. Ya no estábamos en esa montaña gélida donde pensé en tirarme al vacío. Estábamos en un bosque de ensueño, repleto de criaturas mágicas a las cuales no podía hacer mucho caso, un lago cristalino, casas en los árboles. La culpabilidad me llenaba el alma, y lo sentía mucho por Alyä y Leo, que no dejaron de intentar animarme, a pesar de que yo quisiera estar sola la mayor parte del día. Cuando estaba con ellos no les hacía caso, me sumergía en mi oscuro mundo. Por eso muchas veces prefería estar sola. Por suerte (si se puede decir así), no era la única que estaba en un estado anímico pésimo, Elin había perdido todo su progreso en Scardrake. Todos sus dragones fueron asesinados por Raylan, y no bastaba con eso... todo lo que conocí y vi con Thoran estaba nublado, ya no brillaba el sol. La influencia de mi "hermano" había hecho mucho daño y pretendía extenderse aún más. 

Gruñí y bajé de la rama en la que estaba. Conservaba algo de las habilidades que potenciaba Junibi, pero no era lo suficiente para mantenerme con fuerzas. Aunque últimamente empezaba a dudar si era por Juni o porque comía realmente poco. Paseé un poco por el borde del bosque, el cual estaba protegido por una especie de escudo místico que hacía imposible ver a los malvados algo más que un bosque quemado. Un par de encapuchados estaban paseando de manera sospechosa. 

-Tenemos que encontrarla... necesito decírselo. -decía una voz femenina, la cual me resultaba familiar.

-No creo que haya desaparecido de la tierra... no debe andar muy lejos. -la voz masculina también me resultó familiar.

No quería creer que yo era tan importante que me buscaban por todas partes, pero tenía la impresión de que hablaban de mí. Supongo que era porque las voces me sonaban y porque hablaban de una chica. Seguían bordeando el bosque y yo les seguía por el otro borde, espiándoles. Uno de ellos se quitó la capucha que les cubría la cabeza y reconocí el pelo. Estaba bastante corto, pero era de Thira.

- Aquí no hay nada, Dapo... ya no se me ocurre dónde buscar.- dijo tras suspirar con pesar. Parecía realmente preocupada, aunque pensaba que querían atraparme para llevarme ante Raylan. Estaba a punto de marcharme cuando la oí sollozar.- Es la única que puede arreglarlo...

Me giré bruscamente y tropecé con unas ramas. Caí al suelo, pero sólo unos pocos pelos de mi flequillo traspasaron la barrera. Seguía siendo invisible para ellos.

-Lo sé, Thira... lo has mencionado mucho, aunque comprendo tu desesperación... es tu hermano. -se sentaron en un tronco caído y seco. Ella se cubrió la cara con las manos, reprimiéndose.

-Nunca debí tratarla así. ¿Quién me dice que si la encuentro me creerá?- creerla... mi corazón latía deprisa ¿sería posible que...?- O que accedería a ayudarme, nada me lo asegura.

-Si ella le amaba, sí lo hará. Pero quizás no por ti, sino por él.-me mareaba, el corazón se me iba a salir. Todo este tiempo escondiéndome, hundiéndome en la oscuridad... ¿y por fin había algo de luz? Quería salir y saber más, pero no me fiaba del todo todavía, a pesar de que los sollozos de ella eran muy creíbles.- ¿Dónde quieres mirar ahora, Thi?

-No lo sé, Dapo. Ya no sé dónde mi... -estaba girando cuando sentí sus ojos clavados sobre mí. No me moví, no podía ser que me pudiese ver. Al tropezar no había querido ni levantarme.- ¿Ai... rif? -abrí los ojos con asombro ¿me veía?- Dapo... el bosque ha cambiado... -ambos me miraron asombrados.

-Airif... -susurró Dapo.

-Eh... sí... -dije yo, sin saber bien qué decir. Me levanté y les miré, aún con desconfianza.

-¿Has estado escuchando? -preguntó la chica.

-Sí... tenía... curiosidad. -me encogí de hombros.

-¿Y... vas a ayudarnos? -preguntó ahora el chico, cogiendo a Thira de la mano.

-¿A qué, exactamente?

-A salvar a mi hermano...

Suspiré largamente, el corazón se me encogió por mis pensamientos. Lo último que vi de él es cómo la vida se apagaba en sus ojos, no creía que estuviese vivo.

-Le vi morir... -susurré con la voz entrecortada.

-Todos lo hicimos... pero Raylan consiguió mantenerlo con vida...

Ella y yo nos mantuvimos la mirada. Yo intentaba averiguar para qué quería él conservarlo con vida ¿qué ganaba? Mientras pensaba, mi mirada se desvió al horizonte.

-Te noto diferente... -susurró Dapo.- Más... delgada.

-¿Te crees que con el pensamiento diario de que el amor de tu vida ha muerto por tu culpa puedes comer o dormir? -no quería ponerme tan borde, pero fue como me salió. Me pareció un comentario bastante estúpido.

-Lo siento... -susurró. Me asombró ese gesto por su parte. ¿Qué había sido del orgulloso Dapo, aquel que me retó a matar a su dragón de tres cabezas?

-Yo también... os noto diferentes. Me buscabais a mí... -me apoyé en un árbol, mirándoles fijamente.

-Airif... -susurró la chica.- sé que no me he portado nunca bien contigo, los celos me podían... Pero tu hermano está usando al mío como un muñeco.

-¿Muñeco?-susurré pensativa.

-Sí... mi hermano ha cambiado. No es el chico dulce de antes. Su mirada no es la misma. Él... creo que Raylan lo ha hipnotizado. -explicó nerviosa.

-Y no solo lo está usando en pueblos inocentes para sembrar el terror de Raylan. Creemos que si te encuentra lo usará contra ti. -Dapo lo dijo tan serio que hasta me asustó.

Paseé pensativa, recordando cada palabra que me han dicho. Ellos me miraban, seguramente preguntándose si estaba encontrando relación entre lo que me han dicho, o si estaba pensándome el fiarme de ellos.

-Airi...

-¡Sshh! Estoy pensando... ¡Tiene sentido! -ambos me miraron fijamente, esperando que continuara.- Desde hace tiempo, Raylan ha querido jugar con mi mente. Primero mató a mis padres. Después me pegué años rondando por los bosques sin saber quién era yo hasta que encontré a tu hermano. Imagino que el hecho de que yo siguiera viva, le perturbó su plan de dominar el mundo. Existía alguien que podía hacerle frente... yo. Después, al enterarse, organizó ese estúpido torneo y os usó a vosotros para averiguar cosas de mí. -me giré, dándoles la espalda aún pensativa.- Y ahora... Ahora quiere darme el último golpe. Sabe que si Thoran me ataca yo no voy a ser capaz de hacerle frente. Por desgracia, tiene razón.

-Sí... Pero recuerdo algo, Airif. -me giré hacia Thira, esperando que continuara.- Cuando tú tenías ese bicho raro dentro de ti y te provoqué en la posada aquella... Thoran consiguió hacer que volvieras en ti. Te besó... Sé que es arriesgado, pero tendrías que hacerle frente y encontrar el momento oportuno para hacer lo mismo.

La miraba sin verla, estaba pensando en esa posibilidad. Tal vez ese único contacto sirva lo suficiente para que el hechizo se deshiciera. Y recuperaría a mi Tho... Mi cuerpo temblaba, no sé si de nerviosismo, emoción o miedo. Si fracasaba, el mundo estaría condenado. Si lo lograba, volvería a estar con Thoran y el sol volvería a brillar. Pero antes de eso, necesitaba recuperar cuanto antes el poder que heredé de Arawhen. Junibi... tenía que ponerme en camino de inmediato.

-Thira, Dapo. Necesito que sigáis disimulando con Raylan.-dije con decisión.- No sé cuándo podré volver a enfrentarme a él, pero necesito antes a Junibi. Tengo que hablar con un par de personas. Nos veremos... en un tiempo.

-¿Dónde? -preguntó Thira. Su tono de voz se había animado también.

-¿Cómo está la posada donde os conocí?-pregunté, tras pensármelo brevemente.

-A salvo... creo. No pasa nadie por allí últimamente.-contestó dudosa.

Me marché corriendo de allí, en busca de Leo y Alyä. Seguramente me tomarían por una loca, pero me daba igual. Si era necesario buscaría el santuario de Junibi yo sola. 

------------------------------------------------------------------------------------------------------