lunes, 26 de diciembre de 2011

Capítulo 29.

Alyä.

Los días que siguieron a la muerte de Thoran fueron muy duros. Airif seguía inconsciente tapada con una manta en un montón de paja, el desconocido nos dejó a salvo en una cueva, mi hermano estaba bastante deprimido. En cuanto a mí, me sentía impotente. Cuando todo ocurrió, yo sentía la única cola de Junibi revolverse en mi interior. No fui capaz de hacer nada por mi miedo a Raylan. Su poder era inmenso y el ver cómo suprimió a Junibi fue bastante más impactante.

-¿Cómo va ella? -preguntó apareciendo de repente el desconocido.

-Mal... sigue con pesadillas. -susurré preocupada.

-No puede seguir así. Tiene que despertar ya. -dijo él serio.

El chico parecía bastante joven. Moreno, de ojos marrones verdosos, aspecto fuerte y de la altura de Thoran.

-Por cierto... aún no te agradecí que nos salvaras la vida. -dije mirándole.

-No fue nada, era lo que tenía que hacer. -susurró sin mirarme, se ocupaba de intentar despertar a Airif.

-¿Puede saberse cómo...? -intenté preguntarle por su nombre, pero no sabía aún cómo tratar con él.

-Me llamo Leo. -me miró y me dedicó una pequeña sonrisa y siguió a lo suyo.

Llamaba a Airif por su nombre, zarandeándola con cuidado. Ella finalmente despertó y miró a su alrededor, desorientada.  Me acerqué a ella y la abracé. Ella no reaccionó, pero se quedó mirando a Leo fijamente. Luego me miró a mí.

-Alyä... -susurró débil.

-Dime, Ai.

-¿Dónde... dónde está Thoran...? -preguntó dudosa y con miedo.

-Airif, Thoran está... -intenté buscar las palabras adecuadas, o al menos quería decírselo sin que pareciera muy duro.

-Thoran murió. -dijo Leo.

Airif no reaccionó, se quedó con la mirada perdida.

-Fue... culpa mía ¿verdad? No lo soñé. -susurró más para sí misma que para nosotros.

-Debiste hacerle caso y no dejarte provocar. -confirmó Leo. Lo hacía con tanta calma que hasta me enfadó.

-Pero ya no puedo hacer nada... -volvió a cerrar los ojos y se giró, dándole la espalda a Leo.- Por cierto, gracias por salvarme...

-¿Piensas volver a dormir? -Airif no respondió ni se movió.- ¿Vas a dejar que el sacrificio de Thoran por darte una oportunidad de vivir haya sido en vano?

-¿Qué pretendes que haga? No valgo nada. Sin Junibi no soy nada y ya no tengo a mi... mi... -se le apagó la voz conforme lo pensaba.

-Mira, tienes oportunidad de mejorar. Primero sin Junibi, para mejorar tus propias habilidades y luego iríamos al santuario de Junibi a ver si puedes recuperarlo. No está todo perdido.

Airif.

Le miré. Me parecía muy raro que tuviese tanta esperanza en algo que yo ya consideraba perdido.

-¿Por qué te importa tanto lo que tenga que hacer? -pregunté directamente.

-Porque quiero ayudarte a liberar este mundo de Raylan. Él quiere esclavizar a toda raza viviente. Y eso no es posible, merecemos ser libres. -su explicación me conmovió, pero estaba lo suficientemente débil y dolida como para pensar que existía alguien así en el mundo.

-¿Y cómo sé yo que no nos llevarás a una trampa?

-Te he salvado la vida.

-Sí ¿y qué? -me levanté con dificultad, pero le miré a los ojos directamente.- ¿Quién me dice que por ese motivo debo fiarme lo mínimo de ti?

-¡¡Airif!! Ha estado cuidándote durante todo este tiempo, no deberías hablarle así.-me recriminó Alyä.

-No, déjala. Es mejor que desconfíe. -se giró y salió de la cueva, no sin antes decirnos.- Iré a por algo de comer, no os mováis.

Me quedé sola con Alyä, pero en realidad deseaba estar sola. No le hice caso y salí de la cueva. Estábamos en una gran montaña nevada y hacía bastante frío. Mi amiga me gritó que no saliera, pero no le hice caso. Caminé, ignorando como podía el frío, explorando el sitio. Vi un puente colgante y fui hacia él, pretendiendo cruzarlo e irme de allí. Empecé a cruzar con cuidado, pues el puente se movía bastante por el viento. Una tabla se rompió bajo mis pies y me agarré a la cuerda del puente como pude. Sentía demasiado frío como para tener fuerzas y subir de nuevo. Miré hacia abajo y vi muy claro que igual ese era mi destino, reunirme con Thoran en el otro mundo. Me fui soltando poco a poco, pero una mano impidió que me cayera. Miré hacia arriba y vi al chico que me había salvado antes. Temblorosa por el frío, le miré con cara de no entender por qué lo hacía.

-No pienso dejar que te mueras. -dijo seriamente. Negué con la cabeza y volví a mirar abajo.- ¡No! Tú eres la que debe proteger este mundo. ¿No lo entiendes?

-No me queda nada que proteger... -dije triste, lo suficientemente alto para que me oyera.

-¿Entonces tus amigos no son nadie? Ellos te han ayudado mucho en este tiempo. ¿Vas dejar que su esfuerzo haya sido estúpido? -Tenía mucha razón, lo reconocía. Pero no quería seguir así, había perdido ya demasiado por culpa de lo que yo era.- Sé cómo te sientes, Airif, pero no puedes rendirte así como así.

-¿Y por qué te importa tanto? Si quieres la libertad, lucha tú por ella. -mi rostro estaba congelándose por las lágrimas que no dejaban de caer de mis ojos. Hasta los ojos me dolían.

-Porque yo solo no puedo, y necesito tu ayuda, Airif. -hice un esfuerzo para mirarle, resistiendo el escozor provocado por el frío.- Por favor, Airif... piénsalo. Ya no sólo por mí, si no por toda la gente inocente que es incapaz de defenderse.

Le cogí de la muñeca con la poca fuerza que tenía y él tiró de mí. Me rodeó con sus brazos para protegerme de la caída y del frío. Desprendía un calor increíble y me acompañó de nuevo a la cueva. Me tumbó en la cama de paja de nuevo, me tapó y encendió un fuego a mi lado. No me fijé en cómo lo hizo, pero al poco rato me sentí mejor. Alyä estaba sumergida en sus pensamientos y no se dio cuenta de que estábamos ahí.

-Uh... -susurré. Ambos me miraron preocupados.- Me duele mucho la garganta...

Leo me tocó la frente e hizo un ruido con la lengua.

-Alyä, ve a buscar unas hierbas, por favor. Creo que se ha resfriado.

-Vale. Volveré lo más pronto posible. Sé lo que tengo que buscar. -se marchó corriendo y me dejó sola con el chico.

-Por cierto... ¿Cómo te llamas? -pregunté dificultosamente.

-Leo. No hables, Airif. Descansa. -se puso a mi lado, tumbado encima de la manta.

-Pero es que... quiero preguntarte muchas cosas... -me medio incorporé y noté un punzante dolor en la cabeza, que me hizo inclinarme hacia delante. Leo me sujetó con cuidado y yo alcé la cara para mirarle. Mi mirada chocó con la suya y sentí que mis mejillas ardían. Tragué saliva.- ¿Cómo es que me conoces?

-Ya te contaré todo con tiempo... ahora debes descan...

-No voy a poder, Leo... -susurré cortándole.- No puedo descansar porque... -sollocé y cerré los ojos.

Me abrazó fuerte, teniendo cuidado, y me acarició la cabeza. Me susurró al oído que no fue realmente mi culpa, pero que no debí dejarme llevar. Y además, me aseguraba que Thoran no estaría enfadado conmigo. Un agradable aroma me embriagó y volví a mirarle a los ojos. Por un momento vi a Thoran y quise besarle, pero sabía que no era él. Suspiré y me apoyé sobre él.

-Leo...

-¿Sí?

-Gracias... por salvarme de nuevo.

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To be continued... :3

lunes, 12 de diciembre de 2011

Capítulo 28.

Airif.

Tenía una sonrisa burlona en su cara y se acercó más a mí. Recordé que Thoran me dijo que no me fiara de él y retrocedí un poco.

-Tranquila... sólo quiero hablar. -"De momento" pensé, aunque realmente no sabía si era una advertencia de Junibi o realmente era yo quien pensaba eso.

-¿Y no podemos hablar en otro momento y lugar? Estoy cansada... -mentira no era, aunque tampoco tenía muchas ganas de hablar con él. Me daba muy mala sensación.

-No me fastidies el plan ahora, querida Airif. -se detuvo a pocos pasos de mí.

-¿De qué plan hablas?

-Llevo años organizando esto para encontrarte. -miró hacia el rey Dvarte, y miré con él.- Todos ellos han sido manejados por mí.

-¿Qué? -me sentía confundida.

-Sí, Airif... sabía que algún día aparecerías y tu... otra personalidad querría ponerse a prueba. Aunque eso no es ningún problema, el problema serías tú en todo caso.

Sentía que me estaba insultando de alguna manera.

-¿Yo sería el problema? -pregunté tras un gruñido.

-¡Eh! Tranquila, sólo quiero decir que las mujeres tendéis a ser inútiles en la pelea. Estoy seguro que, de no ser por Junibi, no estarías aquí.

Fue una duda que siempre rondó por mi cabeza, pero aún así le miré con indiferencia.

-Yo creo que te equivocas... -dije con seguridad, aunque Junibi me estaba advirtiendo que no le provocara. Tampoco era muy consciente de que lo estuviese haciendo.

Vi de reojo que Thoran había bajado, junto con Elin y Alyä, y aparecieron en el campo de batalla. No se acercaron demasiado a nosotros, pero era mejor así.

-¿Me equivoco, en serio?- soltó una larga carcajada.- Me gustaría ver cómo me lo demuestras.

-Después de enfrentarme a un dragón, me gustaría descansar.

-Vamos, que no tienes el valor suficiente para enfrentarte a mí aquí y ahora. -me dio la espalda mientras lo decía con tono de burla.

-¡Sí lo tengo!

-¡NO, AIRIF! -gritó Thoran. Le miré desconcertada.- No puedes. Y sobretodo, no debes. -fue la primera vez en mucho tiempo que volví a mirarle mal. ¿Tan débil aparentaba ser? Gruñí mirando al suelo, apretando fuerte los puños sin saber qué hacer.- Hazme caso, Ai. Por favor.

-Tú también crees que no valgo nada sin Junibi, ¿verdad? -le dije eso como quien escupe veneno. Oí que susurraba un "No..." y Elin y Alyä se pusieron nerviosos.- Jé...

-¿Y bien, Airif...? -seguía sonriendo, mirándome por encima de su hombro.

Mi corazón y Junibi me decían que no debía hacerlo, pero mi orgullo empezaba a hacer más efecto y quería demostrarle que no era una debilucha.

-Peleemos.-dije sonriendo igual que él.

Se giró y me hizo un gesto con la mano para provocar que fuera. Miré a mi alrededor, no quería hacer un ataque necesariamente directo.

-Recuerda, Ai... -le miré furiosa, no me gustaba que él me llamase así.- No puedes usar nada más que tu fuerza.

Gruñí y corrí hacia él, sacando las cuchillas ocultas en los guantes e intenté atacar de frente.

Todo pasó en cuestión de segundos. Oí varios "No" mientras me acercaba a él. Noté una fuerte presión en la cabeza, no veía nada ya que tenía una enorme mano en mi cara, reteniéndome. Estaba suspendida en el aire, a merced de lo que él quisiera hacerme. Intenté quitarme esa mano de la cara, pero no podía. Una sensación de vértigo me invadió y noté cómo mi cuerpo era impactado contra el suelo, lo que hizo que dejara de poder respirar durante unos segundos por el golpe. Jadeé de dolor y temblé, intentando incorporarme, pero sólo logré ponerme de rodillas.

-¿Ves...? eres débil. Por eso siempre cargarás con la muerte de mamá y papá a tus espaldas.

-¿Eh...? -no podía pensar con claridad, no entendía qué relación había con eso.

-¡No! No se lo cuentes, Raylan.-gritó Thoran.

¿Que no me...? ¿Qué tenían que ocultarme? Miré en mi interior y sentía cada vez menos el espíritu de Junibi ligado al mío. Parece que él estaba siendo suprimido por mi "hermano". 

-No pensaba hacerlo, pequeño Thoran. Sólo... quiero que lo vea con sus propios ojos. O mejor dicho, en su mente.

-¿Qué?-preguntó sorprendido y temeroso al mismo tiempo.

-Esta mano que podéis ver conecta mi mente con la de ella. Mientras su espíritu se debilita, puedo hacer cualquier cosa. Enseñarle cosas, torturarla, matarla... violarla... No sé, lo que me apetezca. -se reía con maldad.

Noté una nueva presión en mi cabeza, pero esta vez podía ver imágenes. Había una niña jugando con otro niño, pude identificar que éramos Thoran y yo. Me dejó en la puerta de mi casa y él se fue. Cuando entré en mi casa, algo me empujó contra la pared. Era él, Raylan. Tenía una sonrisa malvada y yo, al verle, temblaba de miedo. Aparecieron dos personas más mayores que él. Serían mis padres. Mi padre estaba muy enojado y hacía señales de que se marchara. Raylan alzó su mano y una gran lanza de hielo atravesó a mi padre, dejándolo empalado en la pared. Oí en ese momento a mi madre gritar de terror mientras yo permanecía inmóvil y aún más aterrada. Otra lanza de hielo hizo lo mismo con mi madre.

-No... -susurré, jadeando con fuerza.

La imagen seguía, mi hermano me cogió de un brazo y me acercó a los cadáveres de mis padres. Los temblores que tenía en mi mente se vieron reflejados en mi cuerpo físico, haciendo que a duras penas pudiera mantenerme erguida sobre mis brazos. Me tiró al suelo y pude sentir realmente cómo la sangre de mis padres caía sobre mí, horrorizándome todavía más. Pararon las imágenes justo cuando mis ojos empezaban a soltar lágrimas sin poder detenerlas. Oí en mi mente la risa de Raylan, burlándose de mí.

-¿Ves? Eras débil de niña y lo sigues siendo. Si has llegado tan lejos ha sido gracias a un demonio que realmente no te corresponde. Y sé qué es lo que más te dolerá ahora... que mate a los únicos seres queridos que tienes ahora... Y el primero... a Thoran... -me harté, en ese momento noté mi ira explotar y, aunque no notaba la esencia de Junibi, pude repeler a Raylan.

Thoran.

Una onda oscura surgió del interior de Airif, librándola de la extraña mano que la tenía apresada y de Raylan, al cual lanzó varios metros hacia atrás. Tras eso, pude verle la cara. Reflejaba dolor e ira a la vez, sus ojos eran más rojos que nunca, lo cual quería decir que había perdido el control completamente. Una aura empezó a salir de ella, formando la imagen de un lobo alrededor de su cuerpo. Unas nubes negras aparecieron en el cielo de repente, haciendo que empezara a llover con fuerza.

-Uh... veo que te enfadé, pequeña debilucha. -seguía provocándola y eso no podía traer nada bueno. 

Ninguno de nosotros tres sabía qué hacer, sólo podíamos mirar cómo ella se enfurecía cada vez más. Cargó contra él a una velocidad increíble, pero antes de que pudiera siquiera tocarlo, él de un golpe la lanzó más lejos de lo que ella consiguió alejarlo. Su cuerpo chocó contra la pared y cayó al suelo bocabajo. El aura desapareció poco a poco mientras él se acercaba lentamente hacia ella. Airif intentaba incorporarse, pero no podía, estaba demasiado débil para ello. Corrí y me interpuse entre los dos, sabiendo que no iba a conseguir nada.

-Quítate de en medio. -me ordenó Raylan, pero no me aparté.

-No pienso hacerlo, y lo sabes. -dije desafiante.

-Mira... no me cuesta nada matarte, pero primero quiero acabar con ella.

-¡Thoran, no seas insensa...!-Alyä se cayó conforme hablaba, sabía por qué lo hacía.

-Prefiero que ella sobreviva y darle una oportunidad más para acabar contigo. -mi voz temblaba un poco, a pesar de que quería mostrar seguridad.

-Oh ¿de verdad? ¿Vas a dejar que cargue también con tu muerte?

-Eso la hará más fuerte... yo pude seguir adelante, ella puede hacer lo mismo.

-Tho... -oí que susurraba Airif con voz débil.

-¡Elin, Alyä, cogedla y marchaos!-ordené, pero no pudieron moverse. Maldije en voz baja y volví a mirar a Raylan.

-Ella en el fondo te odiará por esto... pero en fin, si es lo que quieres... -vi cómo empezaba a formar una lanza y cerré los ojos. 

Mi cuerpo sabía qué iba a pasar y por mi mente pasaron todos mis recuerdos en cuestión de segundos. Una lágrima salió cuando recordé todo lo que quería vivir con ella, pero no iba a poder por salvar su vida. 

-No... -Airif intentaba levantarse. Oía su cuerpo moverse en vano.

-Lo siento, Airif... -susurré triste.- Ojalá pudiese hacer algo más por ti. Te...

No pude seguir hablando, la lanza me atravesó y me empaló en la pared. Airif giró la cabeza y me vio. No podía oírla, pero sabía perfectamente lo que decía mientras iba perdiendo la vista. Lo último que pude ver era su cara llorando mientras llenaba su espalda de sangre caliente mezclada con las frías gotas de la lluvia.

Airif.

Sentí en mi espalda cómo caían dos tipos de gotas mientras mi corazón sentía un dolor que nunca había sentido. No podía oír ni sentir nada más. Suficiente tenía ya con lo vivido en los últimos momentos. Realmente pensé que ese era mi final, no podía moverme. No sentía para nada a Junibi, Alyä y Elin no eran rivales para Raylan y... ya no me quedaba nadie más. Sentí un temblor en el suelo y poco después pude ver que algo nos transportaba a otro lugar. Susurrando por última vez el nombre de mi amor, abandoné mi conciencia entre lágrimas.