Los días que siguieron a la muerte de Thoran fueron muy duros. Airif seguía inconsciente tapada con una manta en un montón de paja, el desconocido nos dejó a salvo en una cueva, mi hermano estaba bastante deprimido. En cuanto a mí, me sentía impotente. Cuando todo ocurrió, yo sentía la única cola de Junibi revolverse en mi interior. No fui capaz de hacer nada por mi miedo a Raylan. Su poder era inmenso y el ver cómo suprimió a Junibi fue bastante más impactante.
-¿Cómo va ella? -preguntó apareciendo de repente el desconocido.
-Mal... sigue con pesadillas. -susurré preocupada.
-No puede seguir así. Tiene que despertar ya. -dijo él serio.
El chico parecía bastante joven. Moreno, de ojos marrones verdosos, aspecto fuerte y de la altura de Thoran.
-Por cierto... aún no te agradecí que nos salvaras la vida. -dije mirándole.
-No fue nada, era lo que tenía que hacer. -susurró sin mirarme, se ocupaba de intentar despertar a Airif.
-¿Puede saberse cómo...? -intenté preguntarle por su nombre, pero no sabía aún cómo tratar con él.
-Me llamo Leo. -me miró y me dedicó una pequeña sonrisa y siguió a lo suyo.
Llamaba a Airif por su nombre, zarandeándola con cuidado. Ella finalmente despertó y miró a su alrededor, desorientada. Me acerqué a ella y la abracé. Ella no reaccionó, pero se quedó mirando a Leo fijamente. Luego me miró a mí.
-Alyä... -susurró débil.
-Dime, Ai.
-¿Dónde... dónde está Thoran...? -preguntó dudosa y con miedo.
-Airif, Thoran está... -intenté buscar las palabras adecuadas, o al menos quería decírselo sin que pareciera muy duro.
-Thoran murió. -dijo Leo.
Airif no reaccionó, se quedó con la mirada perdida.
-Fue... culpa mía ¿verdad? No lo soñé. -susurró más para sí misma que para nosotros.
-Debiste hacerle caso y no dejarte provocar. -confirmó Leo. Lo hacía con tanta calma que hasta me enfadó.
-Pero ya no puedo hacer nada... -volvió a cerrar los ojos y se giró, dándole la espalda a Leo.- Por cierto, gracias por salvarme...
-¿Piensas volver a dormir? -Airif no respondió ni se movió.- ¿Vas a dejar que el sacrificio de Thoran por darte una oportunidad de vivir haya sido en vano?
-¿Qué pretendes que haga? No valgo nada. Sin Junibi no soy nada y ya no tengo a mi... mi... -se le apagó la voz conforme lo pensaba.
-Mira, tienes oportunidad de mejorar. Primero sin Junibi, para mejorar tus propias habilidades y luego iríamos al santuario de Junibi a ver si puedes recuperarlo. No está todo perdido.
Airif.
Le miré. Me parecía muy raro que tuviese tanta esperanza en algo que yo ya consideraba perdido.
-¿Por qué te importa tanto lo que tenga que hacer? -pregunté directamente.
-Porque quiero ayudarte a liberar este mundo de Raylan. Él quiere esclavizar a toda raza viviente. Y eso no es posible, merecemos ser libres. -su explicación me conmovió, pero estaba lo suficientemente débil y dolida como para pensar que existía alguien así en el mundo.
-¿Y cómo sé yo que no nos llevarás a una trampa?
-Te he salvado la vida.
-Sí ¿y qué? -me levanté con dificultad, pero le miré a los ojos directamente.- ¿Quién me dice que por ese motivo debo fiarme lo mínimo de ti?
-¡¡Airif!! Ha estado cuidándote durante todo este tiempo, no deberías hablarle así.-me recriminó Alyä.
-No, déjala. Es mejor que desconfíe. -se giró y salió de la cueva, no sin antes decirnos.- Iré a por algo de comer, no os mováis.
Me quedé sola con Alyä, pero en realidad deseaba estar sola. No le hice caso y salí de la cueva. Estábamos en una gran montaña nevada y hacía bastante frío. Mi amiga me gritó que no saliera, pero no le hice caso. Caminé, ignorando como podía el frío, explorando el sitio. Vi un puente colgante y fui hacia él, pretendiendo cruzarlo e irme de allí. Empecé a cruzar con cuidado, pues el puente se movía bastante por el viento. Una tabla se rompió bajo mis pies y me agarré a la cuerda del puente como pude. Sentía demasiado frío como para tener fuerzas y subir de nuevo. Miré hacia abajo y vi muy claro que igual ese era mi destino, reunirme con Thoran en el otro mundo. Me fui soltando poco a poco, pero una mano impidió que me cayera. Miré hacia arriba y vi al chico que me había salvado antes. Temblorosa por el frío, le miré con cara de no entender por qué lo hacía.
-No pienso dejar que te mueras. -dijo seriamente. Negué con la cabeza y volví a mirar abajo.- ¡No! Tú eres la que debe proteger este mundo. ¿No lo entiendes?
-No me queda nada que proteger... -dije triste, lo suficientemente alto para que me oyera.
-¿Entonces tus amigos no son nadie? Ellos te han ayudado mucho en este tiempo. ¿Vas dejar que su esfuerzo haya sido estúpido? -Tenía mucha razón, lo reconocía. Pero no quería seguir así, había perdido ya demasiado por culpa de lo que yo era.- Sé cómo te sientes, Airif, pero no puedes rendirte así como así.
-¿Y por qué te importa tanto? Si quieres la libertad, lucha tú por ella. -mi rostro estaba congelándose por las lágrimas que no dejaban de caer de mis ojos. Hasta los ojos me dolían.
-Porque yo solo no puedo, y necesito tu ayuda, Airif. -hice un esfuerzo para mirarle, resistiendo el escozor provocado por el frío.- Por favor, Airif... piénsalo. Ya no sólo por mí, si no por toda la gente inocente que es incapaz de defenderse.
Le cogí de la muñeca con la poca fuerza que tenía y él tiró de mí. Me rodeó con sus brazos para protegerme de la caída y del frío. Desprendía un calor increíble y me acompañó de nuevo a la cueva. Me tumbó en la cama de paja de nuevo, me tapó y encendió un fuego a mi lado. No me fijé en cómo lo hizo, pero al poco rato me sentí mejor. Alyä estaba sumergida en sus pensamientos y no se dio cuenta de que estábamos ahí.
-Uh... -susurré. Ambos me miraron preocupados.- Me duele mucho la garganta...
Leo me tocó la frente e hizo un ruido con la lengua.
-Alyä, ve a buscar unas hierbas, por favor. Creo que se ha resfriado.
-Vale. Volveré lo más pronto posible. Sé lo que tengo que buscar. -se marchó corriendo y me dejó sola con el chico.
-Por cierto... ¿Cómo te llamas? -pregunté dificultosamente.
-Leo. No hables, Airif. Descansa. -se puso a mi lado, tumbado encima de la manta.
-Pero es que... quiero preguntarte muchas cosas... -me medio incorporé y noté un punzante dolor en la cabeza, que me hizo inclinarme hacia delante. Leo me sujetó con cuidado y yo alcé la cara para mirarle. Mi mirada chocó con la suya y sentí que mis mejillas ardían. Tragué saliva.- ¿Cómo es que me conoces?
-Ya te contaré todo con tiempo... ahora debes descan...
-No voy a poder, Leo... -susurré cortándole.- No puedo descansar porque... -sollocé y cerré los ojos.
Me abrazó fuerte, teniendo cuidado, y me acarició la cabeza. Me susurró al oído que no fue realmente mi culpa, pero que no debí dejarme llevar. Y además, me aseguraba que Thoran no estaría enfadado conmigo. Un agradable aroma me embriagó y volví a mirarle a los ojos. Por un momento vi a Thoran y quise besarle, pero sabía que no era él. Suspiré y me apoyé sobre él.
-Leo...
-¿Sí?
-Gracias... por salvarme de nuevo.
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To be continued... :3
-¿Y por qué te importa tanto? Si quieres la libertad, lucha tú por ella. -mi rostro estaba congelándose por las lágrimas que no dejaban de caer de mis ojos. Hasta los ojos me dolían.
-Porque yo solo no puedo, y necesito tu ayuda, Airif. -hice un esfuerzo para mirarle, resistiendo el escozor provocado por el frío.- Por favor, Airif... piénsalo. Ya no sólo por mí, si no por toda la gente inocente que es incapaz de defenderse.
Le cogí de la muñeca con la poca fuerza que tenía y él tiró de mí. Me rodeó con sus brazos para protegerme de la caída y del frío. Desprendía un calor increíble y me acompañó de nuevo a la cueva. Me tumbó en la cama de paja de nuevo, me tapó y encendió un fuego a mi lado. No me fijé en cómo lo hizo, pero al poco rato me sentí mejor. Alyä estaba sumergida en sus pensamientos y no se dio cuenta de que estábamos ahí.
-Uh... -susurré. Ambos me miraron preocupados.- Me duele mucho la garganta...
Leo me tocó la frente e hizo un ruido con la lengua.
-Alyä, ve a buscar unas hierbas, por favor. Creo que se ha resfriado.
-Vale. Volveré lo más pronto posible. Sé lo que tengo que buscar. -se marchó corriendo y me dejó sola con el chico.
-Por cierto... ¿Cómo te llamas? -pregunté dificultosamente.
-Leo. No hables, Airif. Descansa. -se puso a mi lado, tumbado encima de la manta.
-Pero es que... quiero preguntarte muchas cosas... -me medio incorporé y noté un punzante dolor en la cabeza, que me hizo inclinarme hacia delante. Leo me sujetó con cuidado y yo alcé la cara para mirarle. Mi mirada chocó con la suya y sentí que mis mejillas ardían. Tragué saliva.- ¿Cómo es que me conoces?
-Ya te contaré todo con tiempo... ahora debes descan...
-No voy a poder, Leo... -susurré cortándole.- No puedo descansar porque... -sollocé y cerré los ojos.
Me abrazó fuerte, teniendo cuidado, y me acarició la cabeza. Me susurró al oído que no fue realmente mi culpa, pero que no debí dejarme llevar. Y además, me aseguraba que Thoran no estaría enfadado conmigo. Un agradable aroma me embriagó y volví a mirarle a los ojos. Por un momento vi a Thoran y quise besarle, pero sabía que no era él. Suspiré y me apoyé sobre él.
-Leo...
-¿Sí?
-Gracias... por salvarme de nuevo.
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To be continued... :3