jueves, 24 de febrero de 2011

Capítulo 6

Thoran

Me siento cansado, muy cansado. Qué mala fortuna que mi madre tuviera que casarse de nuevo con aquel hombre. Era un buen hombre, sí, pero me puso a alguien extremadamente pesado e insoportable a mi cargo. A Thira. Ella se encaprichó de mí enseguida, mientras que yo sólo podía pensar en mi desaparecida amiga. Mi Airif. En su día le dije que no quería nada con ella y que no sentía lo mismo de buenas maneras y ,por obligación, tuve que seguir tratándola bien, como hermano mayor que era muy a mi pesar.

Pasaron años, muchos años. Ahora tengo 20 y empezaba a creer que Airif había muerto. Una creencia triste, teniendo en cuenta lo importante que fue para mí, pero estaban pasando cosas muy extrañas desde hace mucho más tiempo. Muertes, desapariciones... era infernal vivir en un mundo así.

Pero volví a verla. Volvió a aparecer. Tenía un aspecto lamentable y al principio dudé si era ella de verdad, podría tratarse de alguien muy parecida. Le pregunté y no recordaba nada. Me derrumbé por dentro y, aunque igual no era ella, quise ayudarla a que poco a poco recuperase la memoria.

Esa misma noche me fui a la ciudad. No podía dormir y me parecía adecuado que la joven vistiese algo mejor. Al volver a la posada con el paquete donde se encontraban sus prendas nuevas, estaba todo en silencio. Thira parecía haberse ido por ahí o a dormir. No me interesaba en ese momento. Entré con sigilo en la habitación y los reflejos platinos de la luna la alumbraban. Ella era la chica de mis recuerdos, no me cabía duda, ahora estaba seguro. Seguía siendo igual de preciosa que cuando éramos niños, sólo que con un cuerpo más adulto. Me senté a su lado y le acaricié la cabeza, pensativo. En ese instante, se me ocurrió llevarla ante mi maestro, en la ciudad. Estaba convencido de que él tendría algo para ayudarla. Al día siguiente, pude ver algo increíble. Aparte de que Ai se transformaba en lobo, en aquel lobo que siempre la acompañaba cuando éramos más niños, al volver a su forma humana, pude contemplar su precioso cuerpo, ya que las ropas se habían roto al transformarse ella en lobo. Me sonrojé, al igual que ella y no logro entender cómo alguien que ha estado desaparecido durante años, puede tener un cuerpo así... tan perfecto.

Me preguntó por qué le prestaba tanta ayuda, ya que le comenté que pensaba llevarla ante alguien para que intentase recuperar su memoria. Me sentí terriblemente mal e inquieto cuando sólo pude contestarle un "Supongo que... me das algo de pena". Quise morirme al ver su entristecido rostro. Pero no era del todo mentira. Me sentía apenado porque ella no podía recordarme, y no le echo la culpa a ella, no la tiene. Algo debió pasarle para que no pueda recordar ni siquiera su nombre.

Intuyo que ella se dio cuenta de mi estado, pues me dijo que no sintiera pena por la contestación que le había dado. Le insinué que podría haberla mentido, realmente la ayudaba porque deseaba recuperarla. Tantos años sin ella han sido devastadores para mí y ahora que la veía necesitaba recuperarla y que me volviese a recordar. Por el camino nos encontramos con Thira y Ai estuvo a punto de marcharse de mi lado, pero de una forma u otra, conseguí que se quedara a mi lado. Me sentí más aliviado por ello y llegamos a la ciudad. La llevé a comer, le compré unas prendas nuevas y la llevé ante mi maestro. Estaba ansioso por saber los resultados del brebaje que se tomó. Me sentí enormemente feliz cuando ella despertó y confesó que su nombre es Airif.

Quería gritar de alegría, abrazarla y no soltarla nunca más. Al darme cuenta de ello, me hizo pensar si lo que realmente sentía por ella, era algo más que amistad. Si era amor. Medité acerca de ello y me dio la impresión de que llevaba con ese sentimiento oculto durante años. Eso explicaría por qué ninguna de las mujeres que se me han acercado me han interesado lo más mínimo. Imagino que, en lo más profundo de mí, siempre he querido a Airif y sólo ella debía estar en mi vida.

Ya es tarde, ha anochecido y se ven las estrellas. Haber recordado todo esto ahora y haber reflexionado, me ha abierto un poco más los ojos, debo volver a la posada. Airif seguramente estará preocupada.

Ojalá que, si me vuelve a recordar, pueda decirle toda la verdad. Y la manera de saber que me ha recordado es... llamándome Tho.

sábado, 5 de febrero de 2011

Capítulo 5.

Airif

Cuando volví, después de vestirme, me quedé sentada en el sofá. Parecía estar desierta la posada, a excepción de mí. Al rato volvió Thira, nos miramos sin decirnos nada y subió las escaleras. Al rato bajó y me habló.

-¿Dónde está mi hermano? -su tono era serio y frío. Se le notaba que me odiaba.
-Ni idea. -contesté de la misma forma, sin mirarla.
-Ya que él se ocupa tanto de ti, podrías hacer algo parecido con él. 
-Ya sé que te molesta que acapare su atención y tú te quedes sin apenas nada, pero ¿qué le voy a hacer? No se lo he pedido nunca. -contesté desganada,  me cansaban sus absurdos celos.
-Entonces dile que deje de ocuparse tanto de ti.
-No.
-¿Por qué? -la noté enfadada y reí en mi interior.
-Porque agradezco su compañía y se ha convertido en mi amigo, no tengo por qué decirle nada así. -se quedó sin saber qué decirme mientras yo notaba cómo su enfado crecía cada vez más.- ¿Tienes algo más que decirme o me puedo ir a mi habitación?
-¿Qué pasa, te molesto? -parecía orgullosa de molestarme.
-Algo así, por eso quiero irme, para que no aparezca tu hermanito y tener que escuchar otra de las miles de discusiones que tenéis al día por lo "agradable" que eres conmigo. En ese sentido, molestas muchísimo. -me levanté y empecé a subir las escaleras.
-Si tú no hubieras aparecido, nada de esto sería así.
-Mira, yo no sé nada del amor de hermanos que tenéis y tal, pero si tanto te fastidia que él se ocupe de mí, búscate a otro que te de la atención que te haga falta, pero no me taladres la cabeza. 

Finalizado eso, subí las escaleras y me encerré. Ya estaba muy cansada de soportarla. Me tumbé bocabajo en la cama y suspiré, por algún motivo me sentía mal y no entendía del todo por qué. Sé que no era por Thira. Descarté otras opciones y seguí confusa. Pensé en dormirme, así que eso hice. Dejé la mente en blanco y me dormí.

Todo era negro, hasta que de repente volví a ver a ese niño de la primera visión de mi pasado que tuve. Volvió a recordarme muchísimo a Thoran, igual de amable conmigo y el físico bastante parecido. En esta ocasión, jugábamos a esconderse y encontrarse en el bosque. Parecíamos divertirnos, ya que ambos reíamos mucho. Pensé en que quería saber el nombre de ese niño y qué habría sido de él.

-Oye Ai, ¿quieres que hagamos algo diferente? -sin duda debía ser mi mejor amigo para llamarme así, supongo que sería el diminutivo de Airif.
-No lo sé, Tho. ¿Qué quieres hacer? - Tho... No creo que viniese de Thoran. Sería mucha casualidad.
-Vamos a dar un paseo, igual vemos algo bonito.

Algo me despertó de repente, noté un golpe en la espalda, como si alguien me hubiese tirado algo encima. Me giré y lo que sea que estuviese ahí se quejó.

-¡Ten cuidado! Podrías haberme aplastado. -una diminuta voz me hablaba ¿estaría alucinando? Miré a un lado y no, había una pequeña ardilla mirándome y parecía enfadada.
-Oh... perdón... -no sabía cómo reaccionar frente a la ardilla. Ella me olisqueó mientras me daba la vuelta y una vez que estaba boca arriba, se puso sobre mi estómago.
-No pasa nada, por suerte no me he muerto. Dime, ¿cómo es que estás aquí? -me preguntó con curiosidad, moviendo su naricilla sin parar.
-¿Me... conoces? -pregunté desconcertada, una ardilla parlante... ¿me conocía?
-Claro, desde que eras pequeñita. Luego desapareciste y he seguido tu rastro hasta aquí. Me ha costado, porque no soy un rastreador, pero aquí estoy. -hablaba rápida y casi emocionada.
-Oh... lo siento. Desperté hace unos días en el bosque sin recuerdo ninguno de mi vida pasada.
-Oh... pobrecita. Lo has tenido que pasar muy mal. Si quieres que te refresque la memoria, pregúntame.

Lo pensé por un rato, no sabía qué preguntarle a una ardilla parlante que decía habernos conocido hace mucho tiempo.

-¿Tienes nombre? -le pregunté por fin.
-Me llamo Arwyl.
-Es un nombre muy bonito. -le sonreí y la acaricié. Cerró los ojos y meneó su peluda cola.
-Tú me lo pusiste.
-¿Sabes algo de un antiguo amigo al que... bueno, su diminutivo parecía ser Tho? -quería quitarme las dudas del sueño.
-Sí... se llama Thoran. Su padre murió en un accidente y su madre se casó de nuevo. Tiene una hermanastra llamada...
- Thira... -acabé.
-¡Sí! ¿La conoces? -me preguntó con tono curioso.
-Por desgracia sí. Nos odiamos. -sonreí, la verdad no me importaba que me odiara.
-Bueno... ¿algo más? -me preguntó, queriendo cambiar de tema.

Hice memoria, el lobo, mi transformación en lobo, mis ojos...

-Son muchas preguntas, la verdad... ¿Tú conocías la existencia de un lobo de ojos rojos? He soñado con él y parecía que éramos algo así como... amigos.
-Sí, a veces te reunías con él para buscar algo.
-¿El qué?
-La gran cueva de las leyendas, la llaman los animales.
-¿Qué hay ahí?
-Nadie lo sabe. Sólo van ahí los que están verdaderamente destinados a ir. Pero tras ello, tienen que pasar por un montón de acontecimientos. Es algo así como... una magia extraña que te concede algo pero a cambio tienes que hacer algo por ella.
-Ya veo... ¿y qué ha sido de ese lobo?
-Desapareció... -se le notaba muy triste y yo me sentí igual. Era mi lobo...
-¿Sabes por qué mis ojos cambian de color?
-Lo cierto es que no, pero cuando te volví a ver ya estaban así. Lo único que no era igual eras tú. Estabas rara, medio... tonta. Parecías ignorar lo que había a tu alrededor y te desmayaste en el bosque. Me fui a buscar algo y a lo que me di cuenta ya no estabas.
-Ya veo... supongo entonces que tampoco sabrás por qué me transformo en lobo cuando me enfado... ¿correcto?
-¿Que haces... qué?
-Suena a locura, lo sé. Pero me transformo en lobo. Uno enorme. -puse la mano a una altura aproximada de lo que medía mi forma lobuna.
-¡Hay que investigar sobre eso! -la ardilla dio un saltito, como de alegría.- ¿Puedo quedarme a dormir aquí?
-Claro -sonreí a la ardilla.- imagino que estarás cansada Arwyl. -ella asintió y se acurrucó al lado de la almohada.- Descansa. -la acaricié un poco y me dormí con ella. Antes de poder dormirme, pensé en Thoran. ¿Se acordará de quién soy y por ello me trata tan bien? Ya lo averiguaré.

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Continuará o3o